sábado, 19 de septiembre de 2009

La ciudad de París en la vida y obra de Charles Ferdinand Ramuz


Resumen

Con el pretexto de comenzar una tesis sobre Maurice de Guérin, C. F. Ramuz viaja a París. Para el futuro escritor, seguro ya de su vocación, París representa la ciudad en la que se imprimen, se leen, se escriben, se conservan y se honran los libros. Además, en París se habla el mejor francés, el verdadero, el que hablaban Racine, Baudelaire, Mallarmé, el de la corte, el de la calle. Su primera estancia será breve, sólo durará seis meses: de octubre de 1900 a abril de 1901, tiempo que Ramuz aprovecha para trabajar en su pequeña habitación del Hotel Odeón y para visitar museos y galerias. Ramuz vaga solitario por las calles, fascinado por el espectáculo que ofrece la ciudad.

Palabras clave: Ramuz, francofonía, literatura suiza de expresión francesa, París.

Title: The city of Paris in the life and works of Charles Ferdinand Ramuz
Titre: La ville de Paris dans la vie et l'oeuvre de Charles Ferdinand Ramuz

Résumé

Sous prétexte de rédiger une thèse sur Maurice de Guérin, thèse qui ne verra jamais le jour, C. F. Ramuz voyage à Paris. Pour le futur écrivain, sûr déjà de sa vocation, Paris représente la ville où l’on imprime, on lit, on écrit, on garde et on rend hommage aux livres. En outre, à Paris on parle le meilleur français, le véritable, celui qui parlait Racine, Baudelaire, Mallarmé, celui de la cour, celui de la rue. Son premier séjour sera bref, il restera six mois : d’octobre 1900 à avril 1901. Ramuz consacre son temps à travailler dans sa petite chambre de l’Hôtel Odéon et à visiter des musées et des galeries. Il déambule solitaire dans les rues, fasciné par le spectacle de la ville.

Mots clés: Ramúz, francophonie, littérature romande, Paris.

Índice
1. París en la vida de C. F. Ramuz
2. “Aimé Pache” y “Samuel Belet” en París
3. Conclusión

LÓPEZ MÚJICA, Montserrat (2009): “La ciudad de París en la vida y obra de Charles Ferdinand Ramuz” [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, núm. 0. En:Vista de La ciudad de París en la vida y obra de Charles Ferdinand Ramuz. ISSN: 1989-4015

lunes, 11 de mayo de 2009

LA IDENTIDAD LITERARIA DE LA SUIZA FRANCÓFONA


Resumen

¿Qué lugar ocupa la literatura suiza de expresión francesa en el mundo literario francófono? ¿Cómo se define dicha literatura suiza de expresión francesa? La expresión littérature romande aparece con bastante frecuencia en los currículos académicos como una etiqueta que sirve para nombrar un específico campo de estudio. Pero ¿qué encierra o más bien qué intenta mostrar esta terminología? En otros términos, ¿cuál es su especificidad?

 

 La identidad literaria asienta sus bases sobre una identidad lingüística. En este aspecto, Suiza representa un desafío, ya que al ser una nación cuatrilingüe, su literatura se dispersa rápidamente para unirse a las grandes literaturas nacionales lingüísticas que le rodean (Francia, Alemania, Italia). Se adelanta así a ese movimiento que surge en el siglo XIX, y sobre todo en el siglo XX, que establece las literaturas nacionales independientes a la lengua en la que son escritas. Ya no se habla de una literatura anglófona, sino de una literatura inglesa, americana, canadiense, irlandesa. Esto mismo ocurre con la literatura o las literaturas de expresión francesa del ámbito francófono (Bélgica, Suiza, Québec, paises africanos, etc). Daniel Maggetti, en su tesis L’Invention de la littérature romande, afirma que la expresión littérature romande no se impone –con relación a sus homólogas littérature romane, littérature de Suisse française o littérature française de Suisse– hasta finales del siglo XIX, coincidiendo con un surgimiento de sentimientos nacionalistas en los cantones francófonos. Dicha expresión sirve en la actualidad para diferenciar la literatura suiza de expresión francesa de la literatura de expresión alemana. También es cierto que las obras de escritores de la talla de Frisch, Dürrenmatt, Hohl, Muschg, Zorn, Nizon, etc., son bastantes conocidas en el mundo literario internacional, mientras que las obras de los autores francófonos, a excepción de C.F. Ramuz y Jacques Chessex, apenas traspasan las fronteras suizas. Pero como dijo Ramuz, la literatura romande debe definirse, sobre todo, respecto a la literatura francesa de Francia. La producción llamémosla periférica pretende así distinguirse de la del centro parisino desde que, en el Discours sur les sciences et les arts (1750), Rousseau se proclamara ciudadano de Ginebra, aunque cediendo contradictoriamente al mismo tiempo a la fascinación del modelo parisino. También Amiel en su tesis de 1849 Du mouvement littéraire dans la Suisse romane et de son avenir, afirmaba que la palabra romande sería más conveniente que romane para definir esta literatura, y aunque era consciente de que por aquel entonces todavía no existía como tal, opinaba que dicha literatura “puede” y “debe” convertirse en una realidad. Esta visión de la literatura romande no se puede separar del profundo sentimiento de identidad de la minoría francófona, que defiende activamente sus intereses culturales autóctonos. Sin embargo, junto a ese deseo por encontrar una identidad propia romande se opone la tendencia inversa, universalista por vocación. Muchos escritores prefieren una apertura cosmopolita, favorecida por la riqueza multicultural y políglota de un país situado en el centro de Europa, y que siempre ha acogido a intelectuales, artistas y escritores del mundo entero a lo largo de su historia.

 

Sobre la existencia de una literatura suiza de expresión francesa

Es evidente que una literatura suiza de expresión francesa existe en la actualidad. Las numerosas editoriales y la abundante producción de libros que allí se dan son ya prueba suficiente para confirmar dicha realidad. La Suiza francófona es tierra de escritura y de escritores. Y aunque en la actualidad, su exposición mediática parece limitada, su pluralidad y su riqueza son innegables. La publicación de revistas, lecturas, concursos y páginas de Internet[i] lo demuestran plenamente. Se escribe, se publica, alimentando el sueño de una literatura suiza de expresión francesa.

Sin embargo, lo que verdaderamente permite tener presente esta diversidad literaria no se encuentra plasmado en cifras o en estadísticas, sino más bien en palabras. En efecto, la lengua es la que reúne bajo una misma bandera a toda la producción de la Suiza francófona. Una lengua francesa que los escritores han ido apropiándose con el paso de los años; y aunque con esta apropiación persigan objetivos diferentes, siempre se ha puesto especial interés en desbaratar el academismo de la lengua de la escuela, cuyo ritmo venía dado por la gramática y los diccionarios. Citaremos aquí las figuras tutelares de la literatura suiza de expresión francesa, aquellos autores que se atrevieron a escribir una lengua francesa diferente del francés dictado por París: Jean-Jacques Rousseau (el Ginebrino) y C.F. Ramuz (el Vaudois). El deseo de ambos era escribir una lengua más musical y su atrevimiento lo pagaron con las duras críticas provenientes de la capital del hexágono. En su lengua reside pues la originalidad propia de su escritura, en esa búsqueda por hacer más popular la lengua oral y – sobre todo – el ritmo de un habla propio de aquel lugar. Escribir sobre las cosas de su región de Vaud, como concluye Ramuz en su obra Raison d’être. Nadie mejor que él podría resumir la situación que vivía la literatura suiza de expresión francesa en aquella época:

Je suis heureux d’être Vaudois ; je suis même fier d’être Vaudois. Mais c’est un pays tout petit, c’est pourquoi on ne le connaît pas, de même qu’on ne connaît guère mieux la Suisse “romande” ou “française” dont il fait partie, parce qu’elle n’est pas très grande, elle non plus, ne comptant guère que 800.000 habitants ; et, lui, le canton de Vaud, 300.000. On ne la connaît en  “littérature” et dans son passé, grâce à un ou deux de ses ressortissants ou de ses représentants, dont Rousseau, qui est Genevois, et Benjamin Constant, qui est de Lausanne, mais qui ne sont plus l’un et l’autre que des entités, des entités littéraires, ou, pis encore, “idéologiques”, très étroitement rattachées, sinon complètement incorporées, à la masse globale des écrivains français. Pour nous autres, leurs successeurs, et pas seulement ceux qui écrivent, on nous ignore, ou à peu près (Ramuz, 1968: XII, 242-243).

 

Desde entonces, la situación parece no haber cambiado. En la actualidad, la literatura suiza de expresión francesa continúa siendo una gran desconocida para la mayor parte de los lectores francófonos. Escritores de la talla de Ramuz o Chappaz son, hoy en día, poco leídos en Francia y sus obras escasamente difundidas en las librerías parisinas. Existen secciones de literatura belga, canadiense, norteafricana, pero los pocos autores suizos que pueden encontrarse todavía, o están perdidos en la sección general de literatura francesa, o no son más que un pedido que hay que realizar con mucha antelación.

Existe, sin embargo, en estos últimos años, un interés creciente sobre los estudios de la literatura suiza de expresión francesa que contribuye a colmar numerosas lagunas obvias. Historias literarias y diccionarios de autores vienen a confirmar la existencia de un hecho cultural y social que a partir de ahora será innegable, pero cuya pertinencia, según una gran parte de la doxa crítica, continúa siendo desgraciadamente limitada. Desde la Universidad de Lausana (la única universidad en Suiza que ofrece sistemáticamente clases de literatura suiza de expresión francesa) y desde su Centre de recherches sur les lettres romandes (CRLR) [ii] se trabaja desde hace años para sacar del anonimato la literatura suiza de expresión francesa. La universidad fomenta su enseñanza, integrada en los tres ciclos de estudios franceses; y en el CRLR se llevan a cabo proyectos y trabajos de investigación sobre escritores y artistas suizos de expresión francesa. Se trata principalmente, de publicaciones de cartas y documentos autobiográficos que permiten estudiar y presentar el contexto histórico y cultural de los autores estudiados y de sus obras. Han trabajado evidentemente sobre C.F. Ramuz, pero también sobre Alexandre Cingria, Guy de Pourtalès, Charles-Albert Cingria, Gustave Roud, el pintor René Auberjonois, el músico Ernest Bloch y Felix Valloton. Pero quizás su proyecto más ambicioso, tras la publicación de las veintidós novelas de Ramuz para la Biblioteca de La Pléiade en octubre de 2005, sea en la actualidad, la edición crítica de sus Obras Completas para las ediciones Slatkine, de la que ya han aparecido varios tomos.

Todavía son numerosos los tópicos que tienen que desaparecer sobre esta littérature romande, entre los cuales destacamos el de encasillarla dentro de las literaturas regionales. A lo largo de las últimas décadas muchos fueron los que quisieron incluso ignorar a aquellos autores que con su esfuerzo habían logrado que esta literatura se reconociera como tal. Históricamente, la naturalización francesa de oficio vino a recompensar a estos escritores de origen suizo, - Cendrars, Cingria, Ramuz y por qué no Rousseau – que al trasladarse al hexágono, pagaron su ascensión a la universalidad con la supresión de sus orígenes. El resultado de este ascenso fue el nombramiento inapelable de regionalismo, afectando también a todo el resto de la producción suiza de expresión francesa. El círculo vicioso parecía pues inevitable. La elección final para la literatura suiza de expresión francesa - aquélla que no se englobó en la producción francesa - parecía así permanecer entre la inexistencia y la insignificancia. Hoy en día, se le concede un grado modesto de importancia, es decir, el favor de una supervivencia eternamente marginal a la sombra de esta entidad masiva y determinante que es la literatura francesa.

 

Según muchos críticos literarios, la literatura suiza de expresión francesa sería pues, desde Amiel hasta Ramuz, desde Edouard Roud hasta Jacques Chessex, la expresión del enraizamiento a la tierra, del aislamiento en la montaña y de la introspección. Sin embargo, olvidan una dimensión fundamental en el imaginario suizo: la evasión. Cuando consultamos las biografías de la nueva generación, nos sorprende ver el número de autores que viven a caballo entre dos países o que han pasado una parte de su vida en el extranjero. Lo que podría resultar puramente anecdótico si no fuera porque esa atracción hacia otros lugares se convierte en un componente esencial de su obra literaria. La apertura al mundo podría ser la clave de una nueva identidad nacional, fundada sobre el multiculturalismo. Los jóvenes escritores reivindican la complejidad y el plurilingüismo de su país, en una Suiza en la que se hablan cuatro lenguas y en la que las fronteras interiores, ya sean administrativas, lingüísticas o religiosas nunca se retocan.

Además, existe también la cuestión de la integración de esos escritores, suizos de adopción, ya sean francófonos de origen (Cohen) o no (Kristoff), a esta literatura romande. En el caso del poeta y ensayista Georges Haldas, nacido en Ginebra en 1917, de padres extranjeros, pero formado en Suiza y totalmente implicado en la vida literaria del país, la cuestión no se plantea. Sin embargo, la situación de Albert Cohen es más delicada: nació en Corfú, emigró a Francia, y después se instaló en Ginebra como alto funcionario internacional convirtiéndose en ciudadano suizo. Aunque la inspiración, el truculento estilo oral de Solal (1930), de Mangeclous (1938) o de Belle du Seigneur (1968) no puedan compararse a Jacques Chessex o a Maurice Chappaz, y se identifique más bien a una tradición oriental, sus novelas tratan temas sobre Suiza, y en ellas se confrontan personajes judíos sefardíes con personajes de la burguesía protestante ginebrina. Otro caso particular es el de Agota Kristof (Le Grand Cahier, 1986), emigrada de Hungría, se instala en Neuchâtel y se convierte en escritora de lengua francesa. No parece sin embargo identificarse a ninguna tradición suiza de expresión francesa (tampoco húngara), aunque su última novela Hier (1995) se sitúe en una ciudad anónima que podría ser la misma Neuchâtel.

 

Realmente nada es sencillo en Suiza. Los siete millones de helvéticos hablan alemán, francés, italiano y eventualmente romanche, lengua utilizada por 60 000 habitantes y que no fue reconocida hasta finales de los años treinta. Cada región linguística posee su lote de editoriales. En la Suiza francófona, los cuatro editores principales - Zoé, L'Aire, Campiche y L'Age d'homme - publican autores suizos de expresión francesa pero igualmente traducen escritores alemánicos, tesinos o romanches. L'Age d'homme es la única editorial que se encuentra bien establecida en Francia; las restantes, Zoé, L'Aire y Campiche, confiesan sobrevivir en un peligroso equilibrio económico. El mercado suizo de expresión francesa representa menos de dos millones de personas, por eso resulta indispensable difundir sus publicaciones en Francia. Aunque para ello hay que contar con un factor importante: la curiosidad de los lectores franceses por descubrir esta literatura vecina. A excepción de Nicolas Bouvier, cuyo origen suizo se suele olvidar, siempre se ha etiquetado a los autores suizos de provincianos, e incluso de regionalistas. Hoy sorprenden por su modernidad.

Sin embargo, esta modernidad no es nueva. Ya en 1970, una cincuentena de autores de ideología de izquierda decide, por razones políticas, desolidarizarse de la Sociedad Suiza de escritores y crear el grupo conocido con el nombre de “Olten”[iii]. Entre los miembros fundadores de dicho grupo se encuentran nombres tan conocidos como Friedrich Dürrenmatt y Adolf Muschg. Este último no ha perdido nada de su inspiración contestataria. Su impetuosa obra Cinq discours d'un Suisse à sa nation qui n'en est pas une – cuyo título nos hace pensar en Une province qui n’en est pas une de Ramuz – anima a sus conciudadanos a una nueva revisión y a una saludable discusión sobre el país y su historia. Anne-Lise Grobéty se unió también muy pronto al grupo de Olten. En 1970, recién cumplidos sus dieciocho años, publicó en Ginebra una novela que provocó el efecto de una bomba. Pour mourir en février es una obra feminista que aborda el malestar de la juventud y la homosexualidad feminina, con una escritura innovadora y desestabilizante. Considerado un escritor moderno y comprometido, Giovanni Orelli, es uno de los más importantes autores suizos de expresión italiana. Una de sus obras más recientes, Le rêve de Walacek, que presenta una estructura compleja y desconcertante, tiene como punto de partida la emoción que nace de la contemplación de un cuadro de Klee visto en el museo de Berna.

Casi cuarenta años después, el trabajo iniciado por estos contestatarios parece haber dado sus frutos. Los autores más jóvenes no cesan de sorprender por su formal osadía, su originalidad y la violencia de sus temas. Sin embargo, resulta imposible catalogarles dentro de una misma escuela. No se parecen entre ellos, no evolucionan en el mismo ambiente cultural y lingüístico. La mayor parte ni siquiera se han encontrado, ni leído. Con respecto a este tema, Michel Layaz, joven escritor francófono que vive entre Lausana y París, estima que sería judicioso y lógico que cada novela publicada en Suiza fuese traducida a todas las lenguas nacionales, con el fin de que pudiera ser leída en todo el país.

 

Hace ya algún tiempo, bastante lejano, la literatura suiza de expresión francesa gozaba de buena prensa. Pero eso ocurrió hace un siglo, cuando en los Cahiers Vaudois, Ramuz y sus amigos posaron las bases de una literatura que no se centraba únicamente en París, sino que estaba abierta a las cuestiones de la lengua y de la identidad suiza de expresión francesa. Aunque breve, la existencia de los Cahiers Vaudois suscitó un entusiasmo extraordinario e hizo correr mucha tinta en la prensa de la época (Ramuz escribía por entonces en La Gazette de Lausanne).

Tras un largo silencio, la literatura suiza de expresión francesa conocerá una segunda juventud durante los años 1960-1970, gracias a editores osados y valientes como Bertil Galland (1931- ), que inicia su carrera de editor, primero tomando la dirección de los “Cahiers de la Renaissances vaudois” (1953-1971) y después creando su propia casa editorial con el distintivo de su apellido (1971) con la que portará muy alto los colores de la literatura suiza de expresión francesa. Otro editor importante fue Vladimir Dimitrijevic, poseedor de una librería en Neuchâtel primero y en Lausana después, refugiado político de origen serbio que fundará en 1966 las ediciones L’Age d’Homme. Recordemos aquí la inaudita floración de talentos tan diversos y singulares que aparecen en este periodo, entre los que destacamos a Jean-Marc Lovay, Anne Cunneo, Alexandre Voisard, Jean Vuilleumier, Nicolas Bouvier, Corinna Bille, por citar algunos de ellos. En esta época, en la que el debate entre la protesta y la tradición era tan importante, en el que se oponían los defensores de una literatura de la patria y todos aquellos que defendían una apertura más amplia sobre el mundo, la literatura de expresión francesa no tenía muy buena prensa, pero al menos se escribía sobre ella en las columnas de los periódicos. Suscitaba polémicas y debates, asustaba a las almas más sensibles, aterrorizaba a los censores; en una palabra, estaba viva.

Hoy en día, mucho han cambiado las cosas en la Suiza francófona. Se publica casi diez veces más de libros que en la época de los “Cahiers Vaudois” o de las Ediciones Bertil Galland. Y los talentos están ahí, con cada reapertura literaria, para suscitar la irritación o el entusiasmo, la admiración, los gritos de revuelta o de genio, o simplemente el reconocimiento.

Pero, como dice Jean-Michel Olivier, desgraciadamente, nadie los lee. Porque hoy, después de haber tenido una buena y una mala prensa, la literatura suiza de expresión francesa no tiene prensa de ningún tipo. Se podría contar con los dedos de una sola mano los periódicos que dedican algunas líneas a la sección literaria. A excepción de la excelente página “livres” publicada todos los martes en 24Heures, gracias a Jean-Louis Kuffer; la página del sábado del diario La Liberté, dirigido por Jacques Sterchi y del Quotidien Jurassien, realizado por Bernadette Richard, además de las páginas literarias del suplemento semanal de Temps y, por supuesto, el indispensable Passe Muraille publicado en Lausana, el resto de la publicaciones no dedican ninguna sección a la literatura. Tampoco lo hace la televisión. Mientras que las cadenas francesas presentan multitud de programas literarios: Vol de nuit en TF1, Campus en F2, Culture et dépendances en F3, el excelente programa Droits d’auteurs en ARTE, la TSR no dedica espacio televisivo alguno a la literatura suiza de expresion francesa.

Este silencio literario sólo se rompe gracias a Internet. La multiplicación de páginas web, las conexiones, los intercambios, los contactos, los encuentros, son posibles gracias a este nuevo medio de comunicación que permite circular, a un bajo coste, muchas informaciones (lo que los periódicos, por falta de espacio, no pueden hacer); que permite no sólo mantener un contacto entre lectores y autores, sino también entre los propios lectores interesados en una obra (bibliotecas, librerias, editores, imprentas, etc). Internet ha traspasado las fronteras y las lenguas, y ninguna censura parece paralizarla.

 

Bibliografía

 

AMIEL, Henri-Frédéric (1849) : Du mouvement littéraire dans la Suisse romane et de son avenir. Impr. Carey. Genève.

COHEN, Albert (1930): Solal, Col. Folio, Gallimard, Paris (1981)

COHEN, Albert (1938): Mangeclous, Col. Folio, Gallimard, Paris (1980).

COHEN, Albert (1968): Belle du Seigneur, Col. Folio, Gallimard, Paris (1998).

FRANCILLON, Roger (1996-1999): Histoire de la littérature en Suisse romande, Payot, Lausanne.

GROBETY, Anne-Lise (1970), Pour mourir en février, L'Age d'Homme, Lausana (1990).

KRISTOF, Agota (1986), Le Grand Cahier, Editions du Seuil, Paris (1995)

KRISTOF, Agota (1995), Hier, Seuil, París (1996)

MAGGETTI, Daniel (1986) : L’Invention de la littérature romande, Payot, Lausanne.

MUSCHG, Adolf (1997), Cinq discours d’un Suisse à sa nation qui n’en est pas une (Wenn Auschwitz in der Schweiz liegt), trad. Etienne Barilier, Editions Zoé, Genève/Carouge.

ORELLI, Giovanni (1998) Le rêve de Walacek, Col. L’Arpenteur, Gallimard, Paris.

RAMUZ, C. F. (1968) : « Raison d’être » dans Œuvres Complètes XII, Ed. Rencontre, Lausanne.

RAMUZ, C. F. (1968) : « Lettre à Bernard Grasset » dans Œuvres Complètes XII, Ed. Rencontre, Lausanne.

ROUSSEAU, J.J (1750) : Discours sur les sciences et les arts. Livre de Poche, Paris, 2004.



Notas

 

[i] Sobre la vida cultural de la Suiza francófona ver: www.culturactif.ch. El Centre de recherches sur les lettres romandes posee también su propia página web, unida a la de la Universidad de Lausana: www.unil.ch/crlr/.

[ii] El CRLR que fue creado en 1965 por Gilbert Guisan y dirigido desde 1980 hasta 2003 por Doris Jakubec, cumplió en 2005 sus 40 años de existencia. Su director actual es Daniel Maggetti, profesor de la Universidad de Lausana.

[iii] El grupo de Olten es una asociación profesional de escritores y de escritoras que defiende los intereses colectivos e individuales de aquellas y aquellos que escriben profesionalmente en Suiza. Actualmente, el Grupo de Olten cuenta con más de 350 miembros de todas las regiones lingüísticas: novelistas, poetas, ensayistas, humoristas, dramaturgos, traductores y traductoras literarios, suizos y extranjeros.

 

 

 

jueves, 4 de diciembre de 2008

LECTURA ECOCRÍTICA DE LA NOVELA DERBORENCE DE C.F. RAMUZ


RESUMEN

Con este estudio ecocrítico se pretende mostrar la rara y aguda sensibilidad que Ramuz posee respecto al medio ambiente de su país natal. A través de su novela más traducida, Derborence, intentaremos adentranos en su mundo particular, en su petit pays[1]. Gran conocedor del paisaje, de sus montañas, lagos, ríos y glaciares, Ramuz también sabe revelar los secretos de otro paisaje invisible pero historiado y animado por la memoria colectiva de un pueblo a través de su folclore, de sus costumbres y también de sus creencias de origen ancestral. La elección de sus personajes, campesinos del altiplano suizo, no es fortuita: en ellos encuentra representada la naturaleza en su estado más puro, ya que forman parte de un universo constituído por glaciares, pastos y bosques.
En esta comunicación se analizan los diferentes elementos que representan la naturaleza en la novela, observando cómo C.F. Ramuz logra sensibilizar al lector ante la fuerza y el misterio que de ella emanan. Su obra encierra una sútil pedagogía: Ramuz nos anima a explorar y descubrir el mundo que nos rodea, nos permite establecer un contacto con la naturaleza a través de sus cuatro elementos: el agua, el aire, el fuego y la tierra. Quiere transmitirnos su amor por ella, para que la observemos y prestemos más atención a sus ritmos y a su complejidad. Sólo de este modo acabaremos comprendiéndola y respetándola mejor. Su mensaje es claro: la defensa de la naturaleza, del paisaje y de la vida rural que considera el modo de vida más natural. En una sola palabra, el respeto por la vida.

[1] Un mes antes de morir, Ramuz escribía en un prólogo: “A force de partir, je suis resté chez moi. J’ai en commun avec M. Mariac (dont, par ailleurs, tout nous sépare) d’avoir situé tous mes livres et fait vivre (ou essayé de faire vivre) tous mes personnages dans un petit pays, le mien, qui n’a pas dans un sens, de l’est à l’ouest, plus de deux cents kilomètres, et même pas quarante dans l’autre”. Prólogo del libro de Bernard VOYENNE (1948) C.F. Ramuz et la sainteté de la terre, Paris, Ed. Julliard, dans la collection “Témoins de l’esprit”.


Esta comunicación pretende ser un ejemplo más de cómo se puede interpretar la naturaleza en una novela desde un punto de vista ecocrítico. Una gran parte del trabajo ecocrítico comparte una motivación común: el conocimiento preocupante de que hemos alcanzado la edad de los límites ambientales, una época en que las consecuencias de las acciones humanas están dañando los sistemas de recuperación básicos del planeta. Este conocimiento anima un deseo sincero de contribuir a la recuperación ambiental, no sólo en nuestro tiempo libre, sino dentro de nuestra capacidad como profesores de literatura. La literatura constituye una formidable apuesta sobre el imaginario humano respecto a todo aquello que concierne a la naturaleza. Toda obra de ficción, de cualquier género, se construye en un ambiente natural o urbano, en el que los hombres interactúan. La ecocrítica permite captar, analizar y comprender las diferentes modalidades de interacción de los hombres con su hábitat. Sus principales características son pues el uso de conceptos de la ecología aplicados a las composiciones literarias y el compromiso de incitar una conciencia ecológica a través de la literatura. La ecocrítica pretende acercarnos a la tierra y enseñarnos cómo mejorar nuestra relación con el medio ambiente. En una palabra, nos ayuda a restablecer un vínculo con el entorno y con sus habitantes, y a tener una relación más estrecha con nuestro planeta.

Los relatos dedicados a la montaña representan el último período de la creación de C.F. Ramuz, y coinciden con su plena madurez literaria. Derborence es la novela más popular y más traducida de este autor. Escrita en 1934, esta novela narra una maravillosa historia sobre las relaciones entre el hombre y la montaña, y pone en escena la eterna lucha entre las fuerzas humanas, enmudecidas por el profundo instinto de la vida, y las fuerzas de la naturaleza. El título - Derborence - designa el espacio alpestre valaisan que ocupa una de las cuencas más elevadas del macizo de Diablerets, situada al pie sur de la cima de la Tour Saint Martin y a la salida de los valles de Cheville y de la Derbonne. A lo largo del siglo XVIII, el circo de Diablerets ha conocido dos gigantescos desprendimientos. El primero, el 24 de septiembre de 1714, provocó dieciocho víctimas. El 23 de junio de 1749, el segundo desprendimiento, hizo surgir el lago de Derborence. Este derrumbamiento, el más voluminoso que se haya conocido en Suiza desde los tiempos históricos (50 milliones de m³ en total) es también el que mayor desnivelación total ha creado, alrededor de 1900 m. entre la cima de Diablerets y el lugar llamado Besson. Ramuz se inspiró de esta catástrofe para escribir una de sus más bellas novelas, Derborence (1934). El valle ha sido escogido como distrito franco federal (reserva de caza) desde 1911. Es además una zona protegida desde 1961, con numerosas cabañas que han perdido su vocación de antaño y sirven ahora de chalets de descanso para los habitantes de Conthey. Pero, sin lugar a dudas, la mejor definición de Derborence viene dada por el propio autor (DER, p.28) :

Derborence, le mot chante doux ; il vous chante doux et un peu triste dans la tête. Il commence assez dur et marqué, puis hésite et retombe, pendant qu’on se le chante encore, Derborence, et finit à vide, comme s’il voulait signifier par là la ruine, l’isolement, l’oubli. (DER. p.28)

El punto de partida para la creación de esta novela viene dado por el epígrafe que abre la obra ; esta cita fue tomada por el autor de un diccionario geográfico : “…Un pâtre, qui avait disparu et qu’on croyait mort, avait passé plusieurs mois enseveli dans un chalet, se nourrissant de pain et de fromage…” . Ramuz inventará la trama literaria a partir de este dato histórico. La historia se dividirá en dos partes: la primera cuenta la catástrofe, la segunda el retorno a la vida y al pueblo, dos meses más tarde, del único superviviente: un pastor que había quedado enterrado bajo los bloques de piedra.

Pero lo que nos interesa sobre todo aquí es la representación que Ramuz hace de la naturaleza a través de los cuatro elementos. La tierra, el aire, el fuego y el agua representan la base de la vida, constituyen la naturaleza de la que participan los seres vivos. Cada uno de estos elementos ha simbolizado a través de la historia y en diversas culturas la relación del hombre con la naturaleza y su interpretación de la divinidad. Veremos a continuación de qué forma se manifiestan estos elementos a lo largo de la novela Derborence.

[...]
El artículo puede consultarse íntegramente en las Actas de la Jornada sobre Ecocrítica que tuvo lugar en la Universidad de Oporto el 25 de Noviembre de 2008.
 [en línea] http://ler.letras.up.pt/uploads/ficheiros/6488.pdf

domingo, 26 de octubre de 2008

EL PAISAJE SUIZO : LOS ALPES Y LA IDENTIDAD SUIZA

El paisaje suizo : los Alpes y la identidad Suiza

Dra. Montserrat López Mújica (UEM)

montserrat.lopez@uem.es

RESUMEN

La historia, generalmente, nos ha mostrado las montañas como espacios propicios para la afirmación de las identidades. Así, ya desde el Renacimiento, se puede observar la asociación del paisaje de los Alpes con la imagen de la nación suiza. La montaña es reivindicada como una parte esencial de dicha identidad. Aunque bien es cierto que la mayor parte de la población vive en la Planicie, concentrada en las ciudades, la montaña es el mito, forma parte de ese imaginario colectivo. Existe un modelo suizo de libertad, el de las gentes de la montaña que viven al margen del orden social dominante de las grandes monarquías. El siglo XVIII dio a estas representaciones un nuevo sentido al asociarlas explicitamente a un modelo de paisaje. El suizo verdadero era aquel que vivía en la montaña. Toda la historia suiza se encuentra así reinterpretada bajo la luz de un imaginario histórico y topográfico específico. Los pastores y la montaña se convierten en elementos que constituyen la identidad suiza, como observamos en Heidi, la heroína Johanna Spyri. Estas referencias van a jugar un papel importante en el siglo XIX cuando se constituye el nuevo Estado Federal. Frente a los grandes Estados Nacionales, Suiza encuentra su legitimidad en sus funciones de madre de todos los ríos (Helvetia mater fluviorum) y guardiana de las cumbres del centro de Europa. Ya sean en los grandes aniversarios patrióticos (los 600 años que conmemoraron la Confédération en 1891), la decoración del Palacio federal (la pintura de Charles Giron en 1901 en la gran sala del Parlamento), la protección de la Naturaleza cuyas razones en el cambio de siglo son ante todo ideológicas y patrióticas (creación del Parque Nacional de Grisons en 1914) o las exposiciones nacionales, cada vez la conciencia política suiza se expresa por referencias alpinas. No nos sorprende pues que la obra de Ferdinand Hodler (1853-1918), que se perfila a pesar de sus audacias picturales como una especie de pintura oficial del Estado suizo, se organice sobre temas alpinos e históricos. El amor por dicho paisaje forma parte de la identidad colectiva suiza, como muestran también los relatos literarios de Rodolphe Töpffer, C.F. Ramuz o de Maurice Chappaz. Tampoco nos sorprende que en estos últimos años la publicidad haya explotado hasta la saciedad las imágenes alpestres repletas de vacas y con el Cervino de decorado que hacen referencia a la pureza de la región de la montaña. La preservación de la naturaleza parece tener relación con el buen sabor y lo saludable, por ejemplo en el sector de la alimentación. Que estas imágenes pierdan a finales del siglo XX un poco de su simbolismo se relaciona con la opacidad creciente de las referencias históricas y de identidad en una sociedad en plena transformación.

El imaginario alpino ha recorrido un largo trayecto para construirse y consolidarse. De su nacimiento y del reciente declive de su simbolismo tratará esta comunicación.
[...]
El artículo puede consultarse íntegramente en las Actas del III Congreso Internacional de
EASLCE (Asociación europea para el estudio de la literatura, la cultura y el medioambiente) titulado "Paisajes Culturales : Herencia y Conservación". Obras colectivas. Humanidades 17. ISBN: 9-788481-388411. 16,17,18 y 19 de Octubre de 2008. Universidad de Alcalá de Henares.

miércoles, 6 de agosto de 2008

LA CULTURA DE LA VID Y EL VINO EN LA OBRA DE C. F. RAMUZ: C. F. RAMUZ, POETA DEL VINO

RESUMEN

Sería impensable imaginar a un escritor como C. F. Ramuz sin viñedos. Tendríamos que prescindir al mismo tiempo de su biografía y de su obra; olvidar que C. F. Ramuz fue hijo de un comerciante de productos coloniales que se reconvirtió años más tarde en vendedor de vinos al por mayor; que siendo aún un jovencísimo estudiante, él mismo participó en las vendimias en Yvorne; que a su regreso de París habitó en una antigua casa de viñedos en Treytorrens, dónde tuvo lugar su decisivo encuentro con Stravinsky, bajo la doble simbología "du pain et du vin d'ici".

El vino y los viñedos de las inclinadas laderas de los cantones de Vaud y de Valais se encuentran muy presentes, no sólo en sus obras más inspiradas por el tema, como son Vendanges, Chant de Notre- Rhône, o Souvenirs de Igor Strawisky, sino que también aparecen en una buena parte de su producción novelesca : Passage du poéte, Farinet ou la fausse monnaie, entre otras. De la importancia que tiene esta cultura vitícola en su obra trata esta comunicación, ya que como se verá más adelante, los paisajes de Lavaux proporcionan al escritor el modelo de una forma artística sobre la que fundó su estilo creativo. Ramuz, poeta del vino, Ramuz, embajador de los viñedos de la suiza romande.



1. C. F. RAMUZ, POETA DEL VINO

Lavaux, en las orillas del lago Lemán, posee unas novecientas hectáreas de extensión, que albergan a unos 28.000 habitantes. Cuentan que los romanos llevaron hasta allí el cultivo de las vides, pero hay constancia de que se cultivaban con esmero en el siglo XII y que desde 1742, cuatro veces por siglo, se han celebrado grandes fiestas en honor al vino en la plaza del mercado de Vevey. El amor a ese principal amigo de los hombres se ha aliado con la naturaleza para estabilizar este paisaje insólito. Terrazas de poco más de un metro de anchura van enhebrándose montaña arriba, en la ladera del Jura, hasta los 800 metros; terrazas sostenidas por muros de hormigón y comunicadas por estrechas y empinas escaleras.
Es en este marco dónde vamos a situar a un escritor fuera de lo común, un escritor cuya obra es desgraciadamente poco conocida en nuestro país, pero que les invito a descubrir a partir de este momento. Me refiero a C. F. Ramuz, el gran poeta del vino de las laderas del lago Lemán. Hace ya casi un siglo decía "El buen Dios comenzó su trabajo y después vinimos nosotros a darle término; construyó la pendiente y nosotros logramos que se mantenga y sea útil". Charles Ferdinand Ramuz (1878-1947) es, sin duda alguna, el autor del siglo XX más conocido de la Suiza francófona. Su obra, compuesta por poemas, novelas y ensayos, fue editada en vida por Grasset en París y acogida con fervor por sus semejantes como Claudel, Céline o Gide, pero este escritor del cantón de Vaud fue considerado injustamente como un autor regionalista o representante de una literatura campesina. El éxito de la publicación reciente de sus 22 novelas en la prestigiosa Bibliothèque de la Pléiade, la puesta en marcha de una nueva edición de sus Obras completas en Ginebra por Slatkine (Diario, Primeros escritos inéditos, Novelas) demuestran la vitalidad de esta obra. A lo largo de toda su vida y a semejanza de Cézanne, Ramuz quiso pintar el país partiendo de lo particular para alcanzar lo universal. De lengua francesa pero de nacionalidad suiza, ha intentado expresar esta diferencia para así definir mejor su identidad.
Cuando uno descubre a Ramuz, le resulta después muy dificil disociar su obra de los paisajes vitícolas de Lavaux. Tendríamos que prescindir al mismo tiempo de su biografía y de su obra. Olvidar que C. F. Ramuz fue hijo de un comerciante de productos coloniales que se reconvirtió años más tarde en vendedor de vinos al por mayor; que siendo aún un jovencísimo estudiante, él mismo participó en las vendimias en Yvorne; que a su regreso de París vivió en una antigua casa de viñedos en Treytorrens, dónde tuvo lugar su decisivo encuentro con Stravinsky, bajo la doble simbología "du pain et du vin d'ici".

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El artículo puede consultarse íntegramente en el volumen "Vino, Lengua y Traducción". Más información en: http://www.publicaciones.uva.es/UVAPublicaciones-12697-Humanidades-Linguistica-y-Filologia-VINO-LENGUA-Y-TRADUCCION-----------Incluye-CD-ROM.aspx

sábado, 28 de junio de 2008

VISIÓN ECOCRÍTICA DEL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA OBRA DE C.F. RAMUZ : LA SOCIEDAD CAMPESINA Y LA SOCIEDAD BURGUESA

Resumen

La preocupación por el medio ambiente no es una cuestión nueva aunque sea efectivamente en estos últimos años cuando más se ha acentuado dicha inquietud : cada día son más los ciudadanos que se preocupan activamente por su conservación. La ecocrítica – teoría literaria que estudia las relaciones entre la literatura y el medio ambiente – nace en los años 80 como respuesta a esa realidad social presente en nuestros días.

Analizaré en este artículo, desde un punto de vista ecocrítico, la visión que C.F. Ramuz nos da del campo y de la sociedad campesina que lo habita (en oposición a la ciudad y la sociedad burguesa) en sus novelas, resaltando aquellos valores ecológicos que se fomentan con la lectura de sus obras.


VISIÓN ECOCRÍTICA DEL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA OBRA DE C.F. RAMUZ : LA SOCIEDAD CAMPESINA Y LA SOCIEDAD BURGUESA


He titulado esta ponencia "Visión ecocrítica del campo y la ciudad en la obra de C. F. Ramuz : la sociedad campesina y la sociedad burguesa". Antes de comenzar a hablar del tema propiamente dicho me gustaría explicar el término "ecocrítica". ¿Qué es la Ecocrítica? La ecocrítica o crítica literaria ecológica es una teoría aún poco conocida en nuestro país, sin embargo, se está abriendo camino poco a poco en el mundo académico universitario europeo, como así lo demuestran las distintas asociaciones y grupos de investigación que se están creando en diferentes países. La ecocrítica surge en los años ochenta en los Estados Unidos y se define como "el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente" . Sus características principales son el uso de conceptos de la ecología aplicados a las composiciones literarias y el compromiso de incitar una conciencia ecológica a través de la literatura. Sus seguidores, entre los que humildemente me incluyo, están convencidos de los beneficios que, en estos momentos de crisis ambiental, puede aportar la ecocrítica en la enseñanza de la literatura, ya que además de dar una nueva visión de los textos estudiados, contribuye, a su manera, a la recuperación del respeto por el medio ambiente que nos rodea, a restablecer nuestro vínculo con la tierra y con sus habitantes, y a tener una relación más estrecha con nuestro planeta.

La teoría ecocrítica formula un planteamiento que explica las conexiones existentes entre la obra literaria, el autor y la ecoesfera, extendiéndose su significado a todos los seres que forman la cadena de vida, la cual otorga, por derecho inalienable, una posición igualitaria a todos sus componentes. Basada en este principio natural, la ecocrítica denuncia toda forma de dominio que la sociedad antropocéntrica ha impuesto sobre todo aquello que la misma sociedad define como el Otro, es decir: la naturaleza, la mujer (ecofeminismo), los grupos étnicos y demás construcciones periféricas. Voz y poder han sido ejercicio del hombre y su discurso ha sido legitimado por la ciencia o la lógica de la razón. En este proceso de legitimación, el Otro ha perdido voz e identidad. Es esta misma lógica la que ha permitido al hombre explotar o destruir la naturaleza, según su conveniencia. La ecocrítica al denunciar a aquél, defiende al Otro.

Qué mejor realidad social podemos expresar en estos momentos que la preocupación medio ambiental. Ya no es una simple moda o el simple capricho de algunos militantes verdes o ecologistas. Hoy en día se ha convertido en una realidad social. Además, como lectores, todos hemos sido testigos de las denuncias que a lo largo del siglos XIX y XX, algunos de nuestros más grandes escritores intentaron mostrar en sus obras.

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Santa, Angels & Solé, Cristina (eds), Texto y sociedad en las letras francesas y francófonas. Lleida, Universitat de Lleida, 2009, pp. 739-758. ISBN 978-84612-9667-5.

sábado, 10 de mayo de 2008

“La esperanza de Jean Giono. Una lectura ecocrítica de su obra 'L'homme qui plantait des arbres'”


¿Puede la literatura contribuir de alguna manera a la supervivencia o a la extinción del hombre? ¿Cómo puede hacerlo en la actualidad, ahora que existe una imminente amenaza de crisis ambiental? ¿de qué medios dispone? L'homme qui plantait des arbres es, sin duda alguna, una de las obras literarias que más ha contribuido y contribuye a la mejora del medio ambiente. Fue escrita en 1953 por Jean Giono (1895-1970), uno de los autores franceses más importantes del siglo XX. El propósito que busca, además de incitar a plantar árboles que vivan tras nuestra muerte, «était de faire aimer l'arbre ou plus exactement faire aimer à planter des arbres ce qui est depuis toujours une de mes idées les plus chères».


Todos hemos tenido la ocasión de leer o escuchar titulares de prensa como éstos: «La ONU lanza un proyecto para plantar 1.000 millones de árboles durante 2007» o «Plantar árboles es parte de la solución contra el calentamiento global». La primera idea surgió de la premio Nobel de la Paz en 2004, la dirigente ecologista de Kenia Wangari Maathai, fundadora de un movimiento que ha plantado más de 30 millones de árboles en 12 países africanos desde 1977; la segunda, del ex-vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore (Premio Principe de Asturias de la Comunicación 2007 y actual Premio Nobel de la Paz 2007), tan de moda en estos momentos. Son sólo dos ejemplos de la divulgación que se está llevando a cabo respecto a la preservación del medio ambiente en nuestros días. Sin embargo, esto no es algo nuevo en Literatura.

Hace ya más de cincuenta años que dicho mensaje se escuchó a través de un pequeño relato literario. L'homme qui plantait des arbres es, sin duda alguna, una de las obras literarias que más ha contribuido y contribuye a la mejora del medio ambiente. Fue escrita en 1953 por Jean Giono (1895-1970), uno de los autores franceses más importantes del siglo XX. Toda la obra de Giono, se inspira en su Provenza natal, y refleja un gran amor por su tierra y, sobre todo, por la naturaleza, aceptándola tal como la vida nos la impone, e indignándose contra aquellos que la consideran una fuente de desgracias humanas. Este amor por el medio natural comienza a manifestarse en Giono en los primeros años de su vida, gracias a la enseñanza de su propio padre. Así nos lo cuenta en Les Terrasses d'île d'Elbe:

Mon père était cordonnier, je l'ai assez dit; il était pauvre. […] Bien entendu, nous n'avions pas de terre, pas des sous pour acheter des arbres à planter, et nous plantions joyeuse-ment des arbres. Je dis nous, car j'avais six à sept ans et j'ac-compagnais mon père dans ses promenades. Il portait dans sa poche un petit sac qui contenait des glands.[…] A certains endroits des collines, sur quelques replats, devant une belle vue, dans des vallons près des fontaines, le long d'un sentier, mon père faisait un trou avec sa canne et enterrait un gland, ou deux, ou trois, ou cinq, ou plus, disposés en bosquets, en carrés ou en quinconces. C'était une joie sans égale : joie de le faire, joie d'imaginer la suite que la nature allait donner à ces gestes simples (Giono, 1976: 35-36).

Un encuentro con la naturaleza que continuará fomentando a lo largo de su existencia. Así lo recogen las palabras de Henri Fluchère, gran amigo del escritor:

Nous parcourions les collines qui entourent Manosque, suivions les chemins rocailleux, Mort d'Imbert et Pain de Sucre, volions des coings des fossiles, cueillions des plantes pour nos herbiers– bref, faisions allègrement connaissance avec la nature .

Giono se convierte así en portavoz de una literatura que preconiza un retorno a la tierra, a la vida rústica de esa apacible Provenza que conoce desde su infancia. Esta predilección de la vida rural frente a la vida urbana será su gran combate, una lucha que dirige contra la civilización técnica moderna y que anuncia, en cierto modo, la ecología. Su repertorio es amplio. Una novela como Que ma joie demeure (1935), o ensayos como Les vraies richesses (1936) y Réfus d'obéissance (1937) entusiaman a multitud de jóvenes lectores.

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Çedille. Revista de Estudios Franceses (n° 4) publicada por la Asociación de Profesores de Francés de la Universidad Española (APFUE). Artículo : “La esperanza de Jean Giono. Una lectura ecocrítica de su obra L'homme qui plantait des arbres”, abril 2008. ISSN: 1699-4949, pp. 151-161. Se puede consultar el artículo íntegramente en http://webpages.ull.es/users/cedille/cuatro/lopezmujica.pdf

Sylvain Tesson : esthétique du retrait et écologie existentielle face à l’épuisement occidental

  Résumé L’œuvre de Sylvain Tesson peut être lue comme une réponse littéraire aux tensions écologiques et existentielles qui traversent l’Oc...