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sábado, 10 de agosto de 2019

JOSEPH PEYRÉ: MIRADAS DESDE EL BOULEVARD DE PIRINEOS


Ces à ces cimes […] que Joseph Peyré est redevable d’avoir écrit […] tous ces romans qui éclairent d’autres ciels que celui de sa province natale, mais qu’il n’eût peut-être jamais découvert ou imaginés sans ce boulevard où il venait rêver aux heures de solitude (Bourin 1960 : 154).




Resumen

En el año 2018 se conmemoró el 50 aniversario de la muerte del escritor Joseph Peyré (1892-1968). Autor conocido por sus novelas sobre el Sahara (L’Escadron Blanc, Prix de la Renaissance 1931) y sobre España (Sang et Lumières, Prix Goncourt 1935), pero también escritor de los grandes espacios y de la alta montaña: Matterhom, 1939, Mont Everest 1942 y Mallory et son Dieu, 1947, son el reflejo de esa pasión. Los paseos dominicales que de joven le conducían hasta el boulevard de los Pirineos, en Pau, para admirar desde esa “sublime terraza” toda la cadena montañosa fueron su primera fuente de inspiración. Y sobre todo el Pico de Ossau, prisma a través del cual se mide toda su obra. Y aunque nunca estuvo directamente familiarizado con el alpinismo o el desierto, inventa aventuras épicas en las altas montañas y en el Sahara. Joseph Peyré es considerado un escritor clásico de montaña y se encuentra, según Michel Ballerini, “entre los mejores de la literatura romántica Alpine”. En este breve artículo se analizará desde perspectiva ecocrítica la relación que el escritor mantenía con el paisaje de su región, ese Béarn y ese Pays Basque que tanto le inspiraron y, particularmente, con dos de sus elementos naturales, por un lado la montaña y por otro el mar, que le permitirán viajar en sus relatos más allá de esa frontera física. Peyré nos muestra la grandeza, el poderío y la fuerza de una naturaleza fascinante e indomable. La montaña y el mar son para él un personaje tan vivo como real. Y eso es lo que hace que su obra parezca intemporal.


El año 2018 conmemoró el 50 aniversario de la muerte del escritor Joseph Peyré (1892-1968). Autor conocido por sus novelas sobre el Sahara (L’Escadron Blanc, Prix de la Renaissance 1931) y sobre España (Sang et Lumières, Prix Goncourt 1935), pero también escritor de los grandes espacios y de la alta montaña: Matterhom, 1939, Mont Everest 1942 y Mallory et son Dieu, 1947, son el reflejo de esa pasión. A lo que también hay que sumar su región, el Béarn y el País Vasco francés que tanto lo inspiraron. Vale la pena enfatizar sobre este doble movimiento que posee el autor de expansión hacia lugares exóticos y de repliegue a su tierra natal. De hecho, las estancias en el extranjero nunca diluyeron ese sentimiento de identidad y de pertenencia a la tierra que le vio nacer. El escritor siempre sintió una gran afectividad y una inmensa fidelidad por los lugares en los que habitó: « ma fidélité n’allait pas aux hommes, qui passent, et vous laissent seul. Cette fidélité, chez moi constamment conservée et accrue, s’adresse aux choses qui demeurent : à la terre, aux champs, et même aux maisons périssables », escribió en la introducción de su obra De mon Béarn à la mer basque.

Este sentimiento de apego a una tierra, a un paisaje, a una región se conoce en geografía, en el paradigma humanista, bajo el nombre de "topofilia", de topos (lugar) y filia (amor por), un neologismo introducido por Profesor Yi-Fu Tuan en los años 70.

Pour concevoir un goût personnel d’une terre, il faut être en effet parvenu à une manière d’osmose, s’être pénétré de ses soleils et de ses pluies, avoir subi les influences de ses sources, de ses vents et de ses esprits, pratiqué sa maison, ses gens. Il faut, de tel ou de tel haut lieu accepté ou choisi, avoir saisi un jour le mouvement des horizons, des eaux, et surpris ou cru surprendre leur secret (1952 : 71-72).


De manera muy similar, la topofilia es uno de los conceptos que el posmodernismo geográfico utiliza para reevaluar y comprender el concepto de "paisaje", dando mayor valor al "lugar" como centro de estudio geográfico; y la actual revalorización de términos como "ecología" y "medio ambiente". Espacio, ubicación, entorno y naturaleza aquí son los términos que analizaremos a lo largo de esta comunicación, para comprender la relación que el autor mantuvo con el paisaje de su región (topofilia) y su relación con el medio ambiente (ecocrítica), especialmente con la montaña y con el mar.

Recorreremos la verdadera montaña, la que el adolescente Peyré contemplaba durante sus paseos dominicales en Pau y que lo llevaba hasta el Boulevard des Pyrénées para admirar el esplendor de la cadena. Aquí está su primera fuente de inspiración que fue sobre todo la montaña. Y especialmente el Pico d'Ossau - " notre Cervin… prince du paysage " (1952: 38):

Ces à ces cimes […] que Joseph Peyré est redevable d’avoir écrit […] tous ces romans qui éclairent d’autres ciels que celui de sa province natale, mais qu’il n’eût peut-être jamais découvert ou imaginés sans ce boulevard où il venait rêver aux heures de solitude (Bourin 1960 : 154).


Pero también ese océano Atlántico que parecía casi alcanzar con la mirada desde su ciudad natal de Aydie o ese mar mediterráneo que cotejó en los últimos años de su vida. Tanto la montaña como el mar son dos elementos naturales que sirven de horizonte a Joseph Peyré para conquistar el más allá, son fronteras imaginarias que traspasar para concebir la aventura: al otro lado de Pirineos está su segundo país España, y más allá todavía su querido desierto, el Sahara. Tras los Pirineos llegan los Alpes donde regresará con Matterhom (1939) y su imaginación volará hasta el Himalaya para desarrollar las historias del Monte Everest (1942) y Mallory et son Dieu (1947). Detrás del océano Atlántico se encuentra las aventura de Jean le basque (1953) o de Cheval piaffant y de tantos emigrantes vascos que tuvieron que cruzar el océano para hacer fortuna en tierras del norte de América. Tras el mar Mediterráneo se encuentra también su querida Argelia. Traspasar todas estas fronteras significa para Joseph Peyré un mundo nuevo de creación literaria y aventura. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Joseph Peyré es un escritor del sur.


La montagne

Nous avons tous une montagne à découvrir
Joseph Peyré, Nouvelles littéraires, 1948


A principios de la década de 1950, Joseph Peyré regresó a su Béarn natal enriquecido por todos sus viajes reales e imaginarios. Poco tiempo después publicará en 1952 De mon Béarn à la mer Basque. Es un libro muy especial, un retorno a sus orígenes, una verdadera "prueba de geografía personal". En este libro, desvelará sus primeros contactos con la cadena pirenaica, la que veía desde el mirador de Haut-d'Aydie:

[…] j’estime que l’étendue de l’arc de montagne visible doit être de plus de deux cents kilomètres, soit plus de la moitié de la chaîne totale, et du double de celui qu’embrasse la vue du boulevard palois. Il doit, dans l’est, toucher au mont Vallier, et, dans l’ouest, arriver à la Rhune. Il culmine à peu près dans notre méridien, au pic du Midi de Bigorre […][1].


Acompañado siempre por su padre durante los largos paseos a la escuela, el joven Peyré recuerda “l’émotion, l’espèce d’effroi que [l]’inspiraient la profondeur de  l’horizon et l’apparition de la montagne au bord du vide”[2]. Todos los sentidos (olfato, oído y vista) juegan un papel importante para este niño que observa con precisión e intensidad. La percepción de la montaña pirenaica en esta época viene asociada con un olor particular: “[l]eur ton mauve des soirs d’octobre reste pour moi lié à l’odeur des chais, des cèpes sur la lande”, pero también a sonidos “au roulement des chars de vendange, aux cris des oies, auquel répondait, du haut des nuages voyageurs, celui des oies sauvages surprises par la montée rapide de la nuit”[3]. Tuan nos recuerda que no podemos recuperar por completo las sensaciones esenciales de un mundo visual que pertenece al pasado sin la ayuda de una experiencia sensorial que siempre permanece en el tiempo.

En una transmisión radiofónica de 1958, en RTF[4], el niño de Aydie evoca su pueblo, su escuela, su iglesia, los años pasados en la escuela secundaria de Pau y más tarde en la ciudad de Pau. Pero la montaña y sus actividades están siempre presentes, esta vez es el ruido de las campanas de los animales que lo transportan hacia la montaña: “La fenêtre de ma chambre donnait sur la Haute Plante qui était le lieu de transhumance pour les troupeaux descendus de la montagne”. Este recuerdo también se incluye en su obra De mon Béarn a la mer Basque: “Les troupeaux transhumants faisaient encore halte sous mes fenêtres. Descendus de la montagne, sous la conduite de leurs bergers, de leurs chiens et de l’âne au parapluie bleu, ils venaient hiverner sur les landes du Pont-Long”[5]. Y el río -le Gave-, "fils des Pyrénées" a través del cual respira “l’air des neiges qu’il apportait à la vallée” [6] y cuya imagen hacía nacer en él un nuevo deseo, el de ir a descubrir con sus propios ojos esas fuentes eternas.

Sin embargo, el descubrimiento de la verdadera montaña fue mucho más lento para este niño que quería admirarla más de cerca. Tendrá que esperar hasta casi el final de la escuela secundaria, cuando acompañado por el sacerdote de su pueblo, el Abbé Campagne, llegará al pie del Pic d'Ossau: “Quelle émotion pour moi que de voir s’ouvrir à mon intention la haute vallée pyrénéenne, commandé par la cime rose du pic d’Ossau!”[7]. Este momento quedará grabado en su memoria para siempre. E incluso si más tarde conocerá otros picos y otras montañas míticas, como el Cervino en Suiza, ninguno ejercerá sobre él ese poder. Los sentidos son nuevamente protagonistas de la escena, esta vez es el sabor: “Tout y était nouveau à mes sens, et surtout la saveur inoubliable du soir: air capiteux, chargé du souffle balsamique des sapinières et de la violente fraicheur du gave”[8]. Hay, sin embargo, cierta amargura cuando evoca el arroyo, este “frère du grand Gave” lleno de ardor en este momento, pero que pronto será encerrado por presas y embalses debido a un progreso demasiado voraz con los recursos naturales: “En ce temps-là, les barrages ne cassaient pas les reins de ces poulains sauvages, les conduites forcées ne tarissaient pas leurs courants[9]. Ciertamente, las “aguas más salvajes” de los Pirineos se hacen cada vez más “raras”, retenidas por embalses y conducidas por canalizaciones hasta las fábricas de las compañías hidroeléctricas. Joseph Peyré critica duramente las transformaciones que sufren los paisajes pirenaicos a partir de la década de 1950. El espectáculo dantesco que presencia en un día de verano durante uno de sus paseos hacia el Pic d'Ossau nos revela su versión más ecológica o conservacionista: “Les ouvriers du chantier remontèrent, et ils envahirent l’éden. Alors j’ai vu la vérité: les baraquements, la montagne éventrée, les talus d’éboulis, les gués écrasés par les bandages de camions. Le gave était déjà amaigri, défiguré.»[10] Aquí está el paisaje devastado de la futura presa de Bious-Artigues, propiedad de la SHEM (Compañía Hidroeléctrica del Sur), que se puso en servicio en 1957. Pero el escritor no solo habla de presas y embalses:

Barrages, lacs factices, conduites d’eau qui ont l’air de conduites d’égout, cônes de détritus, fausses cascades, usines grises, transformateurs, lignes de force et pylônes en routes vers les villes, avec leurs chapelets de boules brillantes, ce nouveau mouvement n’utilise pas le mouvement naturel de nos gaves, il l’usurpe, le détruit et, pour finir, en trahit l’âme.[11]


Todo este paisaje pirenaico que tanto afecciona se pone al servicio de la modernidad y del progreso. Peyré lamenta que sus montañas y valles formen parte de un “un type de paysage industriel”[12], repleto de hormigón, en el que los puentes, las trincheras, los túneles y los parapetos de la carretera arruinan una decoración hasta ahora intacta, porque “le béton n’épouse pas les lignes naturelles, ni la grâce d’un lac réel”[13], nos dice. Va incluso más lejos y predice la transformación de una tradición de las altas montañas, la trashumancia: “Sans doute le temps viendra-t-il où des convois de camions déplaceront des montagnes aux plaines un bétail gras, qui n’aura plus de jambes. Le taux de boucherie sera porté à un degré inespéré”[14]. Aunque muchas cosas han cambiado, la trashumancia sigue viva hoy en día y la subida de rebaños de ovejas, vacas y caballos a los pastizales de los Pirineos continúan haciéndose cada verano. Ciertamente, “seuls quelques-uns effectuent cette grande migration saisonnière dans l’autre sens entre plaines et vallées d’Ossau, d’Aspe et de Barétous”[15]. A pesar de los profundos cambios tecnológicos, el trabajo sigue siendo el mismo. A esto debe agregarse la contribución del turismo alpino en los últimos años: los festivales de trashumancia han surgido en junio en todos los valles de tradición pastoral. De este modo, permiten descubrir y valorar la profesión del pastor: su vida en los pastos en verano y el conocimiento de las variedades de los quesos. También da la oportunidad de apreciar las razas locales mantenidas en el área. Hoy, Joseph Peyré estaría muy feliz de saber que esta tradición ha continuado viva en todo el Pirineo.

Pero regresemos a ese bulevar de Pirineos desde donde observa su Pico d’Ossau, ya que desde los Pirineos hasta los Alpes, desde el Pic d'Ossau hasta el Cervino, solo hay un paso y el autor no tardará en darlo. La relación entre ambas montañas no se hace esperar, por su aislamiento “[d]e même que le Matterhorn se dresse seul face à l’alpe de Findelen […], de même le Pic d’Ossau se dresse au fond de sa vallée comme la cime unique”; y por su drama, porque “il a ses héros, ses légendes […] de ceux qui réussirent à le vaincre et de ceux qui y succombèrent”. Así surge la comparación: dos montañas universales y dos almas gemelas, a la que pronto se le unirá el Everest, la cima del mundo. Miradas locales que anuncian lugares más lejanos y exóticos a los que Joseph Peyré nos trasladará con sus obras “Matterhorn” y “Mallory et son Dieu”.


La mer

 Je ne connus que fort tard l’Atlantique et le pays basque marin[16]


Pero la presencia de este océano atlántico se encuentra ya bien presente desde su infancia, cuando paseando con su padre por Aydie y llegando a la cima de las colinas que rodeaban su casa sentía ese viento que anunciaba el océano : “un air plus vif, qui annonçait l’océan, nous frappait au visage”[17]. Como niño que era entonces le gustaba también escuchar el ruido de las olas a través de la gran caracola marina que guardaba junto a la chimenea de su habitación: “Après l’apparition de la montagne, je cherchais celle de la mer, l’autre secret de l’étendue, la route par laquelle nous étaient venus nos voisins…”, vecinos llegados del continente americano (México, Florida,…) que hacían viajar con la narración de sus relatos su propia imaginación. De aquí nacerá su espíritu de aventura y la fuerte convicción que desde su pueblo natal se abrían todos los caminos posibles: “je savais qu’en vrai village bernais, notre Aydie, replié à l’abri de sa côte, ouvrait sur les chemins du monde”.[18]

Desde el mismo bulevar de los Pirineos, Joseph Peyré sueña con el mar. Sin embargo, este elemento natural, al igual que la montaña, lo descubrirá también tardíamente. Los sentimientos que despierta el descubrimiento del océano se mantienen tan vivos a lo largo del tiempo que resulta fascinante escucharlo: la vista, el oído, el olfato se ponen al servicio de nuevo del recuerdo de aquel joven que de camino a España se detiene a descubrir este rincón con el que tanto había soñado:

Je ne peux pas me souvenir du jours où je découvris pour la première fois ce paysage, sans en éprouver encore le choc grisant, l’éblouissement, sans en respirer l’embrun chargé d’iode et de sel, si nouveau pour mes sens de terrien. Jamais je n’avais  supporté l’assaut du vent  sur les jetées, ni vu les lourdes vagues accourir, briser sur les enrochements, et refluer en nappes scintillantes. Jamais je n’avais entendu ce grondement des lames déferlantes, cette voix. Tandis que j’avais eu, pour mon initiation à la montagne, un compagnon, un guide, j’étais seul cette fois, libre de m’émouvoir. Je pus ainsi m’exalter à loisir, remercier mon pays qui, avec celle de l’Ossau, pouvait me ménager une révélation pareille, montagne et mer, altitude et espace. Pays unique, pensai-je, et où se mirait l’univers.[19]


Aunque el País Vasco francés no sea su lugar de origen, el océano que lo baña es uno de los elementos esenciales de su obra y de su universo: “J’ai l’impression de subir  dans mon corps, ma poitrine oppressée, mes oreilles assourdies par leur grondement, l’assaut des vagues suscitées par l’esprit inépuisable des tempêtes, et de leur résister moi-même »[20], nos relata el propio escritor. Incluso reconoce el viento que sopla desde estas costas vascas y lleva tierra a dentro, hasta su pueblo natal Aydie, el olor a iodo del océano. Es la tierra del aventurero “Jean le Basque” y de otros como Sauveur Etchemendi. Ellos cederán a la llamada del océano y se marcharán más lejos aún, hasta California, hasta Nevada, empujados por ese instinto ancestral del emigrante vasco, del pastor que va a buscar fortuna a tierras americanas.

Joseph Peyré estaba muy apegado al País Vasco. Entre los tres lugares clave donde vivió, figura Saint-Jean-de-Luz. La novela, Le Pont de Sorts, nos traslada hasta el Saint-Jean de Luz de los años 36-40 convertido en territorio español (o al menos vasco-español) durante la guerra d’Outre-Monts. En este pueblo marinero se reagrupan los dos elementos naturales que más han influenciado sus primeros años: el mar y la montaña.

Aunque no sólo conocerá el océano Atlántico. Respondiendo a la solicitud de Colette, residente del “Treille Muscate” en Saint-Tropez, Joseph Peyré se establece allí como vecino en 1936. “C’est là, […], à une portée de pinceaux des paysages chers à Signac et Dunoyer de Segonzac, qu’il planta sa résidence principale: un havre de paix au milieu des pins maritimes qu’il baptisa La Palombière, en souvenir de son village d’Aydie où, l’automne avancé, il comptait les palombes qui emportaient son imagination, bien au-delà des coteaux du Vic-Bilh”, nos recuerda su sobrino Pierre. Y hasta el final de sus días se convierte en un Provenzal más. El mar Mediterráneo será también otro horizonte más a través del cual su imaginación continuará viajando.


Conclusión

La obra de Joseph Peyré es un ejemplo mismo de lo que podríamos llamar “la imaginación al poder”, por esa capacidad que tiene de ver e imaginar lugares como novelista. Amante y gran conocedor de su tierra le Bearn y del País Vasco a las que rendirá tributo a través de varias de sus obras, pero también un hombre que es consciente del daño que provoca el progreso y que, a pesar de todo, no desea oponerse a la modernidad, sino ponerla límites o controlarla. El contador de cuentos para niños que imagina, en las montañas de los Pirineos, la reconciliación incluso del hombre y del oso en un marco perfecto, casi arcadiano: Le prè aux ours. Un hombre preocupado por las deudas excesivas causadas a los agricultores, por la modernización y el posible deterioro del suelo por el uso excesivo de fertilizantes, no dejará de tener una mirada tierna, desde lo más alto del mirador, a todas esas tierras que, expuestas entre dos vientos contrarios, suben o bajan hacia el océano. No debemos olvidar que Peyré escribió su primera obra literaria, "Sur la terrasse" en 1922 ¿casualidad? Esta indicación podría percibirse en la actualidad como la matriz de la génesis de su escritura.

¿Por qué extraña anomalía, este autor esencial de la literatura francesa y del premio Goncourt ha desaparecido de nuestras referencias como de nuestros hábitos de lectura para caer en este lugar injustamente frecuentado qué es el purgatorio de los escritores? Algo paradójico cuando el trabajo de Joseph Peyré ha sido recompensado con tantos premios y su obra se compara con Hemingway o Kessel. Durante toda su vida, este escritor viajero no dejó de imaginar el mundo en busca de horizontes lejanos, tanto geográficos como humanos. Es por ello merecedor de volver a ocupar el lugar que le corresponde entre los escritores franceses más conocidos del siglo XX.



[1] Joseph Peyré, De mon Béarn à la mer basque, Paris, Flammarion, 1952,  pp. 181-182.
[2] Ibíd., p. 13.
[3] Ibíd., p.15.
[4] Vent du Sud, entretiens avec Joseph Peyré, une série de 11 émissions de la Radiodiffusion-télévision Française, présentée par Marguerite Taos sur France II, du 5 janvier au 16 mars 1958.
[5] Joseph Peyré, De mon Béarn à la mer basque, Paris, Flammarion, 1952, p. 111.
[6] Ibíd., p. 36.
[7] Ibíd., p. 40.
[8] Ibíd., p. 41.
[9] Ibíd., p. 41.
[10] Joseph Peyré, De mon Béarn à la mer basque, Paris, Flammarion, 1952, p. 140.
[11] Ibíd., p. 141.
[12] Ibíd., p. 140.
[13] Ibíd., p. 141.
[14] Ibíd., p. 142.
[15] Vanessa Doutreleau, Itinéraires de bergers. Transhumance entre Pyrénées et les plaines de Gasgogne, Pau, Cairn, 2014, p. 11
[16] Ibíd., p. 63
[17] Ibíd., p. 13
[18] Ibíd., p. 14
[19] Ibíd., p. 66
[20] Bourin, André. Province terre d’inspiration, Paris: Edit. Albin Michel, 1960, p. 155.

domingo, 11 de diciembre de 2016

"L’Eau est là" Una novela visionaria sobre el futuro de nuestro planeta

 

  La muerte del agua es más soñadora que la muerte de la tierra: la pena del agua es infinita... (Bachelard 13)[1]

 

El presente ensayo analiza desde una perspectiva ecocrítica una novela de anticipación publicada en Francia en el año 2005, cuyo relato refleja escenarios futuros en los que la actual crisis ecológica ha llegado a extremos insostenibles. Un mundo en el que nada ni nadie ha sido perdonado; en el que las infraestructuras del planeta han quedado reducidas a la nada: estaciones, puertos, aeropuertos, carreteras, electricidad, comunicaciones, todo ha dejado de funcionar. Nada ha resistido al terrible poder destructivo del agua. Es el relato de lo que podría ser en un futuro no muy lejano nuestra historia; historia reducida a “Tristes remolinos, historia modelada y remodelada por el Agua, por la furia de las aguas…” (Verlomme 2005: 11).[2] Dicho futuro parece ser el resultado de continuar con la lógica del crecimiento económico y consumismo constante de los recursos en el marco de una biosfera limitada. Así, el ensayo pone de manifiesto el modo en que la novela supone una crítica a la insostenibilidad del mundo presente e invita al lector a cuestionar nuestro futuro como especie. Como sugiere Patrick D. Murphy en su obra Environmentalism, la ecocrítica y la ciencia ficción tienen el potencial de iluminarse mutuamente (373). Además, en general, en la ciencia ficción abundan las descripciones detalladas de la naturaleza, de ahí que existan un significativo conjunto de obras de ciencia ficción medioambiental y ecológica (380).

Los indicadores del planeta se están tornando en rojo, o según la novela “más bien en azul”. En el relato las islas y las tierras más bajas desaparecen, las fronteras se modifican bajo la acción de las aguas, causando la llegada de enormes flujos de expatriados y refugiados medioambientales. La situación política y humanitaria es crítica (48). En la actualidad, no es algo inhabitual escuchar noticias relacionadas con inundaciones provocadas por las subidas del mar en diferentes zonas del planeta. El caso quizás más relevante es el de Bangladés, donde cada año, alrededor de 100.000 personas tienen que huir ante la creciente subida del mar. Un mapa del Banco Mundial muestra lo que podría ocurrir con las áreas de cultivo de arroz de Bangladesh si el nivel del mar subiera tan sólo un metro.[3] Suponiendo que esto ocurra a finales de este siglo, cerca de 17 millones de bangladesíes se verían forzados a emigrar, hacia el interior o hacia otros países. Pero no solo en Oriente, también en Occidente las consecuencias serían terribles. Según el informe anual sobre el Cambio Climático que acaba de publicarse a comienzos de 2015 (Building the Knowledge Base for Climate Resiliency), la ciudad más poblada de los Estados Unidos, New York, sufrirá un aumento de las aguas de 1,82 metros y un incremento de 7 grados de temperatura a finales de este siglo.[4] Miguel Delibes de Castro nos recuerda que al menos cien millones de personas viven actualmente en el mundo por debajo de un metro de altura sobre el nivel del mar (98).

No se puede entonces seguir hablando de ciencia ficción, ya que este problema se ha convertido en una realidad. Según un estudio liderado por la Universidad Nacional de Australia y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science, el aumento que el nivel del mar ha sufrido en el pasado siglo no ha tenido precedentes en los últimos 6.000 años. Tras analizar los cambios del nivel del mar de los últimos 35.000 años, los autores concluyen que desde hace 6.000 años hasta ahora nunca se había producido una subida tan alta como la que se ha experimentado en el siglo XX (20 cm). Según los científicos, este incremento es debido al aumento de la temperatura media global que ha provocado el deshielo de los polos y la expansión térmica de los mares y océanos. El hielo polar comenzó a derretirse hace 16.000 años, para estabilizarse hace 8.000 años. Sin embargo, en el último siglo el ritmo de deshielo se ha acelerado debido al rápido aumento de las temperaturas ligado a la actividad humana, especialmente a la industrialización.

Hugo Verlomme, escritor francés con más de una treintena de obras publicadas y consagradas al mar (ficción y documental), está muy implicado en la protección de los océanos y ha estudiado a lo largo de su vida los excesos asociados a la degradación de los ecosistemas. Retoma en esta novela, L’eau est là, el fenómeno de la subida del nivel del mar. La novela fue finalizada sólo unos meses antes del terrible maremoto del 26 de diciembre de 2004 - que azotó las costas de Indonesia y de Malasia, Tailandia, Myanmar, Bangladesh, la India, Sri Lanka y las islas Maldivas, llegando a cruzar el océano hasta el litoral africano en Somalia y Kenia. En ella nos presenta un mundo desolado por terribles inundaciones, en el que el nivel del mar no cesa de subir: ríos desbordados, lagos repletos que amenazan con reventar presas, desprendimientos de terrenos, etc. La naturaleza y más concretamente el elemento líquido parece haber tomado el control del planeta. El agua, famosa molécula H2O a quien le debemos la vida sobre la Tierra puede ser tan vital como destructiva. Al comienzo de la novela, el agua destruye: el agua no conoce fronteras, lo engulle todo a su paso. Las casas desaparecen bajo las olas y los acantilados se desmoronan ante los océanos. El agua parece recuperar sus derechos. Lento, pero seguro, el océano avanza. Las ciudades costeras se vacían. Incitados por el miedo, los habitantes emigran hacia tierras más altas del interior. Pero nada de esto es comparable con lo que anuncian dos importantes y conocidos investigadores: la llegada de un inminente maremoto que amenaza a millones de personas.

La originalidad de esta novela es que presenta varios protagonistas e historias paralelas que acaban confluyendo. Por un lado, encontramos a Sol, profesor especialista en fenómenos meteorológicos oceánicos, creador de una nueva disciplina, la vagologie, el estudio de las olas en todas sus formas. Tiene como misión navegar mar adentro con su velero y reparar el Nalu2, un medidor de olas que puede confirmar o refutar la llegada del inminente maremoto. En su viaje, Sol descubre tres embarcaciones amarradas al medidor repletas de refugiados climáticos que han perdido sus tierras, islas que han desaparecido por la subida del nivel del mar. En una de estas embarcaciones se encuentra Estrella, una mujer especial que transforma la misión de Sol en un viaje iniciático, en el que la muerte y el nacimiento se entrelazan. Pero el destino hace de las suyas: tres jóvenes refugiados de las embarcaciones roban el velero de Sol, que va a encontrarse solo a bordo del medidor de olas a la deriva con Estrella y su recién nacido como pasajeros.

Por otro lado, Anouman, un hombre santo y ermitaño que vive en la montaña. Emprenderá igualmente un viaje para encontrarse con el mar. Sus orígenes son todo un misterio sin desvelar. Nada más nacer fue hallado en la playa por unos pescadores y los monjes de un monasterio cercano cuidaron de él. En su viaje será acompañado por Sève, una chica un tanto extraña pero que decide seguirlo porque su mayor deseo es poder ver el mar con sus propios ojos. Y por último dos hermanos, Mara y Cassidy, que están a punto de perder la casa familiar situada en un acantilado frente al mar. Todos estos personajes están unidos o lo van a estar por la fuerza de las circunstancias. Los personajes se encuentran así viviendo la misma perspectiva de un fin del mundo en diferentes lugares y el lector sigue estos eventos a medida que la novela avanza. Y mientras, en las entrañas de los abismos, un gigantesco maremoto se prepara… El amor todopoderoso arrastra a los nuevos amantes hacia lugares recónditos y desconocidos donde se juega el futuro del mundo.  Hugo Verlomme mantiene el suspense hasta el final del relato ¿el océano engullirá la tierra o el amor conseguirá cambiar el mundo? El mar parece tener en la novela la última palabra.

 

1.   EL MAR ¿UN ENTE CON VIDA PROPIA?

Nuestro siglo será oceánico o no será (Verlomme 2005: 48)[5]

A lo largo de la historia, los humanos hemos observado el cielo buscando indicios que nos mostrasen la presencia de otras formas de vida inteligentes. Pero quizás hayamos estado mirando en la dirección equivocada. Una forma de vida inteligente, no humana, mucho más desarrollada que la nuestra, podría existir aquí mismo, en la Tierra. Nuestro vasto océano representa la última frontera de este planeta. Los científicos ya no enfocan sus estudios en “qué es el océano”, sino en “quién es el océano”. Podríamos describirlo como una creatura misteriosa, diferente completamente a toda forma de vida conocida hasta ahora, con un cuerpo que mide miles de kilómetros, un corazón que late cada mil años y un sistema inmunitario que sería capaz de borrar, si quisiera, toda presencia de vida en la tierra. Poseedora incluso de un cerebro. El vasto océano ¿podría ser una creatura capaz de pensar? Si es así ¿qué piensa de nosotros, los humanos?

Numerosos son los científicos que actualmente apoyan esta teoría que presenta al océano como una creatura pensante, un superorganismo que se autorregula. Algo que nos recuerda la teoría de Gaia de James Lovelock.[6] Lovelock contempla la Tierra como “un sistema autorregulado que surge de la totalidad de organismos que la componen, las rocas de la superficie, el océano y la atmósfera, estrechamente unidos como un sistema que evoluciona”. La teoría afirma que este sistema tiene un objetivo: “la regulación de las condiciones de la superficie para que sean lo más favorables posible para la vida que en aquel momento pueble la Tierra (2009: 235). Pero en qué se basan actualmente los científicos para saber si algo está vivo. Esta es una cuestión que ha hecho correr no ríos, sino mares de tinta a lo largo de los siglos. Para los filósofos desde Descartes la respuesta era “Yo pienso, luego yo existo”. Sin embargo, los biólogos avanzan criterios diferentes, criterios que podrían revelar una nueva forma de vida.

Todas las creaturas vivas poseen un metabolismo: conjunto de reacciones químicas que tienen lugar dentro de las células de los organismos vivos, las cuales transforman energía, conservan su identidad y se reproducen. Todas las creaturas del planeta están dotadas de un metabolismo, desde las algas unicelulares hasta los mamíferos. El océano está repleto de organismos vivos que llevan a cabo constantemente estas reacciones. Sin embargo, el océano es considerado más como una enorme fábrica de reciclaje, que como un organismo vivo. Algunos elementos en el océano son reciclados cientos de veces, ya que pasan de un organismo a otro, perpetrando con ello la vida. Pero un examen más exhaustivo de este sistema de reciclaje del océano confirma lo que para el profesor Tyler Volk es ya una evidencia: las cifras no encajan.[7] La vida en el océano está basada en el reciclaje de los nutrientes esenciales como el carbono, el fósforo, el azote y el azufre, a través de un proceso de vida y de muerte. Es un sistema de reciclaje casi perfecto. Tyler ha calculado precisamente su eficacidad y la tasa de reutilización de esos nutrientes. Su estudio revela que los elementos necesarios para la vida en el océano no son reciclados al 100%. El cálculo muestra que el ciclo bioquímico en el seno del océano no es perfecto. El océano necesita elementos nuevos, elementos químicos esenciales para la vida. Para Tyler Volk, ese reciclaje imperfecto es la prueba de que el océano es un sistema gigante de vida, posee un metabolismo. Al igual que cualquier creatura, el océano se nutre a través de los ríos.

Para Hugo Verlomme, el océano es también una creatura viva, que posee además una consciencia. El protagonista de la novela, Sol, pasa jornadas enteras en el mar junto a su profesor mentor, participando en misiones oceanográficas, con el fin de comprender mejor el funcionamiento del océano como organismo vivo que además posee la capacidad de pensar (89), dotándolo igualmente de algo parecido a la inteligencia (134).

Sol tuvo la extraña sensación de que esa inmensidad azul le llamaba, como si un espíritu tan grande como el océano respirara a través de él. Su mirada estaba fija en un remolino de mármol, a la estela del medidor de olas. No veía más que esto. Cada molécula del océano estaba en movimiento constante, lleno de energía. Una verdad superior se encontraba en esta sencilla constatación. Cuanto más se acercaba, Sol más sentía que el océano era un organismo vivo, no como un conjunto de criaturas, de elementos mezclados, sino como una sola entidad oceánica. Esta entidad estaba presente en las olas, en las nubes, en la lluvia, en la nieve, en los ríos... El remolino de espuma no tenía nada de un tortuoso arabesco, se organizaba para dibujar un ojo profundo y tranquilo que se dirigía directo hacia Sol. Percibió un aura de infinita confianza tras el haz ciclópeo que sondeaba las profundidades de su alma, y una fuerza universal más allá de la comprensión. Acababa de acariciar el alma del mar. (242)[8]

 

A través de una nueva disciplina que él mismo ha inventado, la vageologie, Sol enseña a sus estudiantes los grandes preceptos de lo que denomina “la oceanología intuitiva” (91), ciencia que se contrapone a la oceanografía clásica, ya que estudia el tema de manera transversal, tanto la teoría como la práctica. De ahí que para comprender mejor las olas, Sol se haya tenido que convertir en surfista, submarinista, historiador, viajero, matemático, físico, meteorólogo, navegante et incluso filósofo. Como él mismo nos explica, todos los aspectos de las olas le interesan, tanto las estadísticas como las obras de arte (146). Encontramos en este personaje ciertos rasgos propios del autor.

Al igual que Sol, Hugo Verlomme está convencido de que las olas que atraviesan los océanos son portadoras de mensajes (90). Estas olas gigantes, que provocan sentimientos de miedo pero también de placer, están reescribiendo en cierto modo nuestra historia. En este tiempo de cambio climático, mientras aumenta progresivamente el nivel del mar y los mega-huracanes desatan los océanos, las olas golpean a nuestras puertas y remodelan la línea de nuestras costas. Tanto en el mar como en las playas vemos como los equipos de surf se multiplican y el número de aficionados a estas prácticas es cada vez mayor; cada día la humanidad se está acercando un poco más al océano. Recientes estudios sobre olas extremas llegan a conclusiones que pueden conducir a consecuencias incalculables para nuestra visión del mundo o nuestra seguridad, e incluso convertirse en una fuente inestimable de energía renovable. Este es el mensaje que Hugo Verlomme trata de infundir: “Nuestro siglo será oceánico o no será” (48).[9] En su obra más reciente, publicada en junio del 2014, Les vagues mode d’emploi, Hugo Verlomme nos da las claves para comprender las consecuencias socio-económicas que el cambio climático está provocando en el paisaje humano y geográfico del planeta.

En L’eau est là, el escritor aboga por la reconciliación entre el mundo marino y el humano. No debemos considerar el mar como un futuro enemigo sino como un aliado. Para ello propone una posible solución: “oceanizarse”, es decir, abrir nuestras mentes hacia el mar y preparar a la humanidad ante este fenómeno. A Sol le gustaba evocar las palabras de su profesor-mentor y amigo Aloÿsus Delafuente. Éste había comprendido que no era necesario esperar a que el nivel del agua aumentase, sino que, de algún modo, teníamos que adelantarnos. Es decir “oceanizar” poco a poco a la humanidad, para que esté mejor armada ante el inminente retorno del mar (17). Así lo explica Sol:

La humanidad debe "oceanizarse", decía, y no aferrarse como un montón de cangrejos a las últimas rocas surgidas. Venimos del mar y a él volveremos... Pero ahora que la subida del nivel del agua se convertía en una realidad, los Terrícolas no parecían afectados por una sabiduría oceánica; en su lugar, daban la espalda al mar para refugiarse en la tierra. (40)[10]

 

En una entrevista dada a un periódico regional francés Hugo Verlomme retoma esta misma idea y critica las pocas políticas marítimas que se están realizando, no solo en Francia, sino en todo el mundo: “No podemos ir contra el mar, tenemos que vivir con él. Esto significa volver a dar, en algunos lugares, el espacio tampón que siempre ha existido. En la antigüedad, las gentes nunca construían en la línea de costa”[11]. Y es que la playa es un lugar natural que nos protege de las embestidas del océano. Hugo Verlomme no es partidario de construir en ella ningún tipo de edificio que ponga en peligro esa conexión natural entre el océano y la humanidad. De ahí que critique esos “sueños más salvajes generados por esta maravillosa costa de oro, la especulación, la construcción, el turismo, las playas, el surf, el oro azul, esta huida ante las olas provocaba la risa. El agua estaba de vuelta, tenía que entregar un mensaje a esos hombres sordos y ciegos: ‘Usted quería el mar pues ahora lo tiene... El agua está aquí!” (340).[12]

 

2.   EL PODER DEL MAR

El agua es siempre la más fuerte (Oriane)[13]

Un maremoto (del latín mare, mar, y motus, movimiento) es una agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones. Se trata pues de un fenómeno natural que se produce con cierta frecuencia en nuestro planeta. El maremoto que se anuncia en el relato tiene su origen en una teoría que predice el hundimiento de la Dorsal Norte Atlántica. Este fenómeno provocaría una ola comparable a la que se produjo hace tan solo unos pocos miles de años en el Valle de Tanana, en Alaska. En este lugar, un grupo de mineros encontró varios esqueletos de mamuts desmembrados, incrustados en lo alto de un acantilado, allí mismo fosilizados por un impacto gigantesco. Nada se conoce sobre el origen real de esta ola que pudo ser provocada por un seísmo submarino de gran magnitud o por la caída de un meteorito en el océano, como bien nos explica Sol (20). Existen textos que hablan sobre este fenómeno legendario. Quizás el autor se haya inspirado en lecturas como Les grands bouleversements terrestres, de Immanuel Velikovsky. En esta obra se confirma la tesis de esta ola gigantesca que fue capaz de arrasar con todo a su paso. Una ola producida por lo que él llama “una revolución tectónica de la corteza terrestre”: “Los animales fueron aplastados por una enorme ola que levantó, rasgó, transportó, aplastó, cortó en pedazos y enterró millones de cuerpos y muchos árboles” (20)[14]. El mar ha sido siempre - observa Jean Delumeau- el lugar del miedo por excelencia (25), infunde un pánico aterrador por su poderío, por esa fuerza destructiva que posee.

El mundo que se describe en la novela es un mundo que está a punto de resquebrajarse. El equilibrio se ha roto, los humanos se encuentran frente al obstáculo impalpable que deben salvar: el agua. Al planeta se le otorga la capacidad de vengarse: “Eran numerosas las voces que clamaban que el planeta se vengaba, que Gaia se rebelaba contra los hombres, contra su violencia y sus errores” (37).[15] Para Mara, “el mar se convertía en el enemigo malintencionado que buscaba demoler la tierra” (40).[16] Sin embargo, no todos comparten esta opinión. Sol no cree que el agua sea una fuerza vengadora y destructiva, sino un ente que favorece los cambios y genera con ello la vida. Y se muestra contundente cuando se expresa diciendo que es el ser humano quién debe evitar encontrarse en el lugar y en el momento equivocado. El ser humano debe respetar el océano, su obligación es comprenderlo y amarlo, y dejar de considerarlo como un traidor o un vengador, nociones que considera puramente antropomórficas… Es el hombre el que se venga y no el mar (37-38). El mar es considerado un elemento regulador “Esas masas de agua incontrolables caídas del cielo y venidas del mar recolocaban a los humanos en sus justas proporciones” (38).[17]

El mar tiene un poder increíble para restaurar, para recuperar, para dar vida. El océano es, según los científicos, el lugar dónde se originó la vida: la primera célula surgió del mar. El protagonista de la novela asocia este elemento con las etapas de la evolución que ha sufrido el ser humano y en sus clases explica a sus alumnos que “el embarazo no es más que la repetición de las etapas de nuestra evolución acuática y que el nacimiento simboliza el momento en que decidimos dejar el océano para desarrollarnos sobre la tierra” (47).[18] El feto vive en agua, en esas mismas aguas en las que el niño de Estrella flota, en el interior de su bolsa amniótica. Por eso cuando se acerca el momento de dar a luz, se utiliza esta hermosa metáfora: “Su océano interior se vaciaba en aguas templadas que se vertían por sus piernas” (29).[19] El feto en el útero materno es en un 94% agua de mar. El océano es el líquido amniótico de nuestro mundo, generador de vida.

Anouman, el ermitaño, tampoco teme al océano y no entiende porqué los humanos huyen de este elemento que es el origen de todo, el origen de la propia vida. “Hoy es el océano el que viene hacia ellos” (219).[20] Le otorga además un cierto poder regenerador. Anouman despierta de su larga meditación en la montaña (vuelve a la consciencia o a la vida) cuando siente caer sobre su cabeza una gota de agua, “una señal”. El asceta comprende entonces que ha llegado la hora… (25). Una simple gota de agua pone de nuevo el mecanismo en marcha, obligándolo a abandonar su retiro: “las gotas rompían su soledad, cayendo sobre él cada vez más rápidas y numerosas, anunciadoras de un tiempo nuevo, el tiempo del agua…” (26).[21] Anouman ha permanecido todo este tiempo aislado en la cueva para conocer y comprender el secreto de sus orígenes y así se lo confiesa a Sève al final de su periplo. El agua es la única respuesta: “Soy hijo del océano” (250).[22] De ahí que pueda comunicar con este elemento: las gotas le hablan, le murmuran al oído lo que será su inminente misión: “Ve, Anouman, date prisa, coge tu bastón y baja a decirles. El agua está aquí. El agua está aquí…”. Y tras beber ese precioso líquido para impregnarse de su energía, éstas le señalan el camino a seguir “debe seguir la vía del agua…” (27).[23] En el transcurso de su camino hacia el océano que le vio nacer, Anouman se va reconstruyendo gracias al contacto con este elemento:

‘¡Esto es maravilloso! ¡Vuelvo a nacer, Sève, por fin he nacido!’Anouman exclamó con voz firme. El agua bailaba sobre sus cuerpos, infundiendo su energía vital y creativa. ‘Es el agua... ¿lo sientes?’ El asceta se echó a reír como un niño, rebotando de un lado a otro en el corro de remolinos. (123) [24]

 

E invita a Sève, su compañera de viaje, a compartir esta misma experiencia: “¡Déjate llevar...! ¡Escucha la canción del agua y déjala entrar en ti!’ dijo Anouman. [...] ‘¡Tú también vuelves a nacer! ¡Tú también Sève!’ le decía, riendo. Rejuvenecía visiblemente gracias a las olas tumultuosas (124).[25]

Cuando por fin llegan a su destino - una tranquila cala al borde del mar -, Anouman realiza un pequeño gesto que pasa casi desapercibido: “Cuando llegó a la parte inferior de la cala, Anouman cayó de rodillas junto a la orilla, se agachó, recogió un poco de agua con sus manos y empezó a beber” (248)[26]. Beber agua del mar es una acción que sorprende a primera vista. Sin embargo, cada vez son más los médicos que se manifiestan a favor del agua del mar como fuente de vida y salud.[27] En pequeñas cantidades es recomendable para sanar o mejorar muchas patologías, e incluso la malnutrición – Anouman ha permanecido mucho tiempo sin comer apenas. Existen numerosos estudios científicos que así lo demuestran.[28] No es algo nuevo, pues se hace desde tiempos de Heródoto y Eurípides. Aunque tuvieron que pasar muchos siglos, hasta que el investigador francés René Quinton publicase en 1904 L'eau de mer, milieu organique como estandarte de sus investigaciones. Para él, las enfermedades son un ‘ensuciamiento’ del medio interno celular. Somos un 70% de agua, de agua salada (así es nuestro sudor, así son nuestras lágrimas); si nuestro medio ‘marino’ se altera, nuestra salud se altera. Más cercano a nosotros, Ángel Gracia, lleva toda una vida dedicada a difundir este concepto tan beneficioso para la salud humana.[29]

Este poder sanador del océano lo encontramos igualmente en el discurso de Estrella. Tras su traumática y violenta experiencia -es víctima de una terrible violación-, Estrella cuenta a Sol cómo el océano y los elementos que le rodean curaron sus heridas y su alma.

[…] recuerdo haberme sumergido en el mar ¡Oh, qué alivio! Tenía la esperanza de ahogarme, de derretirme en el abismo, de terminar en la boca del tiburón, pero en lugar de eso, el océano me masajeó, limpió mis heridas, vendó mis heridas más secretas; las olas frotaron mi cuerpo para sanar, su vivaz frescura me regeneraba, finalmente ya no quería morir en absoluto, yo quería vivir. Fue allí que una ola más grande me lanzó hacia la playa. Rodé en la arena, que se pegó a mí como una magnífica venda. La arena era cálida y fina como el agua, Sol, estaba viva. Cada grano de arena tenía su propia vida, pero todos juntos, miles de millones de fragmentos juntos, formaron ese líquido sólido, la arena. Ella también me curó. Por dentro y por fuera. (299) [30]

 

Estrella confía plenamente en el océano y, al igual que Anouman, no manifiesta ningún sentimiento de miedo o de rechazo hacia este elemento: “Evolucionaba en perfecta armonía con el océano y, obviamente, no lo tenía miedo, como si fuera parte integrante de él” (282).[31]

Cassidy y Sève también se restablecen física y psíquicamente de sus respectivas heridas gracias al poder recuperador del océano: “El joven ignoraba que durante muchos años, Seve había comerciado con su cuerpo en su pueblo. Por su parte, ella no sabía que el joven soldado volvía de una zona de guerra, donde se había visto obligado a matar a civiles” (326).[32] En la cala donde Anouman les ha conducido, ambos encuentran ese equilibrio personal que tanto anhelan, gracias al poder regenerador del océano.

 

3.   EL FUTURO DEL MAR

Y mañana, lloverán ranas, como en el Apocalipsis… (10)[33] 

Una gran parte del trabajo ecocrítico comparte una motivación común: el conocimiento preocupante de que hemos alcanzado la edad de los límites ambientales, una época en que las consecuencias de las acciones humanas están dañando los sistemas de recuperación básicos del planeta. La obra de Hugo Verlomme supone una crítica a la insostenibilidad del mundo presente. Dos de las más graves consecuencias que el cambio climático provoca en nuestro planeta están muy presentes a lo largo de la novela: la subida del nivel del mar y el aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos. “El diluvio caía sobre la civilización para castigar a los hombres por su inmensa estupidez” (67).[34] Hugo Verlomme pone así de manifiesto la amplitud del desastre al que se dirige toda la humanidad. Aunque no habla directamente de las causas que provocan dichos fenómenos en el relato (siempre se refiere a ellos como “errores”, “estupideces” o “tonterías” cometidas por los hombres), de todos es bien sabido lo que acontecerá en nuestro planeta si no se reducen considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo. Michel Jarraud, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) desde 2004, afirma que “se nos está agotando el tiempo”. A través del último Boletín sobre los gases de efecto invernadero publicado por esta misma organización se muestra que, lejos de disminuir, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera aumentó durante el 2013 a un ritmo que no se había dado en casi 30 años. Un incremento de CO2 en la atmósfera que se ve amortiguado gracias a la absorción de este gas por los océanos, que pagan por ello un alto tributo. No parecen existir precedentes para el ritmo actual de acidificación de los océanos, al menos en los últimos 300 millones de años, según un análisis que figura en este mismo informe. Esta acidificación destruye los arrecifes coralinos y, con ello, la base misma de la biodiversidad marina.

En la última década han salido a la luz estimaciones alarmantes sobre el número de personas que emigran por factores medioambientales y a los que se les ha etiquetado como “refugiados climáticos”. El tema de los refugiados climáticos o refugiados medio ambientales se encuentra representado en el grupo de personas que Sol encuentra amarrado al medidor de olas. El nivel del agua ha subido tanto que “[n]uestras pequeñas islas han sido barridas, tragadas, perdimos todo lo que teníamos, tuvimos que huir en nuestras canoas, y ni siquiera sabemos dónde están los demás... no tenemos más tierra... Y es por eso que nuestros barcos están amarrados a la boya amarilla...” (102).[35] Viajan en “tres enormes piraguas dobles, de una veintena de metros cada una, del mismo tipo que la utilizadas por los antiguos pueblos de Oceanía para atravesar los océanos con el suficiente número de pasajeros a bordo” (110).[36] En la novela se han convertido en vagabundos del océano. Su única ilusión es permanecer unidos con la esperanza de encontrar otra isla, crear un nuevo hogar, volver a ver a sus parientes más cercanos, los habitantes de las islas vecinas. Eran conscientes de que separados, sólo serían unos expatriados, refugiados tambaleados a merced de las fronteras (98). En la actualidad las personas que dejan sus casas como resultado de factores ambientales se encuentran, en una gran proporción, en el patio trasero de Australia. Islas como Tuvalu, Kiribati, Fiji y Tonga forman parte de esos lugares que podrían convertirse en inhabitables a un corto plazo de tiempo. El número actual de refugiados climáticos se estimó en el 2008 en 25 millones a nivel mundial. Pero este número se podría incrementar alarmantemente de aquí hasta finales de siglo. Los refugiados climáticos podrían ser 150 millones en 2050 e incluso podríamos llegar a los 500 millones si se produjera el deshielo completo de Groenlandia y la Antártida (Flannery 2006: 174).

Si Groenlandia y el Antártico se deshielan, el nivel del agua aumentaría 12 metros. Las personas que viven en la costa, más de 500 millones, morirían o, en el mejor de los casos, se desplazarían al interior. Las infraestructuras portuarias y aeroportuarias quedarían totalmente inutilizadas y comenzaría el colapso de la civilización. Los supervivientes tratarían de proteger sus recursos, lo que engendraría violencia y acabaríamos matándonos los unos a los otros (Martínez 2006).

 

Es lo que parece anunciarse en el relato cuando al escuchar la noticia en la radio toda la ciudad comienza a huir con la inminente llegada de la ola. Reina entre los humanos el caos total:

El anuncio de un maremoto inminente había contribuido al agravamiento de una situación ya caótica. Columnas de humo negro se levantaban por aquí y por allá. La basura se amontonaba en las calles, donde los manifestantes y los saqueadores daban mucha guerra a las patrullas. Una atmósfera de fin del mundo flotaba sobre la ciudad, nauseabunda, inevitable. (325)[37]

 

Sin embargo, Hugo Verlomme nos deja un atisbo de esperanza. Ese amor que emana de las figuras de los protagonistas se entiende como un símbolo de respeto hacia el océano. Si comenzamos a entenderlo, a respetarlo, a protegerlo, quizás podamos atenuar el impacto que el cambio climático tendrá en el futuro del planeta. En la novela, lo carnal responde a lo simbólico: cuando los cuerpos hacen el amor reparan el mundo, alejando de ese modo la catástrofe: “Su interminable beso parecía haber calmado y suspendido las fuerzas de la naturaleza” (280).[38] Una idea no deja de abrirse camino a través de las páginas y en la mente del lector, un reto planetario espera a la humanidad: aprender a vivir con el agua sin miedo, a lograr un cambio de perspectiva y convertirse en marino en lugar de terrícola. El agua más allá de los desastres de sus brutales invasiones también representa la vida y, como predice Anouman, “el comienzo de una nueva historia, que queda por inventar” (222).[39]      

 

CONCLUSIÓN

Iniciamos este ensayo afirmando que el aumento en el nivel del mar de los últimos cien años no ha tenido precedentes. El profesor Kurt Lambeck se muestra bastante escéptico respecto al futuro ya que asegura que todos los estudios realizados hasta ahora muestran que este fenómeno no se puede desactivar. Los niveles del mar continuarán subiendo durante siglos incluso si se mantienen las emisiones de carbono en los niveles actuales. Y añade que no está claro hasta dónde va a llegar la subida, lo que sí está claro es que de la noche a la mañana no vamos a lograr parar el fenómeno. De esta misma opinión es el profesor James Lovelook o más cercano a nosotros la de Miguel Delibes de Castro que vaticina igualmente una subida del nivel del mar entre diez centímetros y un metro en el siglo XXI (Delibes 96).

Los científicos tienen la misión de advertir con sus estudios y conclusiones a la población de un peligro como el que acecha a las futuras generaciones de este planeta. Sus mensajes, sin embargo, no llegan siempre a todo el mundo, ya que sus artículos u obras científicas no son leídos por la mayoría de los mortales. Quedan restringidos a una pequeña parte de la población. La literatura puede servir de vehículo para acercar esta realidad a muchos más lectores. Este es el caso de “L’eau est là”, un libro místico en el que el mar no es únicamente agua sino algo más, un ente con vida propia.

Si el mar y los desastres naturales ocupan un lugar importante en la novela (vemos todos los días cómo el Océano Mundial desempeña un papel central en nuestro clima), ocurre lo mismo con el amor. Estos dos temas no están a priori vinculados y sin embargo van a jugar ambos un papel muy importante... A través de esta historia, Hugo Verlomme advierte contra los excesos de la actividad humana. Estropear por economías mezquinas este espacio que alberga el 80% de la biodiversidad y se está convirtiendo rápidamente en el nuevo Eldorado es irresponsable, tanto desde el punto de vista ecológico como económico. El autor es partidario de una política marítima que llegue de manera eficaz a todas las costas en el futuro. Porque si en este libro el amor puede tener una influencia en el destino de la humanidad, en nuestra realidad no dispondremos de esa misma suerte...

 

REFERENCIAS

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Lambeck, K., Rouby, H., Purcell, A., Sun Y. and Sambridge, M. “Sea level and global ice volumes from the Last Glacial Maximum to the Holocene.” Proceedings of the National Academy of Science vol. 111 nº. 43 (2014): 15296-15303. 19 nov. 2014. Web.

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[1] N. del T.: todas las traducciones de las notas finales han sido realizadas por la autora del artículo. “La mort de l'eau est plus songeuse que la mort de la terre: la peine de l'eau est infinie”.

[2] “tristes remous […] modelée et remodelée par l’Eau, par les eaux en furie…”.

[3] Se puede consultar en: http://flood.firetree.net/?ll=16.3412,97.3388&z=12&m=7 (Consultado el 17/02/2015)

[4] Véase : http://www1.nyc.gov/office-of-the-mayor/news/122-15/mayor-de-blasio-releases-npcc-2015-report-providing-climate-projections-2100-the-first (Consultado el 17/02/2015).

[5] “Notre siècle sera océanique ou ne sera pas”.

[6] “Un superorganismo es una creatura compuesta de muchos individuos que interactúan”.

[7] Tyler Volk es profesor asociado en el departamento de biología de la Universidad de New York.

[8] “Sol eut l'étrange sensation que cette immensité bleue l'appelait, comme si un esprit aussi grand que l'océan respirait à travers lui. Son regard se fixa sur un remous marbré, dans le sillage du houlographe. Il ne voyait plus que cela. Chaque molécule de l'océan était en mouvement constant, chargée d'énergie. Une vérité supérieure se trouvait dans cette constatation toute simple. Plus il s'en approchait, plus Sol ressentait à quel point l'océan est vivant, pas comme un ensemble de créatures, d'éléments mêlés, mais comme une seule entité océanique. Entité présente dans les vagues, les nuages, la pluie, la neige, les rivières...Le remous d'écume n'avait plus rien d'une arabesque tortueuse, il s'organisait pour dessiner un œil profond et tranquille qui plongeait droit en Sol. Il perçut une aura d'infinie confiance derrière le faisceau cyclopéen qui sondait les tréfonds de son âme, ainsi qu'une force universelle dépassant l'entendement. Il venait d'effleurer l'âme de la mer”.

[9] “Notre siècle sera océanique ou ne sera pas”.

[10] “L’humanité devait “s’océaniser ”, disait-il, et non se cramponner telle une grappe de crabes aux derniers rochers émergés. Nous venons de la mer et nous y retournerons… Mais à présent que la montée des eaux devenait réalité, les Terriens ne semblaient pas frappés d’une sagesse océane ; au contraire, ils tournaient le dos à la mer pour se réfugier dans les terres”.

[11] “On ne peut pas aller contre la mer, il faut vivre avec elle. Ça veut dire redonner, dans certains endroits, l'espace tampon qui a toujours existé. Les anciens ne construisaient jamais en front de mer”. Véase entrevista completa en: http://www.nautilusmagazine.com/011-137-Hugo-Verlomme-forever.html (consultada 14/02/15).

[12] “rêves fous engendrés par cette belle côte dorée, la spéculation, l’immobilier, le tourisme, les plages, le surf, l’or bleu, cette fuite devant les vagues devenait risible. L’eau était de retour, elle venait délivrer un message aux hommes restés sourds et aveugles : “Vous avez voulu la mer et maintenant vous l’avez… L’eau est là !’”.

[13] “L’eau est toujours la plus forte (Oriane)”.

[14] “Les animaux ont été broyés par une vague énorme qui a soulevé, arraché, transporté, écrasé, réduit en morceaux et enterré des millions de corps et autant d'arbres”.

[15] “De nombreuses voix s’élevaient pour clamer que la planète se vengeait, que “Gaïa” se révoltait contre les hommes, leur violence et leurs errements”.

[16] “la mer devenait l’ennemi malveillant qui cherchait à démolir la terre”.

[17] “Ces masses d’eau incontrôlables venues du ciel et de la mer ramenaient les humains à des plus justes proportions”.

[18] “la grossesse n’est que la répétition des étapes de notre évolution aquatique et que la naissance symbolise le moment où nous avons choisi de quitter l’océan pour nous développer sur terre”.

[19] “Son océan intérieur se vidait en eaux tièdes qui coulaient entre ses cuisses”.

[20] “Aujourd’hui, c’est elle qui revient à eaux”.

[21] “Les gouttes brisaient sa solitude, tombant sur lui de plus en plus rapides et nombreuses, annonciatrices d’un temps nouveau, le temps de l’eau…”.

[22] “Je suis un enfant de l’Océan”.

[23] “Va, Anouman, dépêche-toi, prends ta canne et descends leur dire. L’eau est là. L’eau est là […] il devait suivre la voie de l’eau…”.

[24] “‘C’est merveilleux! Je renais, Sève, je suis enfin né !’ Anouman s’exclamait d’une voix ferme. L’eau dansait sa gigue sur leurs corps, insufflant son énergie vitale et créatrice. ‘C’est l’eau… Tu la sens ?’ L’ascète riait tel un enfant, rebondissant d’un côté à l’autre dans la ronde des remous”.

[25] “‘Laisse-toi faire… Écoute le chant de l’eau et laisse-la entrer en toi !” lançait Anouman. […] “Toi aussi tu renais ! Toi aussi Sève !” lui dit-il en riant. Il rajeunissait à vue d’œil dans les flots tumultueux”. 

[26] “Lorsqu’il arriva au fond de la crique, Anouman tomba à genoux à la lisière de l’eau, se pencha, en prit un peu dans la coupe de ses mains et se mit à la boire”.

[27] Véase Manifiesto de médicos a favor del agua de mar como fuente de vida y salud: http://www.aquamaris.org/manifiesto-de-medicos-a-favor-del-agua-de-mar-como-fuente-de-vida-y-salud/

[28] “El Agua de Mar, según estudios realizados en la Universidad de Miami, contiene todos los minerales y oligoelementos de la Tabla Periódica, y por su contenido en fitoplancton y zooplancton cuando es recogida cerca de la superficie marina, así como la biomasa de bacterias propias del mar, contiene proteínas, vitaminas y ácidos nucléicos, además de otros nutrientes. Estas bacterias propias del mar (9 millones por litro de agua) han sido estudiadas en la Universidad de California, demostrándose que tienen efectos analgésicos, antiinflamatorios y antibióticos” (William Fenical, Chem. Rev. 1993, 93, 1673-1683).

[29] Ángel Gracia nació en Luceni, Zaragoza, es Doctor en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid, Certificado como Philosophy Doctor in Veterinary Sciences (Ph.D.) en USA. Miembro de la Sociedad Europea de Medicina Naturista Clásica. Miembro certificado de la American Association of Nutritional Consultants, USA.. Miembro de la Sociedad Española de Agricultura y Ganadería Ecológicas. Especialista en Tipificación de Productos Cárnicos y Lácteos por la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Ganadería Español. Premio Nacional de Divulgación Científica, Venezuela. Introductor de la hipnosis Comparada en Iberoamerica. Por cinco años capitán de la Copa Davis de Tenis de Venezuela. Convivió con los indígenas yanomami del Territorio Amazonas. Presidente de la Seawater Foundation, Florida, USA

[30] “je me souviens avoir plongé dans la mer. Oh, quel soulagement ! J’espérais me noyer, me fondre dans les abymes, finir dans le gosier du requin, mais au lieu de cela, l’océane m’a massée, il a nettoyé mes plaies, pansé mes blessures les plus secrètes ; les vaguelettes frottaient mon corps pour le guérir, leur fraicheur vive me régénérait, finalement je ne voulais pas du tout mourir, je voulais vivre. C’est là qu’une vague plus grosse m’a rejetée sur la plage. J’ai roulé dans le sable, qui s’est collé à moi comme un pansement magnifique. Le sable était chaud et fin comme de l’eau, Sol, il était vivant. Chaque grain de sable avait sa vie propre, mais tous ensemble, milliards de fragments réunis, ils formaient ce liquide solide, le sable. Lui aussi m’a guérit. À l’intérieur et à l’extérieur”.

[31] “Elle évoluait en parfaite harmonie avec l’océane et de toute évidence ne le craignait pas, comme si elle en faisait partie intégrante”.

[32] “Le jeune homme ignorait que, des années durant, Sève avait fait le commerce de son corps dans son village. De son côté, elle ne savait pas que le jeune militaire revenait d’un zone de guerre où il avait été obligé de tuer des civils”.

[33] “Et demain, il pleuvra des grenouilles, comme dans l’Apocalypse”.

[34] “Le déluge s’abattait sur la civilisation pour punir les hommes de leur immense bêtise”.

[35] “nos petites îles ont été balayées, englouties, nous avons tout perdu, nous avons dû fuir sur nos pirogues et nous ne savons même pas où se trouvent les autres… Nous n’avons plus de terre… Et voilà pourquoi nous avons amarré nos bateaux à la bouée jaune…”.

[36] “trois grosses pirogues doubles, d’une vingtaine de mètres chacune, du même type que celles utilisées par les anciens peuples d’Océanie pour traverser les océans avec d’assez  nombreux passagers à bord”.

[37] “L’annonce d’un raz-de-marée imminent avait contribué à l’aggravation d’une situation déjà chaotique. Des colonnes de fumées noires s’élevaient ici et là. Les ordures s’empilaient dans les rues, où manifestants et pillards donnaient du fil à retordre aux patrouilles. Une atmosphère de fin de monde flottait sur la ville, nauséabonde, inéluctable”.

[38] “Leur interminable baiser semblait avoir apaisé et suspendu les forces de la nature”.

[39] “Le début d’une nouvelle histoire, qui reste à inventer”.

Sylvain Tesson : esthétique du retrait et écologie existentielle face à l’épuisement occidental

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