Mostrando entradas con la etiqueta mitos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mitos. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de diciembre de 2025

Mito, leyenda y realidad de las brujas: el caso de las brujas de Zugarramurdi

 

Resumen


La fascinación por las actividades de las brujas, mujeres con poderes obtenidos de diversas formas, está rodeada de mitos, leyendas y realidades. El caso de las brujas de Zugarramurdi es el más famoso de la historia de la brujería vasca y posiblemente de la brujería en España. En este Auto de Fe, que derivó en uno de los casos más sonados y tristes de asesinatos injustos en la historia española, la Santa Inquisición quemó a 11 personas, 6 vivas y 5 muertas que confesaron bajo tortura la práctica de la brujería. Cuatro siglos después, el lado histórico de este asunto se ha venido diluyendo y hemos preferido quedarnos con el aspecto más leyendario. Pero ¿qué hay de mito, de leyenda y de realidad en este proceso? Estas mujeres libres, poderosas y sin miedo a explorar y potenciar sus propios poderes y sus habilidades ¿existieron de verdad? ¿Siguen en la actualidad entre nosotros? Dar respuesta a estas preguntas será uno de los objetivos de este artículo.

Se ofrecerá una imagen lo más realista posible de este hecho para desmitificar quiénes eran las brujas. Como bien dice José Dueso, parece que el lado histórico de este asunto se ha venido diluyendo, cuatro siglos después, y hemos preferido quedarnos con su lado más leyendario. La bruja atemporal e idealizada atrae quizás más nuestras simpatías que la bruja más humana. ¿Son las brujas hoy un mito gracias al resurgimiento del feminismo? mujeres libres, poderosas y sin miedo a explorar y potenciar sus propios poderes y sus habilidades. Las brujas se convirtieron en el icono de las feministas, un símbolo de poder femenino, conocimiento, independencia y martirio. Y aunque sí que es cierto que la persecución que se emprendió en esta época se dirigió exclusivamente hacia las mujeres, también se quemaron 'brujos'.

 

Artículo publicado en: Narrativas de resiliencia, regeneración y esperanza en futuros posibles Aproximación ecocrítica, ecofeminista e intercultural a la figura de las ecobrujas. Xiana Sotelo (ed). Capítulo: “Mito, leyenda y realidad de las brujas: el caso de las brujas de Zugarramurdi”. Dykinson S.L., sep. 2025, pp.83-92. DOI: 10.14679/4224.untitled

 

miércoles, 23 de abril de 2025

Mitos y leyendas de la montaña pirenaica

Mitos y leyendas de la montaña pirenaica

Son numerosos los mitos y leyendas que pueblan las dos vertientes del Pirineo, tantos, que sería imposible mencionarlos todos en este pequeño espacio. Cada valle de Pirineos es un mundo en sí mismo, y aunque cada uno conserva su propia identidad, preservada y mágica, todo un territorio mitológico común une a estas montañas, desde el País Vasco hasta el Rosellón. Así lo constatan los investigadores Xavier Ravier y Olivier de Marliave:


Une telle identité n’est-elle pas une preuve nouvelle et éclatante de ce que l’on savait déjà grâce à d’autre disciplines, linguistique et histoire notamment, à savoir que les contrées pyrénéennes et subpyrénéennes, disons de l’Atlantique au bassin supérieur de la Garonne, appartiennent à la même aire culturelle, la continuité aquitaine-basco-gasconne sur le double plan de l’espace et le temps.[1]

[…] depuis la Catalogne jusqu’à l’Euskadi [les Pyrénées] sont indivisibles et cette mythologie nous offre de constantes similitudes prouvant l’unité de la civilisation montagnarde.[2]

Han sido muchos los escritores que, con gran paciencia, pasión y dedicación han publicado cientos de obras recopilando esta tradición oral a ambos lados de la frontera: vascos como José Dueso o Jean-François Cerquand, aragoneses como Juan Domínguez Lasierra, catalanes como Jacint Verdarguer, occitanos como Antonin Perbosc o Michel Cosem, gascones como Jean François Bladé, entre muchos otros. El objetivo de este artículo no es dar a conocer ese mundo de magia y fantasia que nos viene dado a través de la tradición oral de los pueblos montañeses, esto ya lo realizan magníficamente los autores mencionados anteriormente, sino analizar los principales temas y motivos de la literatura oral, explicando la dimensión mítica y mágica de los personajes y seres imaginarios del universo pirenaico para probar la innegable unidad cultural del Pirineo.

La tradición oral es una de las actividades comunicativas humanas más antiguas y distendidas a lo largo del planeta, entre cientos de culturas. Es considerada por la Unesco como patrimonio intangible de la humanidad[3], recurso necesario para la supervivencia de las culturas. A través de este hecho comunicativo sociocultural con base en el lenguaje hablado se transmiten los conocimientos históricos, científicos y culturales, a una comunidad, con el fin de preservar dichos saberes de generación en generación.

La multiplicidad de géneros literarios en la tradición oral es bastante evidente. Entre ellos se aprecian las poesías, los refranes, los cuentos, las leyendas, los relatos, los mitos; todos y cada uno bien explícitos y diferenciados. El relativo aislamiento en el que han estado inmersos los valles pirenaicos ha propiciado la conservación, hasta tiempos recientes, de un rico legado inmaterial. Las fábulas, los cuentos y las leyendas están presentes en la cultura de todos los pueblos, pero es en estas sociedades montañesas, como la pirenaica, donde adquieren mayor importancia. La tradición oral en los Pirineos se ha transmitido principalmente al calor del hogar doméstico, donde se desarrollaban largas veladas en los meses invernales y se contaban anécdotas, historias y leyendas en las oscuras y frías noches pirenaicas que, por su carácter práctico o moralizante, formaban parte de la educación de los niños, perpetuando generación tras generación la transmisión de conocimientos y vivencias. La despoblación del mundo rural hizo que, junto con las gentes que se fueron, también se hayan ido todos esos relatos. Por ello, resulta indispensable mantener vivo este patrimonio oral, por ser trasmisor de valores tan importantes como la amistad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto, el cariño, la paz, el enriquecimiento de lo plural, el racismo, las guerras, las diferencias, los rechazos e incluso el amor por la naturaleza. En la actualidad existen esperanzadoras propuestas para que perduren en el tiempo estas historias como el “Cuentacuentos del Pirineo” que la Asociación Mallau Amigos de Susín (Biescas) lleva a cabo desde hace ya once años. Su duodécima edición ha debido ser dos veces aplazada debido a la pandemia. Del lado francés tenemos a la Asociation de Raconteurs de Pays des Pyrénées-Atlantiques, creada en 1998 y cuya misión es ofrecer, a través de paseos, una lectura original del lugar, de la cultura o del paisaje que se visita, al mismo tiempo que se comparten secretos y emociones para ayudar a descubrir cosas ocultas y misterios.

Y es que las hadas, los genios y los duendes, hechiceros y encantadores pueblan estos lugares que han inspirado la literatura romántica, sin olvidar en esta tierra de dioses y hombres, el lugar especial que siempre ha mantenido el oso en la mitología pirenaica, y que se remonta a la noche de los tiempos.

Por cuestión de espacio, nos vamos a centrar en aquellos relatos mitológicos y leyendas que se comparten en las diferentes regiones de esta cordillera. Un pequeño ejemplo que esperemos sirva para despertar la curiosidad y descubrir la magia de este lugar tan mítico y leyendario.

1. La mitología en Pirineos: personajes y relatos

[...]




[1] Ravier, Xavier, Le récit mythologique en Haute-Bigorre, (ed. Edisud/CNRS, 1986).

[2] Marliave, Olivier de, Trésor de la mythologie pyrénéenne, (Éditions Esper Toulouse, 1987), (éditions Sud-Ouest, 1996).



Artículo publicado en De rerum natura. Ecomitocrítica y protoecología a través de las artes y la literatura (ebook) Valtierra La calle, Ana; Romero Mayorga, Claudia (eds.). Ediciones Complutense, 2024, pp 57-76. ISBN (PDF): 978-84-669-3870-9, DOI: https://dx.doi.org/10.5209/est.008.05 

viernes, 14 de abril de 2023

Mari, la gran madre Diosa de la Tierra, divinidad Superior de la Vasconia precristiana

 


“Mari es la diosa total (Pantea): en su figura convergen, como dice Barandiaran, funciones que en otras mitologías aparecen dispersas o repartidas en diferentes genios y númenes. Esta diosa es omniparente, en el doble sentido de que lo pare o engendra todo, y de que todo lo enlaza e implica. La Biblia vasca debería comenzar con este prólogo: En el principio era la Tierra y la Tierra era Mari y Mari era todas las cosas”. Andrés Ortiz-Osés, "La Diosa Madre” (Interpretación desde la mitología vasca, pp. 81-82)

 

En una de las muchas cuevas que existen entre las peñas más inaccesibles y también más visibles de Vasconia se dice que habitaba el personaje mitológico más popular y poderoso de todos. Se trata de Mari, la primera y única dama de la mitología vasca. Una mujer bellísima, de larga cabellera pelirroja y ataviada con lujosos vestidos. Su poder, su belleza y elegancia hacía que los vascos la trataran siempre con respeto y se dirigiesen a ella como “la Señora” o “la Dama”, aunque en ocasiones también se la conoció como “la bruja”.

Mari estaba dotada de poderes que la permitían crear y destruir, dominar las fuerzas de la Naturaleza y controlar a los animales a su antojo. En muchos montes de Euskadi se ha situado su morada. Viajaba de cueva en cueva atravesando los cielos en forma de bola de fuego o en un carro en llamas. Su hogar, el que mejor le ha caracterizado en la historia se encuentra en la imponente cara este del Monte Amboto, en Vizcaya. En los últimos años, algunos investigadores han propuesto que Mari pudo ser la gran madre Diosa de la Tierra, la divinidad Superior de la Vasconia precristiana. Pero ¿quién es Mari realmente?

Mari es la diosa de todos los agricultores. No es una singularidad de los vascos, no ha existido sólo en el País Vasco. Tampoco la inventaron ellos, sin embargo, son los que mejor la han conservado en el tiempo y con el sentimiento de que es algo muy suyo y querido. Este antiguo y misterioso ser ha permanecido vivo en la memoria colectiva del pueblo vasco hasta nuestros días. Gracias al material recopilado sobre la mitología vasca se sabe cuáles son las características principales de Mari. Mari está presente en todas las montañas del País Vasco, forma parte de todos los vientos, las nubes, es la soberana de todas las criaturas que habitan aquí, incluyendo a los débiles humanos. Entre sus competencias divinas entra el control de las lluvias y las tempestades, la creación de vientos y el envío de sequías, aunque también sabe ser generosa con aquellos que la traten con respeto. Si un agricultor desea tener buenas cosechas, basta con que le haga un regalo a Mari cada año, basta con un regalo, y la diosa se encargará de que las lluvias caigan en su justa medida y que todo se desarrolle según lo deseado.

Mari está presente en el País Vasco desde tiempos inmemoriales. Es el genio más importante de la mitología vasca, está por encima de todos los demás siendo la líder de los demás personajes mitológicos. Esta personificación femenina de la tierra, se asemeja a los mitos ectónicos (de la tierra) que adoraban los antiguos pueblos matriarcales, antes de llegar los dioses celestes. Es la reina de la Naturaleza y de todos sus componentes. Está claro que este personaje es anterior a la llegada del cristianismo, y que para los antiguos vascones debió tener el estatus de diosa. Observando las cualidades y características de Mari, se le puede encontrar cierta semejanza con algunas diosas de la antigua Europa.

A pesar de su remota antigüedad, puede tener la friolera de 30.000 años o incluso más, nos muestra una cosmovisión que está de moda en la actualidad: es un símbolo de una mujer libre y empoderada. Mari ha sobrevivido a grandes ataques, a las invasiones indoeuropeas, al cristianismo, a la revolución industrial y a la globalización. La Dama vasca por excelencia, personificación de la naturaleza, que tiene el poder sobre las tormentas y la meteorología continua así libre y soberana.

Fue el antropólogo, etnólogo y arqueólogo vasco José Miguel Barandiarán el primero que comparó a Mari con la madre tierra y el primero que habló del posible origen paleolítico de La dama de Amboto. Se la menciona de muy distintas maneras pero es Mari la que predomina, aunque muchas veces va junto al nombre del lugar donde aparece (Mari de Txindoki, de Amboto, de Muru ...). Según Barandiarán, su nombre no proviene de la abreviatura de Maria y sí se le puede relacionar con otros antiguos genios vascos como Mairi, Maide o Maindi. Otros estudiosos que han investigado su figura, entre los que se encuentra el antropólogo Jose Inazio Hartsuaga, cree que existen no una, sino tres Maris, desde el punto de vista de la función que desempeña:

Existe una Mari que vive con el sí y con el no; algo que se menciona frecuentemente. Esa Mari sería la más moderna y la más alejada de la original. Después está la que aparece en los mitos, una mujer elegante, distinguida, rica, ataviada con vestidos de hilo de oro. Y por último, la Mari más naturalista, la que va volando bajo la forma de una hoz de fuego de Txindoki a Muru, de una cima a otra, según el lugar de Euskal Herria. Así va provocando cambios meteorológicos con sus idas y venidas. Esa Mari es, sin lugar a duda, las más antigua y genuina.

En las últimas décadas, algunas teorías posteriores a las de Barandiarán están asociando el personaje de Mari con una gran diosa AMALUR, la madre Tierra, el símbolo del matriarcalismo vasco. Para ello, tenemos que mirar más allá de los Pirineos. En “El lenguaje de la diosa”, la arqueóloga lituana Marija Gimbutas señala las formas que adoptaron las diosas de la prehistoria, intuyendo su presencia hacia el 35.000 a.C. Muestra cómo se evoca a estas damas en todo el Paleolítico Superior, donde se las asocia con divinidades masculinas. Afirma que hubo una religión antigua cuyos valores se mezclaron después con los de una civilización guerrera, masculina, bigotuda y conquistadora, con formas de ser patriarcales y patrilineales. Fue este modo conquistador el que se extendió desde el centro de Europa, hacia el quinto milenio antes de Cristo y acompañó la formación de la Europa actual. Fecundas diosas, madres de grandes pechos, vientres y nalgas prominentes, estas damas estaban implicadas en mitos sobre la muerte, la regeneración y la época de los Ciclos. Gimbutas encuentra a la Dama en tradiciones en las que se la desfigura, se la arroja al reino de los miedos supersticiosos, a los mitos, se la convierte en bruja. Dice que es en el País Vasco donde sigue estando ahí y más viva. Ve a algunas de estas damas dedicadas a tejer, hilar, trenzar, tener atributos de serpientes, buitres... como en el País Vasco donde todo esto está ligado a Mari la subterránea. Esta última estaría detrás de algunas santas extrañas, ¡o incluso más!

Gimbutas subraya que es inmanente y no trascendente, por lo que se manifiesta físicamente. Esta diosa, dice, no está relacionada con el panteón indoeuropeo: "es la Señora de las montañas, las piedras, las aguas, los bosques y los animales, una encarnación de los misteriosos poderes de la naturaleza". Barandiarán (en 1928) subrayaba ya que Mari era el genio de las montañas.

Estas ideas se pusieron muy de moda entre los años 60 y 70 del siglo XX. Sus libros fueron muy polémicos porque defendían que en la antigua civilización de la antigua Europa, se rendía culto a esa diosa madre de la Tierra. Fue la artífice de esta gran teoría en la que sentó las bases sobre la interpretación de la cosmovisión y la espiritualidad de las culturas del neolítico preindoeuropeo, a través de la “decodificación” del complejo simbolismo que contiene su arte sagrado. Dicho arte fue definido por la arqueóloga como “El lenguaje de la Diosa”, título del libro a través del cual expuso al gran público las conclusiones de sus investigaciones.

La Diosa de la Fertilidad o Diosa Madre es una imagen mucho más compleja de lo que la gente piensa. No solo era la Diosa Madre que controlaba la fertilidad, o la Dama de las Bestias que gobierna la fecundidad de los animales y de toda la naturaleza salvaje, sino una imagen compuesta con rasgos acumulados de las eras pre-agrícola y agrícola. Durante esta última se convirtió esencialmente en la Diosa de la Regeneración, esto es, una Diosa Luna, producto de una comunidad sedentaria y matrilineal que abarcaba la unidad arquetípica y la multiplicidad de la naturaleza humana. Ella era la fuente de vida y de todo lo que producía fertilidad y, al mismo tiempo, era la poseedora de todos los poderes destructivos de la naturaleza. La naturaleza femenina, como la Luna, tiene su cara positiva y su cara negativa. Marija Gimbutas, “Diosas y dioses de la Vieja Europa.”

 

Sin embargo, sus propios colegas, expertos de la Universidad de Harvard criticaron duramente su obra. A pesar de ello, algunas de las últimas publicaciones divulgativas sobre mitología vasca siguen predicando las viejas teorías de Gimbutas. Josu Naberán defiende la hipótesis de la arqueóloga lituana, donde Mari es heredera directa del culto a la diosa que se realizaba en el paleolítico-neolítico y cuyo testimonio son las más de 30.000 venus paleolíticas y neolíticas que se han encontrado en la franja que va desde el Cantábrico hasta Siberia. ¿Es Mari entonces AMALUR, la auténtica diosa madre de los vascos? ¿Existió realmente su religión?

"Mari, ¿cuál es la realidad significada por tal nombre? La naturaleza como un Todo. Pues Mari o la Señora (Anderea) no se circunscribe en su actuar y en su estar sólo a la tierra, sino que abarca los tres reinos (mineral, vegetal y animal) y los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego [...] es el origen tanto del bien como del mal, a semejanza de la divinidad preindoeuropea arcaica. Para empezar, como dueña absoluta de la vida, tanto puede dar la vida como quitarla. […] Puede hacer beneficios como provocar daños, proteger los rebaños como desatar la tormenta. […] En una palabra, es la Diosa o la madre asilvestrada, imagen de la naturaleza salvaje.” Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”

 

Mari como la Madre Tierra. En efecto, Mari integra en su personalidad mítica tanto el carácter elemental o corpuscular de la mater-materia (sus huellas son sagradas) como su carácter relacional u ondular (dinamismo energético). Esta integración implica, como hemos visto, los tres reinos de la naturaleza y los cuatro elementos fundamentales.

-Los tres reinos: Mari integra en su persona simbólica lo mineral (como estalagmita, piedra, hueco natural), lo vegetal (como hierba, árbol, flor), lo animal (como vaca, sierpe, macho cabrío, caballo, toro, buitre, y finalmente como hombre/hembra)

-Los cuatro elementos: Mari integra en sí la tierra (cohabita su interior y dirige sus fenómenos), el agua (sus cuevas son húmedas y manipula corrientes y lluvias), el aire (produce los vientos y vuela por la atmósfera) y el fuego (de su seno procede el sol y vuela como hoz ígnea).

Situada en medio de todo, Mari resulta la mediación de todo.

Otra hipótesis interesante que se ha abierto recientemente es la que relaciona los atributos y características de Mari con el culto de la diosa griega Cibeles, la diosa de largo cabello. Al igual que la Dama de Amboto, Cibeles era la diosa de las montañas y de las cuevas, de la tierra fértil y de los animales (especialmente leones y abejas). Los romanos la llamaban Magna Mater, Mater Dea o simplemente Mater.

A día de hoy tenemos la certeza de que esta Mater o Matris romana era una de las divinidades que se adoraba en Vasconia, precisamente en la comarca de Iruña (Álava). Hecho confirmado por el reciente hallazgo de un altar de hace 1800 años encontrado en la ciudad romana de Veleia, en Álava. En él podemos leer perfectamente una inscripción que se refiere a la Matri Deae (la de los buenos frutos), lo que según el equipo de expertos, podría suponer que se levantó en honor a la "madre tierra". Puede que algún recuerdo de este culto romano perviviera en la Edad Media Vasca, después de la cristianización. Si en lugares tan próximos se adoraban a dos diosas con unos nombres tan parecidos, es dificil creer, que solamente sea una coincidencia.

De cuanto llevamos dicho acerca de esta diosa se desprende que este numen constituye un núcleo temático o punto de convergencia de numerosos temas míticos de diversas procedencias: unos indoeuropeos, otros del fondo preindoeuropeo. Pero atendiendo a algunos de sus atributos (dominio de las fuerzas terrestres y de los genios subterráneos, su identificación con diversos fenómenos telúricos, etc.) nos sentimos inclinados a considerarlo como un símbolo, o quizás más bien una personificación, de la Tierra.

 

Bibliografía

De Barandiarán, J. Miguel. Mari, o el genio de las montañas. Un personaje de la mitología vasca. Separata del Homenaje a D. Carmelo de Echegaray. San Sebastián, 1928.

Duvert, Michel. La Mythologie Basque. Elkar découverte, 2019.

Gimbutas, Marija. El lenguaje de la diosa. Madrid: Ed. Gea, 1997.

Gimbutas, Marija. Diosas y dioses de la Vieja Europa. Siruela, 2022

Naberan, Josu. La vuelta de Sugaar. Basandere, 2001.

Ortiz-Osés, Andrés. La Diosa Madre. Ed. Trotta, 2013.

domingo, 12 de marzo de 2023

Mito, leyenda y realidad de las brujas en Pirineos: el caso de las brujas de Zugarramurdi

 

Resumen




La fascinación por las actividades de las brujas, mujeres con poderes obtenidos de diversas formas, está rodeada de mitos, leyendas y realidades. El caso de las brujas de Zugarramurdi es el más famoso de la historia de la brujería vasca y posiblemente de la brujería en España. En este Auto de Fe, que derivó en uno de los casos más sonados y tristes de asesinatos injustos en la historia española, la Santa Inquisición quemó a 11 personas, 6 vivas y 5 muertas que confesaron bajo tortura la práctica de la brujería. Cuatro siglos después, el lado histórico de este asunto se ha venido diluyendo y hemos preferido quedarnos con el aspecto más leyendario. Pero ¿qué hay de mito, de leyenda y de realidad en este proceso? Estas mujeres libres, poderosas y sin miedo a explorar y potenciar sus propios poderes y sus habilidades ¿existieron de verdad? ¿Siguen en la actualidad entre nosotros? Dar respuesta a estas preguntas será uno de los objetivos de esta comunicación.

Se intentará ofrecer una imagen lo más realista posible de este hecho para desmitificar quiénes eran las brujas. Como bien dice José Dueso, parece que el lado histórico de este asunto se ha venido diluyendo, cuatro siglos después, y hemos preferido quedarnos con su lado más leyendario. La bruja atemporal e idealizada atrae quizás más nuestras simpatías que la bruja más humana. ¿Son las brujas hoy un mito gracias al resurgimiento del feminismo? mujeres libres, poderosas y sin miedo a explorar y potenciar sus propios poderes y sus habilidades. Las brujas se convirtieron en el icono de las feministas, un símbolo de poder femenino, conocimiento, independencia y martirio. Y aunque sí que es cierto que la persecución que se emprendió en esta época se dirigió exclusivamente hacia las mujeres, también se quemaron 'brujos'.

 

 

La humanidad siempre ha tenido miedo

 de las mujeres que vuelan.

Ya sea por brujas o por libres

(Jakub Rozalsky)

 

 

Son miles las historias, cuentos y leyendas que pueblan las dos vertientes del Pirineo, tantas, que sería imposible mencionarlas todas en esta comunicación. Cada valle de Pirineos es un mundo en sí mismo, y aunque cada uno conserva su propia identidad, preservada y mágica, todo un territorio mitológico común une a estas montañas, desde el País Vasco hasta el Rosellón. Han sido muchos los escritores que, con gran paciencia, pasión y dedicación han publicado cientos de obras recopilando esta tradición oral a ambos lados de la frontera: vascos como José Dueso o Jean-François Cerquand, aragoneses como Juan Dominguez Lasierra, catalanes como Jacint Verdarguer, occitanos como Antonin Perbosc o Michel Cosem, gascones como Jean François Bladé, entre muchos otros. El objetivo de esta comunicación es centrarnos en uno de estos seres míticos y excepcionales de esta cordillera: las brujas, y en un caso en particular, el de las brujas de Zugarramurdi para intentar ofrecer una imagen lo más realista posible de este hecho y desmitificar a estos personajes.

Aquellas leyendas que nos hablan de los seres del inframundo, las brujas y los demonios son las que denominamos escatológicas y suelen ser las más habituales en esta cordillera. Tanto el Pirineo Francés como español está repleto de historias relacionadas con estas “malvadas” mujeres. El antropólogo español José Dueso ha realizado un trabajo de recopilación de relatos encomiable y obviamente también de escritura. En su obra Leyendas de brujas en el Pirineo fantástico ha sabido transmitir como nadie los ambientes, las atmósferas y el miedo a lo sobrenatural sin perder el punto esencial de la leyenda. Ninguno de sus relatos se repite y ha sabido darnos no solo un conjunto de leyendas orales sin igual, sino además un viaje maravilloso por ese lugar de magia que son los Pirineos.

Dicen que las brujas del Pirineo son las más grandes brujas de todos los tiempos, las verdaderas brujas, y que todas las demás son solo pobres imitaciones de ellas. Dicen, también, que las pirenaicas fueron las primeras brujas de Occidente, las que se entregaron al diablo en figura de macho cabrío cuando nadie todavía lo había hecho y las que inventaron el aquelarre, las que antes se convirtieron en gatos negros, las que descubrieron el vuelo en escobas y, por supuesto, las pioneras en dar con sus pobres huesos en las hogueras encendidas por las inquisiciones de turno. Además, dicen que del Pirineo se extendieron como una mancha de aceite por Europa, hacia el norte, y por la península ibérica, hacia el sur. Pero, sabido es, del mismo modo, que se dicen tantas y tantas cosas… (Leyendas de brujas en el Pirineo fantástico, José Dueso).

 

La prueba fehaciente de que estas creencias estaban bien arraigadas en esta zona es la cantidad de “espantabrujas” que se pueden ver todavía en las casas. Son unos elementos pétreos, a menudo figurados, a los que tradicionalmente se han atribuido funciones protectoras. Estos elementos se colocaban sobre las chimeneas para impedir que las brujas que sobrevolaban los tejados de las casas pudieran acceder al interior de las mismas a través del único espacio que los habitantes del Pirineo no podían cerrar.

Y para proteger las puertas, y evitar la entrada de las brujas a las casas, la gente colocaba una flor de cardo muy común en el Pirineo: el cardo solar o carlina. Por su esplendor, muy similar al del sol, cegaba a estos seres, y además, al tener cientos de pinchitos, impedía que las brujas se atreviesen si quiera a pasar a su lado, ya que si lo hacían, se quedaban enganchadas, teniendo que quitar estos pinchitos de su ropa hasta que les sorprendía el sol. Entonces, debían salir corriendo, huyendo a su guarida ya que su poder mermaba.

Las brujas (o brujos) eran personas a las que se les atribuía la capacidad de provocar maleficios a la comunidad, de utilizar su magia para crear dañinas tormentas, de raptar o matar a los niños y, por supuesto, de volar a lejanos lugares donde celebraban encuentros con el diablo. Se creía que las brujas podían transformarse en animales, causar la muerte de cabezas de ganado, impedir la consumación del matrimonio o causar infertilidad y, especialmente, dominaban el «mal de ojo», que causaba diversas desgracias en todo aquel que lo padecía.

Las brujas del Pirineo se reunían siempre en las cimas de las montañas en torno a enclaves cargados de connotaciones mágicas precristianas, posibles lugares de culto de origen pagano. Quedan muchos términos cuya etimología responde a la creencia en esas intervenciones: El pico Turbón, donde se decía que las brujas ponían a secar sus sábanas al sol, el Cotiella, en el valle de Chistau, o la Peña de San Juan y San Pablo, en Tella, conocida como «el Puntón de las Brujas», son algunos de los principales enclaves vinculados a brujas o brujos en la zona aragonesa. Sin embargo, a pesar de que la tradición consideraba estos lugares como puntos de reunión de brujas, lo cierto es que desde las primeras actas conservadas en el siglo XV, los parajes que se citan con mayor frecuencia como santuarios de la brujería se sitúan al otro lado de los Pirineos: las eras de Tolosa, cercanas a la ciudad de Toulouse, el Bouc de Biterna, en las inmediaciones de Lannemezan y las Landes du Bouc; posiblemente, todos ellos eran santuarios de gran prestigio para las tradiciones religiosas de origen animista, muy anteriores al cristianismo, y que servían de poderoso imán para las prácticas mágicas al otro lado de la cordillera.

En la zona del Pirineo más occidental nos encontramos con lo que Julio Caro Baroja denominó la “brujería vasca”[1], cuyo caso más famoso fue el de las brujas de Zugarramurdi de principios del siglo XVII (en 1610 exactamente). Zugarramurdi y Urdax son dos municipios de la Comunidad  Foral de Navarra que distan entre sí unos tres kilómetros. Ambos pertenecen a la comarca del Baztan. Seis personas fueron quemadas en Logroño porque negaron ser brujas. Cinco eran de Zugarramurdi y una de Urdax. Más de cuatrocientos años después, sabemos que, efectivamente, no eran brujas. Como tampoco lo eran las otras cinco personas fallecidas en prisión, pero igualmente condenadas a la hoguera. Lo más triste de toda esta historia como nos lo recuerda José Dueso es que el tribunal que condenó a estas personas también sabía que eran inocentes. ¿Quiénes fueron realmente estos seres supuestamente “tan maléficos”? Solo mujeres que no contaban con mucha influencia social, siendo personas de clase baja sin mucha formación.

María de Ximildegui fue la persona que desencadenó toda la locura brujeril en Zugarramurdi. Nacida en 1588, hija de padres franceses, se crio en esta localidad. En el año 1604, con dieciséis años, se fue con su padre a Ciboure en Francia. Allí, trabajó de criada o sirvienta y declaró a sus vecinos que había sido bruja, aunque ya se había arrepentido y había vuelto a la fe cristiana. Ximildegui aseguró haber acudido a los encuentros de brujería que se celebraban en las cuevas navarras y denunció a otros brujos al Abad de Urdax. De las personas que Ximildegui acusó de brujería, se encuentran María de Yurreteguia,​ y su marido Esteve de Navarcorena, así como otras diez otras personas, en total, cuatro mujeres, seis hombres y dos niños que también hicieron pública confesión en la iglesia y se reconocieron como brujas y brujos: Miguel de Goyburu, “rey de los brujos”, su esposa Graciana de Barrenechea, “bruja y reina del aquelarre” y sus hijas, Martín Vizcar, Juan de Echalar, brujo y ejecutor de las penas impuestas por el demonio, María de Echaleco, bruja, María Chipia, vieja tullida y maestra de novicios y de María Zozoya, que morirá en la hoguera.

Se decía que encendían hogueras y realizaban akelarres para venerar al diablo, que tomaba forma de macho cabrío. La palabra akelarre, que es de origen vasco, vendría a equivaler a “prado del cabrón” o “prado del macho cabrío”, sustentándose en la creencia general de que tales reuniones estaban presididas por el diablo en forma de ese animal. Aunque existe también otra versión, la de que fuese una invención de la propia inquisición para adaptar una etimología diferente (la de alkelarre: prado donde crece una hierba silvestre llamada alka) a sus intereses que no eran otros que los de inculcar la idea de una existencia de Sabbat presidido por el demonio en forma de cabrón, como bien nos explica Dueso.

Al akelarre las brujas y brujos solían asistir a pie, a través de los senderos o campos, pero también podían en ocasiones hacerlo por los aires por encima de los pueblos y las montañas. Algunos a lomos de animales, otras se convertían ellas mismas en animales gracias a un poderoso ungüento. Dicho ungüento, que la Inquisición nunca llegó a encontrar, estaba supuestamente confeccionado a base de sustancias extraídas de sapos, hongos y setas altamente venenosas y alucinógenas. Tampoco se mencionan en las declaraciones conservadas del proceso que las brujas de Zugarramurdi volasen en escobas, pese a ello, se las sigue imaginando subidas en este sorprendente objeto volador.

El akelarre era una escenografía perfectamente orquestada que venía a representar en esencia la antítesis de la liturgia cristiana. En ella se presentaban a los neófitos, se hacían confesiones públicas para pasar seguidamente al plato fuerte que eran las orgías amenizadas con bailes, alcohol y alucinógenos distorsionadores del comportamiento humano, además de las pócimas y brebajes aderezados con todo tipo de inmundicias. El akelarre concluía con el canto del gallo y las brujas y brujos regresaban a sus casas utilizando los mismos medios por los que habían venido.

Tras el akelarre las brujas regresaban a los pueblos para hacer todo tipo de maldades.

Por el tubo de la chimenea bajamos nosotras, cuando por las noches todos duermen en las casas; nos acercamos a la cama de la virgen y entibiamos sus sueños con imágenes obscenas que la angustian, engañamos al marido con los celos, después de tentar a la esposa con el adulterio, y antes de marcharnos matamos a los animales en los establos (Dueso, 2015: 145)

 

Pero ¿hubo realmente brujas en Zugarramurdi?

Mucho se ha estudiado sobre el tema de las brujas y de los aquelarres durante todo este tiempo, con mejor o peor suerte. Pero no nos engañemos, las brujas nacen en la mentalidad popular exactamente en el mismo momento en el que se empieza a hablar de ellas. No han existido las brujas, ni ha habido cópulas demoniacas, ni ninguna parturienta ha dado a luz un sapo después de haber quedado preñada por un macho cabrío, ni nadie ha volado sobre una escoba, como tampoco nadie ha tenido poderes para provocar tormentas, ni desgracias, ni ningún otro maleficio sobre personas, casas o cosechas. Sí que ha habido mujeres -y también hombres- que han creído ser brujas, sí que ha habido personas que han creído tener poderes sobrenaturales, y sí que ha habido personas que han creído que otras personas de su entorno eran brujas, que han creído que se transformaban en sapos, que han creído que sus reuniones las presidía el demonio con forma de macho cabrío. Pero, tal y como ya han afirmado muchos estudiosos contemporáneos, seguramente no hubo en todo el País Vasco ni un solo akelarre. Tales reuniones solo fueron fantasías de inquisidores y jueces que hicieron declarar a sus víctimas, bajo la tortura y la represión, lo que quisieron. Lo que probablemente sí existiera en aquella época eran cultos y ritos precristianos, todavía muy arraigados en la cultura rural vasca que podrían haber llevado a confusión a estas mentes desquiciadas, malévolas y represoras -o reprimidas. Los juicios por brujerías serían así una manera expeditiva y aleccionadora de imponer el catolicismo, y de paso, de dar un escarmiento ejemplarizante. No hay que olvidar además, que la sociedad vasca del siglo XVII era todavía en esos tiempos muy matriarcal, la mujer ocupaba un lugar importantísimo a nivel social y religioso. Por lo que estos juicios contra las mujeres sirvieron también para afianzar el patriarcado dominante.

Sí que hubo mujeres herbolarias, magas y sabias. Mujeres que se dedicaban a la recolección de hierbas y frutos silvestres, conocedoras de la botánica del lugar que, aprovechando la sabiduría popular transmitida a través de generaciones, se dedicaron a recorrer a pie los pueblos del Pirineo vendiendo plantas medicinales, trementina, setas secas, aceites elaborados a partir de plantas y otros productos naturales con propiedades curativas que elaboraban a partir de lo que les ofrecía su entorno natural. El caso de las trementinaires, en Pirineos, es uno de los más conocidos y estudiados. Su conocimiento especializado incluía la identificación de multitud de especies, dónde encontrarlas, cómo conservarlas, cuando recolectarlas y cómo aplicarlas. Con la llegada del cristianismo la figura de estas herbolarias quedó tan desvirtualizada que fueron rechazadas socialmente y acusadas incluso de brujería. La primera acción legal emprendida contra una supuesta bruja en Navarra acaeció en Tudela en 1279. Se le acusó de “dar yerbas” y fue condenada a pagar una fuerte multa. Estas mujeres no solo eran muy capaces de curar, sino que también sabían, por el contrario, provocar ciertas enfermedades e incluso, a través de ellas, la muerte. Esto, para una población rural, inculta y encerrada en su mundo de tradiciones sería motivo para señalar y mirar a la herbolaria como a una persona cargada de poderes ocultos, admirada pero también temida. Su sabiduría acerca de su entorno natural no solo era una cuestión de conocimiento, sino una forma de supervivencia; unos conocimientos que resultan de tremenda actualidad, dada la situación medioambiental que hemos provocado, en parte, por la separación progresiva entre el ser humano y la naturaleza. La mentalidad católica veía en aquellas mujeres a unas peligrosas paganas capaces de influir en la comunidad, por lo que las persiguió, las proscribió y las eliminó. Podemos afirmar que hubo mucho de persecución de género en el entramado de ese genocidio.

Aunque la brujería se consideraba una obra del demonio, la Inquisición española desconfió de estas acusaciones y emitió pocas condenas a muerte contra supuestos seguidores del diablo. Muchos conoceréis esta historia gracias a películas como la Álex de la Iglesia Las brujas de Zugarramurdi (2013) o la de Pablo Agüero Akelarre (2020), pero sin lugar a duda la realidad va mucho más allá de esas atractivas imágenes del celuloide. Lo ocurrido en Zugarramurdi es parte indispensable de la historia de España, de ese baúl oscuro donde se esconden las negras historias de un país y que, seguramente, aún podemos recordar gracias a Goya y su estremecedor cuadro de El aquelarre (1797-1798), a través del cual se realiza una crítica tanto a la Iglesia como a la ignorancia y la superstición. Lo que la inquisición consiguió que confesaran esos hombres y mujeres, a base de miedo y torturas, fue terrible: «y a los niños que son pequeños los chupan por el sieso y por su natura; apretando recio con las manos, y chupando fuertemente les sacan y chupan la sangre» (Mongastón 1610). Goya lo supo plasmar con total maestría en su pintura que consigue provocar en el espectador un desasosiego cercano a la pesadilla.

 Tan bestial fue lo sucedido, que la misma Inquisición, consagrada en las barbaries más atroces, decidió retroceder y tratar de lanzar un velo negro sobre una de las últimas y peores persecuciones de personas en España, bajo el argumento de la brujería.  

 

Conclusión

Como bien explica José Dueso al final de su obra “Leyenda de las Brujas de Zugarramurdi” la existencia de las brujas nunca se ha probado. Lo que sí ha existido era lo que un vecino le comentó en los años 1980 en una de sus visitas: “Aquí nunca ha habido ninguna bruja, pero sí mucha envidia y, sobre todo, mucha imaginación y muy mala leche”. Aquí parece estar buena parte de la historia de la caza de brujas de este lugar: “en los rencores vecinales frutos de la envidia, y en la imaginación exaltada y calenturienta de unos pocos religiosos integristas al servicio del poder de turno” (Dueso, 2019:180). Y es que quienes ostentaban el poder en la antigüedad conseguían desviar la atención hacia un enemigo común e inventado y lo personificaban en el eslabón más indefenso de su sociedad: las mujeres. Sin apenas derechos, especialmente las niñas y las ancianas eran las víctimas perfectas para ser acusadas de las más perturbadoras acciones: lo que pudieran decir en su defensa no tenía valor.

Uno de los tres inquisidores participantes en el juicio, Alonso de Salazar y Frías, escribió un informe declarando que «ni creía en cuanto habían declarado los acusados, ni le parecía que la línea de investigación seguida durante el proceso fuese la adecuada, ni daba valor alguno a unas pruebas que consideraba inconsistentes» (p. 105). En la discusión de la sentencia y sobre todo en la posterior revisión del caso ordenada por el Consejo de la Suprema Inquisición destacó por su oposición a dar credibilidad a las teorías sobre brujería. Su exhaustivo memorial enviado a la Suprema constituyó la base para que la jurisprudencia inquisitorial española fuera escéptica sobre la realidad de la brujería y que fuera muy reticente a aceptar las denuncias por ese tema.

Pero aunque cuatrocientos años después las brujas parezcan cosa del pasado, o un motivo folclórico, ornamental, festivo, turístico, como hemos visto, y lúdico, no estaría demás que reflexionásemos un simple instante para no olvidarnos de que ahora mismo, como hace cuatrocientos años, las mujeres seguimos expuestas TODOS LOS DÍAS a inquisiciones variopintas y acechantes, con hogueras cuyo humo puede ensombrecer nuestro firmamento. Las brujas de hoy son mujeres independientes, porque no están dispuestas a supeditarse al patriarcado, porque con su actitud y su forma de ver el mundo desestabilizan las estructuras hegemónicas, porque asumen y promueven el derecho de elegir sobre sexualidad y su cuerpo, porque se interpretan y se definen a sí mismas. Este tipo de brujas ya se ha resignificado y se transfigura y autodefine cada día. Y esta bruja busca generar un cambio en la concepción del mundo. Por eso os invito a sumaros y sentiros cada día,  muy, pero que muy brujas.

 

 

Obras citadas

 

Dueso, José. (2010). Historia y leyenda de las brujas de Zugarramurdi. 4ª edición. Nostia: Txertoa. 2010.

Garrido Moreno, E. (2022). “Trementinaires: Gender, Collecting, and Subsistence in the Pyrenees. Journal for the History of Knowledge.

Caro Baroja, Julio (2003). Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza Editorial.

Henningsen, G. (2010). El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española. Madrid: Alianza Editorial.

Mongascón, Juan. “Auto de fe celebrado en la ciudad de Logroño en los días 6 y 7 de noviembre de l6l0” Biblioteca Gonzalo de Berceo.


[1] Caro Baroja, Julio (1985). Brujería vasca (4ª edición). San Sebastián: Txertoa.

Comunicación presentada en la Jornada de Estudio sobre "Los Mitos y Leyendas de las brujas: el poder inconquistable de las mujeres". Universidad de Alcalá. 10 de marzo de 2023.

lunes, 27 de diciembre de 2021

MITOLOGÍAS, LEYENDAS Y CUENTOS DEL PIRINEO: CUANDO LA ORALIDAD SE CONVIERTE EN ESCRITURA

 

Au moment où l'esprit de la légende, cette force vivante du passé,

 s'affaiblit et meurt chaque jour, sur tous les points de la France,

 il importe à l'histoire de recueillir sans délai ses meilleures créations :

bientôt, il ne sera plus temps.

Eugène Cordier en 1855.

 

La humanidad siempre ha tenido miedo

 de las mujeres que vuelan.

Ya sea por brujas o por libres

(Jakub Rozalsky)

Resumen

 

El presente artículo estudia la literatura oral en mitos, leyendas y cuentos del Pirineo francés y español. Mediante la lectura de una selección de ellas, el trabajo analiza los principales temas y motivos de la literatura oral, y explica la dimensión mítica y mágica de los personajes y seres imaginarios del universo pirenaico. Su objetivo es estudiar y valorar la innegable unidad cultural del Pirineo. El artículo pone de relieve la temática predominante en los relatos, así como el rol de sus protagonistas en el mundo representado, demostrando la enorme riqueza literaria y cultural existente en ambas vertientes.

 

PALABRAS-CLAVE: literatura oral, motivos tradicionales, mitología pirenaica, seres imaginarios.

 

 

Son miles las historias, cuentos y leyendas que pueblan las dos vertientes del Pirineo, tantas, que sería imposible mencionarlas todas en esta comunicación. Cada valle de Pirineos es un mundo en sí mismo, y aunque cada uno conserva su propia identidad, preservada y mágica, todo un territorio mitológico común une a estas montañas, desde el País Vasco hasta el Rosellón. Han sido muchos los escritores que, con gran paciencia, pasión y dedicación han publicado cientos de obras recopilando esta tradición oral a ambos lados de la frontera: vascos como José Dueso o Jean-François Cerquand, aragoneses como Juan Dominguez Lasierra, catalanes como Jacint Verdarguer, occitanos como Antonin Perbosc o Michel Cosem, gascones como Jean François Bladé, entre muchos otros. El objetivo de esta comunicación no es dar a conocer ese mundo de magia y fantasia que nos viene dado a través de la tradición oral de los pueblos montañeses, esto ya lo realizan magníficamente los autores mencionados anteriormente, sino analizar los principales temas y motivos de la literatura oral, explicando la dimensión mítica y mágica de los personajes y seres imaginarios del universo pirenaico para probar la innegable unidad cultural del Pirineo.

La tradición oral es una de las actividades comunicativas humanas más antiguas y distendidas a lo largo del planeta, entre cientos de culturas. Es considerada por la Unesco como patrimonio intangible de la humanidad[1], recurso necesario para la supervivencia de las culturas. A través de este hecho comunicativo sociocultural con base en el lenguaje hablado se transmiten los conocimientos históricos, científicos y culturales, a una comunidad, con el fin de preservar dichos saberes de generación en generación.

La multiplicidad de géneros literarios en la tradición oral es bastante evidente. Entre ellos se aprecian las poesías, los refranes, los cuentos, las leyendas, los relatos, los mitos; todos y cada uno bien explícitos y diferenciados. El relativo aislamiento en el que han estado inmersos los valles pirenaicos ha propiciado la conservación, hasta tiempos recientes, de un rico legado inmaterial. Las fábulas, los cuentos y las leyendas están presentes en la cultura de todos los pueblos, pero es en estas sociedades montañesas, como la pirenaica, donde adquieren mayor importancia. La tradición oral en los Pirineos se ha transmitido principalmente al calor del hogar doméstico, donde se desarrollaban largas veladas en los meses invernales y se contaban anécdotas, historias y leyendas en las oscuras y frías noches pirenaicas que, por su carácter práctico o moralizante, formaban parte de la educación de los niños, perpetuando generación tras generación la transmisión de conocimientos y vivencias. La despoblación del mundo rural hizo que, junto con las gentes que se fueron, también se hayan ido todos esos relatos. Por ello, resulta indispensable mantener vivo este patrimonio oral, por ser trasmisor de valores tan importantes como la amistad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto, el cariño, la paz, el enriquecimiento de lo plural, el racismo, las guerras, las diferencias, los rechazos e incluso el amor por la naturaleza. En la actualidad existen esperanzadoras propuestas para que perduren en el tiempo estas historias como el “Cuentacuentos del Pirineo” que la Asociación Mallau Amigos de Susín (Biescas) lleva a cabo desde hace ya once años. Su duodécima edición ha debido ser dos veces aplazada debido a la pandemia. Del lado francés tenemos a la Asociation de Raconteurs de Pays des Pyrénées-Atlantiques, creada en 1998 y cuya misión es ofrecer, a través de paseos, una lectura original del lugar, de la cultura o del paisaje que se visita, al mismo tiempo que se comparten secretos y emociones para ayudar a descubrir cosas ocultas y misterios.

Y es que las hadas, los genios y los duendes, hechiceros y encantadores pueblan estos lugares que han inspirado la literatura romántica, sin olvidar en esta tierra de dioses y hombres, el lugar especial que siempre ha mantenido el oso en la mitología pirenaica, y que se remonta a la noche de los tiempos.

En esta comunicación, por cuestión de tiempo, nos vamos a centrar en aquellos relatos mitológicos, leyendas y cuentos que se comparten en las diferentes regiones de esta cordillera. Un pequeño ejemplo que esperemos sirva para despertar la curiosidad y descubrir la magia de este lugar tan leyendario.

 

1. LA MITOLOGÍA EN PIRINEOS: PERSONAJES Y RELATOS

En el prólogo del Trésor de la mythologie pyrénéenne, Olivier de Marliave escribe:

Existe-t-il une mythologie pyrénéenne ? La présence de cet ouvrage constitue déjà une réponse. [...] Ce qu'il reste de cette mythologie, ce sont des contes et légendes, des pratiques religieuses sous lesquelles les traces de cultes païens transparaissent parfois [...], la masse des traditions et superstitions populaires [...]. Nous entendons par mythologie les croyances, les pratiques et les comportements qui ont expliqué et continuent parfois d'expliquer les rapports des Pyrénéens avec le monde de l'imaginaire et du mystérieux. (Marliave, 1996)

La identidad simbólica del espacio pirenaico se ha forjado a través de sus innumerables construcciones mitológicas. Constituyen una unidad geográfica coherente, sin embargo, son mucho más heterogéneos en lo que respecta a su cultura, religión y sociedad ya que han sido habitados por distintos pueblos, que hablaban diferentes lenguas. Además del francés y el castellano, relativamente recientes, se ha hablado, de acuerdo con las regiones, aragonés, occitano ─languedociano, gascón, bearnés─, catalán, aranés, euskera y dialectos y subdialectos locales. Dos son los factores específicos de esta cordillera que han afectado el desarrollo de una mitología arraigada y compleja: siempre ha sido un lugar de paso desde la prehistoria y, paradójicamente, un lugar muy aislado por su condición montañosa. Esto ha protegido las tradiciones del macizo y retrasado el avance de la religión cristiana y en general, de la modernidad.

La cordillera sigue manteniendo esa aura mística, casi mágica. Hay pruebas de cultos muy antiguos, por ejemplo, los crómlechs de Okabe, y también de dioses locales como el dios del sol Abellion. Estos cultos están a menudo relacionados con las tradiciones celtas y galas, pero sobre todo con las vascas —en la prehistoria un grupo ocupaba la mayor parte de la cordillera—. Muchas de estas deidades fueron asimiladas por el panteón religioso romano, una costumbre muy típica de parte del imperio.

Los mitos son importantes porque sirven para explicar una realidad imposible de comprender hasta el momento. Las relaciones de la tierra con lo desconocido se han explicado a través de los saberes y creencias que, de alguna forma, pretendían hacer más habitable la realidad. Así ha sido a lo largo de la historia y así es en la actualidad. Los pequeños, los débiles, los eternamente rechazados del destino, como eran los campesinos de las montañas, inventaban otro mundo donde se sentían vencedores. Al mismo tiempo se buscan maneras de escapar a las fuerzas del mal e invocar a los dioses para solicitar sus favores. Cómo resistirse a conocer la magia de Bosnerau o de la Giganta de Riglos en la Foz de Escalete, el misterio del Toro de Oro de Ayerbe o el sorprendente Abeliou, Dios del sol de los Pirineos.

Bosnerau es el inventor de la agricultura y la ganadería, un ser extraño y gigantesco que controlaba los secretos más profundos del Pirineo. Su pareja femenina se llama Basandere (Señora del Bosque o "Señora Salvaje"). El personaje es común en la mitología vasca y aragonesa, aunque recibe diferentes nombres. En Euskadi le llaman Basajaun; Basajarau en los Valles Occidentales y Bosnerau en el Pirineo central. Todo su cuerpo estaba cubierto de pelo, el cabello se confundía con la barba y esta, a su vez, ocultaba el resto de su cuerpo. Vivía en cuevas, alejado de la sociedad, aunque era tremendamente bueno con los pastores de los pueblos cercanos. De hecho, cada día salía a pasear por los bosques y cuando se avecinaba una tormenta o una manada de lobos se dirigía a los establos, Bosnerau silbaba tan fuerte que su reclamo era capaz de oírse a cientos de kilómetros. De esa manera, los pastores sabían que debían resguardarse. «Al brotar la hoja, siémbrese el maíz; al caer la hoja, siémbrese el trigo», les decía. Gracias a él, los humanos aprendieron a sobrevivir en las montañas y, por ello, es un personaje tremendamente querido.

Abellion, Abelio, Abello o Abelion es el nombre que recibe el dios señor de los manzanos de los antiguos habitantes de la Galia, Iliria y Aquilea y en general en el sudoeste de Francia. Su nombre sugiere que era una deidad solar, señor de los veranos, similar al dios grecolatino Apolo. Se han encontrado varios altares votivos y estelas epigráficas en su nombre en los Pirineos centrales (especialmente en Cardeilhac, Aulon, St Béat, St Aventin, St Bertrand, Montauban de Luchon...). En el valle de Lesponne (Altos Pirineos), la cruz de Béliou es un ejemplo del culto solar en los Pirineos. En la cruz está esculpido un rostro (cara redonda) que, según los especialistas, podría ser una representación simbólica de Abellion o Abelio. Los numerosos dioses autóctonos, como Abellión, nos son conocidos gracias al asentamiento romano en los Pirineos. Cuando los romanos introdujeron sus cultos oficiales (Augusto, Júpiter, Juno...), nació entre los pirenaicos una moda mimética por los exvotos (altares votivos). Los pirenaicos, imitando a los romanos, tenían multitud de altares votivos grabados en mármol o piedra caliza en nombre de estas divinidades. Así podemos conocer hoy los nombres de estos dioses de las rocas, los árboles, las fuentes...

La Giganta de los Mallos de Riglos forma también parte de esta mitología pirenaica. En la Hoya de Huesca, al sur del Pirineo, se alza una impresionante formación rocosa. Unas verticales paredes conglomeradas esculpidas por el tiempo que conforman un entorno natural único. Los Mallos de Riglos son un rincón de aventura y escalada, pero también un espacio mítico. Cuenta una vieja historia que, en una aldea de la zona, Foz de Escalete, habitaba una extraña anciana de un tamaño tan gigantesco que atemorizaba a todos los habitantes. Era hilandera y, además, tenía fama de bruja. Cansada de ser rechazada por todos, hizo aparecer de la nada las inmensas rocas, y con una fuerza sobrehumana las clavó junto al río Gállego para refugiarse tras ellas. Desde entonces se oculta allí, y casi nadie la ha vuelto a ver. Pero dicen que la giganta bruja se aparece una vez al año, en la Noche de San Juan, cuando llega la medianoche, se le puede ver sentada en El Pisón, con lo que, de esta forma, cuando tiene que mojar el lino y el cáñamo para hacer su labor, no lo hace con su saliva, sino que de cuando en cuando moja los dedos abajo en las aguas del Gállego. En la mitad de ese mallo, en efecto, puede verse una roca a la que se llama, por el parecido, el Huso o también el Puro.

La existencia de riquezas ocultas está rodeada de mucha leyenda y tradición oral popular, transmitida de padres a hijos. En la provincia de Huesca existe una larga tradición aragonesa sobre los musulmanes que no pudieron huir con sus tesoros y los enterraron con la esperanza de volver para desenterrarlos. No es raro que los tesoros escondidos se les atribuya casi siempre a los musulmanes, ya que acumularon grandes riquezas. De aquí nació el misterio del Toro de Oro de Ayerbe. Ya avanzado el siglo XI, el empuje de los ejércitos cristianos, apoyado en los cercanos e inexpugnables castillos de Marcuello y de Loarre, obligó a los musulmanes a abandonar su tradicional fortaleza de Ayerbe. Hasta ese momento había servido de vigía durante tres siglos frente al paso natural que el río Gállego abre hacia el corazón del viejo Aragón. Como poco a poco la situación iba empeorando, algunos musulmanes optaron por la huida y otros por la rendición, muchos fueron los que finalmente tras reflexionar decidieron quedarse. Se discutió entre todos qué hacer y tomaron la decisión, antes de abandonar la fortaleza, de fundir todos los tesoros y objetos que tenían oro y hacer un hermoso toro dorado. Decidieron ocultarlo en uno de los pasadizos subterráneos del castillo ayerbense, en espera de volver a recuperarlo cuando la situación mejorase. Sin embargo, tras unos meses, el castillo pasó a manos de los cristianos para siempre y el paradero del toro de oro, celosamente escondido, se convirtió en un secreto. Los nuevos señores cristianos, conocedores de su existencia y cegados por su codicia, contrataron a varios adivinos para que les indicaran el lugar exacto de su ubicación, ya que los musulmanes que permanecieron en la villa nunca dieron ninguna pista sobre el paradero exacto del toro dorado. Todavía en la actualidad, de vez en cuando, surge alguien que trata de arrancar a esas venerables ruinas su secreto: el paradero de ese toro de oro escondido en torno al derruido castillo de Ayerbe que los musulmanes ayerbenses enterraron en espera de tiempos mejores.

Existen varias versiones sobre el toro de oro dependiendo de la zona en la que nos encontremos. En Aragón, por ejemplo, encontramos el toro de oro de Griegos, cuya historia es muy similar. Como nos dice Juan Dominguez Lasierra existe “todo [un] cúmulo de tradiciones sobre tesoros cultos, dejados por el moro a su paso por nuestros pueblos” (2009: 172).

 

2. LEYENDAS REALES Y SOBRENATURALES

Mediante la literatura oral los habitantes de estos parajes daban significado a muchos hechos no comprendidos y a diferentes creencias espirituales. A su vez, se produce una transferencia de conocimiento y una impartición de lecciones de vida o consejos de forma intergeneracional. En la actualidad este bagaje mitológico e inmaterial se ha ido diluyendo y perdiendo como en muchas otras regiones rurales de Europa.

Las leyendas no nos han llegado intactas desde el pasado, sino en forma de retazos, de resúmenes. Aunque su origen histórico, en gran parte modificado por la imaginación popular, no resulta dudoso, éstas quedan fijadas a lugares muy concretos como veremos a continuación. Estos retazos permanecen aún vivos ya que esta percepción de lo fantástico siempre ha tenido un gran peso cultural y etnológico en la comunidad. De igual manera, se puede afirmar que ha sido un componente indisociable de la capacidad de supervivencia de los montañeses ya que aportaba saberes de su propio ‘nicho ecológico’ a las generaciones más jóvenes, y sentido último a las mayores. Como se puede observar, la leyenda era más que un mero entretenimiento y se constituía en parte de un modus vivendi, si no absoluto sí complementario para su identidad.

Dentro de este apartado, podemos diferenciar varios tipos de Leyendas en Pirineos que aquí clasificaremos en:

 

2. 1. Leyendas etiológicas. - Estas leyendas aclaran el origen de los elementos inherentes a la naturaleza, el origen de un fenómeno natural o un accidente geográfico como los ríos, lagos y montañas. Entre ellas destacamos una que nos habla de la creación de la propia cordillera: la leyenda de Pyrene[2].

En la vertiente francesa, según el mito, relatado por Silius Italicus[3] sobre el paso de Aníbal por esta región, Pyrene fue seducida por Heracles (aquí llamado Alcide o Hércules), anfitrión del rey Bebryx y él mismo “poseído por Baco”, cuando se dirigía a las tierras de Gerión.

Después de su partida, Pyrene, desesperada, huyó a los bosques, dio a luz a una serpiente y fue asesinada por las fieras. La piedra de Oô, descubierta en los Pirineos centrales, en la región de Bagnères de Luchon, y conservada en el Museo de los Agustinos de Toulouse, que representa de forma burda a una mujer con una serpiente que sale de su sexo y muerde (o amamanta) un pecho, se ha relacionado, sin ninguna certeza, con esta leyenda. A su regreso, Heracles le construyó una tumba en las montañas, que tomó el nombre de Pyrene. Las leyendas posteriores suelen decir que los propios Pirineos fueron levantados por Hércules para convertirse en la tumba del Pyrène. Esta es la versión que Jean-Claude Pertuzé adaptó libremente y como el mismo dice “en douceur” en 1997 para las Éditions Loubatières. Los habitantes de Ariège ubican la tumba de Pyrène en la cueva de Lombrives, situada en la localidad de Ussat-les-Bains, donde, gracias a la imaginación de los guías, se puede admirar una estalagmita que representa su sepultura.

Existen, por supuesto, varias versiones de esta leyenda, pero quizás la más popular en la vertiente española sea la que reza que mucho tiempo atrás, Gerión derrotó a Túbal, rey de la península Ibérica. Gerión se enamoró de la hija de Tubal, Pyrene, una ninfa del bosque, que huye a los bosques de la llanura para esconderse. Gerión sabía que tenía que matar a la princesa para poder hacerse con el control total como nuevo rey de Hispania. La persigue llegando hasta la frontera con Francia. Al no encontrarla decide quemar todo ese vasto territorio. Hércules también enamorado de la joven fue a salvarla. Pero no pudo hacer nada por ella. La princesa moriría presa de las llamas. Destrozado y arrepentido por la pérdida, el héroe griego quiso darle sepultura en algún punto entre el valle de Benasque y el Valle de Aran, dando lugar a la cordillera que llevaría su nombre, los Pirineos. Pyros, palabra griega significa Fuego y Neos significa nuevo. Así pues, Pirineos significa Fuego Nuevo.

Tras la muerte de la ninfa, las nieves se apoderaron del valle, el agua empezó a correr y el verde se extendió por cada rincón. En ese momento, cientos de personas comenzaron a poblar los Pirineos, al igual que los gigantes que vieron en aquella ubicación, una morada irresistible. Uno de ellos fue Netú, un gigante cruel y malhumorado. Un día, Netú, con la ayuda de una flecha asesinó a Atland, descendiente de los antiguos atlantes quienes sostenían la tierra sobre sus hombros. Los dioses, al presenciar aquella escena decidieron someter al gigante y le lanzaron un rayo. Al instante, Netú, se desplomó sobre el valle, siendo sepultado por miles de rocas hasta crear el Aneto. Dicen que las nieves perpetuas del glaciar son las blancas barbas de Atland.

Que Netú quedó convertido en el pico del Aneto es la leyenda más popular de la zona, pero tiene, como todas, sus matices. Una versión añade una guerra entre los gigantes y el Olimpo. Al parecer, los gigantes se propusieron alcanzar la morada de los dioses y amontonaron tantas montañas como pudieron para llegar a ellos. Pero los dioses vencieron con la inestimable ayuda de Hércules. El caso es que los pocos gigantes que sobrevivieron a la ira de las divinidades se escondieron en las montañas de los Pirineos. Ese fue el caso de Netú, que estaría, entonces, de mal humor por esta guerra perdida. Habiendo fracasado como guerrero revolucionario, decidió convertirse en pastor. Y aquí empezaría su historia.

Netú: La Leyenda del Aneto de Carmen Castán es una obra publicada en patués, aranés y occitano, cuyo objetivo es poner en valor los aspectos comunes de varios territorios: Benasque, Viella, Luchón y Mijaran. Por un lado, como territorios pirenaicos transfronterizos, que comparten una similitud orográfica y una manera parecida de vivir. Por otro lado, se pone en valor la cultura oral (a través de una leyenda) y la lengua oficial de cada uno de los territorios que toman parte del proyecto, que son minoritarias, y que se tienen que cuidar y promover (benasqués, occitano y aranés). Y, finalmente, se remarca el espíritu de cooperación entre los tres socios trabajando de manera conjunta en el proyecto Interreg-POCTEFA[4] de difusión de sus territorios.

Pero quizás la leyenda más famosa sea la creación de la Brecha de Rolando, por ser este uno de los caballeros más reconocidos de su época gracias a su destreza, su porte arrogante y su extraordinaria bravura. Sobre el año 800 Roldán sobrino del Rey franco Carlomagno, se dirige a Zaragoza con el más poderoso ejército del siglo VIII, después del asedio a la ciudad de Zaragoza inicia su retirada. Cuentan que Carlomagno, al retornar hacia su patria a través de esta cordillera, sufrió varias emboscadas, y en la última, la retaguardia de su ejército fue aniquilada por los vascones en el Valle de Roncesvalles. Rolando luchó valerosamente contra sus enemigos, ayudándose de su lanza y su poderosa espada, pero fue finalmente derrotado. Malherido huyó cautelosamente hacia las tierras francesas perseguido por sus enemigos y consiguió llegar hasta el valle de Ordesa, hasta el último repecho de la montaña, desde donde pudo ver a sus perseguidores y comprendió que estaba atrapado. Sabiéndose muerto porque no podía hacer frente a sus rivales, decidió deshacerse de su poderosa espada para que no cayera en manos contrarias, y la lanzo con una sobrenatural fuerza al otro lado de la montaña haciendo llegar a su patria un último saludo de despedida. Fue tanta fuerza la que uso que la espada en vez de golpear la pared de piedra y caer al suelo, partió la montaña haciendo que se abriera una brecha de grandes proporciones. Cuentan los ancianos de la zona que, desde entonces, y en su honor, esta gran brecha y paso natural con Francia lleva su nombre.

2.2. Leyendas Históricas. -  Aquellas que han ocurrido en guerras o conquistas, como la que narra la Conquista del castillo de Alquézar por los cristianos. – Cuenta la Leyenda que el tirano rey moro Jalaf Ibn Rasid, durante su reinado en Alquézar Huesca y el vasto territorio del Somontano exigía a la población cristiana del contorno llamado tributo de las doncellas. Hasta que un día, una joven vecina del pueblo de Buera, tan valiente como hermosa decidió tomarse la venganza por su mano. A su señal, los cristianos atacarían la fortaleza castillo de Alquézar y así vencerían a los moros sin dificultad. Todos intentaron persuadirla de que su encrucijada era una locura. Pero la valiente y hermosa joven al caer la noche se vistió con sus telas más sutiles. Se recogió el pelo con una peineta bien afilada y se fue al castillo para ofrecerse al Rey moro. Una vez presentada, el rey Jalaf Ibn Rasid embriagado por el vino de la cena, sucumbió ante la belleza de la hermosa joven. Después de poseerla y gracias al vino ingerido, el rey se quedó dormido. En ese instante la joven aprovechó para clavarle la afilada peineta en el corazón. Con la sangre derramada mojó un pañuelo blanco que mostró por la ventana. Esta era la señal que esperaban los cristianos para atacar el castillo. Tal fue el desconcierto de los musulmanes que, antes de ser apresados por los cristianos, decidieron precipitarse por los acantilados hasta el fondo del barranco, a lomos de sus caballos a los que habían vendado los ojos. Dicen que las almas de los soldados moros vagan por los barrancos de Alquézar y que algunas noches se pueden escuchar sus gritos de agonía.

2.3. Leyendas escatológicas. -  Aquellas que nos hablan de seres del inframundo, brujas y demonios son las más habituales. Respecto a estas primeras, tanto el Pirineo Francés como español está repleto de historias relacionadas con estas malvadas mujeres. El antropólogo español José Dueso ha realizado un trabajo de recopilación de relatos encomiable y obviamente también de escritura. En su obra Leyendas de brujas en el Pirineo fantástico ha sabido transmitir como nadie los ambientes, las atmósferas y el miedo a lo sobrenatural sin perder el punto esencial de la leyenda. Ninguno de sus relatos se repite y ha sabido darnos no solo un conjunto de leyendas orales sin igual, sino además un viaje maravilloso por ese lugar de magia que son los Pirineos.

Dicen que las brujas del Pirineo son las más grandes brujas de todos los tiempos, las verdaderas brujas, y que todas las demás son solo pobres imitaciones de ellas. Dicen, también, que las pirenaicas fueron las primeras brujas de Occidente, las que se entregaron al diablo en figura de macho cabrío cuando nadie todavía lo había hecho y las que inventaron el aquelarre, las que antes se convirtieron en gatos negros, las que descubrieron el vuelo en escobas y, por supuesto, las pioneras en dar con sus pobres huesos en las hogueras encendidas por las inquisiciones de turno. Además, dicen que del Pirineo se extendieron como una mancha de aceite por Europa, hacia el norte, y por la península ibérica, hacia el sur. Pero, sabido es, del mismo modo, que se dicen tantas y tantas cosas… (Leyendas de brujas en el Pirineo fantástico, José Dueso).

 

La prueba fehaciente de que estas creencias estaban bien arraigadas en esta zona es la cantidad de “espantabrujas” que se pueden ver todavía en las casas. Son unos elementos pétreos, a menudo figurados, a los que tradicionalmente se han atribuido funciones protectoras. Según esta visión, los ‘espantabrujas” cumplirían la función de impedir la entrada de “malos espíritus” en la vivienda a través de la encumbrada chimenea. Y para proteger las puertas, la gente colocaba en las casas las cardinchas (flor de forma solar).

Las brujas del Pirineo se reunían siempre en las cimas de las montañas. Aquí encendían hogueras y realizaban aquelarres para venerar al diablo, que tomaba forma de macho cabrío. Después, regresaban a los pueblos para hacer maldades.

Por el tubo de la chimenea bajamos nosotras, cuando por las noches todos duermen en las casas; nos acercamos a la cama de la virgen y entibiamos sus sueños con imágenes obscenas que la angustian, engañamos al marido con los celos, después de tentar a la esposa con el adulterio, y antes de marcharnos matamos a los animales en los establos (Dueso, 2015: 145)

 

La historia más famosa de la brujería en España la encontramos en el Pirineo navarro con las brujas de Zugarramurdi. La caza de brujas se desató en él a principios del siglo XVII. Terminó con un auto de fe redactado por la Inquisición que condenó a morir en la hoguera a once personas acusadas de brujería y prácticas satánicas.

2.4. Leyendas Rurales. -  Sobre todo en los Pirineos vamos a encontrar este tipo de relatos. Cada región o zona tiene un tipo determinado de mitos o creencias. Así pues, veremos que estas historias son muy diferentes dependiendo en el Pirineo que nos encontremos. En el Pirineo Navarro y Vasco son muy típicas las historias del Basajaun. En el Pirineo Navarro también son especialmente conocidas las de brujas o todo lo relacionado con ellas. Y en el Pirineo Catalán de cómo se formaron algunos pueblos. 

Una de las leyendas más conocidas de la región de Aragón es “la leyenda de la mujer serpiente”. Cuenta la leyenda siresana que un pastor se hallaba cuidando su rebaño cuando descubrió una cueva y penetró en su interior. Allí descubrió a una mujer que tenía cuerpo de serpiente y que se estaba peinando frente a un espejo. A su lado había una gran cantidad de tesoros entre los que figuraba un deslumbrante cáliz, que la leyenda designa como El Santo Grial. El pastor se adentró en el interior disimuladamente, y aprovechando un descuido de la mujer, (o mora, o bruja, como también se la denomina), se hizo con la brillante joya y salió huyendo del lugar. Pero fue descubierto por su poseedora, que no dudó en salir tras él. El pastor, atemorizado, corrió hasta la iglesia de San Pedro de Siresa y pidió al santo que le abriera las puertas y que le diera su protección, como así fue. Las puertas se abrieron, entró el pastor en el interior del templo y éstas volvieron a cerrarse. La perseguidora, viéndose burlada, dio contra el pórtico un enorme coletazo y quedó para siempre convertida en piedra. Su huella quedó marcada en uno de los sillares, probablemente un fósil del corredor de entrada. Se dice que en un hueco abierto en el altar mayor de la iglesia se depositó el Santo Grial, leyenda que nunca ha sido olvidada, sino que permanece en la memoria viva de los habitantes de Siresa y de toda la región.

La riqueza de la leyenda pirenaica como podemos ver es extrema. Basta con hojear el Guide des Pyrénées mystérieuses de Bernard Duhourcau, Le Panthéon pyrénéen de Olivier de Marliave y Jean-Claude Pertuzé, Aragón Legendario de Juan Dominguez Lasierra o 50 lugares mágicos de los Pirineos de Carlos Ollés Estopiñá, para convencerse.

 

3. CUENTOS POPULARES O FOLKLÓRICOS

Existen diferencias notables entre las leyendas y los cuentos populares o folklóricos. Ambos presentan una gran similitud, tanto que con mucha frecuencia se presentan conjuntamente publicados. La leyenda, como hemos visto, tiene unos trazos históricos y geográficos evidentes al situar los hechos en lugares más o menos localizables que son protagonizados por personajes históricos o acompañantes de los mismos que bien pudieron existir (Tenéze, 1969).

Por el contrario, nos encontramos con un cuento cuando no hay referencia geográfica identificable alguna, los hechos suceden en un bosque, en el mar, o en el castillo encumbrado de un país muy lejano, y tampoco es posible la identificación de los personajes que suelen ser indefinidos: un rey, un labrador, un pescador, etc., y, a veces, son calificados con adjetivos comunes: el hermano mayor, el hermano menor; el más diligente o perezoso; a lo sumo sus nombres, cuando aparecen, son los comunes de la zona geográfica donde se recopilaron, muchas veces sirviendo para dar título al cuento: Pedro el de Malas, Juan el Oso que veremos más adelante.

Según Juan Domínguez Lasierra, el cuento “es pintura de tipos, de caracteres, de usos, de ambiente, de paisajes, un trozo de vida llevado al papel, como el pintor lo lleva al lienzo”. Para Julio Camarena el cuento es “una obra en prosa, de creación colectiva, que narra sucesos ficticios y que vive en la tradición oral variando continuamente” (1995:31). En los cuentos folklóricos del Pirineo encontramos toda una serie de seres fantásticos y personajes comunes en toda la cordillera, pese a sus diversas denominaciones. Así, por ejemplo, encontraremos historias de fadas (hadas), moras, donas d’aigua, lamias, lavanderas (todos ellos personajes femeninos no humanos, de gran belleza, con poderes mágicos y relacionadas con la naturaleza o el agua), brujas (denominación genérica para referirse a seres fantásticos o mágicos), duendes (responden a muchas caracterizaciones; presentan un reducido tamaño, son traviesos y juguetones) y dragones (animales fantásticos), árboles mágicos o espíritus de la montaña.

Son muchos los escritores que han dedicado su tiempo y su obra a la recopilación de estas tradiciones orales en forma de cuentos. Además del citado Juan Domínguez Lasierra (1943-), destacan Rafael Andolz (Jaca, 1926 - Huesca, 1998) con sus libros “Leyendas del Pirineo” (1994), “Cuentos del Pirineo para niños y adultos” (1995), “El Pirineo. Cuéntamelo, yayo” (1997) o “Marieta” (1998); Eusebio Blasco Soler (Zaragoza 1844, Madrid 1903) con sus “Cuentos aragoneses”; Jacint Verdaguer (1845-1902) en Cataluña y su famosa obra “Canigó. Llegenda pirenaica del temps de la Reconquista” (1886), Felix Arnaudin (1844-1921) en las Landas, Eugène Cordier (1823-1870) en Bigorre, Horace Chauve (1873-1962) en el Roussillon, entre muchos otros; todos estos escritores “nos permiten hoy revivir este mundo imaginario, todavía marcado por una locura juvenil y una libertad que nos sorprende” (Cosem 2017: 7).

Existen varias obras que recopilan estos cuentos folklóricos, entre los que destacamos Pirineo, un país de cuento (2003), obra que recopila a una treintena de escritores de toda la cordillera (vascos, aragoneses, catalanes y occitanos) y un mosaico de historias que beben de las fuentes de la tradición oral, del universo legendario y mítico, o de la realidad casi siempre dramática de anónimos personajes. De la chaminera al tejao. Antología de cuentos folklóricos aragoneses (2010), en dos volúmenes que Carlos González y Pep Bruno han recopilado y editado dentro de la colección Tierra Oral de la editorial Palabras del candil, de Guadalajara, con historias recogidas de la tradición oral y rural. En ellos se incluyen cuentos folklóricos recopilados por los principales investigadores de este género en las diversas variedades de sus tres lenguas y ordenados por González conforme el Índice Internacional del Cuento Tipo. En el primer volumen encontramos cuentos de animales, que siguen la tradición de las fábulas, maravillosos o de hadas, religiosos, y cuentos novela. En el segundo, aparecen los cuentos del ogro estúpido, cuentos de fórmula y de brujas, y chistes y anécdotas, el subgénero más popular en Aragón, España y el resto del mundo.

No podemos cerrar este capítulo sin hacer mención del cuento quizás más conocido que se puede encontrar a lo largo de la cadena montañosa y este no es otro que Jean de l'Ours. Mientras el oso desaparecía paulatinamente de los bosques europeos, este animal seguía muy presente en los Pirineos: animal salvaje temido y cazado, tanto depredador como presa. En toda esta cordillera, como en otros países y en varias lenguas, desde el Juan Artz o Xan de l'Ours de los vascos hasta el Joan de l'Ós catalán, encontramos la historia de un niño peludo nacido del apareamiento de un oso y una mujer. Esta historia refleja el papel mitológico que desempeñaba el oso, vinculado a la fertilidad, tanto en Europa como en el resto del mundo. A través de él, se revela un poco del alma pirenaica: el origen oscuro e incierto del héroe, hijo de una bestia que rondaba tanto la imaginación como la vida cotidiana de los habitantes del lugar. También esa necesidad de huir: todos los pueblos carecían de recursos suficientes para alimentar a sus hijos. Además, la experiencia de la vida y la constatación de que la fuerza no era suficiente, que había que ser astuto y quizás más emprendedor, inteligente. Jean de l'Ours es, sin duda, el cuento que más éxito ha tenido gracias a los almanaques. La mitología vasca a veces equipara a Juan el Oso con Basajaun o Baxajaun, personaje mítico que hemos visto precedentemente.

 

Conclusión

Los Pirineos no forman un conjunto coherente y uniforme. Cada valle alto se comunica más fácilmente con las tierras bajas que con su vecino fronterizo. Como cuando los habitantes cruzaban para ir a las ferias e incluso al exilio. Pero es cierto que la geografía impone a las personas actitudes, formas de concebir el mundo e incluso sueños similares. Un agricultor o un pastor de Aragón se siente igualmente unido a su primo de la región de Ariège. A ambos lados de la cadena, las ideas no han dejado nunca de circular, ni de fluir. Así que podemos considerar que existe un conjunto cultural pirenaico con, por supuesto, especificidades pertenecientes a otras culturas como pueden ser las vascas y las catalanas.

Y aunque se hayan extinguido las antiguas veladas que al calor del hogar alimentaban los mitos, leyendas y cuentos, otras formas de convivencia están naciendo y estamos seguros de que la larga historia de los cuentos y las leyendas del Pirineo no ha llegado todavía a su fin.

Bibliografía

Abarca, Alberto y de Meer, Mariano, La leyenda del Aneto, Editorial Pirineo.

Blasco Soler, Eusebio, Cuentos aragoneses, Zaragoza : Taula, D.L. 2013.

Camarena Laucirica, Julio, “El cuento popular”. Anthropos: Boletín de información y documentación, Nº 166-167, 1995.

Cordier, Eugène, Les Légendes des Hautes-Pyrénées, Association Guillaume Mauran, Tarbes, 1986.

Cosem, Michel, Les plus beaux contes des Pyrénées, Éditions Cairn, 2017.

Dominguez Lasierra, Aragón Legendario, Editorial DELSAN, 2009.

Marliave, Olivier de, Panthéon Pyrénéen, illustrations de Jean-Claude Pertuzé, Toulouse: Éditions Loubatières, octobre 1990.

Marliave, Olivier de, Trésor de la mythologie pyrénéenne. Éditions Esper (Toulouse), 1987, éditions Sud Ouest, 1996

Pertuzé, Jean-Claude, Pyrène, (texte et illustration), éd. Loubatières, 1997.

Pertuzé, Jean-Claude Les chants de Pyrène, éditions Loubatières, 4 vol., 1981-1984, rééd. intégrale 2003 (BD)

R. Almodovar, A., Cuentos maravillosos españoles. Ed. Crítica (Grijalbo). Barcelona, 1982.

Tenéze, M. L. (1969) : « Introduction à l’étude de la littérature orale : le conte », Annales Economie, Societé, Civilisations, 24

UNESCO, Convención para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. 2003. URL: <http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001325/132540s.pdf>



[2] Pyrene, en griego antiguo Πυρήνη / Pyrḗnē, es la hija de Bebryx, el héroe epónimo de los Bebryces, pueblo que la mitología, que no es geógrafa, sitúa en Bitinia.

[3] Silius Italicus, Punica, Les Belles Lettres, Paris, 1979, p. 86-88.

[4] Interreg surgió en el año 1990 para cofinanciar proyectos de cooperación transfronteriza. Con el paso de los años se ha convertido también en un instrumento de financiación de programas de cooperación transnacionales e interregionales.

Sylvain Tesson : esthétique du retrait et écologie existentielle face à l’épuisement occidental

  Résumé L’œuvre de Sylvain Tesson peut être lue comme une réponse littéraire aux tensions écologiques et existentielles qui traversent l’Oc...