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lunes, 14 de mayo de 2018

FRANZ WEBER : EL COMBATE POR LA VIDA




Cuando todo falla, cuando todo resulta en vano,
 cuando se está desesperado al ver la destrucción
de la naturaleza y la miseria de los animales
perseguidos y  maltratados, siempre se puede recurrir
a la Fundación Franz Weber.Franz Weber





Resumen
Sirva este artículo como pequeño homenaje al que ha sido, sin lugar a dudas, uno de los defensores de la naturaleza más importantes del siglo XX y principios del XXI: el suizo Franz Weber (1927- ). A sus noventa años, el que hubiera querido ser poeta, para cantar su inmenso amor por la naturaleza, decidió comenzar por salvarla antes de celebrar su belleza. En esta comunicación analizaremos sus tres obras literarias: “Des montagnes à soulever” (1976), “Le paradis sauvé” (1987) y “Entre chien et loup” (2009) desde una perspectiva ecocrítica. Nadie supo crear como él ese vínculo tan especial entre el público, la investigación, la ciencia y la protección de los animales, las especies y el medio ambiente. Gracias a su lucha, conservamos hoy muchos paisajes emblemáticos de la Suiza francófona. Sería éste el momento ideal para que las regiones que salvó de la especulación y la destrucción medio ambiental le brindasen su merecido reconocimiento. Lamentablemente, nadie es profeta en su propio país, y bien es sabido que las personas, como Franz Weber, que han luchado tanto por la salvaguarda de los paisajes más emblemáticos de este planeta a menudo reciben tarde sus merecidos homenajes. Hoy Franz Weber ha perdido su memoria, pero sus logros quedarán por siempre en el recuerdo, gracias a la Fundación que lleva su nombre y a sus publicaciones.

*****

Tres, sólo tres, son las obras que Franz Weber posee en su bibliografía, pero a pesar de tan breve carrera literaria, he querido presentarlas hoy aquí para rendirle un pequeño homenaje. No, no fue un escritor frustrado, sino un escritor que comprendió que para salvar la poesía, la literatura, debía salvaguardar primero la belleza, la delicadeza, lo auténtico, todo aquello que sirve de inspiración a un escritor o a un artista. Por eso decidió abandonar las estanterías y salir a defender la vida. Esta es su batalla, la de un escritor atípico que luchó siempre por la naturaleza y la preservación de los valores inmateriales.

1.      Des montagnes à soulever
Je me demande parfois ce que voient les gens quand ils ferment les yeux. […] Votre humble serviteur aimerait capter le chant des sources, des fontaines ou du vent… Mais il est hanté par le bruit des arbres qu’on abat, des collines qu’on éventre… Par les cris que pousse la nature quand on la viole ou qu’on l’assassine (1976 : 169-170)
Así de directo y de contundente se mostraba Franz Weber en su primer ensayo Des montagnes à soulever. Esta obra, escrita en 1976, recoge parte de los logros y fracasos que este Quijote moderno de la ecología va a llevar a cabo contra los gigantes de la especulación, los políticos corruptos y los constructores que pretenden cimentar los bucólicos paisajes de su Suiza natal o de cualquier rincón de este planeta. En ella nos cuenta diez años de terribles batallas, de gritos de alarma, de fracasos y de éxitos. Se trata pues de un libro de anticipación como él mismo sugiere: « Je mettais en garde contre l’avenir apocalyptique que nous préparaient l’obsession de la technique et les excès de la société de consommation.» 
Franz Weber nace el 27 de julio de 1927 en Basilea. Tras una formación comercial, con 22 años decide instalarse en París para vivir una vida de poeta y continuar sus estudios de filosofía y de literatura en la Soborna (Langel, 2004). Su primera opción: convertirse en periodista. En 1958 funda junto a la escritora Simone Chevallier la revista literaria “La Voix des poètes”, de la que será redactor jefe durante casi quince años. En ella se publicarán textos de grandes poetas como Cocteau o Mauriac, pero también de escritores aún por descubrir. Franz Weber recorre en esta época el mundo como corresponsal para grandes revistas alemanas y suizas, y conoce a grandes artistas francófonos y extranjeros que más tarde le apoyarán en sus campañas. Amigo de Picasso, de Dalí, entrevistador de Siméon, de Jean Gabin o de Michèle Morgan, acompañará a Moscú a Mireille Mattieu. Su conocimiento de los medios le será posteriormente de gran ayuda en la defensa de sus aspiraciones medioambientales.
En una época en la que la noción de la « protección del medio ambiente », tal y como se la conoce en la actualidad, era aún desconocida para la mayoría de sus conciudadanos, Franz Weber lanza su primera campaña ecologista. Es un rincón de esa Suiza todavía preservada de la presencia humana, en la Haute-Engadine, la que desencadena su nueva vocación y le hace abandonar su ocupación y su sustento para participar en la lucha contra los especuladores que amenazan con destruir el más bello y alto valle del mundo: la orilla del lago de Silvaplana en Surlej “[c]’était le paradis retrouvé. Un site vierge, lustral que nul n’oserait jamais violer” (1976: 22), lugar donde se encuentra la Roca de Nietzsche en la que tuvo la revelación de Zaratustra[1]. Estamos en 1965: “Dans la plus belle vallée du monde, d’infâmes salauds avaient construit les plus hideux parking de la planète. Ils avaient touché à l’intouchable! J’étais fou de colère! (1976: 23). Fundó con varias personalidades de la Engadine una asociación “Pro Surlej”, cuyo objetivo era salvar de la especulación las praderas que todavía se extendían hacia el lago Silvaplana, y compra las tierras que rodean las propiedades de los especuladores, imposibilitando así sus proyectos de construcción. La acción que llevará a cabo en esta época será su primer gran éxito: consigue desmantelar un enorme proyecto de urbanización provocando, con sus propios métodos – recurre a las redacciones de los periódicos, a la radio, a la televisión, a la gente adinerada y aquellos que tienen la riqueza del corazón y les muestra la Haute-Engadine, el valle de la luz, la Acrópolis de Suiza-. Y no cede hasta que tanto los promotores, como los tecnócratas y los financieros se rinden y renuncian al proyecto. Obtiene además al mismo tiempo una mayor protección de toda la zona.
Esta primera acción fue solo el comienzo de una guerra que ha estado combatiendo desde entonces. La representación de un paisaje suizo amenazado por los excesos de la urbanización y el turismo data de la década de 1970 (Krippendorf, 1977; Walter, 1990). El ecologista no sospechaba ni por asomo en la cantidad de batallas que le esperaban. Y no sólo en tu tierra natal, como veremos más adelante. Unos años más tarde, en febrero de 1972, le llaman para salvar los viñedos de Lavaux, a orillas del lago Lemán:
Je trouve une grosse lettre express que la concierge a glissé sous ma porte. La lettre vient d’un petit village de Lavaux : Aran. C’est un S.O.S. Un appel au secours de vignerons qu’on veut délester de la meilleure terre à vigne pour y construire des appartements de luxe pour parvenus… Je suis frappé de stupeur. Je croyais le vignoble intégralement protégé. (1976 : 73)

 Weber aún no es activista a tiempo completo. Vive de sus artículos para las principales revistas y aún no ha desarrollado completamente su “método rodillo”[2]: “Sauver Lavaux? Tout Lavaux? Certes. La pustule n’agresse pas seulement Aran-Vilette, mais tout le vignoble de Lavaux. J’ai pu m’en rendre compte le matin, en faisant avec les vignerons le parcours de Vevey à Aran” (1976: 76). Funda la Asociación “Sauver Lavaux” y comienza con una petición que pierde. Pero eso no le desanima y argumentando que Lavaux no pertenece solo a sus habitantes sino que es parte del patrimonio común, Franz Weber lanza en abril de 1973 una iniciativa popular cantonal para la protección integral del viñedo, con el objetivo de introducir en la Constitución de Vaud una protección definitiva de todo el territorio de Lavaux. Es la primera vez en Suiza: nunca se había puesto este instrumento de democracia directa al servicio de la protección de un lugar (1976: 86). El 12 de junio de 1977, el pueblo de Vaud acepta la iniciativa de Franz Weber con el 56.8% de los votos: la protección de Lavaux está registrada oficialmente en el art. 6bis de la Constitución de Vaud, y en 1979 esta disposición se incorporará en la Ley del Plan de Protección de Lavaux. La protección del viñedo parece estar en ese momento asegurada. En la actualidad Lavaux forma parte del patrimonio mundial de la UNESCO. Sin embargo, este registro no tiene valor vinculante y solo alimenta la codicia... Lamentablemente, Lavaux sigue siendo una región particularmente víctima de la presión inmobiliaria.
Otra de sus grandes batallas por preservar el paisaje, esta vez en el cantón del Valais, fue en la estación de Crans-Montana. Aquí llegó demasiado tarde, ya que la locura inmobiliaria había comenzado en los años de 1960 “[p]our culminer dans une tour delirante qui hurle de tous ses étages au milieu des autres buildings”[3] (95). Franz Weber era consciente de que ya poco podía salvar de este maravilloso lugar que fue en su día Crans-Montana. Consiguió paralizar la construcción de otro inmenso hotel “Le Régent”, pero intervino en el Haut-Plateau “pour crier au massacre, dénoncer les abus et les collusions. Je l’ai fait dans le but de préserver d’autres sites en donnant Crans comme l’exemple-type de destruction à tous les apprentis-sorciers qui creusent avidement et bêtement notre tombe” (111).
En 1974, completamente abrumado por las llamadas de ayuda, Franz Weber abandona el periodismo "ordinario" para dedicarse por completo a la protección de la naturaleza y los animales. Se va de París y se instala en Montreux, donde se casa y funda una familia. Su hija, Vera, nace en 1974. En el mismo año, el ecologista se da a conocer internacionalmente con su espectacular campaña contra la matanza de focas. Junto a la actriz francesa Brigitte Bardot, atrae a unos 70 periodistas al norte de Canadá.
En mayo de 1975, Franz Weber funda su actual Fundación Franz Weber (FFW), de la que ahora es Presidente Honorario; y en 1979 la organización internacional "United Animal Nations" (UAN) - las "Naciones Unidas de los Animales". Desde la década de 1970, Franz Weber y su Fundación han dirigido más de 150 campañas de protección animal y ambiental en Suiza y en todo el mundo: en Francia, en Alemania, en África y en Australia, llevando a la lucha toda su buena voluntad, hasta el punto de desencadenar una verdadera campaña internacional a favor de la ecología.

2.      Le paradis sauvé
L’Au, Monsieur Weber, est un écosystème qui fonctionne parfaitement, une gigantesque et géniale installation de filtrage au pouvoir nettoyant inimaginable pour l’eau comme pour l’air. Jamais la main de l’homme ne pourra créée une telle perfection. Elle ne sait que le détruire. (1986 : 19)

Le Paradis sauvé es su segunda obra, publicada en 1986. Entre 1983-84, Franz Weber acude a otra llamada desesperada de auxilio:
Car ce n’est pas n’importe quel site qu’il s’agit de protéger. Il s’agit du dernier site alluvial  de grande étendue qui existe encore en Europe, de la plus importante zone humide entre la Méditerranée, l’Adriatique, l’Atlantique et la Baltique. (1986 : 8-9)

para salvar los bosques aluviales del Danubio que se extienden entre Viena y la frontera eslovaca. Pero será en Hainburg, donde se llevará a cabo una de las campañas más duras y mediáticas realizadas por Franz Weber. El gobierno austriaco planeaba arrasar miles de hectáreas de bosque en favor de una enorme central eléctrica. El proyecto DoKW (Donaukraftwerke SA, la Sociedad de Energía Hidroeléctrica del Danubio), con el apoyo del gobierno socialista austriaco del canciller Sinowatz, la confederación de sindicatos y muchos actores del mundo económico, financiados en gran medida por los bancos suizos, pretenden construir una presa y una planta hidroeléctrica a la altura de esta pequeña ciudad (margen derecho), amenazando el ecosistema del bosque aluvial más grande de Europa. Franz Weber se pone manos a la obra y argumentando que “[l]es forêts du Danube n’appartiennent pas seulement à l’Autriche. Elles appartiennent à toute l’Europe” (14), alerta a la opinión internacional. A través de los métodos más inhabituales e insospechados, aunque siempre legales, Franz Weber luchará hasta hacer caer otro de los proyectos de especulación más cotizados de Europa, cifrado en miles de millones. Invita personalmente a venir dos veces (en diciembre del 1983 y en diciembre de 1984) a una treintena de periodistas europeos a este emblemático lugar. Gracias a su iniciativa, 12.000 defensores se reúnen en el mismísimo corazón del Au (bosque aluvial) el 8 de diciembre de 1984. Franz Weber da un ardiente discurso provocando la ocupación del Au por los manifestantes. Luego será apoyado localmente por estudiantes de varias universidades y miles de otros austriacos (y europeos) de todos los ámbitos de la vida. El compromiso de Franz Weber, el WWF, las asociaciones y personalidades ilustradas y valientes, incluido el profesor Gustav Wendelberger de la Universidad de Viena, hizo posible el abandono de la construcción de la presa y preservar este espacio natural único. Afortunadamente, este inoportuno proyecto- desde un punto de vista ecológico[4] -, fue abandonado bajo la presión de los ecologistas y de la gente local.  El bosque aluvial de Hainburg es ahora un parque nacional.
Para Franz Weber no se trata sólo de salvar un bosque o un humedal. Toda esta acción conlleva además un mensaje que pretende hacer llegar al mundo entero y aprovechando que “Hainbourg est maintenant une affaire mondiale” (184) quiere decirle a los políticos, basta, a los corruptos, basta, a los inversores sin escrúpulos, basta. Tienen que dejar de especular con el planeta: “Vous jouez avec le monde comme si vous en aviez un deuxième en réserve”.
… je réalise que ce ne sont pas seulement des millions d’arbres qui tomberaient sous les scies électriques, ce ne sont pas seulement les ruisseaux et les étangs qui seraient asséchés, pas seulement le sinistre béton, qui emprisonnerait tout, mais que c’est la vie même qui serait exploitée, dévastée, étouffée, notre propre vie, symbole et expression de l’amour. Avec l’Au, vivent au meurent toutes nos forêts, tous nos viviers, nos ruisseaux, nos étangs, nos oiseaux, nos fleurs, nos sources. Nous devons sauver l’Au pour que notre vie sur cette terre garde encore un sens, qu’elle puisse conserver son sens originel (37).

Esta defensa del territorio natural es considerada todavía hoy en día como uno de los actos fundadores de la ecología austriaca. Como pequeña anécdota, comentar que el actual presidente de Austria, Van der Bellen, fue testigo de este acontecimiento en 1984. Hoy es el primer jefe de estado ecologista en Europa elegido por sufragio universal.

3.      Entre chien et loup
Entre chien et loup es su tercera obra. El título significa la tarde o la mañana, esa hora del día en la que está todavía demasiado oscuro para diferenciar un perro de un lobo. El perro simboliza el día porque, al igual que él, puede guiarnos; mientras que el lobo sería el símbolo de la noche, representando una amenaza, pero también las pesadillas y el miedo. Así se presenta la tercera obra de Franz Weber: veintiocho historias situadas entre el sueño y la realidad, entre el perro y el lobo. Veintiocho cuentos sobre los grandes compromisos  hacia la naturaleza, la cultura y la vida.
Es un retrato del otro Franz Weber: detrás del ilustre defensor se esconde un poeta que vela por el planeta. Estos cuentos de misterio, amor, fervor o belleza contienen las claves de toda una vida dedicada a la defensa de la belleza y la poesía en nuestro mundo industrializado. Estas historias transforman, cada una a su manera, nuestra realidad decepcionante en un mundo por el que vale la pena vivir y luchar, donde el poeta se interroga sobre los misterios de la creación.
Franz Weber comienza a escribir estos relatos durante el periodo de efervescencia literaria de la post-guerra en Francia. Eran historias que le habitaban y por ello era necesario hacerlas salir, nos rebela el poeta. Son relatos que nos hablan de amistad (“Une poignée de terre brune”), de traición (“La bonne cause”), de amores, a veces felices como “Angelica”, otras veces desdichados, los hay que incluso van más allá de la muerte “Le pilier des anges”. Descubrimos a un Franz Weber romántico que describe simplemente la vida, la vida y la muerte, la vida en el más allá o la vida interior que cada ser posee. Canta y nos presenta esos valores inmateriales que tanto aprecia, en una realidad también inmaterial dónde los vivos hablan con los muertos y los muertos aparecen entablando un diálogo con los vivos que va más allá de la propia muerte: “Les montagnes sont témoins: nous sommes liés au-delà de la mort!” (96). Sus personajes nos dicen: “nous sommes tous solidaires, les vivants et les morts”. En esta realidad inmaterial todos sus personajes están en contacto con la otra vida, con la vida espiritual, y toda forma de vida posee un alma. Uno de sus cuentos más entrañable es “Regret”, en el que un niño huérfano de madre aprende a escuchar el alma de las plantas gracias a los consejos de ésta. Estas son las últimas palabras que le dice su madre en su lecho de muerte: “Dans cette vie, mon enfant, seules les plantes ne te trahiront pas. Ne t’éloigne jamais d’elles. Leur âme ressemble à la tienne” (182). Todo ser sintiente tiene un alma para Franz Weber, humano, planta o animal. Si toda la humanidad comprendiera y respetara este precepto dejaríamos de hacernos daño entre nosotros y el mundo sería un lugar mejor para todos: “El mundo sería un paraíso, como lo fue en otro tiempo”, nos explica.
El futuro está repleto de promesas. En todo caso, en este libro aparecen muchos interrogantes que podríamos calificar de filosóficos sobre el sentido de la vida. Franz Weber nos enseña que no podemos estar en paz con uno mismo si no desarrollamos los dones que hemos recibido al nacer, es lo que llama “estar en el eje de rotación” (17)  que ha regido siempre nuestro nacimiento. El suyo está marcado por esa ardua defensa de la belleza como poeta y escritor, pero también como ecologista, ya que no sólo se deben cantar los paisajes, también hay que defenderlos. Franz Weber comprendió que para defender la poesía, los valores inmateriales, había que salir a la calle a luchar. Para él las dos actividades, tanto la literaria y la ecologista, eran una misma batalla.
La conciencia ecológica ha cambiado mucho desde el comienzo de su lucha en 1965. Pero desafortunadamente, y a pesar de estos cambios en la ecología, la población y las autoridades se han acostumbrado a la degradación de los paisajes. El público comprende en gran parte lo que ocurre, pero desagraciadamente la realidad es muy triste. Si miramos a nuestro alrededor nos damos cuenta de hacia dónde va el mundo, sólo se defienden los valores materiales, es decir, aquello que proporciona dinero. En lugar de defender lo que es esencial para cualquier ser humano, lo que le hace verdaderamente crecer como persona. Por ello, debemos continuar luchando y defender nuestra hermosa naturaleza. Porque sin naturaleza difícilmente puede existir la poesía.

Conclusion
Franz Weber es el hombre que mueve montañas. Para salvar los paisajes de Engadine y todos aquellos que constituyen nuestro patrimonio, nuestro capital, mucho más precioso que todo el dinero del mundo. El ecologista recorrió Suiza, Europa y el mundo, multiplicando sus campañas a menudo poco entendidas. Ganadas, sin embargo. Pero nunca ha sido tan maltratado, denigrado, calumniado, despreciado como lo ha sido en su propio país, y especialmente en el cantón de Vaud, donde salvó de las garras de los especuladores las terrazas de Lavaux, la octava maravilla del mundo. Mientras que en el extranjero era nombrado ciudadano honorífico de Texas, de Delphi, celebrado con diplomas y premios, la justicia vaudoise lo persiguió y lo detuvo para fomentar una campaña de difamación promovida por hombres de negocios de Zurich e instrumentalizada por un periódico sin fe, el Wletwoche. Fue necesario un juicio del Tribunal de Derechos Humanos de Stransbourg para que la justicia del cantón de Vaud cesara sus injustas acusaciones. Peor aún, la comunidad de Montreux, a la que algunos ciudadanos pidieron que homenajearan al ecologista con la Medalla de la ciudad, se negó a actuar, con el pretexto de que Franz Weber se oponía a la nueva Constitución de Vaud. Y con razón, ya que en ella no se garantiza la protección de Lavaux. Siempre ha sido un visionario: sus campañas han ayudado regularmente a abrir los ojos de la población, a menudo incluso décadas más tarde (Mombelli, 2012). Como en el caso de Lavaux, cuyos viñedos en terrazas han sido catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2007.
Hacerle justicia sería ser testigo, a través de una adhesión militante, de la batalla nunca ganada contra la destrucción de la naturaleza y sus criaturas, porque como la Fundación Franz Weber demuestra cada día, la naturaleza y su belleza, la vida y los animales no pertenecen a un país, sino a toda la humanidad y deben ser protegidos por el bien común.


Bibliographie
Krippendorf J., 1977. Les dévoreurs de paysages. Le tourisme doit-il détruire les sites qui le font vivre?, Éditions 24 Heures.
Langel, R., Franz Weber. L'homme aux victoires de l'impossible, éditions Pierre Marcel Favre, 2004 
Laroux, A., Paysages urbains : le trajet du regard : dessins, peintures et textes. Lausanne : L'Age d'homme, 2013.
mombelli, A. « Franz Weber, écologiste romantique et solitaire », Swissinfo.ch, 13 mars 2012.
Pulver, C. Franz Weber ou La Fureur d'aimer, éditions Pierre Marcel Favre, 2002 
Weber, F. Des montagnes à soulever, éditions J.-J. Pauvert, 1976.
--, Le paradis sauvé, éditions Pierre Marcel Favre, 1987.
--, Entre chien et loup. Vevey : Xenia, 2009.
--, Une heure avec la création : comment je vois la nature, Vevey : Xenia, 2012.
Walter F., 1990. Les Suisses et l'environnement. Une histoire du rapport à la nature du XVIIIe siècle à nos jours, Zoé.

* Comunicación presentada en el XXVII Coloquio de la AFUE. Coloquio Internacional AFUE La Recherche en Études Françaises : un éventail de possibilités.  Organizado por la Universidad de Sevilla. Sevilla, del 9 al 11 de mayo de 2018.



[1] El cambio que se operó en el pensamiento del autor alemán fue la idea de que el Hombre era parte de la evolución de la naturaleza, y que el proceso evolutivo no se ha parado, por lo que en el futuro aparecerá una nueva especie, el superhombre.
[2] Franz Weber transforma cada campaña de protección medioambiental en una información de actualidad y sirve a la prensa  noticias interesantes y vendibles.
[3] En un contexto permeable a una nueva arquitectura de montaña, nacen construcciones audaces en los años sesenta, como la torre Super-Crans o la impresionante residencia Les Mischabels, emblema de una arquitectura urbana en los Alpes.
[4] Además de la destrucción de un centenar de hectáreas de bosques aluviales, de islas e islotes, la construcción de diques y la desaparición irreversible de las orillas naturales, la presa hubiera impedido que el Danubio fluyera libremente. La llanura aluvial ya no hubiera podido beneficiarse de las inundaciones y su dinámica se hubiera interrumpido. La dinámica natural del agua subterránea también se hubiera visto alterada.

sábado, 19 de noviembre de 2016

PAYSAGE ALPIN VS TOURISME : LA DISNEYLANDISATION DES MONTAGNES SUISSES

Résumé
Que reste-t-il aujourd’hui du mythe des Alpes? Où sont-ils passés les paysages arcadiens qui ont tellement fait rêver les lecteurs et lectrices tombés sous le charme de La Nouvelle Héloïse? Il y a, certainement, un antagonisme entre notre civilisation technique, - qui promue la croissance, la mobilité et les loisirs, et la région alpine, domestiquée pour être aujourd’hui rentable et productive. Si les touristes viennent aux Alpes pour découvrir la beauté des paysages (ils veulent absolument ramener chez eux les clichés dont ils rêvent: des chalets proprets garnis de géraniums, des prairies truffées de vaches et d’alpages), pourquoi ce patrimoine paysager est si maltraité? La relation entre l'homme et la montagne est en train de changer ? Cette dernière est-elle passée d’être un élément menaçant à un élément menacé ? Trouver le juste équilibre entre identité et modernité est devenu très complexe en Suisse. Les différents intérêts économiques du tourisme sont presque toujours au-dessus des intérêts de la nature et du paysage, et on risque de transformer les Alpes suisses en un énorme parc d'attraction. Cependant, l'intérêt pour l'image mythique des Alpes est encore très vivant dans la littérature et le cinéma de nos jours. Dans la littérature avec des œuvres telles qu’Estive de Blaise Hofmann ou le Journal d'un berger nomade, du français Pascal Wick. Toutes les deux nous parlent du retour dans le monde du pâturage. Des films récents comme « Belle et Sébastien » ou « Héidi » peuvent également exercer une grande influence sur la façon dont nous percevons cet environnement. Si nous sommes capables de penser à la nature comme quelque chose de vivant, de sentir et de reconnaître notre relation profonde et l'interdépendance avec elle, nous arriverons à provoquer un changement de mentalité. La littérature, le cinéma, tous les arts en général ont la capacité d’émouvoir plus que n’importe quelle donnée scientifique. Ils peuvent dénoncer également la responsabilité que l’être humain a par rapport à la crise écologique. Protéger notre environnement c’est préserver l’avenir de l’humanité.
1.    L’IMAGE DES ALPES DANS LA LITTERATURE D’HIER ET D’AUJOURD’HUI
1.1    La genèse du mythe arcadien des Alpes
C’est le XVIIIe siècle qui « invente » les Alpes. Les œuvres des voyageurs et des écrivains ont un rôle central dans la construction du mythe. Jusqu’alors la montagne était un lieu que le voyageur contournait, un monde habité de peuplades repoussantes, souvent accablées de maladies effrayantes. Les commerçants, qui traversaient les Alpes pour se rendre en Italie, se regroupaient en caravanes, et ils prenaient seulement des sentiers bien balisés. Une partie de cette transformation est due au long processus de recherche qui commence avec les voyages alpins, inaugurant ainsi la phase de "profanation" de la montagne par la connaissance et l'observation scientifique[1]. Ce processus atteint sa plénitude au XVIIIe siècle. Les scientifiques, convertis en courageux grimpeurs, vont gravir et raconter les plus hauts sommets. C’est la dernière étape de cette longue "démystification" de la montagne. Les exploits se produisent dans les Grisons, dans l'Oberland bernois, le Valais et le Mont-Blanc. Les nouvelles habitudes de navigation changent complètement la perception que les voyageurs avaient des Alpes. L'initiateur a été le grand érudit Johann Jakob Scheuchzer, père de la paléontologie et de la paléobotanique, et auteur de nombreuses publications entre 1700 et 1723, connues sous le titre générique d’Alpine Itinera. Mais ce fut le poème "Die Alpen", d’Albrecht von Haller, publié en 1731 et rapidement traduit dans les plus grandes langues européennes, qui donna le branle d’une nouvelle vision, positive et poétique, de la montagne et de ses habitants. C’est lui qui décrit la figure du bon sauvage helvétique autochtone, homme vivant encore comme aux origines : « Disciples de la nature, vous connaissez encore un âge d’Or » (De Haller 1995 : 12). Cet âge d’or qu’Haller évoquera n’existait à l’époque que dans son esprit, mais cela n’en marquera pas moins le début du mythe alpin qui demeurera jusqu’à nos jours. La vie simple et pénible, mais saine, menée en harmonie avec la nature, la chance de vivre au sein de sa famille, la liberté des montagnes furent opposées aux mœurs décadentes des grandes villes et des cours. Les lecteurs, familiarisés par les paysages ordonnés de jardins à la française, découvrent dans ses poèmes les vallées pleines de fleurs, de forêts, de cascades et de lacs. Et bien que certains versets soient dédiés aux glaciers, Haller, ne décrit ni les hauteurs, ni les précipices, ni les hauts sommets : ils sont toujours considérés comme des lieux inhospitaliers (topos horribilis). La montagne qu’il décrit est surtout la moyenne montagne, les Préalpes (vus par les voyageurs anglais comme un nouvel Eden), qui vont fournir le terrain à la construction du mythe Suisse.
Après les scientifiques et les artistes, c’est le tour des écrivains, qui inspirés par le mouvement romantique, décident de faire l'éloge de la beauté de la montagne. La publication de la Nouvelle Héloïse en 1761, marque une nouvelle étape. C’est Jean-Jacques Rousseau qui fit entrer les Alpes dans la littérature. Le véritable moment mythologique qui a contribué à répandre en Europe l’attrait du voyage dans les Alpes durant le dernier tiers du XVIIIe siècle est la célèbre «lettre sur le Valais» (Julie ou La Nouvelle Héloïse, lettre XXIII, 1re partie), dans laquelle Saint Preux raconte son excursion dans les montagnes du Valais. Il s’agit, évidemment, d’un type de paysage idyllique, on est encore loin d’une connaissance réelle de la montagne. D’ailleurs, « la haute montagne, âpre, rude, inhumaine ne pouvait plaire à Rousseau. Elle n’accueille pas le voyageur. Indifférente à l’homme, elle ne peut charmer celui qui ne cherche pas à la comprendre, à l’aimer pour elle-même, et non pour soi » (Engel 1930 :3). Rousseau dresse également un tableau idyllique des paysans du Haut-Valais : un peuple égalitaire et hospitalier qui « vit pour vivre, non pour gagner ni pour briller » (Rousseau 2002 : 133). Cette œuvre devient à son tour une source d'inspiration pour d'autres poètes qui viennent en Suisse attirés par les beaux écrits de Rousseau, pleins de belles descriptions de paysages alpins. Le voyage aux Alpes devient une mode et une thérapie pour le corps et l'âme, et sa fascination pour la montagne se transforme, par la suite, en véritable passion. Les premiers aménagements de loisirs sont intimement liés aux représentations positives qu’en donnent des générations de peintres et d’écrivains, suivis par les premiers « touristes ». La Suisse profite de cet enthousiasme et organise une authentique industrie du souvenir, qui accueille de nombreux voyageurs en tant que clients, la plus grande partie ce sont des britanniques et de français, dont la destination finale est l'Italie. Voici comment les Alpes deviennent une nouvel Arcadie au XVIIIe siècle.
Cette idée de paradis arcadien va se consolider un siècle plus tard avec la publication du roman de Johanna Spyri, Heidi (1880). Cette œuvre représente la nature intacte des Alpes suisses avec toutes ses prairies, ses montagnes et ses paysages idylliques. On sent l’influence du romantisme: la montagne de Johanna Spyri recèle toujours un âge d’or non corrompu par la modernité. Cependant, cette image idéalisée, également encouragé par des poèmes et des chansons, ignore la réalité historique et les changements apportés par l’ouverture à l’industrie et au tourisme de masse. La fin du XIXe siècle impose une nouvelle image des Alpes. Les paysages alpins commencent à subir de grandes transformations à cause de l’essor du tourisme : les nouveaux hôtels et les chemins de fer de montagne sont critiqués par des personnalités du monde littéraire qui vont  s'insurgeaient contre l'invasion de réclames publicitaires, la démolition de bâtiments historiques et la modernisation des vieilles villes. Toute modification paysagère sera dénoncée de la fin du XIXe siècle et même jusqu’à nos jours.

1.2  La littérature au service de l’environnement : vision écocritique des Alpes
Sans vouloir être exhaustif, voici quelques auteurs suisses romands qui ont dévoilé à travers leurs écrits les problèmes que le tourisme et ses infrastructures ont provoqués dans les paysages autochtones de leurs cantons. Nous commencerons ce parcours par l’écrivain Edouard Rod (1857-1910), vaudois installé à Paris qui condamne dans son roman Là-haut (1897) la dégradation du paysage alpin du Valais à la fin du XIXe siècle. Il anticipe les préoccupations environnementales dues au changement et à la destruction des modes de vie ancestraux. Le protagoniste du roman, Julien Sterny, est un parisien d’origine suisse qui retrouve son pays après un scandale qui l’éloigne de la capitale française. Suivant les conseils d’un ami, il arrive à Vallanches, un petit village situé dans la région de Martigny, éloigné des circuits touristiques. Ses habitants vivent en harmonie avec la nature et de ses quelques vacanciers, des habitués de cet endroit plein de charme. Jusqu’à l’arrivée de M. de Rarogne, un promoteur immobilier et les constructeurs du chemin de fer. Tout est bousculé dans ce vieux village : nombreux sont ceux qui veulent profiter du progrès et se laissent convaincre par l’argent facile. Des personnages pittoresques défilent dans ce cadre idyllique, des histoires d’amour se nouent, des querelles naissent, mais la solidarité renaît face à l’adversité. C’est un récit quasi prophétique sur l’évolution du tourisme en Valais : les descriptions des paysages magnifiques, des conditions dures de cette vie paysanne et des gens de la montagne, tentés par l’argent facile, sont d’une actualité saisissante : « Ceux qui verraient clair dans ce mystère gagneraient plus d’argent en deux ou trois ans […] que leurs pères n’en avaient économisé en six générations de travail et d’économie » (70). La haut-montagne commence à être rentabilisé par le tourisme : on devient hôtelier, guide, transporteur. Les Alpes cessent d’être un monde de terreurs et de désintérêt pour devenir un gagne-pain et, petit à petit, la physionomie si caractéristique des villages suisses disparait :
Hélas ! le temps n'est pas loin où l’on ne verra plus de « villages suisses » que dans les expositions, comme on ne voit déjà presque plus de meubles anciens que dans les musées ou chez les antiquaires. La création de ces « stations », qu'une publicité bien entendue met aussitôt à la mode, est suivie, à bref délai, de la construction de chemins de fer, et l’on sait les montagnes illustres dont les sommets ne sont plus que des gares (Rod 1901 : 419)

Pour préserver les paysages et les beautés éternelles de la montagne, il faudrait leur épargner les agressions de l’homme et de la technologie : Mais je ne puis m'empêcher de songer ici à cette définition de l'Homme, dont la vérité s'impose : «... un petit animal industrieux, qui excelle à utiliser tout ce qu'il y a dans la création pour en gâter la beauté tout en détruisant le bonheur de sa propre vie.. » (Rod 1901 : 423).
Edouard Rod jouera un rôle très important à Paris en tant que parrain littéraire d’autres auteurs suisses venus chercher fortune à la capitale française. Parmi eux, l’écrivain vaudois C.F. Ramuz (1878-1947). En tant que témoin de fortes transformations des paysages alpins, ce jeune écrivain montre également son soutien aux mouvements de protection de la nature qui font leur apparition au début du XXe siècle, en s’attaquant très fortement à l'industrie du tourisme et aux hôteliers :
Il y a déjà assez en Suisse de ces aventuriers qui font fortune en attirant chez nous nos voisins dont ils vident les poches. Il me tarde de voir les Alpes purgés de ces fantoches embarrassants, armés de piolets, accompagnés d’une bande de miss en jupes courtes et d’une caravane de guides. Il me tarde de voir la Suisse rendue à ses habitants, à ses citoyens. Il me tarde de voir disparaitre le cosmopolitisme qui, non content de détruire chez nous les vieilles mœurs et les vieilles coutumes, tend chaque jour à dégrader notre peuple jusqu’ici si probe. Je voudrais voir en une seule nuit tous les hôtels détruits. Les hôteliers, on en fera des manœuvres, des ouvriers, des artisans. Ils seraient alors plus utiles à la Suisse, ils travailleraient à sa prospérité, au lieu de travailler à sa ruine, à sa perdition peut-être (Ramuz 1968 : 10).

Ce texte rejoint le mouvement précurseur de l’écologie[2] qui conduira à la création du Heimastschutz (Ligue pour la conservation de la Suisse Pittoresque)[3], en 1905. En dénonçant l'utilitarisme dominant et la banalisation du paysage, Ramuz précise :
On vient visiter le lac, les montagnes, les glaciers, tels qu’ils sont représentés dans le livre.[4] Et celui qui est venu, une fois rentré chez lui, dit à ses amis : ‘Allez voir comme c’est beau’. C’est pourquoi les étrangers deviennent toujours plus nombreux, jusqu’au jour des chemins de fer (Ramuz 1967 :186).

Le flux de plus en plus dense des touristes venant séjourner en Suisse contribue fortement à la création des lignes de chemin de fer à crémaillère. Elles constituent une des attractions principales pour les touristes qui pouvaient de cette manière satisfaire leur besoin de retour à une nature encore inviolée. L’une de ces lignes va susciter un grand débat national : la construction d’un funiculaire électrique entre le village de Zermatt et le sommet du Mont Cervin en 1907.
La Ligue pour la conservation de la Suisse Pittoresque et le Club alpin suisse vont se mobiliser contre ce projet, notamment au travers de pétitions lancées dans toute la Suisse. On écrit même une pièce de théâtre intitulée «Le Cervin se défend!» du Fribourgeois Auguste Schorderet[5]. De manière générale, on accuse les promoteurs de vouloir défigurer un symbole de l’identité helvétique, à savoir la montagne, au profit de riches industriels et des touristes.
On commence à se préoccuper en Suisse, au point de vue de la protection des sites naturels, de l’envahissement exagéré des chemins de fer de montagne. Une pétition lancée par la Société pour la sauvegarde du pittoresque et par le Club alpin suisse contre le projet d’un chemin de fer au Cervin vient être remise au Conseil Fédéral, revêtue de 68.000 signatures (Cf. La Suisse au XIX siècle, T.III, ‘La Montagne Suisse’, par E. Rod).
Autre front ouvert contre la destruction des paysages alpins est celui des ressources hydrauliques. Eduard Rod introduisait poétiquement le thème en 1901 en décrivant les débuts d’une nouvelle industrie : « Elle se glisse sur le pas d’un personnage très ‘fin de siècle’, colporteur d’une nouvelle espèce, mercanti fantastique, spéculateur imperturbable et matois : le marchand de cascades » (Rod 1901 : 421). Mais c’est Maurice Chappaz, le poète valaisan, qui va faire prendre conscience aux Valaisans à partir des années 1950, que les Alpes sont plus  qu’une simple ressource économique à surexploiter, et doivent être protégées et respectées. Chappaz a été le premier écrivain qui a osé dénoncer dans Le Match Valais - Judée (1968) et surtout dans Les Maquereaux des cimes blanches (1976) les conséquences du progrès à court terme :
On a pu exploiter, d’une façon effrénée les ressources naturelles d’un pays. Et le Valais était un morceau de choix, un morceau de rois pour les spéculateurs.[6]
Face aux dommages causés par le tourisme, le pillage des terres et la spéculation immobilière, Chappaz, le poète qui chantait auparavant la beauté des Alpes, se sent dans l’obligation d'exprimer son dégoût et sa douleur. Angoissé parce qu’il sent la catastrophe, « sous ses yeux, un certain Valais meurt, transformé sans pudeurs ni mesure »[7], il devient un écrivain engagé. Ses poèmes abandonnent les étagères de la bibliothèque pour s’unir aux problèmes de la société, Chappaz va dire ce qu'il pense. Mais ce n’est pas cela la véritable mission d’un poète ? D’après lui, le poète remplit une fonction nécessaire : « Il est le témoin du cœur. Contre le mensonge des robots et des trafiquants »[8]. Sa prose donc devient une arme au service de son combat pour préserver la montagne des appétits des hommes et de leur bétonnage irréfléchi.
Chappaz va donc secouer la société valaisanne, le monde politique et économique de l'époque, et surtout, il va se battre pour préserver le paysage qu’il affectionne autant. Ce qui était autrefois un acte de célébration devient un acte de résistance, une plainte amère comme nécessaire. Ceci peut être vu dans le texte qui accompagne la deuxième édition de Les Maquereaux des cimes blanches, dont le titre est déjà très révélateur La Haine du passé (1984) :
Chez nous la mise aux enchères des montagnes et des névés à coups de députés n'en finit pas. Et que je te balance un câble! Et que je t'enfonce mes trax! Et que j'évapore le Rhône et que je te rescie une forêt! [...] En images d'Epinal, en dessins animés je raconte une fin du monde. Ce que l'on a construit dans tous les coins c'est une Tour de Babel en mille morceaux (Chappaz 1994 : 27-28).
Une relation d'amour et de haine s’établit par la suite entre le poète et les habitants du Valais. Les écrits de Chappaz provoqueront des réactions adverses parmi la population locale. D'une part, l'indignation de la bonne société valaisanne qui participe, à l’époque, activement dans la folie touristique des années 60 et 70. D’autre part, le soutien inconditionnel de ceux qui s’identifient pleinement à sa cause, et trouvent dans ses mots le courage nécessaire pour protester contre la construction de villes dans les montagnes.
La conscience environnementale a parcouru un long chemin dans le Valais, grâce en partie à l'héritage laissé par ce poète. Le point de vue de Chappaz au sujet de la nature a toujours été clair, la louange et l'écologie. Il a toujours été en faveur de la protection du patrimoine naturel et contre la destruction et la domination. Cependant, les Alpes ont énormément évolué depuis les années 1970 et, malheureusement, pas toujours dans le bon sens… La diversité culturelle et la variété du patrimoine rural qui font leur richesse continuent d’être laminées dans l’indifférence. Quel sera l’avenir du massif et de ses populations?
Aujourd’hui, face aux problèmes qui concernent l’ensemble de la chaîne (changement climatique, pollution croissante des vallées, surcharge touristique, zones en déclin, extension de voies rapides et des zones construites, transports, etc.,) les Alpes essaient de se réorganiser ; certaines associations pour la sauvegarde de la mémoire culturelle des Alpes et pour sa protection se sont créées (Pro Vita Alpina[9], L'initiative des Alpes[10]), d’autres s’attachent à développer une agriculture « labellisée », les régions coopèrent ignorant les frontières, les différents États ont signé en 1991 avec l’UE une convention sur la protection d’un patrimoine considéré vital pour l’Europe : La Convention alpine, qui considère le massif comme le dernier domaine, en Europe, doté d’une nature encore naturelle. À ce titre les Alpes font l’objet de mesures de protection particulières. Mais, sont-elles suffisantes ?
L’environnement naturel alpin est menacé et il est urgent de prendre des mesures pour le protéger. Le débat sur le suréquipement touristique et la défiguration du paysage est indispensable aujourd’hui, surtout lorsqu’on continue à vendre la montagne sur des images de nature inviolée ! Le développement dit durable est-il un objectif pour les aménageurs ? Si la tendance continue l‘impact qu’aura l’évolution de l’économie des loisirs et du tourisme sur la nature et le paysage des Alpes devrait être bien plus important que les altérations naturelles découlant, par exemple, du changement climatique.
Cette problématique de l’expansion du tourisme y est traitée sous un angle très intéressant dans le récit Estive de l’écrivain suisse Blaise Hoffmann en 2007. Estive est la chronique d’un été passé en tant que berger dans les Préalpes vaudoises. Hoffmann va se confronter seul à l’immensité de cet espace sauvage pour évoquer la beauté des montagnes, mais aussi ses laideurs, en interpellant la dysneylandisation des Alpes. Il distille aussi des réflexions, souvent ironiques, sur la montagne et sa mythologie, ou ce qu'elle est devenue, à Leysin,[11] par exemple :
Leysin, station fun, propose escalade, canyoning, mountain bike,    randonnée, promenade à dos de mulet, rafting, pêche en rivière, piscine, tennis, hockey, karting sur glace, raquettes, squash, aérobic, parapente, via ferrata, héliski, cheval, poney, ping-pong, football, beach-volley, parcours vita, minigolf, musculation, aquagym, tir au pigeon d’argile, parc à biche, quad, télécabines, télésièges, téléskis, freestyle park, halfpipe et superpipe. À la Hiking Sheep Bergerie backpacker, le lit en dortoirs coûte trente francs (161).

Bien évidemment, toutes ces activités proposées par l’industrie du tourisme « compense[nt]  l’exode rural du siècle dernier, repeuple[nt] la montagne, la rend plus viable, plus tenable, plus rentable » (161). Et aux paysans qui pleurnichent maintenant, l’auteur leur rappelle: « Qui a vendu les terrains où se construisent les complexes touristiques ? » (162). La critique politique n’est pas loin et quand Hofmann se laisse emporter, cela devient vite assez saignant, rejoignant ainsi les propos d’un Maurice Chappaz qui rappelait « la grande vente du Valais »:
Tous au village ont récupéré à leur compte le mythe alpin. Les autochtones, en vendant leurs produits avec une plus-value de tradition. Les acteurs touristiques, en exploitant la virginité illusoire des Alpes pour vendre des nuitées. Les patriotes, en faisant des Alpes une référence inaltérable au pacte initial. Les écologistes, en défendant l’idée d’un terrain fragile et riche qu’il faut préserver de toute intrusion moderne (163).

Il fonce encore plus loin et il demande la démythification complète des Alpes : « Il est temps de décoloniser les montagnes de leurs chimères, de se défaire des illusions qui constituent notre suissitude, cet objet de marketing » (163), mettant en cause le grand récit identitaire suisse : « Il n’y a rien dans les Alpes d’essentiel. C’est du relief qui traverse l’Europe en se foutant des frontières » (163). Hofmann jette un regard plein d’ironie et de désillusion sur ce qui est devenu les Alpes et nous montre le vrai visage de la montagne : « La montagne se théâtralise. Les Alpes sont le terrain de jeu de l’Europe. Elles se regardent au travers d’une fenêtre que l’on ouvre et referme » (118). La montagne est devenue une simple distraction, un décor, un espace où les touristes viennent s’amuser.


2.    L’ARRIVEE DU TOURISME DE MASSE ET L’AMENAGEMENT DU PAYSAGE
2.1 La littérature et le cinéma face à la protection du paysage
« Il n'est pire aveugle que celui qui ne veut pas voir »
Parmi les plus grands défenseurs du paysage dans la littérature suisse du XXe siècle se trouvent C. F. Ramuz, Corinna Bille et Maurice Chappaz. L'univers alpin, avec sa vaste montagne, sera le cœur de pompage et d'alimentation de sa création littéraire. Étudier leurs œuvres à partir d'une perspective écocritique est une tâche gratifiante pour mieux comprendre la crise mondiale à laquelle nous sommes confrontés en ce moment. Cette crise ne résulte pas d'un mauvais fonctionnement de l'écosystème, mais d’un fonctionnement néfaste de notre système éthique. Si nous voulons la surmonter, nous devons comprendre l'impact que l'homme a sur la nature, comprendre ces systèmes éthiques et en faire un bon usage de la compréhension pour les réformer. La littérature est-elle capable de modeler de nouvelles manières d’habiter le monde ? Comme indiqué Donald Worster: « Les historiens, les spécialistes de la littérature, les anthropologues et les philosophes ne peuvent pas faire la réforme, mais ils peuvent aider à la compréhension » (1993 : 27).
Dans le cinéma, le paysage est justement cet élément donné pour acquis alors qu'il frappe notre regard le plus souvent par sa magnificence et sa solennité. Cependant, il peut jouer deux rôles bien antagonistes par rapport à l’environnement. Tout d’abord, il peut aider à ouvrir à une réflexion anthropologique sur la place de l’homme dans son environnement. En effet, lorsque nous regardons un film nous permettons à nos émotions de rendre simplement compte de notre émerveillement : face à un espace naturel, comme celui des Alpes, nous avons tendance à nous sentir bien petit face à la grandeur de la montagne. Nous ne pouvons pas nier que le "septième art" a également un énorme pouvoir de persuasion sur les causes environnementales et écologiques. Le cinéma n'a pas seulement mis en contact l'homme avec la nature, les paysages exotiques et la nature documentaire, mais a également été, et il est toujours, de temps en temps, militant actif dans la lutte pour la protection de l'environnement. Mais montrer sur le grand écran ces paysages idylliques a également des conséquences négatives sur leur propre territoire car il peut provoquer un « effet d’appel » du tourisme de masse. En ce sens, il existe de nombreux exemples de films qui ont contribué à l'augmentation des visites touristiques, nous pensons notamment à la trilogie de Le Seigneur des anneaux ou à sa suite Le Hobbit et la découverte des paysages de la Nouvelle Zélande. Cette augmentation du tourisme pour découvrir les décors naturels d’un film, phénomène connu sous le nom de movie tourism, provoque un impact économique, culturel, mais aussi environnemental qui peut conduire à une dégradation de l’espace naturel dans lequel le film et les zones proches ont été filmé, si cela n’est pas bien géré.
En Suisse, nous trouvons un bon exemple du développement touristique avec l’histoire de Heidi. L’héroïne et son histoire sont devenues un symbole de la manière dont les gens du monde entier perçoivent la Suisse. Heidi évoque surtout de belles montagnes et de beaux paysages alpins et une vie épargnée par les soucis urbains. Mais c’est le dessin animé d’Hayao Miyazaki, produit en 1974, qui a séduit des générations entières de touristes japonais, venus en Suisse pour voir le vrai pays d’Heidi. Le dessin animé a été diffusé à la télévision partout dans le monde et il est devenu culte dans d’autres pays. Selon Hans-Jörg Müntener, directeur de l’office du tourisme de Maienfeld, le village où se déroule l’histoire d’Heidi, plus de 100'000 visiteurs se pressent chaque année pour un pèlerinage sur les terres de la petite orpheline, générant des retombées de l’ordre de 5 millions de francs pour la région. Près de la moitié des visiteurs viennent d’Asie et les touristes en provenance du Golfe se font de plus en plus nombreux depuis trois ans.
Un dernier long-métrage sur Heidi a été filmé récemment dans les Grisons en 2014. Distribué par la compagnie Disney (comment pourrait-il en être autrement ?), sa sortie dans les salles suisses a été un grand succès, du point de vue économique, culturel, touriste…. et environnemental ? Le temps nous le confirmera… !

2.2 La Disneylandisation des Alpes
L’hypothèse d'une Disneylandisation progressive de la montagne est formulée pour la première fois vers les années 1990. Bernard Crettaz, le célèbre sociologue et ethnologue suisse, fait scandale à l'époque avec son film « L’Adieux aux Alpes » et sa publication Au-delà du Disneyland alpin, où il oppose la représentation des Alpes comme espace présumé pur, sauvage et intact dans sa primitivité à la fabrication des multiples parcs d'altitude, sous la forme de Disneylands. On est obligé à admettre les nombreuses mutations que la montagne et le monde montagnard ont subies, bricolant sans cesse du moderne et de l'archaïque authentique. Les causes : une urbanisation générale, une « turistification » totale et une grande médiatisation.
Mais qu’est-ce que c’est exactement le Disneyland alpin ? C’est un mélange entre le n’importe quoi de ce qu’il appelle « la folle montagne », expression ultime des Alpes terrain de jeu et le contraire sage du n’importe quoi, le côté modèle des Alpes mesurées, équilibrées qui ressemblent aux images de la montagne de toujours.
Bernard Crettaz s’interroge également sur le rôle qu’on a laissé à la culture en général et à celle des Alpes en particulier, car « nous assistons à des formes d’expression qui ne constituent plus des enjeux mais relèvent du seul divertissement ». Du même avis est le philosophe Yves Michaud qui explique qu'après deux siècles de sacralisation culturelle, nous sommes arrivés à un tournant considérable : celui du divertissement culturel, dont le tourisme est l'une des conséquences. Le touriste n’a pas une bonne presse dans le milieu culturel : il est souvent caricaturé et perçu comme un destructeur qui use et détruit les monuments qu’il visite, génère des équipements coûteux, pollue et ne comprend pas ce qu’il voit. C’est ce que le philosophe Yves Michaud appelle « l’envahisseur qui paye » (2006 : 29). Le touriste qui visite les Alpes va à la recherche d’une identité, bien sûr. Mais laquelle ? Cela débouche presque toujours sur la fabrication de stéréotypes qui finissent par être plus vrais que la réalité. Le tourisme stimule donc une production plus ou moins authentique de culture. Il permet même de réinventer les identités : « Les stéréotypes ont parfois des effets inattendus. Cela permet de redécouvrir ou de réinventer une identité. Car il ne faut pas oublier l’importance du regard de l’autre dans la formation des identités » (2005).
Un exemple plus précis serait le projet envisagé dans le village de Heidi ou Heidiland. Le roman de Johanna Spyri, traduit depuis plus de 40 ans et publiée à plus de 20 millions d'exemplaires, a donné naissance il y a quelques années à cette petite folie touristique. Ils ont récrée un monde romantique et alpin, entre Bad Ragaz et Coire. Et voici comment on vend la visite de ce célèbre village dans une page touristique suisse :
Dans le village de Heidi, les visiteurs peuvent revivre l'histoire de la joyeuse petite orpheline proche de la nature dans les lieux mêmes qui l'ont inspirée et se plonger dans l'époque à laquelle elle a été créée. Le chemin de Heidi mène à la maison de Heidi et à l‘alpage de Heidi à travers des paysages idylliques.

Des paysages idylliques ? Il résulte difficile à y croire d’après les propos de Alain Gsponer, metteur en scène du dernier film qui vient d’être présenté sur cette héroïne : «Il a été très difficile de trouver le lieu adéquat, explique encore Alain Gsponer. Aujourd’hui, il n’existe plus un alpage qui ne soit pas électrifié, plus un champ sans pylône. C’est finalement autour du village de Bad Ragaz que nous avons tourné les scènes de montagne, en faisant disparaître, ensuite, sur la pellicule, les éléments parasites ». Mais ce n’est pas tout, car il existe même un projet de parc d'attractions sur le thème de Heidi combinant manèges et nature. En effet, des représentants de Heidiland et du «village de Heidi», ainsi que les remontées mécaniques de Grüsch-Danusa, se sont rencontrés de manière informelle pour un échange d’idées.
Est-ce que le patrimoine culturel des Alpes est devenu un simple et passionnant divertissement touristique ? Si on revient sur les propos de Bernard Crettaz, on doit constater que, trente ans plus tard, ce qu’il vaticinait est devenu une réalité : jouer, s’amuser, consommer. Voici le lien qu’on a aujourd’hui avec le patrimoine, car « tout ce qui a fait votre vie revient comme un grand jeu à l’ancienne : vieilles maisons, vieux outils, vieilles fêtes, vieux rituels, vieux récits, vieilles légendes… Et si l’on n’a pas de vrai vieux, on fabrique du faux vieux qu’on mélange avec tout et n’importe quoi. […] tout est bon pour jouer un moment avec un passé-amusette ! (1994 : 16)

CONCLUSION
D’après l’ONG WWF, près de 120 millions de personnes visitent chaque année les Alpes. Il est grand temps de prendre de mesures pour un développement du tourisme plus responsable, en particulier du tourisme de masse, qui a contribué notablement à la destruction du paysage alpin ces dernières années. L’urbanisation, la construction d’infrastructures (routes, remontées mécaniques, parkings, etc.), le trafic routier et les activités de loisirs peu respectueuses de la nature font disparaître de précieux paysages naturels et culturels et avec eux, la faune et la flore qu’ils hébergent, mais aussi la propre culture de la montagne. Le cœur d’un village cesse de battre lorsqu’il est saturé des constructions qui évoquent d’avantages les banlieues des villes que les sites agrestes.
Les touristes, dans la plus grande majorité, demandent en plus des équipements sportifs tout ce qui peut les rassurer confort et distractions : boutiques, cafés, garages, parcs, parkings, self-services, etc. La ville à la montagne mais avec des illusions de village ! Nous disposons donc aujourd’hui, dans la haute montagne suisse, de toutes les modernités souhaitables et, également, de ce retour à l’ancien. Et puis, le métissage, le mélange entre les deux, le « n’importe quoi » dont le sociologue Bernard Crettaz nous en parlait avant. Evidemment, ce mélange de modernité et d’ancien peut provoquer des conflits entre ceux qui regrettent l’ancienne montagne, l’ancien mythe de la montagne primitive, et ceux qui veulent la développer : les promoteurs. De nos jours, il y a toujours en montagne des conflits, des cassures, des déchirements qui provoquent parfois du désordre. Mais on doit trouver le juste milieu : réintégrer le retour du vieux, de la nostalgie perdue avec les éléments technologiques nouveaux ; réintégrer les réserves naturelles, les sites écologiques et les zones protégées ; réintégrer les grandes expositions venues du monde entier et les festivals de toutes sortes qui sont devenus les nouvelles fêtes alpestres. Car, si nous ne prenons pas garde, les Alpes suisses vont s’apparenter de plus en plus à un univers artificiellement mis en scène, où l’on fera de la nature un simple bien de consommation et de la haute montagne un simple parc d’attractions. Jusqu'où peut-on réaménager les montagnes pour le tourisme sans toutefois les dénaturer ?


BIBLIOGRAPHIE
De Haller, Albrecht (1995) Les Alpes. Genève : Ed. Zoé. Coll. Mini-Zoé.
Chappaz, Maurice (1994) Les Maquereaux des cimes blanches. Carouge : Editions Zoé.
Crettaz, Bernard (1994) Au-delà du Disneyland alpin. Ivrea : Priuli&Verluca (Eds).
Engel, Claire-Eliane (1930) La Littérature alpestre en France et en Anglèterre aux XVIIIè et XIXè siècles. Chambéry : Librairie Dardel.
Hofmann, Blaise (2007) Estive. Genève : Ed. Zoé.
Michaud, Yves « Au-delà des défis du tourisme culturel », La Revue Nouvelle, n° 1-2 / janvier-février, 2006, pp 22-32.
--,  « Il ne faut pas oublier que le touriste, c'est toujours l'autre... », Le Monde, 11 aout 2005.
Ramuz, C.F. (1967) Les circonstances de la vie in Œuvres Complètes. Lausanne : Ed. Rencontre. T. II.
--, (1968) Journal in Œuvres Complètes. Lausanne : Ed. Rencontre. T. XX.
Reymond, Evelyne (1988) L’Alpe romantique. Presses universitaires de Grenoble, collection l’Empreinte du temps.
Rod, Edouard (1897) Là-Haut. Bibliothèque Numérique Romande : Les Bourlapapey. www.ebook-bnr.com
--, (1901) "La montagne suisse", in P. Seippel, éd., La Suisse au dix-neuvième siècle, t. 3. Lausanne, F. Pavot : 397-424.
Roure, Benjamin, de Roux, Emmanuel, « Le tourisme contre la culture ? », Le Monde, 11 août 2005, p. 13 et 18.
Rousseau, Jean-Jacques (2002) La Nouvelle Héloïse. Paris : Gallimard. Coll : Livre de poche.
Stucki Erwin, Rognon Pierre (1998) La vallée des Ormonts face aux changements climatiques et aux catastrophes naturelles. Georg éditeur.
Worster, Donald, The Wealth of Nature : Envirommental History and the Transition to a logical Imagination. New York : Oxford University Press.

Communication présentée lors de la Journée d'Études "Crise écologique et ré-création artistiques", célébrée à l'Université de Savoie Mont-Blanc le 18 novembre 2016.




[1] L'historien suisse Aegidius Tschudi a écrit en 1538 le premier Traité sur la géographie de l'Alpes Rhétiques ; ou Jost Murer la première gravure en bois de la carte du canton de Zurich en 1566.
[2] La mise en évidence des dangers encourus par l’environnement ne débouche pas encore sur une véritable attitude écologique au sens actuel du terme, mais plutôt sur le réveil d’une nostalgie de l’harmonie, d’ordre fondamentalement esthétique.
[3] En 1905, l’association du Heimatschutz (Ligue pour la conservation de la Suisse pittoresque) voit le jour sur le modèle allemand de 1904, ainsi que la Ligue pour la Protection de la Nature quelques années plus tard, en 1909, dont l’objectif est la protection des paysages suisses face aux absurdités du modernisme. La nature et tout particulièrement les Alpes occuperont une place centrale par la fonction identitaire qu'elles représentent pour la Suisse.
[4] pivert-de senancour, E. (1804) Oberman. Paris: Flamarion (2003).
[5] Elle met en scène un entrepreneur américain et un ingénieur français qui désirent construire un chemin de fer au Cervin. Mais en essayant d’escalader le sommet, l’ingénieur chute mortellement en raison de son inexpérience du milieu alpin. Morale de la pièce écrite par ce journaliste qui a travaillé à La Gazette de Lausanne: ne touchez pas aux symboles suisses!
[6] Entretien réalisé à M. Chappaz en 1977. On peut l’écouter: http://www.swissinfo.ch/fre/multimedia/video.html?siteSect=15045&ne_id=10208679&type=real
[7] Le Confédéré, mardi 13 avril 1976. Article: “Le cri du poète qui dérange”, par M. J. Luisier.
[8] Le Confédéré, mardi 9 mars 1976. Article : “Exclusif! Maurice Chappaz parle de son livre: Les Maquereaux des cimes blanches », par M. J. Luisier.
[9] Le réseau Pro Vita Alpina est une association pour le développement culturel, social, écologique et économique des Alpes. Fondé en 1972 comme groupe de travail suisse, il devint en 1989 un réseau international regroupant tous les pays alpins d’Autriche, d’Italie, de Suisse, de France et de Slovénie.
[10] "L'initiative des Alpes" (iniziativa da las alps en romanche) est une association suisse pour la protection des Alpes. L'association a été créée à la fin des années 1980 lorsque des écologistes de la région du Saint-Gothard ont lancé une initiative populaire visant à réduire la traversée routière des Alpes pour le transit. L'initiative intitulée « Pour la protection des régions alpines contre le trafic de transit » a été acceptée en votation le 20 février 1994.
[11] Leysin vit son épopée de station climatique et réussit sa conversion en lieu de vacances dans les années 1960 (Stucki-Rognon 1998: 25).

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