lunes, 14 de mayo de 2018

FRANZ WEBER : EL COMBATE POR LA VIDA




Cuando todo falla, cuando todo resulta en vano,
 cuando se está desesperado al ver la destrucción
de la naturaleza y la miseria de los animales
perseguidos y  maltratados, siempre se puede recurrir
a la Fundación Franz Weber.Franz Weber





Resumen
Sirva este artículo como pequeño homenaje al que ha sido, sin lugar a dudas, uno de los defensores de la naturaleza más importantes del siglo XX y principios del XXI: el suizo Franz Weber (1927- ). A sus noventa años, el que hubiera querido ser poeta, para cantar su inmenso amor por la naturaleza, decidió comenzar por salvarla antes de celebrar su belleza. En esta comunicación analizaremos sus tres obras literarias: “Des montagnes à soulever” (1976), “Le paradis sauvé” (1987) y “Entre chien et loup” (2009) desde una perspectiva ecocrítica. Nadie supo crear como él ese vínculo tan especial entre el público, la investigación, la ciencia y la protección de los animales, las especies y el medio ambiente. Gracias a su lucha, conservamos hoy muchos paisajes emblemáticos de la Suiza francófona. Sería éste el momento ideal para que las regiones que salvó de la especulación y la destrucción medio ambiental le brindasen su merecido reconocimiento. Lamentablemente, nadie es profeta en su propio país, y bien es sabido que las personas, como Franz Weber, que han luchado tanto por la salvaguarda de los paisajes más emblemáticos de este planeta a menudo reciben tarde sus merecidos homenajes. Hoy Franz Weber ha perdido su memoria, pero sus logros quedarán por siempre en el recuerdo, gracias a la Fundación que lleva su nombre y a sus publicaciones.

*****

Tres, sólo tres, son las obras que Franz Weber posee en su bibliografía, pero a pesar de tan breve carrera literaria, he querido presentarlas hoy aquí para rendirle un pequeño homenaje. No, no fue un escritor frustrado, sino un escritor que comprendió que para salvar la poesía, la literatura, debía salvaguardar primero la belleza, la delicadeza, lo auténtico, todo aquello que sirve de inspiración a un escritor o a un artista. Por eso decidió abandonar las estanterías y salir a defender la vida. Esta es su batalla, la de un escritor atípico que luchó siempre por la naturaleza y la preservación de los valores inmateriales.

1.      Des montagnes à soulever
Je me demande parfois ce que voient les gens quand ils ferment les yeux. […] Votre humble serviteur aimerait capter le chant des sources, des fontaines ou du vent… Mais il est hanté par le bruit des arbres qu’on abat, des collines qu’on éventre… Par les cris que pousse la nature quand on la viole ou qu’on l’assassine (1976 : 169-170)
Así de directo y de contundente se mostraba Franz Weber en su primer ensayo Des montagnes à soulever. Esta obra, escrita en 1976, recoge parte de los logros y fracasos que este Quijote moderno de la ecología va a llevar a cabo contra los gigantes de la especulación, los políticos corruptos y los constructores que pretenden cimentar los bucólicos paisajes de su Suiza natal o de cualquier rincón de este planeta. En ella nos cuenta diez años de terribles batallas, de gritos de alarma, de fracasos y de éxitos. Se trata pues de un libro de anticipación como él mismo sugiere: « Je mettais en garde contre l’avenir apocalyptique que nous préparaient l’obsession de la technique et les excès de la société de consommation.» 
Franz Weber nace el 27 de julio de 1927 en Basilea. Tras una formación comercial, con 22 años decide instalarse en París para vivir una vida de poeta y continuar sus estudios de filosofía y de literatura en la Soborna (Langel, 2004). Su primera opción: convertirse en periodista. En 1958 funda junto a la escritora Simone Chevallier la revista literaria “La Voix des poètes”, de la que será redactor jefe durante casi quince años. En ella se publicarán textos de grandes poetas como Cocteau o Mauriac, pero también de escritores aún por descubrir. Franz Weber recorre en esta época el mundo como corresponsal para grandes revistas alemanas y suizas, y conoce a grandes artistas francófonos y extranjeros que más tarde le apoyarán en sus campañas. Amigo de Picasso, de Dalí, entrevistador de Siméon, de Jean Gabin o de Michèle Morgan, acompañará a Moscú a Mireille Mattieu. Su conocimiento de los medios le será posteriormente de gran ayuda en la defensa de sus aspiraciones medioambientales.
En una época en la que la noción de la « protección del medio ambiente », tal y como se la conoce en la actualidad, era aún desconocida para la mayoría de sus conciudadanos, Franz Weber lanza su primera campaña ecologista. Es un rincón de esa Suiza todavía preservada de la presencia humana, en la Haute-Engadine, la que desencadena su nueva vocación y le hace abandonar su ocupación y su sustento para participar en la lucha contra los especuladores que amenazan con destruir el más bello y alto valle del mundo: la orilla del lago de Silvaplana en Surlej “[c]’était le paradis retrouvé. Un site vierge, lustral que nul n’oserait jamais violer” (1976: 22), lugar donde se encuentra la Roca de Nietzsche en la que tuvo la revelación de Zaratustra[1]. Estamos en 1965: “Dans la plus belle vallée du monde, d’infâmes salauds avaient construit les plus hideux parking de la planète. Ils avaient touché à l’intouchable! J’étais fou de colère! (1976: 23). Fundó con varias personalidades de la Engadine una asociación “Pro Surlej”, cuyo objetivo era salvar de la especulación las praderas que todavía se extendían hacia el lago Silvaplana, y compra las tierras que rodean las propiedades de los especuladores, imposibilitando así sus proyectos de construcción. La acción que llevará a cabo en esta época será su primer gran éxito: consigue desmantelar un enorme proyecto de urbanización provocando, con sus propios métodos – recurre a las redacciones de los periódicos, a la radio, a la televisión, a la gente adinerada y aquellos que tienen la riqueza del corazón y les muestra la Haute-Engadine, el valle de la luz, la Acrópolis de Suiza-. Y no cede hasta que tanto los promotores, como los tecnócratas y los financieros se rinden y renuncian al proyecto. Obtiene además al mismo tiempo una mayor protección de toda la zona.
Esta primera acción fue solo el comienzo de una guerra que ha estado combatiendo desde entonces. La representación de un paisaje suizo amenazado por los excesos de la urbanización y el turismo data de la década de 1970 (Krippendorf, 1977; Walter, 1990). El ecologista no sospechaba ni por asomo en la cantidad de batallas que le esperaban. Y no sólo en tu tierra natal, como veremos más adelante. Unos años más tarde, en febrero de 1972, le llaman para salvar los viñedos de Lavaux, a orillas del lago Lemán:
Je trouve une grosse lettre express que la concierge a glissé sous ma porte. La lettre vient d’un petit village de Lavaux : Aran. C’est un S.O.S. Un appel au secours de vignerons qu’on veut délester de la meilleure terre à vigne pour y construire des appartements de luxe pour parvenus… Je suis frappé de stupeur. Je croyais le vignoble intégralement protégé. (1976 : 73)

 Weber aún no es activista a tiempo completo. Vive de sus artículos para las principales revistas y aún no ha desarrollado completamente su “método rodillo”[2]: “Sauver Lavaux? Tout Lavaux? Certes. La pustule n’agresse pas seulement Aran-Vilette, mais tout le vignoble de Lavaux. J’ai pu m’en rendre compte le matin, en faisant avec les vignerons le parcours de Vevey à Aran” (1976: 76). Funda la Asociación “Sauver Lavaux” y comienza con una petición que pierde. Pero eso no le desanima y argumentando que Lavaux no pertenece solo a sus habitantes sino que es parte del patrimonio común, Franz Weber lanza en abril de 1973 una iniciativa popular cantonal para la protección integral del viñedo, con el objetivo de introducir en la Constitución de Vaud una protección definitiva de todo el territorio de Lavaux. Es la primera vez en Suiza: nunca se había puesto este instrumento de democracia directa al servicio de la protección de un lugar (1976: 86). El 12 de junio de 1977, el pueblo de Vaud acepta la iniciativa de Franz Weber con el 56.8% de los votos: la protección de Lavaux está registrada oficialmente en el art. 6bis de la Constitución de Vaud, y en 1979 esta disposición se incorporará en la Ley del Plan de Protección de Lavaux. La protección del viñedo parece estar en ese momento asegurada. En la actualidad Lavaux forma parte del patrimonio mundial de la UNESCO. Sin embargo, este registro no tiene valor vinculante y solo alimenta la codicia... Lamentablemente, Lavaux sigue siendo una región particularmente víctima de la presión inmobiliaria.
Otra de sus grandes batallas por preservar el paisaje, esta vez en el cantón del Valais, fue en la estación de Crans-Montana. Aquí llegó demasiado tarde, ya que la locura inmobiliaria había comenzado en los años de 1960 “[p]our culminer dans une tour delirante qui hurle de tous ses étages au milieu des autres buildings”[3] (95). Franz Weber era consciente de que ya poco podía salvar de este maravilloso lugar que fue en su día Crans-Montana. Consiguió paralizar la construcción de otro inmenso hotel “Le Régent”, pero intervino en el Haut-Plateau “pour crier au massacre, dénoncer les abus et les collusions. Je l’ai fait dans le but de préserver d’autres sites en donnant Crans comme l’exemple-type de destruction à tous les apprentis-sorciers qui creusent avidement et bêtement notre tombe” (111).
En 1974, completamente abrumado por las llamadas de ayuda, Franz Weber abandona el periodismo "ordinario" para dedicarse por completo a la protección de la naturaleza y los animales. Se va de París y se instala en Montreux, donde se casa y funda una familia. Su hija, Vera, nace en 1974. En el mismo año, el ecologista se da a conocer internacionalmente con su espectacular campaña contra la matanza de focas. Junto a la actriz francesa Brigitte Bardot, atrae a unos 70 periodistas al norte de Canadá.
En mayo de 1975, Franz Weber funda su actual Fundación Franz Weber (FFW), de la que ahora es Presidente Honorario; y en 1979 la organización internacional "United Animal Nations" (UAN) - las "Naciones Unidas de los Animales". Desde la década de 1970, Franz Weber y su Fundación han dirigido más de 150 campañas de protección animal y ambiental en Suiza y en todo el mundo: en Francia, en Alemania, en África y en Australia, llevando a la lucha toda su buena voluntad, hasta el punto de desencadenar una verdadera campaña internacional a favor de la ecología.

2.      Le paradis sauvé
L’Au, Monsieur Weber, est un écosystème qui fonctionne parfaitement, une gigantesque et géniale installation de filtrage au pouvoir nettoyant inimaginable pour l’eau comme pour l’air. Jamais la main de l’homme ne pourra créée une telle perfection. Elle ne sait que le détruire. (1986 : 19)

Le Paradis sauvé es su segunda obra, publicada en 1986. Entre 1983-84, Franz Weber acude a otra llamada desesperada de auxilio:
Car ce n’est pas n’importe quel site qu’il s’agit de protéger. Il s’agit du dernier site alluvial  de grande étendue qui existe encore en Europe, de la plus importante zone humide entre la Méditerranée, l’Adriatique, l’Atlantique et la Baltique. (1986 : 8-9)

para salvar los bosques aluviales del Danubio que se extienden entre Viena y la frontera eslovaca. Pero será en Hainburg, donde se llevará a cabo una de las campañas más duras y mediáticas realizadas por Franz Weber. El gobierno austriaco planeaba arrasar miles de hectáreas de bosque en favor de una enorme central eléctrica. El proyecto DoKW (Donaukraftwerke SA, la Sociedad de Energía Hidroeléctrica del Danubio), con el apoyo del gobierno socialista austriaco del canciller Sinowatz, la confederación de sindicatos y muchos actores del mundo económico, financiados en gran medida por los bancos suizos, pretenden construir una presa y una planta hidroeléctrica a la altura de esta pequeña ciudad (margen derecho), amenazando el ecosistema del bosque aluvial más grande de Europa. Franz Weber se pone manos a la obra y argumentando que “[l]es forêts du Danube n’appartiennent pas seulement à l’Autriche. Elles appartiennent à toute l’Europe” (14), alerta a la opinión internacional. A través de los métodos más inhabituales e insospechados, aunque siempre legales, Franz Weber luchará hasta hacer caer otro de los proyectos de especulación más cotizados de Europa, cifrado en miles de millones. Invita personalmente a venir dos veces (en diciembre del 1983 y en diciembre de 1984) a una treintena de periodistas europeos a este emblemático lugar. Gracias a su iniciativa, 12.000 defensores se reúnen en el mismísimo corazón del Au (bosque aluvial) el 8 de diciembre de 1984. Franz Weber da un ardiente discurso provocando la ocupación del Au por los manifestantes. Luego será apoyado localmente por estudiantes de varias universidades y miles de otros austriacos (y europeos) de todos los ámbitos de la vida. El compromiso de Franz Weber, el WWF, las asociaciones y personalidades ilustradas y valientes, incluido el profesor Gustav Wendelberger de la Universidad de Viena, hizo posible el abandono de la construcción de la presa y preservar este espacio natural único. Afortunadamente, este inoportuno proyecto- desde un punto de vista ecológico[4] -, fue abandonado bajo la presión de los ecologistas y de la gente local.  El bosque aluvial de Hainburg es ahora un parque nacional.
Para Franz Weber no se trata sólo de salvar un bosque o un humedal. Toda esta acción conlleva además un mensaje que pretende hacer llegar al mundo entero y aprovechando que “Hainbourg est maintenant une affaire mondiale” (184) quiere decirle a los políticos, basta, a los corruptos, basta, a los inversores sin escrúpulos, basta. Tienen que dejar de especular con el planeta: “Vous jouez avec le monde comme si vous en aviez un deuxième en réserve”.
… je réalise que ce ne sont pas seulement des millions d’arbres qui tomberaient sous les scies électriques, ce ne sont pas seulement les ruisseaux et les étangs qui seraient asséchés, pas seulement le sinistre béton, qui emprisonnerait tout, mais que c’est la vie même qui serait exploitée, dévastée, étouffée, notre propre vie, symbole et expression de l’amour. Avec l’Au, vivent au meurent toutes nos forêts, tous nos viviers, nos ruisseaux, nos étangs, nos oiseaux, nos fleurs, nos sources. Nous devons sauver l’Au pour que notre vie sur cette terre garde encore un sens, qu’elle puisse conserver son sens originel (37).

Esta defensa del territorio natural es considerada todavía hoy en día como uno de los actos fundadores de la ecología austriaca. Como pequeña anécdota, comentar que el actual presidente de Austria, Van der Bellen, fue testigo de este acontecimiento en 1984. Hoy es el primer jefe de estado ecologista en Europa elegido por sufragio universal.

3.      Entre chien et loup
Entre chien et loup es su tercera obra. El título significa la tarde o la mañana, esa hora del día en la que está todavía demasiado oscuro para diferenciar un perro de un lobo. El perro simboliza el día porque, al igual que él, puede guiarnos; mientras que el lobo sería el símbolo de la noche, representando una amenaza, pero también las pesadillas y el miedo. Así se presenta la tercera obra de Franz Weber: veintiocho historias situadas entre el sueño y la realidad, entre el perro y el lobo. Veintiocho cuentos sobre los grandes compromisos  hacia la naturaleza, la cultura y la vida.
Es un retrato del otro Franz Weber: detrás del ilustre defensor se esconde un poeta que vela por el planeta. Estos cuentos de misterio, amor, fervor o belleza contienen las claves de toda una vida dedicada a la defensa de la belleza y la poesía en nuestro mundo industrializado. Estas historias transforman, cada una a su manera, nuestra realidad decepcionante en un mundo por el que vale la pena vivir y luchar, donde el poeta se interroga sobre los misterios de la creación.
Franz Weber comienza a escribir estos relatos durante el periodo de efervescencia literaria de la post-guerra en Francia. Eran historias que le habitaban y por ello era necesario hacerlas salir, nos rebela el poeta. Son relatos que nos hablan de amistad (“Une poignée de terre brune”), de traición (“La bonne cause”), de amores, a veces felices como “Angelica”, otras veces desdichados, los hay que incluso van más allá de la muerte “Le pilier des anges”. Descubrimos a un Franz Weber romántico que describe simplemente la vida, la vida y la muerte, la vida en el más allá o la vida interior que cada ser posee. Canta y nos presenta esos valores inmateriales que tanto aprecia, en una realidad también inmaterial dónde los vivos hablan con los muertos y los muertos aparecen entablando un diálogo con los vivos que va más allá de la propia muerte: “Les montagnes sont témoins: nous sommes liés au-delà de la mort!” (96). Sus personajes nos dicen: “nous sommes tous solidaires, les vivants et les morts”. En esta realidad inmaterial todos sus personajes están en contacto con la otra vida, con la vida espiritual, y toda forma de vida posee un alma. Uno de sus cuentos más entrañable es “Regret”, en el que un niño huérfano de madre aprende a escuchar el alma de las plantas gracias a los consejos de ésta. Estas son las últimas palabras que le dice su madre en su lecho de muerte: “Dans cette vie, mon enfant, seules les plantes ne te trahiront pas. Ne t’éloigne jamais d’elles. Leur âme ressemble à la tienne” (182). Todo ser sintiente tiene un alma para Franz Weber, humano, planta o animal. Si toda la humanidad comprendiera y respetara este precepto dejaríamos de hacernos daño entre nosotros y el mundo sería un lugar mejor para todos: “El mundo sería un paraíso, como lo fue en otro tiempo”, nos explica.
El futuro está repleto de promesas. En todo caso, en este libro aparecen muchos interrogantes que podríamos calificar de filosóficos sobre el sentido de la vida. Franz Weber nos enseña que no podemos estar en paz con uno mismo si no desarrollamos los dones que hemos recibido al nacer, es lo que llama “estar en el eje de rotación” (17)  que ha regido siempre nuestro nacimiento. El suyo está marcado por esa ardua defensa de la belleza como poeta y escritor, pero también como ecologista, ya que no sólo se deben cantar los paisajes, también hay que defenderlos. Franz Weber comprendió que para defender la poesía, los valores inmateriales, había que salir a la calle a luchar. Para él las dos actividades, tanto la literaria y la ecologista, eran una misma batalla.
La conciencia ecológica ha cambiado mucho desde el comienzo de su lucha en 1965. Pero desafortunadamente, y a pesar de estos cambios en la ecología, la población y las autoridades se han acostumbrado a la degradación de los paisajes. El público comprende en gran parte lo que ocurre, pero desagraciadamente la realidad es muy triste. Si miramos a nuestro alrededor nos damos cuenta de hacia dónde va el mundo, sólo se defienden los valores materiales, es decir, aquello que proporciona dinero. En lugar de defender lo que es esencial para cualquier ser humano, lo que le hace verdaderamente crecer como persona. Por ello, debemos continuar luchando y defender nuestra hermosa naturaleza. Porque sin naturaleza difícilmente puede existir la poesía.

Conclusion
Franz Weber es el hombre que mueve montañas. Para salvar los paisajes de Engadine y todos aquellos que constituyen nuestro patrimonio, nuestro capital, mucho más precioso que todo el dinero del mundo. El ecologista recorrió Suiza, Europa y el mundo, multiplicando sus campañas a menudo poco entendidas. Ganadas, sin embargo. Pero nunca ha sido tan maltratado, denigrado, calumniado, despreciado como lo ha sido en su propio país, y especialmente en el cantón de Vaud, donde salvó de las garras de los especuladores las terrazas de Lavaux, la octava maravilla del mundo. Mientras que en el extranjero era nombrado ciudadano honorífico de Texas, de Delphi, celebrado con diplomas y premios, la justicia vaudoise lo persiguió y lo detuvo para fomentar una campaña de difamación promovida por hombres de negocios de Zurich e instrumentalizada por un periódico sin fe, el Wletwoche. Fue necesario un juicio del Tribunal de Derechos Humanos de Stransbourg para que la justicia del cantón de Vaud cesara sus injustas acusaciones. Peor aún, la comunidad de Montreux, a la que algunos ciudadanos pidieron que homenajearan al ecologista con la Medalla de la ciudad, se negó a actuar, con el pretexto de que Franz Weber se oponía a la nueva Constitución de Vaud. Y con razón, ya que en ella no se garantiza la protección de Lavaux. Siempre ha sido un visionario: sus campañas han ayudado regularmente a abrir los ojos de la población, a menudo incluso décadas más tarde (Mombelli, 2012). Como en el caso de Lavaux, cuyos viñedos en terrazas han sido catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2007.
Hacerle justicia sería ser testigo, a través de una adhesión militante, de la batalla nunca ganada contra la destrucción de la naturaleza y sus criaturas, porque como la Fundación Franz Weber demuestra cada día, la naturaleza y su belleza, la vida y los animales no pertenecen a un país, sino a toda la humanidad y deben ser protegidos por el bien común.


Bibliographie
Krippendorf J., 1977. Les dévoreurs de paysages. Le tourisme doit-il détruire les sites qui le font vivre?, Éditions 24 Heures.
Langel, R., Franz Weber. L'homme aux victoires de l'impossible, éditions Pierre Marcel Favre, 2004 
Laroux, A., Paysages urbains : le trajet du regard : dessins, peintures et textes. Lausanne : L'Age d'homme, 2013.
mombelli, A. « Franz Weber, écologiste romantique et solitaire », Swissinfo.ch, 13 mars 2012.
Pulver, C. Franz Weber ou La Fureur d'aimer, éditions Pierre Marcel Favre, 2002 
Weber, F. Des montagnes à soulever, éditions J.-J. Pauvert, 1976.
--, Le paradis sauvé, éditions Pierre Marcel Favre, 1987.
--, Entre chien et loup. Vevey : Xenia, 2009.
--, Une heure avec la création : comment je vois la nature, Vevey : Xenia, 2012.
Walter F., 1990. Les Suisses et l'environnement. Une histoire du rapport à la nature du XVIIIe siècle à nos jours, Zoé.

* Comunicación presentada en el XXVII Coloquio de la AFUE. Coloquio Internacional AFUE La Recherche en Études Françaises : un éventail de possibilités.  Organizado por la Universidad de Sevilla. Sevilla, del 9 al 11 de mayo de 2018.



[1] El cambio que se operó en el pensamiento del autor alemán fue la idea de que el Hombre era parte de la evolución de la naturaleza, y que el proceso evolutivo no se ha parado, por lo que en el futuro aparecerá una nueva especie, el superhombre.
[2] Franz Weber transforma cada campaña de protección medioambiental en una información de actualidad y sirve a la prensa  noticias interesantes y vendibles.
[3] En un contexto permeable a una nueva arquitectura de montaña, nacen construcciones audaces en los años sesenta, como la torre Super-Crans o la impresionante residencia Les Mischabels, emblema de una arquitectura urbana en los Alpes.
[4] Además de la destrucción de un centenar de hectáreas de bosques aluviales, de islas e islotes, la construcción de diques y la desaparición irreversible de las orillas naturales, la presa hubiera impedido que el Danubio fluyera libremente. La llanura aluvial ya no hubiera podido beneficiarse de las inundaciones y su dinámica se hubiera interrumpido. La dinámica natural del agua subterránea también se hubiera visto alterada.

lunes, 9 de abril de 2018

VISIÓN ECOCRÍTICA DEL PAISAJE ALPINO EN LA LITERATURA SUIZA DE EXPRESION FRANCESA



1.      Inicios y desarrollo de la écocrítica
El término “ecocrítica” está compuesto por dos palabras de origen griego: “eco” proviene de oikos y “crítica” de kritis. La primera significa “casa”, la segunda se puede traducir por “juez, árbitro, mediador”. La reunión de ambas viene a significar “el juez de la casa”. Un ecocrítico sería entonces una persona que valora las cualidades y las carencias de aquellos textos literarios que describen los efectos, - nocivos o no -, que el paso de las diferentes civilizaciones han ocasionado en la naturaleza. En otras palabras, el oikos de la naturaleza es, por decirlo de algún modo, “nuestra casa más amplia” y el kritis es ese mediador o juez de buen gusto que quiere que la casa esté bien ordenada, sin objetos esparcidos que arruinen la decoración original.
Aparece por primera vez en 1978, en el ensayo de William Rueckert Literature and Ecology: An Experiment in Ecocriticism. En este artículo, Rueckert se propone el objetivo de experimentar “la aplicación de la ecología y los conceptos ecológicos al estudio de la literatura”[1]. Sin embargo, debemos esperar hasta la década de 1990 antes de ver un movimiento crítico que afirme claramente su identidad e intenciones. El año 1992 vio el nacimiento de la Asociación para el Estudio de la Literatura y el Medio Ambiente (ASLE), seguida por la revista ISLE: Estudios Interdisciplinarios en Literatura y Medio Ambiente, lanzada en 1993 por Patrick D. Murphy[2]. Unos años después, aparecerán dos obras clave del corpus ecocrítico. La primera, The Ecocriticism Reader: Landmarks in Literary Ecology, publicada en 1996 por Cheryll Glotfelty y Harold Fromm, - hasta la fecha el texto canónico sobre el tema-. Esta obra es ya portadora de la pluralidad de los fundamentos metafísicos que caracteriza a la ecocrítica[3]. Glotfelty define esta teoría literaria como “el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente”. La segunda obra, The Environmental Imagination: Thoreau, Nature Writing and The Formation of American Culture por Lawrence Buell[4], publicado el año anterior, es un verdadero pilar de la ecocrítica, no solo por su gran erudición, sino también porque ningún trabajo había abordado anteriormente la literatura desde una perspectiva ecológica con tal escala: consta de unas 600 páginas e intenta sentar las bases y guiar la investigación futura de la ecocrítica. Se establece un gran corpus que abarca varios siglos, en cuyo centro se encuentra Henry David Thoreau, a quien el autor considera el "santo patrón"[5] del ecologismo contemporáneo. Lawrence Buell nos recuerda que los seres humanos somos responsables del medio ambiente. Valida esta tesis con el análisis de la obra de Walden[6], un clásico de la literatura americana que celebra las virtudes de la vida sencilla y de la búsqueda de la libertad política. Buell traza un mapa del desarrollo de las éticas medioambientales y de la influencia duradera que Thoreau ha tenido en muchos escritores, entre ellos, James Lovelock, Gary Snyder, Rachel Carson y Aldo Leopold.
Lawrence Buell establece dos grandes oleadas históricas en la evolución de la ecocrítica: la primera centrada en la preservación de la naturaleza y en la exaltación de la belleza. Se le atribuye por ello el mérito de haber resucitado de este modo el género literario de la nature writing (la literatura de la naturaleza) devolviéndola al canon literario. La segunda se interesa por esos caminos que conducen desde el antropocentrismo y el egocentrismo modernos hacia un ecocentrismo, y analiza obras en las que el entorno natural ha dejado de ser un simple marco estético y se ha convertido de algún modo en protagonista. Se estudia así el sentido del lugar o place-sense, la conciencia que tienen los seres humanos – narradores, personajes o sujetos líricos – de pertenecer a un lugar específico que determina, en gran manera, sus formas de ser y actuar. Otro ecocrítico, Jonathan Bate, opina que la casa y la morada son importantes para los seres humanos porque sabemos lo que es el desarraigo y la alienación, mientras que otras especies siempre están en casa, en su ecosistema, en su territorio. Concluye que el arte es el lugar de exilio donde lamentamos nuestro hogar perdido sobre la tierra y defiende la representación de mundos ideales como la respuesta a una necesidad inherente del ser humano, y como mecanismo de admonición y de supervivencia frente a la pérdida provocada por la degradación ecológica.
La ecocrítica, pues, establece en los estudios literarios un enfoque centrado en la Tierra. Las preguntas que plantea la disciplina van desde la forma en que se representa la naturaleza en el texto hasta el estudio de las interacciones entre la literatura y las ciencias ambientales, pasando por un análisis crítico de los problemas de la ecología política en la literatura o de la sabiduría ecológica. Junto a la raza, la clase y el género, la ecocrítica pretende colocar el lugar como una nueva categoría crítica. Ya sabemos que la relación del lugar con la identidad y su representación dentro de las obras literarias ha sido siempre un tema frecuente en la literatura. Lo que la diferencia de los estudios tradicionales es que la ecocrítica se va a fijar más en la materialidad física y científica del lugar, pasando de lo abstracto, pasivo o simbólico a lo tangible, todo ello con una clara concienciación ecológica (17). Por ello, el ecocrítico tiene que ser un poco geógrafo, historiador, lector de paisajes y conocedor del mundo material. Al incluir un planteamiento interdisciplinario, el ecocrítico re-contextualizará la literatura dentro de unas situaciones físicas, basadas en la vida, en el pensamiento y en la acción. Y es que después de tantos años de primacía de la forma, se comienza a replantear el papel de la literatura como vehículo de ideas y sobre todo de valores. La literatura es uno de los muchos campos que deben analizarse y comprenderse si queremos abordar cuestiones tan complejas como la crisis ambiental. El filósofo Tzvetan Todorov confiesa en su libro La littérature en peril (2007) que lo que realmente importa de la literatura es que  permite una mejor comprensión de la condición humana, llegando incluso a transformar a cada lector desde el interior (Todorov 72). Desgraciadamente, el ensayista constata, que la enseñanza actual de la literatura, se concentra más en los métodos de análisis que en el sentido o el significado de las obras, un enfoque que incita el desinterés de los alumnos. Nos dice que “la literatura puede [...] hacernos entender mejor el mundo y ayudarnos a vivir [...] Al igual que la filosofía, como las ciencias humanas, la literatura es pensamiento y conocimiento del mundo psíquico y social en el que vivimos” (Todorov 72). Desde hace varias décadas, no pocas voces se han escuchado entre los críticos literarios clamando que hay algo “fuera del texto”. Entre ellos Vicent Jouve y James S. Hans:
Ce qui, à mes yeux, justifie une étude de l’effet-valeur produit par la fiction, c’est l’importance de la dimension idéologique dans l’interaction texte/lecteur. D’une part, tout texte suppose un point de vue (qui est, forcément, toujours orienté), d’autre part, le lecteur ne peut élaborer un sens sans identifier et hiérarchiser des jugements (2001 : 9).

The « outside of the text » […] perforce return if we are to have any hope of removing the sterility that covers our discipline in all too many way and if we have any hope of doing full justice to the work of our writers.[7](1990: 15)
La razón de ser de la literatura es crear, fijar, instruir, educar, entretener, acompañar e indagar en la representación de todas las realidades posibles, transmitir valores, reflexionar acerca de la condición humana, la vida, la muerte y nuestro paso por el mundo. El libro es el mejor medio para compartir con el lector los valores del mundo real o ficticio, para interpretar la realidad representada, dar a conocer formas de pensamiento, expresar contenidos mentales o espirituales, relativos al mundo, la sociedad, la persona o cualquier tipo de relación. La literatura no debería reducirse a un artículo de consumo para confundir y llenar la mente al lector con fábulas que no le despierten o no le inviten a desear una realidad mejor o más bella. No se pretende con ello menospreciar la importancia del esparcimiento, sino realzar la labor educativa que la lectura debe ejercer. El libro así se convertiría en una guía que orientase e iluminase nuestra adolescencia y juventud con modelos estimulantes, valores ejemplares a imitar o a admirar. En la quietud y el silencio, el ser humano encuentra el reposo necesario para leer y meditar, para acallar su alma y ordenar su casa (el oikos).
A través de los estudios literarios, la ecocrítica pretende acercarnos a la tierra y enseñarnos cómo mejorar nuestra relación con el medio ambiente. En una palabra, nos ayuda a restablecer nuestro vínculo con la tierra y con sus habitantes, y a tener una relación más estrecha con nuestro planeta. Ese es su objetivo más importante.
Una gran parte del trabajo ecocrítico comparte una motivación común: el conocimiento preocupante de que hemos alcanzado la edad de los límites ambientales, una época en que las consecuencias de las acciones humanas están dañando los sistemas de ayuda básicos del planeta. La Tierra ha entrado anticipadamente en una nueva era, “la era de los seres humanos”: el Antropoceno. El ser humano ha demostrado ser capaz de alterar completamente el planeta: “l’homme est devenu une force géologique, et même sans doute la principale agissant aujourd’hui sur la terre” (Lourius&Carpentier 2010:12). Este conocimiento anima un deseo sincero de contribuir a la recuperación ambiental, no solo en nuestro tiempo libre, sino dentro de nuestra capacidad como profesores.
La teoría ecocrítica formula un planteamiento que explica las conexiones existentes entre la obra literaria, el autor y su entorno, extendiéndose su significado a todos los seres que forman la cadena de vida. Basada en este principio natural, la ecocrítica denuncia toda forma de dominio que la sociedad antropocéntrica ha impuesto sobre todo aquello que la misma sociedad define como el Otro, es decir, la naturaleza, la mujer, los grupos étnicos y demás construcciones periféricas. Voz y poder  han sido ejercicio del hombre y su discurso ha sido legitimado por la ciencia o la lógica de la razón. En este proceso de legitimación, el Otro ha perdido voz e identidad. Es esta misma lógica la que ha permitido al hombre explotar o destruir la naturaleza, según su conveniencia. La ecocrítica al denunciar aquí a aquél, defiende al Otro.
Como bien expresa Cheryll Glofelty en su libro The Ecocriticism Reader, el desarrollo de la ecocrítica ha seguido (y sigue) las misma etapas señaladas por Elaine Showalter en la evolución del feminismo. Al comienzo, se buscan imágenes de la naturaleza en la literatura canónica, identificando estereotipos (Edén, Arcadia, etc) y ausencias significativas; en un segundo momento, se rescata la tradición marginada de textos escritos desde la naturaleza; por último, se sigue una fase teórica, preocupada por las construcciones literarias del ser humano con su entorno natural, y de ahí el interés creciente por poéticas ligadas a movimientos como la ecología profunda o el ecofeminismo. Gracias a este campo tan interdisciplinar es posible proporcionar en el aula un conocimiento más grande del mundo exterior.

2.      El paisaje alpino en la literatura suiza de expresión francesa:
un ejemplo de ecocrítica

            Si queremos estar atentos a los problemas éticos vinculados a la ecología, no basta con ser un apasionado del campo o del mundo rural, tener ojos para admirar la belleza de un paisaje y oídos para escuchar el susurro del viento. En efecto, nos estaríamos limitando así a una construcción estética de la naturaleza. Sin embargo, la naturaleza, bajo otras denominaciones (medio ambiente, ecosistema, entorno, lugar,…) es también una construcción política, científica y discursiva. A través de la literatura se pueden también transmitir ciertos valores ecológicos que pueden ayudarnos a comprender mejor nuestro medio ambiente y a restablecer ese contacto que hemos perdido con la naturaleza.
Para ello vamos a analizar las obras de varios autores de la Suiza francófona que nos hablan de paisajes alpinos, de su belleza, pero también de los problemas que han generado el progreso y la llegada de un turismo masivo en este último siglo XX y principios del XXI con sus infraestructuras modernas, provocando en algunos casos, la destrucción y desaparición de los paisajes autóctonos de los cantones suizos. El universo alpino, con su vasta montaña, será el corazón que bombea y alimenta esta creación literaria. Estudiar las obras de estos autores desde una perspectiva ecocrítica es una tarea gratificante para comprender mejor la crisis global a la que nos enfrentamos en este momento. Esta crisis no es el resultado de un mal funcionamiento del ecosistema, sino de un mal funcionamiento de nuestro sistema ético. Si queremos superarlo, debemos comprender el impacto que el hombre tiene en la naturaleza, entender estos sistemas éticos y hacer un buen uso de la comprensión para reformarlos. ¿Es la literatura capaz de modelar nuevas formas de habitar el mundo? Como dice Donald Worster: "Los historiadores, especialistas en literatura, antropólogos y filósofos no pueden evidentemente realizar esta reforma, pero pueden ayudar a su comprensión" (1993: 27).
Iniciaremos este recorrido con Edouard Rod (1857-1910), escritor vaudois instalado en Paris que condena en su novela Là-haut (1897) la degradación del paisaje alpino del Valais a finales del siglo XIX. Este escritor anticipa las preocupaciones medio ambientales surgidas por la transformación y la destrucción de los modos de vidas ancestrales. El protagonista de la novela, Julien Sterny, es un parisino de origen suizo que regresa a su país después de un escándalo que provoca su salida de la capital francesa. Siguiendo el consejo de un amigo, llega a Vallanches, un pequeño pueblo ubicado en la región de Martigny, alejado de los circuitos turísticos. Sus habitantes viven en armonía con la naturaleza y de sus escasos vacacionistas, asiduos a este lugar lleno de encanto. Hasta la llegada del señor Rarogne, un promotor inmobiliario, y de los constructores del ferrocarril. Todo cambia en este antiguo pueblo: son muchas las personas que quieren aprovechar el progreso y dejarse convencer por el dinero fácil. Personajes pintorescos desfilan en este entorno idílico, se forman historias de amor, surgen disputas, pero la solidaridad renace frente a la adversidad. Es un relato casi profético de la evolución del turismo en el cantón del Valais: las descripciones de los magníficos paisajes, las duras condiciones de vida campesina y de la gente de las montañas, tentados por el dinero fácil, son de una actualidad sorprendentemente: « Ceux qui verraient clair dans ce mystère gagneraient plus d’argent en deux ou trois ans […] que leurs pères n’en avaient économisé en six générations de travail et d’économie » (70). En esta época, la alta montaña comienza a ser rentable gracias al turismo: los lugareños se convierten en hoteleros, guías, transportistas. Los Alpes dejan de ser un mundo de terror y desinterés para convertirse en un medio de vida y, poco a poco, desaparecen los rasgos característicos de las aldeas suizas:
Hélas ! le temps n'est pas loin où l’on ne verra plus de « villages suisses » que dans les expositions, comme on ne voit déjà presque plus de meubles anciens que dans les musées ou chez les antiquaires. La création de ces « stations », qu'une publicité bien entendue met aussitôt à la mode, est suivie, à bref délai, de la construction de chemins de fer, et l’on sait les montagnes illustres dont les sommets ne sont plus que des gares (Rod 1901 : 419)

Para preservar los paisajes y la eterna belleza de la montaña sería necesario evitarles las agresiones que el ser humano y toda su tecnología están provocando. Rod no puede dejar de pensar aquí en esta definición del Hombre, cuya verdad se impone: «... un petit animal industrieux, qui excelle à utiliser tout ce qu'il y a dans la création pour en gâter la beauté tout en détruisant le bonheur de sa propre vie… » (Rod 1901 : 423).
Edouard Rod desempeñará un papel muy importante en París como padrino literario de otros autores suizos que vienen a buscar fortuna a la capital francesa. Entre ellos, el escritor de Vaud C.F. Ramuz (1878-1947). Testigo de los profundos cambios en el paisaje alpino, este joven escritor también muestra su apoyo a los movimientos de protección de la naturaleza que surgen a principios del siglo XX, y ataca con gran dureza a la industria del turismo y a los hoteleros.
Il y a déjà assez en Suisse de ces aventuriers qui font fortune en attirant chez nous nos voisins dont ils vident les poches. Il me tarde de voir les Alpes purgés de ces fantoches embarrassants, armés de piolets, accompagnés d’une bande de miss en jupes courtes et d’une caravane de guides. Il me tarde de voir la Suisse rendue à ses habitants, à ses citoyens. Il me tarde de voir disparaitre le cosmopolitisme qui, non content de détruire chez nous les vieilles mœurs et les vieilles coutumes, tend chaque jour à dégrader notre peuple jusqu’ici si probe. Je voudrais voir en une seule nuit tous les hôtels détruits. Les hôteliers, on en fera des manœuvres, des ouvriers, des artisans. Ils seraient alors plus utiles à la Suisse, ils travailleraient à sa prospérité, au lieu de travailler à sa ruine, à sa perdition peut-être (Ramuz 1968 : 10).

Este texto se une al movimiento precursor de la ecología[8] que conducirá a la creación del Heimastschutz (Liga para la conservación de la Suiza pintoresca)[9], en 1905. Al denunciar el utilitarismo dominante y la banalización del paisaje, Ramuz precisa:
On vient visiter le lac, les montagnes, les glaciers, tels qu’ils sont représentés dans le livre.[10] Et celui qui est venu, une fois rentré chez lui, dit à ses amis : ‘Allez voir comme c’est beau’. C’est pourquoi les étrangers deviennent toujours plus nombreux, jusqu’au jour des chemins de fer (Ramuz 1967 :186).

El flujo cada vez más intenso de turistas que llegaba a Suiza contribuyó a la creación y apertura de numerosas líneas de ferrocarril de cremallera. Constituían una de las principales atracciones para los turistas, que podían así satisfacer su necesidad de retornar a una naturaleza prácticamente intacta. Una de estas líneas provocará un gran debate nacional: la construcción de un funicular eléctrico entre el pueblo de Zermatt y la cima su montaña, en 1907. La Ligue pour la conservation de la Suisse Pittoresque y le Club alpin suisse se movilizarán contra este proyecto, especialmente a través de peticiones lanzadas por toda Suiza. Incluso se escribió una obra titulada “¡El Cervino se defiende!”, pieza de teatro en tres actos de Augusto Schorderet que se representará por primera vez en Ginebra, el 10 de noviembre de 1908. Cuenta la historia de un empresario estadounidense y un ingeniero francés que quieren construir un ferrocarril en el Matterhorn. Pero al tratar de escalar la cumbre, el ingeniero se cae mortalmente debido a su inexperiencia en el espacio alpino. Moraleja de la obra escrita por este periodista que trabajó en la Gaceta de Lausana: ¡no toques los símbolos suizos! ¿Se pone la literatura al servicio del medio ambiente? Lo que está claro es que se acusa a los promotores de querer desfigurar un símbolo de la identidad helvética para beneficio de los ricos industriales y de los turistas.
On commence à se préoccuper en Suisse, au point de vue de la protection des sites naturels, de l’envahissement exagéré des chemins de fer de montagne. Une pétition lancée par la Société pour la sauvegarde du pittoresque et par le Club alpin suisse contre le projet d’un chemin de fer au Cervin vient être remise au Conseil Fédéral, revêtue de 68.000 signatures (Cf. La Suisse au XIX siècle, T.III, ‘La Montagne Suisse’, par E. Rod).
Otro frente abierto contra la destrucción de los paisajes alpinos es el de los recursos hidráulicos. Eduard Rod introdujo poéticamente el tema en 1901, describiendo los inicios de una nueva industria: « Elle se glisse sur le pas d’un personnage très ‘fin de siècle’, colporteur d’une nouvelle espèce, mercanti fantastique, spéculateur imperturbable et matois: le marchand de cascades » (Rod 1901: 421). Años más tarde, la poeta Pierrette Micheloud, denunciaba en su obra Valais de coeur (1964), la transformación del paisaje de su querido Valais con la construcción de la presa de la Grande-Dixence, que transforma el río en un lago artificial, favoreciendo los intereses de una industria eléctrica cada vez más fuerte.
Ils t’ont fait un barrage. Ta vie de rivière mutilée, emprisonnée. Toute la montagne a crié. Dixence, un lac artificiel. Ils viennent du monde entier pour te voir. Tu leur parles d’énergie, des volts, de capacité, de potentiel. Là-bas, des turbines en mouvement Font trembler la terre, des moteurs tournent, des pylônes se dressent, des fils d’aciers se tendent à travers le ciel. (1964 : 23)

Si bien es cierto que este tipo de energía se considera limpia, fiable y sostenible, el precio ecológico que los paisajes y los ríos del Valais tuvieron que pagar fue muy alto. La construcción de una presa tiene efectos importantes para el medio ambiente. Una retención puede influir significativamente en el área donde se erige el río. Al bloquear el flujo natural de un río, un embalse afecta a la migración de peces, a las aguas subterráneas, a la calidad del agua y al transporte de sedimentos. Tampoco hay que ocultar los impactos negativos, tales como la captación de arroyos y cascadas que llevan a la desecación completa de algunos torrentes, robando con ello una cierta poesía al paisaje alpino. La transformación pues del paisaje de infancia de Pierrette Micheloud es brutal: una época en la que todo cambia muy rápido en este cantón hasta entonces preservado, en el que la paz social y la crisis de identidad se ven severamente sacudidas. La construcción de presas, de industrias, de helipuertos y de carreteras ha tomado un amplio desarrollo y de golpe el Valais se ha trasladado a una era moderna:
Ce noble pays est entré dans la course du monde, comme les autres, lui qui nous croyions investi d’une mission spéciale. C’était son droit. En vertu de quoi aurait-il fait exception ? Des routes partout. Elles me hantent. J’ai mal pour la Terre. (1995 : 78)

Pero será Maurice Chappaz, el poeta del Valais, quien mostrará a los lugareños desde la década de los 50 del pasado siglo, que los Alpes son más que un recurso económico para la sobreexplotación, y deben ser protegidos y respetados. Chappaz fue el primer escritor que se atrevió a denunciar en Le Match Valais - Judée (1968) y sobre todo en Les Maquereaux des cimes blanches (1976) las consecuencias de un progreso a corto término: « On a pu exploiter, d’une façon effrénée les ressources naturelles d’un pays. Et le Valais était un morceau de choix, un morceau de rois pour les spéculateurs  »[11]
Ante el daño que causa el turismo, el saqueo de la tierra y la especulación inmobiliaria, Chappaz, el poeta que una vez cantó la belleza de los Alpes, se siente obligado a expresar su rabia y su dolor. Ansioso porque presiente la catástrofe, « sous ses yeux, un certain Valais meurt, transformé sans pudeurs ni mesure »[12], se convierte en un escritor comprometido. Sus poemas abandonan las estanterías de la biblioteca para unirse a los problemas de la sociedad, Chappaz dirá lo que piensa. Pero ¿no es esta la verdadera misión de un poeta? Según él, el poeta cumple una función necesaria: « Il est le témoin du cœur. Contre le mensonge des robots et des trafiquants »[13]. Su prosa se convierte en un arma al servicio de la lucha por preservar la montaña de los apetitos de los hombres y sus exageradas construcciones de hormigón.
Chappaz sacudirá la sociedad valaisane, el mundo político y económico de la época y, sobre todo, luchará para preservar el paisaje que tanto ama. Lo que una vez fue un acto de celebración se convierte en un acto de resistencia, una queja amarga cuando es necesario. Esto se puede ver en el texto que acompaña a la segunda edición de Les Maquereaux des cimes blanches, cuyo título ya es muy revelador La Haine du passé (1984):
Chez nous la mise aux enchères des montagnes et des névés à coups de députés n'en finit pas. Et que je te balance un câble! Et que je t'enfonce mes trax! Et que j'évapore le Rhône et que je te rescie une forêt! [...] En images d'Epinal, en dessins animés je raconte une fin du monde. Ce que l'on a construit dans tous les coins c'est une Tour de Babel en mille morceaux (Chappaz 1994 : 27-28).
Se establece una relación de amor y odio entre el poeta y los habitantes de Valais. Los textos de Chappaz provocarán reacciones adversas entre la población local. Por un lado, la indignación de la buena sociedad valaisane que participó, en su momento, activamente en la locura turística de los años 60 y 70. Por otro lado, el apoyo incondicional de quienes se identifican plenamente con su causa, y encuentran en sus palabras el coraje para protestar contra la construcción de ciudades en las montañas. El punto de vista de Chappaz sobre la naturaleza siempre ha sido claro, la alabanza y la ecología. Siempre ha estado a favor de la protección del patrimonio natural y contra la destrucción y la dominación.
En 1970, con motivo del Año Europeo de la Naturaleza, la Alliance culturelle romande publicó, bajo el título Nature et Civilisation, un libro de 96 páginas ricamente ilustrado, en el que colaboran varios autores de las Suiza francófona, entre ellos Pierrette Micheloud. "Dernières paroles de la reine nature au citoyen civilisator", es un texto muy revelador porque da la palabra a una Naturaleza que se expresa, con toda su fuerza, su dolor y su angustia: “Mon dernier rocher, ma dernière source, ma dernière gentiane, de mutilation en mutilation, tortionnaire Civilisator". (44). El hombre se convierte en verdugo de la naturaleza destruyendo todo lo que encuentra en su camino "mes forêts rasées, mes montagnes béton-ferraille, mes eaux pollués, le soleil en fuite, toute espèce consommable-utilisable parquée, encagée, forcé de turgescences synthétiques, les autres espèces exterminées, plus un oiseau à l’état libre, ni poisson, ni quadrupède, plus une plante (si, cette gentiane, mais si près de sa fin), plus un arbre sauvage… "(44). Aquí está el panorama desolador que ella nos presenta. Pero ante esta destrucción de su montaña, ella mantiene siempre la esperanza, porque gracias al poeta la Naturaleza siempre será la más fuerte.
La conciencia ambiental ha recorrido un largo camino en el Valais suizo, gracias en parte al legado dejado por todos estos escritores y a la lucha llevada a cabo por activistas suizos internacionalmente conocidos como Franz Weber y su Fundación. Franz Weber  ha salvado de la destrucción un sinfín de paisajes emblemáticos de Suiza, gracias a sus campañas e iniciativas populares conocidas en el mundo entero. Una de sus iniciativas más controvertidas tuvo lugar en 2012: “pour en finir avec les constructions envahissantes de résidences secondaires”. La iniciativa proponía añadir un artículo 75a a la Constitución Federal que limitaba el número de residencias secundarias al 20% de viviendas y de la superficie habitable para cada municipalidad. El objetivo de la iniciativa Weber era doble. Por un lado, proteger el paisaje, especialmente en el área alpina, contra la proliferación de los edificios. Pero también se trataba de pelear, por el contrario, contra lo que se llaman las "camas frías", es decir, las casas que están vacías la mayor parte del año. Estas camas frías son una gran pérdida de recursos. Tienen un enorme impacto en el paisaje, pero también requieren una variedad de costosas infraestructuras y equipos, que serán poco utilizados.
Sí, los Alpes han evolucionado enormemente desde la década de 1970 y, lamentablemente, no siempre en la dirección correcta... La diversidad cultural y la variedad del patrimonio rural, que constituye su riqueza, continúan desapareciendo bajo la más absoluta indiferencia. ¿Cuál será el futuro del macizo y de sus gentes?
Hoy, frente a los problemas que afectan a toda la cadena montañosa (cambio climático, aumento de la contaminación de los valles, sobrecarga turística, áreas en declive, extensión de carreteras y áreas urbanizadas, transporte, etc.), los Alpes se están intentando reorganizar; se han creado algunas asociaciones para la salvaguarda de la memoria cultural de los Alpes y para su protección  (Pro Vita Alpina[14], L'initiative des Alpes[15]), otros se comprometen a desarrollar una agricultura "labellisée", las regiones cooperan ignorando las fronteras, los diferentes estados firmaron en 1991 con la UE una convención sobre la protección de un patrimonio considerado vital para Europa: la Convención Alpine, que considera el macizo como el último dominio en Europa, dotado de una naturaleza aún original. Como tal, los Alpes están sujetos a medidas especiales de protección. Pero, ¿son suficientes?
El entorno natural alpino está bajo amenaza y se necesitan medidas urgentes para protegerlo. El debate sobre el equipamiento turístico y la desfiguración del paisaje es esencial en la actualidad, ¡especialmente cuando se continúa vendiendo una montaña a través de imágenes de naturaleza casi intacta! ¿El desarrollo sostenible es un objetivo para los paisajistas? Si la tendencia continúa, el impacto que tendrá la evolución de la economía del ocio y del turismo en la naturaleza y el paisaje de los Alpes será más destructor que los cambios naturales, como por ejemplo, el del cambio climático.
Este tema de la expansión del turismo se toca desde un ángulo muy interesante en el relato de Estive del escritor suizo Blaise Hoffmann en 2007. Estive es la crónica de un verano pasado como pastor en los Alpes del cantón de Vaud. Hoffmann se enfrentará solo a la inmensidad de este espacio salvaje para evocar la belleza de las montañas, pero también su fealdad, denunciando la disneylandización de los Alpes. También realiza reflexiones, a menudo irónicas, sobre la montaña y su mitología o en lo que se ha convertido. Nos da un claro ejemplo con la estación de Leysin [16] :
Leysin, station fun, propose escalade, canyoning, mountain bike,    randonnée, promenade à dos de mulet, rafting, pêche en rivière, piscine, tennis, hockey, karting sur glace, raquettes, squash, aérobic, parapente, via ferrata, héliski, cheval, poney, ping-pong, football, beach-volley, parcours vita, minigolf, musculation, aquagym, tir au pigeon d’argile, parc à biche, quad, télécabines, télésièges, téléskis, freestyle park, halfpipe et superpipe. À la Hiking Sheep Bergerie backpacker, le lit en dortoirs coûte trente francs (161).

Por supuesto, todas estas actividades propuestas por la industria del turismo « compense[nt] l’exode rural du siècle dernier, repeuple[nt] la montagne, la rend plus viable, plus tenable, plus rentable. » (161) Y a los campesinos que ahora se quejan, el autor les recuerda: « Qui a vendu les terrains où se construisent les complexes touristiques ? » (162).  La crítica política no está lejos y cuando Hofmann se deja llevar, se vuelve rápidamente sangrante, uniéndose así a las palabras de Maurice Chappaz que ya recordó tiempo atrás " la grande vente du Valais ":
Tous au village ont récupéré à leur compte le mythe alpin. Les autochtones, en vendant leurs produits avec une plus-value de tradition. Les acteurs touristiques, en exploitant la virginité illusoire des Alpes pour vendre des nuitées. Les patriotes, en faisant des Alpes une référence inaltérable au pacte initial. Les écologistes, en défendant l’idée d’un terrain fragile et riche qu’il faut préserver de toute intrusion moderne (163).

Pero Hofmann va todavía más allá y pide la desmitificación completa de los Alpes: « Il est temps de décoloniser les montagnes de leurs chimères, de se défaire des illusions qui constituent notre suissitude, cet objet de marketing » (163), desafiando con ello toda la historia en torno a la identidad suiza: « Il n’y a rien dans les Alpes d’essentiel. C’est du relief qui traverse l’Europe en se foutant des frontières » (163). Hofmann mira con cierta ironía y desilusión lo que ha sido de los Alpes y nos muestra el verdadero rostro de la montaña: « La montagne se théâtralise. Les Alpes sont le terrain de jeu de l’Europe. Elles se regardent au travers d’une fenêtre que l’on ouvre et referme » (118). La montaña se ha convertido en una mera distracción, un escenario, un espacio donde los turistas vienen solo a divertirse. Algo que confirma el famoso sociólogo y antropólogo suizo Bernard Crettaz: “Tous ces imaginaires historiques se retrouvent au sein de kaléidoscope actuel et sont utilisés à toutes les fins commerciales, culturelles et politiques. Mais ils sont usés et fatigués, le vieux mythe des Alpes atteint sa fin » (2013, 35).
Bernard Crettaz formuló ya en los años 90 la hipótesis de la disneylandización progresiva de las montañas de los Alpes. Su documental “L’Adieu aux Alpes” provocó gran escándalo en su momento, y en su publicación Au-delà du Disneyland alpin, contrasta la representación idílica de los Alpes como supuesto espacio puro, salvaje e intacto en su primitivismo con la construcción de múltiples parques a gran altitud, en forma de Disneylands. Estamos obligados a admitir los numerosos cambios que la montaña y su patrimonio rural han sufrido, jugando constantemente entre lo moderno y lo auténticamente arcaico. Las causas: una urbanización general, una masificación turística y una gran cobertura mediática. Pero, ¿qué es exactamente este Disneyland alpino? Es una mezcla entre lo que él llama la "loca montaña", es decir, la máxima expresión de los Alpes como espacio de diversión y su imagen opuesta, el lado modélico de los Alpes mesurados y equilibrados que se asemejan a las típicas imágenes de la montaña de siempre.
Bernard Crettaz también se pregunta sobre el papel que se le ha dejado a la cultura en general y a la de los Alpes en particular, porque "nous assistons à des formes d’expression qui ne constituent plus des enjeux mais relèvent du seul divertissement". De la misma opinión es el filósofo Yves Michaud quien explica que después de dos siglos de sacralización cultural, hemos llegado a un punto de inflexión considerable: el del entretenimiento cultural, y el turismo es una de las consecuencias. El turista tiene mala prensa en el ámbito cultural: a menudo se percibe caricaturizado, es un destructor que usa y destruye los monumentos que visita, genera un equipo costoso, contamina y no entiende lo que ve. Esto es lo que el filósofo Yves Michaud llama "el invasor que paga" (2006: 29). El turista que visita los Alpes va en busca de una identidad, por supuesto. ¿Pero cuál? Casi siempre conduce a estereotipos que terminan siendo más reales que la realidad. El turismo por lo tanto estimula una producción de cultura más o menos auténtica. Incluso hace posible reinventar identidades: "Los estereotipos a veces tienen efectos inesperados. Esto le permite redescubrir o reinventar una identidad. Porque no debemos olvidar la importancia de la mirada del otro en la formación de identidades "(2005).
Un ejemplo concreto de esta mirada del otro en la formación de identidades sería el proyecto propuesto en el pueblo de Heidi o Heidiland. La novela de Johanna Spyri (1827-1901), traducida a más de cuarenta lenguas y cuya tirada mundial supera los veinte millones de ejemplares, dio a luz hace unos años a esta pequeña locura turística. Han recreado un mundo romántico y alpino entre Bad Ragaz y Coire. Y así es como venden la visita de este famoso pueblo en una página turística suiza:
Dans le village de Heidi, les visiteurs peuvent revivre l'histoire de la joyeuse petite orpheline proche de la nature dans les lieux mêmes qui l'ont inspirée et se plonger dans l'époque à laquelle elle a été créée. Le chemin de Heidi mène à la maison de Heidi et à l‘alpage de Heidi à travers des paysages idylliques.

¿Paisajes idílicos? Es difícil de creer si escuchamos los comentarios de Alain Gsponer, el director de la última película sobre esta heroína: « Il a été très difficile de trouver le lieu adéquat”, - explica Alain Gsponer. “Aujourd’hui, il n’existe plus un alpage qui ne soit pas électrifié, plus un champ sans pylône. C’est finalement autour du village de Bad Ragaz que nous avons tourné les scènes de montagne, en faisant disparaître, ensuite, sur la pellicule, les éléments parasites ». Pero eso no es todo, porque incluso hay un proyecto de parque temático de Heidi que combina paseos y naturaleza. De hecho, los representantes de Heidiland y la "aldea de Heidi", así como los remontes de Grüsch-Danusa se reunieron informalmente hace cinco años para un intercambio de ideas que finalmente no llegaría a buen puerto, ya que la Oficina Federal del Medioambiente bloqueó el proyecto en Grüsch (GR). Pero esto no ha frenado en absoluto el sueño de los promotores: el «Heidi Alperlebnis», abrirá sus puertas en Flumserberg (Saint-Gall), a treinta kilómetros de Maienfeld. Por el momento, tan sólo ha cambiado de ubicación.
¿El patrimonio cultural de los Alpes se ha convertido en una atracción turística simple y emocionante? Si volvemos a las palabras de Bernard Crettaz, debemos notar que, treinta años después, lo que vaticinó se ha convertido en realidad: jugar, divertirse, consumir. Aquí está el vínculo que tenemos hoy con el patrimonio natural de los Alpes, porque "tout ce qui a fait votre vie revient comme un grand jeu à l’ancienne: vieilles maisons, vieux outils, vieilles fêtes, vieux rituels, vieux récits, vieilles légendes… Et si l’on n’a pas de vrai vieux, on fabrique du faux vieux qu’on mélange avec tout et n’importe quoi. […] tout est bon pour jouer un moment avec un passé-amusette !” (1994 : 16).

Conclusión
Debemos intentar influir más en la humanidad con los estudios de sostenibilidad (un saber vivir dentro de los límites del planeta) y de equilibrio natural, compaginados con aquellos otros que dotan a los seres humanos de “equilibrio emocional y espiritual”, me refiero a la Filosofía, la Historia, la Música, la Pintura o la Literatura. La ecocrítica estaría situada aquí como un nuevo campo disciplinario que rompe con la tradicional separación entre las ciencias y las letras, ya que se considera fundamental unir la visión de la naturaleza literaria con la científica y ecológica. Y el estudio de obras como las que hemos presentado hoy aquí es un claro ejemplo de cómo llevar a los lectores un tema tan importante como la destrucción de nuestro patrimonio natural.
Según la organización WWF, más de 120 millones de personas visitan los Alpes cada año. Ya es hora de tomar medidas para desarrollar un turismo quizás más responsable, especialmente el turismo de masas, que ha contribuido significativamente a la destrucción del paisaje alpino en los últimos años. La urbanización, la construcción de infraestructuras (carreteras, telesillas, aparcamientos, etc.), el tráfico rodado y las actividades de ocio que no son muy respetuosas con la naturaleza están destruyendo preciosos paisajes naturales y culturales, y con ellos, la fauna y la flora, la vida silvestre que albergan, pero también la propia cultura de la montaña. El corazón de un pueblo deja de latir cuando está saturado de construcciones que evocan más las afueras de las ciudades que los medios rurales.
En la altas montañas, la mayoría de los turistas solicitan cada vez más equipamiento deportivo que les asegure el confort y las distracciones: tiendas, cafeterías, garajes, parques, aparcamientos, autoservicios, etc. ¡La ciudad en las montañas pero con las ilusiones del pueblo! Así que hoy, en las altas montañas suizas, tenemos todas las modernidades deseables y, pero también, este retorno a lo anciano, a lo de antes. Y luego, el mestizaje, la mezcla entre los dos, el "n’importe quoi" que el sociólogo Bernard Crettaz comentó anteriormente. Obviamente, esta mezcla de modernidad y de antigüedad puede provocar conflictos entre quienes añoran la montaña de antes, el antiguo mito de la montaña primitiva, y quienes quieren desarrollarla: los promotores. En la actualidad existen conflictos, rupturas, divisiones que a veces causan desorden. Pero debemos encontrar el equilibrio adecuado: reintegrar el retorno de lo antiguo, la nostalgia perdida con los nuevos elementos tecnológicos; reintegrar las reservas naturales, los sitios ecológicos y las áreas protegidas; reintegrar las importantes exposiciones de todo el mundo y festivales de todo tipo que se han convertido en los nuevos festivales alpinos. Porque, si no tenemos cuidado, los Alpes suizos serán cada vez más como un universo artificialmente organizado, donde haremos de la naturaleza un mero bien de consumo y las altas montañas se convertirán en un simple parque de atracciones.
En nuestras manos está el defender el medio ambiente generando una comprensión más amplia de la naturaleza, de su extensión y de los efectos que tienen los factores humanos sobre los recursos naturales. El ser humano debe ser consciente de este hecho perturbador, que tiende a destruir la naturaleza por el poder que tiene para dar forma al entorno en el que vive o en el que disfruta. Paradójicamente, es necesario proteger la naturaleza del hombre, pero para sí mismo, para su supervivencia y la de sus descendientes, porque debe sentir la sensación de ser depositario personal y social de la herencia de los recursos naturales, de la misma manera que del patrimonio artístico de las regiones.
Por ello me gustaría acabar esta intervención lanzando una pregunta ¿Hasta qué punto se puede llevar el desarrollo-progreso a las montañas para beneficio del turismo sin desnaturalizarlas?

Bibliografía
Hans, J.S, The value(s) of litterature, Albany, N.Y, State University of New York Press, 1990.
Jouve, V. Poétique des valeurs. Paris: PUF, 2001.
Lourius, C & Carpentier, L. Voyage dans l’Anthropocène. Cette nouvelle ère dont nous sommes les héros. Actes Sud, 2010.
Rueckert, William. “Literature and Ecology: An Experiment in Ecocriticism.” In Iowa Review 9, no. 1 (1978): 71-86.
Schorderet, A. Le Cervin se défend. Genève: Edition Atar, 1908.
Todorov, S. La littérature en péril. Paris: Flammarion, 2007.

Conferencia impartida en el I Seminario de Estudios Suizos de la Universidad de Córdoba que tuvo lugar el 6 de marzo de 2018.


[1] W. RUECKERT, « Literature and Ecology », dans C. Glotfelty & H. Fromm (dir.), The Ecocriticism Reader. Landmarks in Literary Ecology, Athens, The University of Georgia Press, 1996, p. 107. Publicación original en Iowa Review, vol. 9, no 1, 1978, p. 7186.
[2] C. GLOTFELTY & H. FROMM (dir.), The Ecocriticism Reader, op. cit., p. XVIII.
[3] Ibid.
[4] L. BUELL, The Environmental Imagination: Thoreau, Nature Writing, and the Formation of American Culture, Cambridge, The Belknap Press of Harvard University Press, 1995
[5] Voir « Environmental Sainthood », The Environmental Imagination, op. cit., p. 311397, qui traite de la réception de Thoreau au cours des XIXe et XXe siècles.
[6] H.D. THOREAU (1854), Walden o la vida en los bosques. Barcelona: Libros de la Frontera, 2002. Traducción de Jorge Lobato. En este relato Thoreau evoca su experiencia vivida durante dos años y dos meses en una cabaña de madera a la orilla del lago de Walden en Massachussetts.
[7] El «fuera del texto» [...] debe volver forzosamente si queremos tener alguna esperanza de eliminar la esterilidad que cubre nuestra disciplina de muchas maneras y si tenemos alguna esperanza de hacer justicia al trabajo de nuestros escritores.
[8] Llamar la atención en esta época sobre los peligros que atañen al medio ambiente no se puede considerar todavía una verdadera actitud ecológica en el sentido actual del término, sino más bien el resurgimiento de una nostalgia por cierta armonía natural, de orden fundamentalmente estético.
[9] En 1905, l’association du Heimatschutz (Ligue pour la conservation de la Suisse pittoresque) voit le jour sur le modèle allemand de 1904, ainsi que la Ligue pour la Protection de la Nature quelques années plus tard, en 1909, dont l’objectif est la protection des paysages suisses face aux absurdités du modernisme. La nature et tout particulièrement les Alpes occuperont une place centrale par la fonction identitaire qu'elles représentent pour la Suisse.
[10] pivert-de senancour, E. (1804) Oberman. Paris: Flamarion (2003).
[11] Entretien réalisé à M. Chappaz en 1977. On peut l’écouter: http://www.swissinfo.ch/fre/multimedia/video.html?siteSect=15045&ne_id=10208679&type=real
[12] Le Confédéré, mardi 13 avril 1976. Article: “Le cri du poète qui dérange”, par M. J. Luisier.
[13] Le Confédéré, mardi 9 mars 1976. Article : “Exclusif! Maurice Chappaz parle de son livre: Les Maquereaux des cimes blanches », par M. J. Luisier.
[14] Le réseau Pro Vita Alpina est une association pour le développement culturel, social, écologique et économique des Alpes. Fondé en 1972 comme groupe de travail suisse, il devint en 1989 un réseau international regroupant tous les pays alpins d’Autriche, d’Italie, de Suisse, de France et de Slovénie.
[15] "L'initiative des Alpes" (iniziativa da las alps en romanche) est une association suisse pour la protection des Alpes. L'association a été créée à la fin des années 1980 lorsque des écologistes de la région du Saint-Gothard ont lancé une initiative populaire visant à réduire la traversée routière des Alpes pour le transit. L'initiative intitulée « Pour la protection des régions alpines contre le trafic de transit » a été acceptée en votation le 20 février 1994.
[16] Leysin vit son épopée de station climatique et réussit sa conversion en lieu de vacances dans les années 1960 (Stucki-Rognon 1998: 25).

Sylvain Tesson : esthétique du retrait et écologie existentielle face à l’épuisement occidental

  Résumé L’œuvre de Sylvain Tesson peut être lue comme une réponse littéraire aux tensions écologiques et existentielles qui traversent l’Oc...