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miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA TRANSMISIÓN DE LA MEMORIA COLECTIVA : EL IMAGINARIO AFRICANO EN LA OBRA DE BLAISE CENDRARS


Le conte est un message d’hier
raconté aujourd’hui pour demain
(Amadou Hampaté Ba)









Resumen
En los primeros años del siglo XX, pintores y escultores de la talla de Derain, Vlaminck, Matisse o Picasso, descubren con asombro las obras de arte importadas del continente africano por viajeros y aventureros de la época y no dudan en inspirarse de ellas. Nace así lo que se denominará entonces “el arte negro-africano”, que influenciará en las artes plásticas a movimientos artísticos como el cubismo y el fauvismo.
En la literatura, el descubrimiento de las tradiciones orales y las lenguas de estos pueblos interesan especialmente a un autor franco-suizo: Blaise Cendrars. Cendrars intenta ir más allá y comprender las voces y las formas de estos pueblos de África. Para ello no duda en recopilar todos aquellos documentos aportados desde el siglo XIX por los etnólogos: transcripciones de relatos orales, de ritos y de tradiciones recogidos por misioneros o colonos. Consciente de su importancia y con gran respeto –considera los mitos, cuentos y legendas indispensables para el conocimiento humano – reagrupa estos relatos en un libro que publicará en 1921. Nace así su Anthologie Nègre. Cendrars se convierte en el primer escritor que enriquece con sus relatos africanos la literatura francesa.
En esta comunicación analizaremos las diferentes visiones e imágenes de estos pueblos africanos que aparecen en la obra de Cendrars, así como su importancia y repercusión a principios del siglo XX.

Palabras clave: Blaise Cendrars, África, cuentos, naturaleza, pueblos.



sábado, 18 de abril de 2015

"Si le soleil ne revenait pas" o el triunfo de la luz sobre las tinieblas

RESUMEN


“Si le soleil ne revenait pas” es una obra literaria del escritor suizo C.F. Ramuz, publicada por primera vez en 1937, en plena guerra civil de España y justo antes de los terribles acontecimientos de 1939-1945. Narra la historia de un pueblo, St-Martin d’En-Haut, anclado en lo más profundo del corazón de la auténtica montaña alpina. Como cada 25 de octubre el sol desaparece en el valle para no regresar hasta el 13 de abril. Seis meses de oscuridad se ciernen sobre la aldea. Ese año sin embargo, Anzevui, herborista y curandero respetado, predice la muerte del sol. La aldea se instala en un apocalipsis de fin del mundo.

En este ambiente de luces y de sombras, Ramuz dedica en esta novela una gran parte de su estudio social a la influencia que ejercen las creencias - el obscurantismo -  dentro del cerrado medio rural. Encontraremos pues los paisajes y los personajes que tanto caracterizan a este escritor y, desde el punto de vista de la simbología, analizaremos cómo influye la ausencia/presencia de la luz en el ambiente y en el espíritu de dichos personajes. 

“Si le soleil ne revenait pas” es una maravillosa profesión de fe y esperanza en la vida, cuyo tema sigue siendo de actualidad. Encontramos al Ramuz más visionario y realista de las grandes novelas sobre la vida primitiva y la fatalidad.

*****
Si le soleil ne revenait pas (1937), es la última gran novela que C.F. Ramuz dedicada a la temática de la montaña. En ella, el escritor explica a su manera, la influencia que ejerce la modernidad en las últimas sociedades tradicionales suizas, a través de una historia arraigada en el cantón del Valais y contextualizada en pleno siglo XX. El relato se sitúa en el mismo año en el que se escribe y publica la novela (1937)[1]. Las diferentes referencias históricas a la guerra de España que aparecen a lo largo del relato así lo justifican. Si bien se trata de una época convulsa en toda Europa, para el escritor es un periodo muy fructífero, en el que ve llegar su esperado y ansiado reconocimiento. El Ramuz de finales de los 30 es un autor ya consagrado, tanto en su país como en Francia, cuya obra suscita una enorme admiración. Más apegado a lo que ocurre a su alrededor, sus escritos se muestran ahora más dispuestos a revelar los desafíos de su tiempo que a imaginar relatos inspirados en legendas populares. En esta novela, Ramuz nos relata la historia de un pueblo, Saint-Martin d’en Haut, situado en lo alto de una montaña del cantón del Valais. Por su disposición geográfica, los habitantes de este lugar dejan de ver directamente el astro solar durante seis meses (del 25 de octubre al 13 de abril), el tiempo que dura el invierno en estas zonas aisladas de los Alpes. Pero este año, Anzevui, herborista y curandero respetado, predice la muerte del sol. La aldea se instala en un apocalipsis de fin del mundo.
Saint-Martin d’en Haut forma parte de lo que los personajes ramuzianos denominan “le mauvais pays” (1968: 290), es decir, la alta montaña, una tierra hostil con la que resulta difícil convivir: “un pays comme le nôtre, un pays pauvre, un pays triste, un pays où il [le soleil] n’est pas là pendant six mois” (530). En contraposición está el “bon pays”, representado por el valle, el lago y las buenas tierras de cultivo. La comparación entre ambos países o regiones aparece en las primeras páginas de la novela y esa primera diferencia que constatan los personajes viene dada por la intensidad de la luz solar y el color azul del lago. Aquí la luz solar es sinónima de buena producción agrícola, o más bien, vitícola:
Mais quel drôle de pays le nôtre ; c’est un pays triste, disait-il.
-   Et celui d’en bas ?
-   Là-bas, disait-il, c’est bleu […] Ici, on n’a point de soleil de tout l’hiver, là-bas ils en ont deux tout le long de l’année. […]
-   Deux ?
-   Oui, il y a celui qui est au ciel et il y a celui qui est dans l’eau (527)

Julien Revaz trabaja en el viñedo de Lavaux, al borde del lago. A Lavaux se le conoce también con el nombre del “país de los tres soles”. Los dos primeros son los que menciona Julien anteriormente (el que está en el cielo y el que se refleja en el lago Leman).
Le soleil vous tape sur la tête, mais il y en a un autre, celui d’en bas, qui vous tape dans le dos. Ça en fait deux : celui d’en haut, qui est en un point tout rassemblé ; celui d’en bas qui est tout cassé en morceaux et éparpillé, parce qu’il y a l’eau qui le balance et en bombarde toute la côte ; ça en fait deux qui chauffe ensemble : c’est pourquoi ils ont de bon vin (528).

El tercero, que no aparece en la novela, corresponde a los 400 km de muros de piedra que componen las terrazas y que fueron levantados a partir del siglo XII por los monjes cistercienses instalados en la región. Los monjes comprendieron rápidamente el potencial de dicho lugar. Con mucha paciencia y dedicación, despejaron el terreno de la vegetación que cubría las laderas hasta la orilla del lago, y con sus propias manos comenzaron a construir los muros para aplanar y estabilizar la tierra. En ella plantaron la viña, dando comienzo así a la producción de vinos en Lavaux. [2]
En el “mauvais pays”, cuando el sol desaparece del cielo durante los largos meses de invierno, los habitantes de Saint-Martin d’en Haut lo encuentran dentro de este maravilloso producto. Así lo recuerda Isabel:
-       Nous autres, notre soleil est en bouteilles… Eh ! Augustin…
Augustin avait été chercher une bouteille et des verres.
-       Notre soleil à nous, on le tient à la cave, on n’a pas besoin d’aller loin pour le trouver (529).

La luz se ha convertido en sustancia, se encuentra en el color del vino, un vino blanco y dorado como el sol:
Elle avait été remplir à la cave un litre en verre blanc qui laissait voir la couleur que le vin avait et c’est une couleur qui se reconnait vite. Métrailler avait montré le litre du doigt :
-       Eh bien, disait-il, le soleil… Est-ce qu’on ne dirait pas qu’il est déjà revenu ?
Le vin est beau à regarder, c’est un commencement (586).

El vino no solo tiene la propiedad de iluminar por fuera sino también por dentro, ilumina los corazones, los abre y hace que la comunicación fluya mejor entre las gentes. Pero Ramuz no solo se fija en los objetos, o en las sustancias, para recrear la luz. Las personas poseen también esa capacidad de iluminar. Así, en este paisaje cubierto por la niebla, en el que el sol se esconde, Isabel representa la única luz que ilumina el camino: “Ah! elle, du moins, elle riait, elle du moins était brillante, elle, elle se voyait de loin, ayant un corsage de soie bleu ciel, un tablier à fine rayures de toutes les couleurs, un mouchoir rose autour du cou”. (549) Isabel ha sabido, como el vino, conservar en ella el color, el recuerdo y el reflejo de las cosas de este mundo. Así se lo hace saber Métrailler:
-   Et, vous aussi, vous êtes belle à regarder. Et vous nous l’avez conservé, vous aussi, vous avez bien fait.
-   Oh ! dit-elle, c’est que je l’aime…
-   Vous avez bien fait, voyez-vous, et c’est bon de l’avoir de nouveau devant soi, sans quoi on perdrait l’espérance (586).

Ella simboliza la claridad, la esperanza, el futuro de una sociedad moderna. Su juventud despierta la confianza entre los más jóvenes que están decididos a no dejarse amedrantar por los malos augurios del profeta. Un profeta, Anzévui, que en esta novela, es la viva imagen de la sociedad tradicional y del obscurantismo. Todo en él representa el declive de un mundo que está a punto de desmoronarse: su casa está en ruinas, su ropa son sólo harapos. Aunque se le considera un hombre sabio, por sus conocimientos sobre plantas medicinales y productor de remedios, a lo largo de la novela va perdiendo progresivamente sus facultades físicas y mentales. Su más fiel seguidora, Brigitte, es la antagonista de Isabel. Si Isabel representa la luz, Brigitte es la oscuridad y la sombra:
Elle était là depuis un moment, mais personne n’avait fait attention à elle. Elle était toute habillée de noir, avec un mouchoir noir noué autour de la tête, et, assise un peu en arrière du monde dans un coin, sa petite personne s’y confondait toute avec l’ombre (530).

Como veremos la percepción de la luz, como experiencia sensorial, influye tanto en los aspectos emocionales como físicos. Julian Revaz, que regresa por unos días a ver a su familia, siente como su estado anímico cambia a medida que se va acercando al pueblo de Saint-Martin d’en Haut, sumido ya en las sombras del invierno:
-   […] j’étais content de rentrer…
-   Et, à présent, tu n’es plus content ?
-   Oh ! dit-il, c’est à cause du changement de temps. Jusqu’à Sion, il a fait clair.
-   Et depuis Sion ?
-   Eh bien, vous voyez… […] jusqu’au Rhône il a fait clair. Là, il y avait une barre à travers la plaine ; c’était l’ombre des montagnes. Et la neige ne se montrait pas encore ; c’est seulement une fois qu’on a été de l’autre côté de cette barre qu’on a commencé de la voir, comme du sucre sur les marais. En même temps c’est l’air qui a changé, la couleur de l’air, la couleur des choses, parce que vous n’avez plus du soleil. Et il n’y a plus d’eau non plus pour le doubler.
-   C’est vrai qu’il fait gris cette année, dit le père Antide (528).

Desde el punto de vista físico, la ausencia del sol o de luz, parece influir a unos más que a otros. Así, Julian Revaz se sorprende al ver la palidez de los rostros de algunos vecinos reunidos en el bar del pueblo:
-   Et c’est vrai que vous n’avez pas bonne mine, vous êtes pâles. Oui, vous, le père Antide, et vous, la mère Antide, et toi aussi Augustin.
-   Et moi ? dit Isabelle.
-   Oh ! Pas vous.
-   Et moi ? dit alors Jean qui était le frère d’Augustin.
-   Oh ! pas toi ; comment est-ce que ça se fait, dit-il, puisque vous vivez tous à l’ombre qu’il y ait cette différence ? […] Si vous  veniez d’où je viens, vous auriez le soleil écrit sur la figure…(530).

También Isabel nota que algunos de los vecinos, incluido su propio marido, presentan un aspecto físico diferente: “Il a mauvaise mine: ils sont comme ça cinq ou six à avoir mauvaise mine dans le village, tu sais pourquoi » (599). Pero no sólo influye en los personajes del relato, también el paisaje sufre esa degradación física. Las descripciones de los paisajes alpinos, tan características de Ramuz, han desaparecido completamente en esta novela. La ausencia de la luz y la niebla que se ha instalado de manera persistente hacen que las montañas, los valles y las laderas desaparezcan de nuestro campo de visión y que todo parezca extrañamente inmóvil, silencioso. Es como si el tiempo y la vida se hubiesen detenido en esta localidad:
C’était le dimanche matin. Qu’est-ce qu’on voit ici en hiver ? on ne voit rien. Le jour était quelque chose de gris et de vague qui se détortillait lentement hors de la nuit de l’autre côté des nuées comme derrière un carreau dépoli.
Qu’est-ce qu’on entend ? rien du tout. Même pas le bruit des pas à cause de la neige, même pas le bruit du vent, parce qu’il n’y a toujours point de vent. De temps en temps une voix, quelquefois un enfant qui pleure, pas un oiseau, pas même la fontaine, parce qu’elle coule dans un chéneau de bois pour éviter qu’elle ne se prenne peu à peu dans la glace, comme il arrive, si on la laisse couler librement à l’air. (548)

El domingo además es considerado el día del sol en muchas culturas (sunday). En Saint-Martin d’en Haut, como en cualquier pueblo de la montaña, todos los vecinos van a escuchar la misa. Pero las campanas no suenan en esta localidad porque no son parroquia y deben bajar hasta Saint-Martin d’en Bas para escuchar la misa. Ese domingo, no se escuchaban las campanas, “soit à cause de l’immobilité  de l’air ou bien à cause de la neige qui est comme du coton partout et boit le son; c’était un dimanche sans cloches (549). Es como si todo lo que se asociara con el sol hubiese desaparecido por completo en el pueblo.
Las fuentes de luz natural dan lugar a asociaciones que hoy se encuentran profundamente arraigadas en la psicología humana. Los personajes ramuzianos de esta novela se encuentran divididos entre aquellos que sienten que la luz del sol les ofrece seguridad, calidez y claridad de visión (los más jóvenes del lugar); y aquellos que, por el contrario, atrapados por el miedo y la superstición que Anzévui y Brigitte han propagado por el pueblo, se encuentran perdidos, inmersos entre la inseguridad, la falta de claridad y de razón (mayoritariamente viejos). Estos últimos se refugian en la luz del fuego o de la lámpara, en la intimidad calurosa que les ofrece la habitación, el chalet, tras “l’épaisseur de la porte bien fermée, l’épaisseur de leurs doubles fenêtres ». Todo en ellos emana cierta debilidad y resignación. Tienen en común el haber sufrido alguna pérdida (familiar, física, emocional) o ruptura a lo largo de su vida. Arlettaz, por ejemplo, ya no tiene esperanza alguna de encontrar a su única hija desaparecida desde hace tres años, y tras vender el campo de Empeyres, su propiedad más valiosa, a Follonnier, busca consuelo en esta perspectiva de fin del mundo, ahogando sus penas en el vino. Arlettaz ve cómo ese mundo ancestral del que proviene se está desmoronando ante sus ojos. Pero como todo está ya perdido…
Eh bien! Je te dis voleur quand même. Un champ qui venait de ma mère! Et pas seulement de ma mère, mais du père de ma mère, et puis du père du père… (mais il s’embrouillait); le plus beau champ de la paroisse, le plus plat, le mieux exposé, et sans le plus petit caillou, tu sais, tellement tout avait été tenu et trié motte à motte à la main… Enfin, puisque c’est fini. Parce que c’est fini, ou quoi? (589-590).

Otro de estos personajes es Martin Métrailler. La semioscuridad en la que se encuentra debido a su ceguera se puede interpretar también como una ruptura de los más viejos del lugar con el mundo presente: “Le père Métrailler ne voyait plus les choses du monde que la vague clarté qu'elles émettent, non leur forme; il ne voyait plus du monde que des places sombres et des places claires” (534). Su muerte, acaecida de forma inesperada, parece anunciar la caída del propio curandero.
Brigitte se trasforma a lo largo del relato en una especie de devota que alimenta noche y día una lámpara de aceite, para ella fuente de esperanza y de resurrección. Esta pequeña luz le ofrece cierta seguridad y protección mientras espera la llegada del fatídico día en el que todo oscurezca. Pero a pesar de creer en los extraños cálculos de Anzévui, todos estos personajes, desalentados por la situación, guardan la esperanza de que tras la oscuridad y la muerte llegará una nueva luz “une bien plus grande lumière qu’il n’y en a jamais eu ici; on sera refaits par elle, renouvelés. Et portés par elle les uns vers les autres (591). La extinción de esta luz artificial mantenida durante varias semanas por Brigitte y conocida por todos en Saint-Martin, será la última imagen de la novela. El astro, en un acto de reconquista triunfante, se refleja en su ventana  imponiéndose aquí con todo su esplendor “c’est la fenêtre toute entière qui est devenue comme un grand feu” (626).
En el otro bando se encuentra el hijo Martin Métrailler, Cyprien Métrailler, que impaciente, busca sus propias respuestas; su inconformidad con la situación provoca en él la necesidad de ir en busca de la luz: “Je vais aller retrouver le soleil, disait-il, parce qu’il se cache trop longtemps pour nous quand on reste enfermés dans le village; et c’est bête, puisqu’on a des jambes; et puis je m’ennuie…” (534). Decide subir a lo más alto de la montaña para disipar no sólo la niebla que le rodea, sino también sus propios miedos y la angustia que comienza a instalarse en el corazón de sus vecinos:
« Et voilà ! Ils sont morts là-dessous parce qu’ils consentent à la mort. Ils sont couchés ensemble dans le mauvais air sous un édredon, sous un plafond, sous un toit, puis sous un autre qui est la neige, et un troisième toit encore qui est la nuit; eh bien, moi, je vais chercher la lumière parce que je suis vivant. Je vais leur ramener le soleil qu’ils n’ont plus et pour le moment je refais pour eux la lumière » (537)

Este párrafo encierra en sí mismo mucha simbología. Ir al encuentro de la luz del sol se ha convertido para Métrailler en una búsqueda de la razón, en una persecución por el conocimiento y la verdad. Métrailler, al igual que Isabel, no cede ante la superstición e intenta encontrar una verdadera solución, por ello quiere establecer un contacto físico con el astro, quiere ver con sus propios ojos el sol, convencerse de que sigue allí y convencer así a los demás: “je leur en rapporterai, à ceux d’en bas, un peu dans mes poches; je leur dirais: « Vous voyez bien qu’il existe toujours! » parce qu’ils vont finir par en douter…” (538). Se establece de este modo una especie de diálogo entre el personaje y la luz para liberar el pensamiento de la oscuridad que le enceguece con trampas alienantes. El sol se convierte para Métrailler en punto de referencia, en un símbolo de la verdad absoluta que se va concretizando gradualmente. Aquí no caben dudas o peros, pues sencillamente ES... Sin embargo, al llegar a lo más alto de la montaña, al lugar exacto donde el sol debería de aparecer un instante para después esconderse de nuevo, Métrailler tiene una visión extraña, casi fantasmagórica, que le hace retroceder, aumentando así la angustia del lector:
[…] il a vu le soleil là-haut qui ne se montre pas, mais qu’on montrait, qui ne se soulève pas, mais qu’on soulève ; échevelé, et tout enrubanné, tout enserpenté de nuées qui étaient elles-mêmes rouges comme des cailloux de sang.
Tout à fait pareil à une tête coupée autour de quoi la barbe et les cheveux pendraient encore fumant ; qu’on a levée en l’air un instant, qu’on laisse retomber.
Et déjà le brouillard et l’obscurité étaient revenus là où avait été sa place (540).

Aunque esta primera tentativa acaba en un fracaso para Métrailler, la escena en sí se presenta como un preludio de lo que será la subida triunfal del final de la novela. Impulsados por el deseo espontáneo, natural e inocente de Isabelle, Métrailler, Jean y los dos hermanos Revaz, organizan la subida final. A medida que avanzan hacia la cima de la montaña, los personajes, con sus propios cuerpos, parecen perforar ese aplastante techo que ha formado la niebla, abriéndose hacia la inmensidad del mundo. En primer lugar se ensancha un vasto horizonte de montañas: “On commençait à voir la terre dans toute son étendue” y “le ciel au- dessus d’eux commençait à se dévoiler”. Pero el cielo se resiste todavía: “Les nuages, à l’horizon, se rassemblaient en flocons”. Una vez disueltas estas nubes el espectáculo es impresionante. La última imagen es la del sol que despliega sus rayos en forma de abanico. Con este mito solar vemos triunfar las fuerzas de la vida sobre las fuerzas del miedo y de la muerte, a la gloria de una naturaleza magníficamente pagana en la que la luz triunfa sobre las tinieblas.
Si le soleil ne revenait pas acaba en un verdadero mito solar, donde lo que triunfa por encima de todo es la vida, la luz y la energía vital. Así lo expresa Michel Dentan:

Un symbolisme de la toute-puissance, liée à l’élévation, à la vue panoramique, au soleil, au feu, aux reflets dorés, au frémissement sensuel, aux coups de fusils, etc., anime les derniers pages du roman, comme un couronnement du dynamisme ascensionnel, et en parfaite opposition avec, en bas, les thèmes de la nuit, du brouillard, de la résignation peureuse, de l’impuissance et de la mort (Dentan 1974: 74)


CONCLUSIÓN
Si le soleil ne revenait pas es, ante todo, un hermoso canto a la vida y una metáfora maravillosa del triunfo de la luz sobre la oscuridad. En este juego de luces y de sombras Ramuz consigue una obra maestra de miedo y de angustia. Las manifestaciones de temor varían, pero su presencia permanece a lo largo de toda la novela. Escrita durante un periodo de gran inestabilidad en Europa -la guerra civil española- , la novela es también una fábula que muestra que en el corazón de las tinieblas, siempre existen aquellos que renuncian y aquellos que luchan, los que ceden a la opresión y los que rechazan la desesperanza. Es, en definitiva un relato de gran sensibilidad, portadora de luz y de alegría que aconsejo leer durante un día gris.

  

REFERENCIAS

DENTAN, M. C.F. Ramuz. L’espace de la création. Neuchatel: La Baconière, 1974.
PIERRE, J.L. “Ramuz et les lieux aimés et l’exemple de Si le soleil ne revenait pas”. Les Amis de Ramuz. Tours: Université François- Rabelais. Bulletin 33. 2013.
RAMUZ, C.F. Si le soleil ne revenait pas. Genève: Slatkine. Romans, Tome 9 (1932-1937), 2013.
--, Lettres. Lausanne: Ed. Rencontre. Oeuvres Complétes. T XII. 1968.
WOLFGANG, Hebeisen. La lumière dans l'oeuvre de CF Ramuz – Paris: Peter Lang, 1988.




[1] Ramuz trabaja en la redacción del manuscrito definitivo (159 hojas en recto) del 13 de mayo al 29 de julio de 1937.  La relectura y reescritura del texto las lleva a cabo del 1 al 15 de agosto de ese mismo año. Y la publicación original aparece en noviembre 1937 para las Ediciones de Henry-Louis Mermod.
[2] Las órdenes eclesiásticas fueron remplazadas por hombres laicos que a lo largo de estos siglos han sabido transmitir su amor por la viña. Estos viticultores han conservado plantas y terrazas manteniendo una tradición, que en algunos casos, se perpetúa desde hace 17 generaciones. Ocho siglos más tarde el esfuerzo se verá recompensado con la inscripción del viñedo en el Patrimonio de la UNESCO.


Ponencia presentada en el XXIV Coloquio Internacional de la AFUE "Metáforas de la luz", celebrado en la Universidad de Almería (15-17 de mayo de 2015).

lunes, 7 de abril de 2014

« LECTURA ECOCRITICA DE LA NOVELA FORETS OBSCURES DE CORINNE BILLE»


Resumen
Corinna Bille es una de las representantes más prestigiosas que las letras suizas de expresión francesa ha dado a la literatura francófona. Escritora comprometida con el medio ambiente y profundamente arraigada a un país que ama por encima de todo: el Valais. Nunca renunciará a sus dos fuentes de inspiración: sus sueños, base de sus relatos y una naturaleza bien conocida en la que enmarcar su historia. Las montañas, los viñedos, los bosques y los lagos del Valais representarán esa Naturaleza omnipresente a través de la cual construirá su impresionante obra literaria. Apoyándonos en una de sus novelas, Forêts Obscures, analizaremos la figura del bosque desde una perspectiva ecocrítica.

 

*****   

La grande puissance (avec l’attrait de la mer) qui a traversé Corinna est la forêt. Elle était une forêt […] Maurice Chappaz.

 


* Comunicación presentada en la Journée d’étude “La forêt: imaginaires et territoires”. Université de Paris Ouest Nanterre La Défense. Organisé par Françoise Aubès (GRELPP) et  Catherine Heyman (GRECUN). 5 avril 2012.



[1] Los espacios con abundancia de árboles fortalecen la salud de quienes los disfrutan. Esta es al menos la conclusión de un estudio realizado a 280 personas en Japón. Ver « The physiological effects of Shinrin-yoku (taking in the forest atmosphere or forest bathing): evidence from field experiments in 24 forests across Japan » Environmental Health and Preventive Medicine.  January 2010, Volume 15, Issue 1, pp 18-26 http://link.springer.com/article/10.1007%2Fs12199-009-0086-9

martes, 30 de abril de 2013

CORINNA BILLE: DE LA NATURALEZA A LA OBRA LITERARIA

 

L’artiste doit être l’humble traducteur de la Nature pour ceux qui ne la peuvent comprendre (Ramuz Journal, 76).

 

Para comprender la Naturaleza debemos primero observarla. Observarla con paciencia, con detenimiento, dejándose llevar por ella, adaptándose a su ritmo, a sus movimientos e incluso a sus caprichos para después interiorizarla. Sólo de esta manera nos sentimos parte de ella, solo así podemos respetarla y cuidarla. Porque cuando respetamos y cuidamos la Naturaleza, nos estamos respetando y cuidando a nosotros mismos. El hombre comienza a darse cuenta de que forma parte de un sistema en el cual la Naturaleza marca el curso. Si nos alejamos de este sistema, de este engranaje, romperemos el equilibrio y nos veremos condenados a un futuro muy incierto.

Corinna Bille (1912-1979) forma parte de estos escritores comprometidos con el medio natural. Hija de un artista pintor y vidriero, Edmond Bille, y de una campesina Catherine Tapparel de Corin (región del Valais), aprendió desde muy joven a convivir en plena armonía con su entorno y a formar parte de este. Fue siempre una niña despierta y muy curiosa, que tenía por costumbre bañarse en los estanques de Finges, explorar el interior de los bosques o recorrer incansablemente la enorme huerta y los viñedos que rodeaban el hogar familiar, un castillo barroco construido por su padre en Sierre, llamado Le Paradou. Sensible y muy imaginativa, Corinna supo desde muy temprana edad que su mundo sería la literatura. De las experiencias y emociones recogidas a lo largo de su extraordinaria infancia surgirán años más tarde muchos de los relatos cortos y cuentos de la que llegará un día a convertirse en la escritora más reconocida de la suiza francófona.

Junto con los sueños, la naturaleza es una de sus fuentes de inspiración: “quand je commençais à écrire, à l’âge de quinze ans, ce fut elle, la nature, mon premier personnage” (1992: 461). Desde muy joven se siente atraída por las flores, los árboles, la hierba y las piedras que aprende a conocer con gran precisión. Sola o acompañada por sus hermanos y amigos, deambula por el bosque, su reino más apreciado, pasea por las orillas de un Ródano todavía libre de presas y de embalses, escala acantilados, o se lanza a la dura subida de alguna montaña, cuatro o cinco horas de excursión, por ejemplo, de Sierre a Chandolin para asistir a las fiestas. Estas actividades se alternan con la escritura, la lectura y las largas veladas en las que habla de literatura a su hermano René-Pierre. Durante diez años – desde 1928, momento en el que descubre su vocación de escritora – su obra, escrita en cuadernos bien organizados, en libretas donde anota sus sueños, en manuscritos cuidadosamente encuadernados, toma forma. Sin embargo es todavía una auténtica desconocida en su propio país. Cuando se publica su primer libro, Printemps, en 1939, Corinna tiene veintisiete años. Se trata de un pequeño libro de poemas de veinticuatro páginas que Les Editions Des Nouveaux Cahiers presentará en su colección “Les Feuilles Romands”. Corinna no cesará de escribir poesía además de sus relatos, cuentos y novelas. Pero habrá que esperar hasta 1961 para ver de nuevo, una nueva publicación de poemas, Le Pays sécret.

Comienza a escribir su primera novela, Théoda, en Chadolin, mientras se recupera de una pleuresía, agravada más tarde por un principio de tuberculosis. Su deseo por sumergirse en el paisaje es tal que se aficiona a bañarse en pleno invierno en las heladas aguas del río Ródano. Son tres años de convalecencia y sufrimiento silencioso, pero de una intensa creación. Théoda es la historia de un crimen pasional ocurrido en el Valais unas generaciones atrás. La obra verá la luz en 1943 y será bien acogida por la crítica literaria suiza de expresión francesa. Sin embargo, tras este pequeño éxito los años pasan y nadie más parece interesarse por sus escritos. Los inéditos de Corinna se van acumulando y constituyen por sí solos una biblioteca. Habrá que esperar hasta 1951 para ver una nueva publicación suya. Esta vez son cuatro novelas cortas ilustradas por Edmond Bille y que aparecerán bajo el título de Le Grand Tourment. Pero no es un verdadero libro ya que no llega a difundirse en las librerías. Será una editorial de Lausanne, les Éditions Rencontre la que por fin se decide a dar salida a una de sus novelas en 1952, Le Sabot de Venus. Lausanne se convierte así en su capital literaria. Al año siguiente, Albert Mermoud crea una colección de bolsillo, la Petite Ourse, en la que Corinna estará presente con Douleurs Paysannes, un libro de novelas cortas acogido con mucha admiración tanto por la crítica como por el público que descubre en Corinna a la que llegará a ser una de las mejores escritoras europeas de este género.

Como podemos observar sus inicios editoriales resultan difíciles. Sus obras son publicadas de forma muy esporádica dentro de un mercado editorial en el que los escritores suizos de expresión francesa parecían tener escasas posibilidades. En 1955 publica L’Enfant Aveugle, otro libro de cuentos y relatos cortos para las recientes y efímeras ediciones “Aux Miroirs Partagés”. Le seguirá en 1958 À pied, du Rhône à la Maggia, el relato de un viaje a los Alpes realizado junto a su marido y su hijo. Durante esta etapa, Corinna se siente literariamente abandonada, relegada a una lista menor de autores regionales. En 1961 aparecen los poemas Le Pays secret en Sierre, anteriormente mencionados, y al año siguiente participará en las memorias de su padre, Jeunesse d’un Peintre. Su obra no parece despegar: las Ediciones Rencontre aceptan reagrupar en un libro titulado L’Inconnue du Haut-Rhône (1963), seis piezas de teatro, género hasta la fecha ignorado en la producción de esta autora, pero ningún grupo de teatro las representará.

Cuatro años tienen que transcurrir de nuevo para que una nueva publicación de Corinna Bille salga a la luz. En 1967, Payot acepta siete de sus novelas cortas. Nace así Entre Hiver et Printemps, pequeño éxito para una autora que posee cantidad de obras inéditas para ofrecer. Entre ellas, una de sus más bellas obras, La Fraise Noire, manuscrito que dormita escondido durante mucho tiempo en alguna de sus estanterías. Corinna tiene que tirar de ingenio para que La Guilde du Livre consienta su publicación, decisión que no lamentarán. El libro obtiene un éxito de ventas considerable durante el verano de 1968 y así, con cincuenta y seis años de edad, después de un aislamiento que le ha parecido interminable y bajo la amenaza de una reputación local que falseaba el sentido de su obra, se la reconoce al fin como a uno de los escritores más importantes de la suiza francófona. Comienza a partir de entonces una década llena de éxitos, publicaciones, viajes y reconocimientos.

Gracias a su hijo mayor Blaise, descubre África, en 1970. La fascinación por este continente de naturaleza salvaje e indómita es inmediata. Durante sus estancias, Corinna observa el medio natural, lee a los autores africanos, escucha fascinada las historias autóctonas que le cuentan y, sobre todo, escribe, toma nota de todo con el objetivo de publicar un libro sobre cuentos africanos. Se siente en perfecta comunión con la selva virgen, que poco a poco se incorpora a sus sueños, con las  inmensas praderas, con la pureza del aire y la amabilidad característica de las gentes del lugar. Esta sucesión de viajes lejanos coincidirá además con un periodo de máxima fecundidad literaria. En 1971, la Guilde du Livre publicará otra de sus obras, Juliette éternelle. En 1973 aparece Cent petites Histoires cruelles. En 1974 le otorgan el Premio Schiller por el conjunto de su obra y La Demoiselle sauvage ganará el Prix Goncourt de la novela corta en 1975. Corinna recibe, justo al final de su vida, el reconocimiento tan ansiado fuera de las fronteras helvéticas.

El último país que descubrirá en viaje oficial será Rusia, en 1975. Con la visita a este país se cumplirá otro de sus sueños y Les invités de Moscou (1977) será el resultado de dicha estancia. Los libros ahora se suceden: Salon Ovale (1976), La maison musique (1977), Cent petites histoires d’amour (1978), La montagne déserte (1978), Deux passions (1979). El manuscrito de su última obra Bal doublé se publicará en 1980. Corinna Bille no llegará a verlo. Muere el 24 de octubre de 1979, dejando tras de sí, un sinfín de manuscritos que su marido Maurice Chappaz se encargará de ir publicando hasta el final de sus días.

Pero volvamos al epígrafe de esta comunicación:L’artiste doit être l’humble traducteur de la Nature pour ceux qui ne la peuvent comprendre” (2005: 76). Corinna conoció personalmente a Ramuz. Colaboró como guionista en la película Ratp (Dimitri Kirsanoff, 1934), basada en la obra “La séparation des races” (1923), en la que Ramuz participa como figurante. Fue siempre una gran lectora y admiradora de su obra. Ambos compartirán ese amor profundo por la tierra del Valais. Los paisajes aún vírgenes de este cantón, a principios del siglo XX, inspirarán a ambos autores y serán el marco en el que se desarrollarán sus relatos y sus personajes. Dar a conocer, a través de sus cuentos, relatos o novelas, la naturaleza de su pays, describiéndola con gran precisión, no es solo una muestra del profundo respeto que la autora siente por su tierra, sino también una forma de dar voz a los seres que en ella habitan. Entre los seres animados que desfilan en sus relatos se encuentran los árboles, los viñedos, las flores y los animales. Ya hemos mencionado anteriormente la relación tan especial que existe entre Corinna y el bosque. En su primera novela publicada, Theoda, aparecen ya algunas imágenes del bosque. Imágenes casi siempre positivas, pero también algunos miedos y preocupaciones respecto a las talas intensivas y sus regularizaciones: “[…] cette forêt saccagée par les bûcherons qui s’étaient mis à couper, à tort et à travers, un si grand nombre d’arbres, que la commune avait dû inventer des lois pour la sauvegarder” (1978: 121). El bosque del Valais está compuesto mayoritariamente de pinos, de alerces y de coníferas de montaña, que pueden alcanzar los 20 o 30 metros de altura. Es un pequeño paraíso repleto de vida, espacio de inspiración para la escritora. Un lugar acogedor, secreto, íntimo, pero también sagrado, que a través de los sentidos le transporta hacia su interior, hacia lo más profundo de su ser: “Je respirais avec joie une odeur d’entrailles forestière. La forêt de pins est un sacrement, pensais-je, je communie avec la forêt” (1974: 145). En efecto, el carácter sagrado del bosque es un espacio común de la mitología y la literatura. Sin embargo, la unión que experimenta la autora con el bosque no es una unión divina. Como nos explica Marike de Courten “la sacralité […] reflétée par les textes de Corinna Bille n’a rien de pieux; la forêt n’est pas l’habitacle privilégié du Dieu des chrétiens, ni le révélateur par excellence d’un panthéisme romantique; la forêt se célèbre elle-même… la communion se fait avec la forêt” (1989: 95). El bosque en general y el árbol en particular penetran en ella a través del tacto, de la vista, del oído, del olfato y hasta del gusto: “[…] nos baisers ce jour-là, eurent un goût acide d’humus” (1968: 32). La piel, los ojos, los oídos, las fosas nasales y la lengua, son todos ellos puertas por las que el cuerpo se nutre de cuanto le rodea. En Théoda, la narradora Marceline, establece contacto con un peral que ha sido alcanzado por un rayo. A través de la herida dejada en su tronco cree “pénétrer dans la poitrine de l’arbre et toucher son cœur” (1978: 110). Otras veces es el olor del bosque el que penetra de forma tan intensa en sus personajes que parece paralizarlos. Así, en “La jeune fille sur un cheval blanc”, el olor del bosque “la prenait  soudain à la gorge, cernait son corps, et l’engourdissait” (1974: ). Corinna posee un oído sensible al ritmo de la naturaleza y se muestra atenta a ese lenguaje mudo de las plantas: “Les fleurs des arbres fruitiers, on les entendait s’ouvrir avec ce bruit léger du grésil” (1980a: 68). También sus personajes poseen dicha capacidad: “Il n’entendait que le bruit des herbes, la déchirure des feuilles” (1978b: 21). Como se puede apreciar, Corinna se relaciona con cada uno de los aspectos del entorno sensible del bosque. Siente una necesidad innata por aquello que es diferente. Es su manera de construirse como persona, ya que como dice David Abram “sólo somos humanos en la medida de nuestro contacto y convivencia con lo que no lo es” (1999:9).
La visión que Corinna Bille nos da del árbol es antropomórfica: no solo posee un corazón que late, también ojos que ven “Les arbres que la foudre épargne m’illuminent de leurs yeux verts” (1980a: 66) e incluso voz propia “La voix des arbres est la seule qui parle…” (1961: 29). Y lo más sorprendente, les dota también de un alma:

Leur faite est d’un vert plus clair et plus doré,

Là se tient leur âme.

Comme  dans la tête de l’homme

L’intelligence (1961 : 114)

De ahí que sus personajes los consideren seres semejantes a ellos:

Emerentia ne donnait aucun ordre aux arbres, mais il est vrai qu’elle les considérait comme des personnes vivantes. Leurs rameaux, pour elles, étaient des bras ; leurs trous creusés par les oiseaux, des yeux, des bouches ; et le vent dans leurs ramures, des voix. Et quand elle passait près d’eux, s’enfilait entre eux, elle était irrésistiblement saisie, retenue par ces êtres qu’elle devinait inoffensifs et qui l’aimaient (1979: 32).

Emerentia, la pequeña acusada de brujería, es perseguida porque ama y adora a los animales salvajes y a los árboles. Sólo ella es capaz de hacer que la cosas parezcan verdaderas, por eso cuando habla “la mère limon, les bêtes, les arbres, les plantes ont une chair et une âme parentes à la sienne” (1979: 25). El limo, símbolo de fertilidad; el bosque, espacio materno cargado de ternura; el Ródano, personaje repleto de vida cuyos colores, matices y crecidas marcan cada una de las estaciones en el Valais; estos elementos naturales impactan con gran fuerza en el lector, que es capaz de apreciar cierta sensualidad primitiva, esa que ignora el Bien y el Mal; porque Emerentia, que comunica con el oso y con la víbora, “est faite de la même invariable texture que la nature” (1979: 28). El bosque, a su vez, se confunde también con la “demoiselle sauvage”: “Je deviens la forêt. Mes bras sont ses branches, ma peau son écorce”; un bosque repleto de términos nuevos que el lector agradece descifrar – “les arolles” (pino de media montaña), “les fétuques” (planta forrajera), “les ombelles” (flores de montaña), “la parnassie” (flor blanca)- porque poco acostumbrado a ellos se deja llevar, se pierde por esa arboleda de palabras. El bosque representa el punto de partida y el punto de mira de la escritora, su paraíso extraño. La “demoiselle sauvage” ofrece todo su cuerpo al bosque, con el mismo ardor con el que Corinna se entrega a la escritura, sin miedos, sin tapujos, sin ningún pudor. Necesita la Naturaleza y la escritura para vivir cotidianamente, para encontrar ese espacio de armonía, de equilibrio, de libertad y de identidad.

 

Corinna sabe conciliar el amor de la tierra y la sensibilidad de las palabras. En una de sus obras más exquisitas “Vignes pour un miroir” escribe este delicado poema:

Elle avait tellement aimé

La terre

Qu’elle ne put toute entière s’en aller

 

Ses cheveux s’éployèrent en vrilles

Et sous les pampres

Ses yeux encore nous regardent (1995 : 17)

El apego que siente la protagonista de este poema por su tierra y por esos campos de viñedos parece tan inmenso que su cuerpo se resiste a abandonarlo. Así, tras el último suspiro, una parte de ella se reencarna en viña, pasando a formar parte del mundo vegetal. Son lo que De Courten denomina “metamorfosis parciales” (1989: 115). El mundo del viñedo y su ritmo, marcado por las estaciones, en las terrazas del Valais o de Lavaux, se encuentra diseminado en casi todas sus obras. Es un mundo que conoce a la perfección, con el que ha convivido desde su más tierna infancia. La residencia de la familia Bille, Le Paradou, se encuentra rodeado de viñedos. Recordemos además que la escritora contrae matrimonio en segundas nupcias con el poeta y escritor Maurice Chappaz en 1947, como ella de origen valaisan, apasionado además por la viticultura. Los Chappaz vivieron durante varios años en Fully, donde Maurice dirigió los viñedos de su tío Maurice Troillet, por entonces, Consejero de Estado, creando un pequeño comercio de vinos que, en la actualidad, todavía permanece activo. Años más tarde, la familia Chappaz construirá una casa en Veyras, en cuyos terrenos se dejan ver las hileras de vides que remontan en dirección de Muzot. En este terreno que dominaba perfectamente el esposo, Corinna Bille realiza también su contribución escrita – en una serie de artículos sobre “Les travaux de la vigne” publicados en la revista L’Abeille; en textos, como por ejemplo, “Vendanges” en Douleurs Paysannes (1953) o “Les raisins de verre” en Cent petites histoires cruelles (1973). Siempre supo hablar del duro trabajo de los viticultores curvados entre las cepas, como en Théoda: 

Devant ces terres toujours penchées, offertes au soleil, au gel au vent, et dont les ceps noirs et tordus, des arbustes maudits, semblaient si pauvres, incapables de produire, il me venait une grande pitié pour tous ces hommes qui s’acharnaient sur elles (1944 : 27)

La joven narradora Marceline, se da cuenta de que lo esencial está en la naturaleza que le rodea: “Nous devinions alors que le monde était fait de terre, de pierre, de feu, et non de mots et des chiffres ainsi que nous l’enseignait… Et quand nous saisissions notre porte-plume de la main droite et appuyions de la main gauche sur notre cahier pour bien l’aplatir, ce n’étaient plus des objets usuels que nous touchions, mais des morceaux de printemps, le soleil leur ayant donné vie et chaleur” (1944: 24). Tanto Emerentia como Théoda, nos cuentan la historia de dos seres femeninos en contacto directo con una naturaleza que les habla y les habita. Gracias a ella encuentran la ansiada libertad que los humanos no quieren concederles. Théoda busca la felicidad en los bosques, cómplices de sus encuentros amorosos con su amante Remy, mientras Emerentia halla refugio en las orillas de un Ródano salvaje e impetuoso. La intriga de ambos relatos se sitúa en un ambiente puramente de montaña, que no es otro que el de su Valais natal, a pesar de que raras veces aparece mencionado. Sin embargo, el río Ródano representará siempre el corazón de ese país secreto, de esa tierra que les ayuda a encontrar su propia identidad.

 

J’ai une véritable passion pour la forêt, je suis amoureuse de la forêt, comme du fleuve, un amour violent, absurde – parce qu’enfin qu’est-ce que ça peut leur faire à la forêt, au fleuve mon amour? Une branche de saule agitée par le courant, un pin immobile sur le ciel, me mettent dans un état proche de l’extase, et je comprends qu’autrefois les gens adoraient les arbres, mais ils adoraient tout, le soleil, les pierres. Peut-être  réagissaient- ils simplement comme moi. Ils devaient éprouver ce bien-être infini, cette amitié, tout ce que je ressens dans le bois ou au bord du Rhône (1968 : 115).

 

 

Conclusión

 

Una lectura superficial de la obra de Corinna Bille podría resultar engañosa: no corramos el riesgo de clasificar a esta escritora como una autora regionalista y englobar su obra bajo la etiqueta de “literatura regional”. Su modernidad escapa al lector poco observador. Corinna, ciertamente, describe en sus relatos el campo, los chalets de la alta montaña, los pastos; sin embargo, lo lleva a cabo con tal minuciosidad que realza el terroir al nivel de lo universal. Muestra del Valais su lado más oscuro y primitivo, desvelando la aspereza y la violencia de las relaciones humanas. Es un mundo extraño, sensible, sensual, pero también cruel, en el que transcurren historias universales de hombres y de mujeres; donde la magia de la naturaleza se encuentra omnipresente. Siente una gran fascinación por la pasión absoluta, por el misterio de ciertos comportamientos humanos. Los personajes que habitan sus relatos no son gentes ordinarias, son seres poco convencionales, casi siempre marginales. A ella le gustaba recordar esa inclinación extraña que tenía por sus personajes: “Mes personnages préférés sont les ivrognes, les criminels et les fous”. Le complace sumergirse en las almas y en los cuerpos de esos seres frágiles que no encuentran su lugar en una sociedad, a veces, demasiado cartesiana. Personajes solitarios, sí, pero que no están solos, ya que forman parte de los elementos, de la tierra, de las nubes y de las aguas indómitas del Ródano

 

Es indudable que ama a su país por encima de todo, pero ese amor confeso que siente por la tierra que la vio nacer, se convierte a través de sus relatos en la memoria de un espacio y de un tiempo amenazado. La singular situación en la que nació le permitió vivir en una naturaleza todavía virgen, un pequeño paraíso protegido, aunque no por mucho tiempo. Por eso, cuando la ocasión se presenta, la comprometida Corinna, no duda en defender junto a su marido esos espacios todavía intactos, -como el bosque de Finges. Se implica con gran fuerza y convicción, en una época en la que la ecología ni siquiera era un tema de moda.  

 

La obra de Corinna Bille tendrá, sin lugar a dudas, un bello futuro. Porque aunque nuestra tierra cambia con el transcurrir del tiempo, siempre será madre nodriza y generosa para el ser humano. Y algún día, no muy lejano, nos gustará recordar cómo era, siglos atrás, la vida de aquellos seres que nos precedieron. En esta época en la que vivimos, más propicia a los saqueos y a la destrucción de los recursos naturales, al olvido de nuestro pasado, la obra de Corinna Bille será ese punto de referencia, ese lugar al que nos gustará regresar para deleitarnos con las historias de antaño.

 

 

 

Bibliografía consultada

 

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BILLE, Corinna (1939) Printemps, La Chaux-de-Fonds: Aux Ed. des Nouveaux Cahiers.

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----- (1951), Le grand tourment. Quatre Nouvelles Valaisannes. Lausanne: Ed. des Terreaux.

----- (1952) Le Sabot de Vénus. Albeuve: Ed. Castella, 1982.

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----- (1955) L’enfant aveugle. Lausanne: Aux Miroirs Partagés.

----- (1958) À pied, du Rhône à la Maggia. Lausanne: La Joie de Lire, 1999.

----- (1961) Le pays secret. Poèmes et comptines. Sierre: Ed. Treize Etoiles.

----- (1962) Jeunesse d’un peintre (1878-1902).  Martigny: Imprimerie Pillet.

----- (1963) L’Inconnue du Haut-Rhône. Paris: Ed. Rencontre.

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----- (1968) La Fraise Noire. Lausanne: La Guilde du Livre.

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----- (1973) Cent petites histoires cruelles. Lausanne: Bertil Galland.

----- (1974) La demoiselle sauvage. Vevey: Bertil Galland.

----- (1976) Salon Ovale, nouvelles et contes fantastiques. Vevey: Bertil Galland.

----- (1977) La maison musique, contes pour enfants. Lausanne: Ex-Libris.

----- (1977) Les invités de Moscou. Vevey: Bertil Galland.

----- (1978a) Cent petites histoires d’amour. Vevey: Bertil Galland.

----- (1978b) La montagne déserte, poèmes. Genève: Eliane Vernay.

----- (1979) Deux Passions. Vevey: Bertil Galland.

----- (1980a) Soleil de la Nuit. Genève : Eliane Vernay.

----- (1980b) Le bal double. Paris : Gallimard.

----- (1985) Vignes pour un miroir. Lausanne : Ed. Empreintes, 1997.

----- (1992) Le Vrai conte de ma vie. Lausanne: Ed. Empreintes.

Cippe à Corinna Bille. Un recueil d’hommages. Dirigé par Patrick Amstutz. Bienne: ACEL, 2012.

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FAVRE, Gilberte (1981), Le vrai conte de sa vie. Vevey: Bertil Galland.

METTAN, Pierre-François. Théoda de S. Corinna Bille, Bienne: ACEL, 2012.

RAMUZ, C.F.  Journal, notes et brouillons. Tome 1 1895-1903. Oeuvres Complètes I, Genève: Ed. Slatkine, 2005.

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