viernes, 22 de abril de 2016

VISIONES LITERARIAS DEL RÍO RÓDANO: IMÁGENES DE UN MITO


RESUMEN

El paisaje suizo es sinónimo de impresionantes montañas, imponentes glaciares y de agua, mucha agua. Este elemento natural aparece bajo diferentes formas: nieve, manantiales, torrentes, cascadas, lagos o ríos, entre los que destacan las aguas del Ródano, el río más importante de la Suiza Occidental. Tiene su origen en el macizo del San Gotardo y ha sido siempre una figura clave en el imaginario de la literatura suiza de expresión francesa. Escritores de la talla de C.F. Ramuz, Maurice Chappaz, Corinna Bille o Pierrette Micheloud han dedicado poemas, relatos cortos o incluso ensayos completos a este elemento natural. En esta comunicación presentaremos los aspectos más destacados de la simbología de este mito literario desde una perspectiva ecocrítica, contribuyendo de esta manera a reflexionar sobre su situación ambiental y mostrando el vínculo que estos escritores han mantenido con este elemento. Nos centraremos principalmente en cuatro obras: “Chant de notre Rhône” de C.F. Ramuz, “Vocation des fleuves” de Maurice Chappaz, “Ma Forêt, mon Fleuve” de Corinna Bille et “Regards du Rhône” de Pierrette Micheloud.
                                                
L'onde, tout à la fois passé, présent et avenir, permet de regarder le temps; elle devient de l'histoire liquide (Jacques Rossiaud).

El agua ha sido siempre un tema evocador para artistas y poetas que han utilizado este elemento como fuente de inspiración por esa gran capacidad que posee de estimular la conciencia, la imaginación e incluso, como nos recuerda Gaston Bachelard, el lenguaje: “L’eau est la maîtresse du langage fluide, du langage sans heurt, du langage continu, continué, du langage qui assouplit le rythme, qui donne une matière uniforme à des rythmes différents” (1942: 209). Sería difícil imaginar una vida sin arco iris, sin puestas de sol, sin tormentas eléctricas ni paisajes de nubes, cascadas, olas batiendo una orilla rocosa. El agua está vinculada a las emociones, por eso cuando la observamos nos sentimos más sensibles, receptivos y compasivos. ¿Quién no se ha emocionado alguna vez mirando el vaivén de las olas de un lago o el fluir de la corriente de un río? El sonido del agua es relajante e incluso curativo: el borboteo de un arroyo, el goteo en una cueva o el reflujo de la marea pueden llegar a ser música celestial para nuestros oídos. El agua nos hipnotiza y tiene el poder de calmar nuestra mente. Y sin embargo… sabemos tan poco de ella. Es quizás el elemento más misterioso de la Tierra: cae en forma de lluvia o nace de la tierra para que la fecundación se logre: es fuente de vida y, circulando por la naturaleza, preserva esa vida. De todos los elementos, el agua es el más claramente transicional. Fluye por la tierra en forma de manantial, torrente, río, pero se puede elevar hacia el aire por efecto del fuego - el sol - para volver a la tierra en un choque con el aire frío. Es lo líquido entre lo sólido de la tierra y lo etéreo del aire y del fuego, habiéndose convertido - en diferentes mitos antiguos - en mediador entre la vida y la muerte, entre la creación y la destrucción. 

1.    Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir
Los arroyos y los ríos sanos son agua en su expresión más activa y poderosa. El científico James Lovelock nos recuerda que los ríos son las venas del planeta y junto a las corrientes marinas forman parte de su sistema circulatorio. Su misión es llevar y distribuir el agua dulce a los lagos, a los humedales y al mar. Un agua cargado de nutrientes necesarios para que miles de especies acuáticas pueda sobrevivir. El río es pues portador de vida. En los lugares por donde pasa va dejando la vida y, al mismo tiempo, arrastra consigo la maleza que encuentra, alegrando la campiña con el canto de sus aguas. El río sacia muchos recodos secos y sedientos, cobija a muchos peces y a otros animales, y ¿cómo no? son un elemento indispensable para el desarrollo humano: pueblos y civilizaciones enteras se han asentado a lo largo de la historia junto a los ríos. Suministran agua, alimento, rutas de navegación, entretenimiento y son fuente inagotable de energía.
Esta comunicación está dedicada a uno de esos ríos, portadores de vida, más emblemáticos de Europa: el río Ródano, todo un símbolo en Suiza. Río mítico no sólo porque en sus aguas vivían extrañas criaturas, como el Drac[1], sino también porque su impresionante fortaleza equivalía a la de los héroes de la mitología; río poético por su capacidad de inspirar a poetas, escritores y artistas. Su nombre etimológico (del griego rhodanos; latín, rhodanus) resulta incierto, quizás de origen celta (del radical reth, red, ret, que significa correr) o del calificativo redan, retan, rodan (rápido) de los que derivan las antiguas variantes del Rhodanus. Plinio el Viejo (Historia Natural, III, 29) cuenta que una colonia de comerciantes de la isla de Rodas se había establecido entre los siglos VII-VI antes de J.C. a la entrada del delta y había dado su nombre al río.
On voit aussi Agathe, jadis aux Massiliens, le pays des Volces Tectosages, et Rhode, cette colonie de Rhodiens, qui a donné son nom au fleuve le plus riche de Gaules, au Rhône, qui tombant des Alpes et perçant le Leman, emporte dans sa course et le lent Araris, et l’Isère, et la Druentie, ses rivaux en rapidité (Histoire Naturelle, T3: 29)
Es, sin lugar a dudas, uno de los ríos europeos más importantes. Sus aguas recorren 812 km de longitud, de los que 290 km transcurren por tierras suizas. Nace en el glaciar del Ródano, a 2209 metros de altitud, en el extremo oriental del cantón del Valais y sus aguas alimentan uno de los lagos más voluminosos de Europa, el Leman (72 km), antes de atravesar la ciudad de Ginebra y perderse en territorio francés, hasta desembocar en el mar Mediterráneo. Se trata pues de un elemento natural que siempre ha marcado e influenciado con su paso el imaginario de viajeros y artistas del mundo entero, pero también de escritores y poetas de la Suiza de expresión francesa. Analizaremos los aspectos más importantes de la simbología de este río, convertido ya en todo un mito literario, a través de las obras de cuatro grandes y destacados escritores de la literatura suiza: C.F. Ramuz, Maurice Chappaz, Corinna Bille et Pierrette Micheloud. En este momento en que el Valais y la Confederación han puesto en marcha un programa que, preservando los intereses de la economía, tiene como objetivo revitalizar el Ródano[2], la obra de estos cuatro autores es, sin duda, un buen lugar al que acudir para rememorar sus orígenes: “Selon la nature, le fleuve est la voie la vérité la vie” (Chappaz 2003: 21).

2.    El Ródano símbolo de identidad y de unión
El Ródano juega un papel preponderante en el imaginario de C.F. Ramuz. Aunque es quizás en Chant de notre Rhône donde observamos la más bella evocación hacia este elemento. El relato cede el paso a una meditación lírica cuyo tema esencial es el propio río, principio de vida para la tierra que él mismo irriga (Marclay, 1950: 48).
El poeta nos describe el nacimiento del río y contempla su discurrir vagabundo:
Là-bas, le Rhône naît du glacier: voilà d’abord son origine.
C’est cette grande vallée pierreuse, avec un versant privé de sa chair sous une peau peinte et repeinte, cuite et recuite par le soleil, où si souvent on s’est tenu, à l’ombre de l’un ou l’outre de ces pins qu’il y a, l’ombrelle des branches mal ouverte et un peu de travers, en peinture vert foncé sur une peinture bleu foncé ; et l’on a contemplé de là, dans le fond de cette vallée, quand il coulait encore blanc comme sont les eaux du glacier qui sont des eaux comme du lait (Ramuz, 1967 :12).

El Ródano aparece siempre unido a esa región del Valais que el propio río ha creado y dado forma a lo largo y a lo ancho de su recorrido, desde lo alto de la montaña hasta su descenso al valle. El nacimiento del Ródano, - torrente salvaje habitado por una fuerza violenta, es decir elemental -, es comparado por Ramuz con un niño, que sólo comienza a cobrar vida cuando se siente protegido en su verdadera cuna, que en este caso se encuentra representada por el lago Leman:
Les fleuves tombent d’abord à pic, suspendant au-dessus du vide les plis superposés de leur chute arrêtée, et c’est tout au bas d’eux-mêmes seulement, dans un creux, un repli, dans un nid, en effet dans un véritable berceau, dans des draps soigneusement passés au bleu, sous de rideaux de tulle transparent, qu’ils prennent vie.[3]

Y esa fuerza impetuosa que, después de haber creado el Valais, forma la cuenca lemánica, la “petite Méditerranée”, se convierte a su vez en la cuna del país de Vaud, uniendo así los dos cantones: el cantón del Valais y el cantón de Vaud. Pero a su vez, el lago, ese gran contenedor, acoge a todo aquel que viene a mirarse en él para reconocerse: “Miroir de la vie  et du ciel, un grand miroir est là, où je me mire” (Ramuz, 1967: 9). Ramuz hace referencia a la otra orilla, la saboyana. El Ródano une aquí a las dos orillas, a los dos pueblos, el suizo y el francés. El río es pues símbolo de unidad entre los pueblos, puesto que todos se reflejan en él. Y esa cuenca, con connotaciones tan maternas, matriz del país, se abre a su vez hacia otros horizontes: “Il semble qu’on voit l’autre côté de la terre et on va à travers la terre jusqu’au ciel qui est de l’autre côté » (Ramuz, 1967: 20).
Después de haber dado nacimiento a la región del Valais y a la cuenca lemánica, el Ródano continúa su camino hacia el sur, y recobrando de nuevo su ímpetu, va creando paisajes y ciudades parecidos a aquellos: “Le fleuve reflète tous les contrastes des paysages qu’il traverse et des peuples qui habitent ses rives” (Marclay, 1950: 49). Gracias al Ródano el país del Valais y el país de Vaud forman una unidad geográfica, histórica, lingüística y espiritual con la Savoya y el Mediterráneo. Cuando Ramuz medita al borde del lago “c’est le fleuve entier qu’il voit et qu’il chante, le fleuve et les peuples unis par lui dans une profonde parenté de langue et de race” (Marclay, 1950: 49). Y confiere al río el poder de transmitir con sus aguas esa historia líquida que nos cuenta:
Nous aussi, nous saluons une réalité non visible, et, au-dessus de ce cours, en sens inverse, connaissons qu’il y a une autre espèce de cours. C’est ainsi que de là-bas, en même temps que les vapeurs, des images nous sommes venues, des religions nous sommes venues, en même temps que l’objet Rhône nous revient et il nous revient chaque jours, comme s’il s’agissait d’un corps, avec une circulation de sang, comme s’il s’agissait d’un royaume non politique, mais où il y aurait tout de même un roi, c’est-à-dire, un législateur des mœurs et des coutumes, une autorité que décide des actions, qui décide des paroles, qui décide des gestes (Ramuz, 1967 : 25)

Su presencia es así inmemoriable “parce que depuis toujours il est là, et immémorialement il marmonne là, élevant la voix quand la nuit vient, la laissant tomber et faiblir à mesure que le jour grandit” (Ramuz, 1968a : 357). El tiempo fluye con el río, inexorable. Las olas del lago marcan el tic tac del reloj « heures du temps, heures marquées, une grande horloge est là, qui bat » (Ramuz, 1967: 9). Al contrario que las vidas humanas, el Ródano es infinito, y es así que forma parte de un tiempo cíclico. No sólo es presente, sino también pasado y futuro: “Là aussi ça dure, là non plus rien ne change; ah ! on le connaît bien, ce Rhône, on ne le connaît que trop ! Depuis le temps, (...) depuis le temps qu’il vous raconte sa vieille histoire, toujours la même…” (Ramuz, 1968a : 235-236). El agua de que se compone, no sólo cae desde lo alto, sino que asciende desde lo más profundo de la tierra, revistiendo así al río de su característica cíclica. A Ramuz le gusta imaginar las nubes trayendo el agua desde el mar para que ésta se transforme en manantial, río y lago.
…on chante ici l’âme d’un fleuve. Voilà déjà qu’incessamment et chaque jour un peu tu nous reviens, ô Rhône, parce que chaque jour le soleil te dit : lève-toi. Il t’attire à lui, par une vapeur qu’il fait monter de la mer, et, confiant cette vapeur au vent : « Portez-la d’où elle est venue » (Ramuz, 1967: 25).

No hay que olvidar que el río es básicamente agua - elemento primordial de vida. Las tradiciones cosmogónicas de la mayoría de las culturas asocian las aguas de los grandes ríos con las primeras causas de la creación. El agua posee la fuerza de engendrar, de alimentar, impone su ley y su orden al paisaje circundante, se convierte en creador todo poderoso. Incluso el lago deja de ser solamente espejo pasivo, él también crea el país a su imagen y semejanza.
Je vois l’eau, je trouve de l’eau, je trouve le Rhône et le lac; je vois les espaces du lac être pères de tout le reste, puis que ce lac est né d’ailleurs et que ce lac se porte ailleurs, que ce lac est un fleuve, que ce lac est un cours. (Ramuz, 1967 : 22-23)

El Ródano, fuerza creadora por excelencia, representa, una totalidad en la obra ramuziana. Sus aguas lechosas, el hecho de convertirse en cuna y en cuenca, conteniendo todo el país, le convierten en una entidad materna. Pero como autor de la orden y de la ley y del poder creador que se le otorga, simboliza también al padre. Aunque no por ello, deja tampoco de ser al mismo tiempo el hijo poderoso de la montaña, de la que nace  y parece no separarse nunca:
Et ici, brusquement, c’est comme si la haute montagne d’où le fleuve descend était elle-même descendue et venait toute entière à vous; la grande montagne d’au-dessus des arbres et de l’herbe, là où il n’y a plus que la pierre, plus rien que la neige et que les glaces, là d’où il vient, mais elle vient avec lui […]. C’est que le fleuve apporte avec lui la haute montagne. (Ramuz, 1968c : 320)

Y como descendiente directo de la montaña, el río ha heredado su misma fuerza y poderío. Las inundaciones sufridas a lo largo del siglo pasado en el cantón del Valais han sido numerosas y muy destructivas (1929, 1948). Ante la furia de las aguas del Ródano el hombre se siente insignificante:
… la couleur de cette eau, sa violence et ses remous, plus que sa largeur encore ; et tout à coup la conscience vient, accablante, de la toute-puissance du fléau. L’homme soudain rapetissé ; l’homme pas même gênant tellement il en devient insignifiant ; (Ramuz, 1968b : 170)

Chant de notre Rhône nos traslada al centro del estilo lírico más puro de Ramuz. El río es, ante todo, principio de vida, creador de esa primera unidad de la que el poeta extrae la esencia de su obra; aporta carácter, identidad, a las regiones por las que pasa, expresa el “bon pays”, ese que se ofrece al hombre y que lo alimenta con sus fértiles campos y terrazas de viñedos. Estas tierras excepcionales fueron talladas durante milenios por el Ródano: el río dios.
Vignerons de chez nous, vignerons riverains du Rhône, qui est-ce qui vous envoie cette lumière à la figure, et il vous faut baisser les yeux? Qui est-ce qui envoie cette chaleur à la figure, et elle vous cuit la figure?
On a quand même de la chance: sans le lac, on ne serait rien, rien de rien. Où le Delezaley, où l’Epesses, où le Calamin? C’est à l’eau qu’on doit le vin (Ramuz, 1967: 18).


3.    El Ródano, metáfora acuática

El río que se menciona con más frecuencia en los textos de Corina Bille es el Ródano, que en su universo de ensueño, adquiere una dimensión desconocida, un terrible poder y esconde los más bellos misterios. El río, la fuerza indomable del agua, pero también sus orillas, sus zonas tranquilas, sus nieves y sus juncos, ha estado siempre presentes en la obra de la demoiselle sauvage. El Ródano, como tantos otros elementos naturales, es una de sus fuentes de inspiración: “quand je commençais à écrire, à l’âge de quinze ans, ce fut elle, la nature, mon premier personnage” (1992: 461). Desde muy joven Corinna se siente atraída por las flores, los árboles, la hierba y las piedras que aprende a conocer con gran precisión. Sola o acompañada por sus hermanos y amigos, deambula por el bosque, su reino más apreciado, pasea por las orillas de un Ródano todavía libre de presas y de embalses, escala acantilados, o se lanza a la dura subida de alguna montaña. Este contacto físico con el entorno natural, desde muy temprana edad, la convierte años más tarde en una gran defensora del paisaje del Valais.
En Ma Fôret, Mon fleuve, Corinna Bille confiesa: « Je suis amoureuse de la forêt, comme du fleuve, un amour violent, absurde » (115). En este relato corto, las aguas del Ródano son cálidas, casi maternales. La protagonista recuerda que, siendo niña, se bañaba en un pozo de agua sulfurosa cuyo calor se asemejaba al ambiente cerrado y caluroso del vientre materno: "j'entrais à mon tour dans l'eau et je faillis crier de plaisir […] - j'étais bercée par une houle chaude, maternelle” (130). Y a pesar del riesgo que corre de ahogarse, la joven se sumerge en el agua: "Et soudain ce fut tellement extraordinaire: je crus voir mon double avancer vers moi, oui je crus l'eau devenue miroir ou mirage, me renvoyait mon image" (130). La imagen doble que el reflejo del agua le devuelve resulta ser familiar por dos razones, la primera porque se trata del mismo joven que encontró siendo una niña de ocho años en ese mismo lugar; la segunda, la conocerá mucho más tarde por boca de la madre del joven. Christofer es su hermano, fruto de una relación extramatrimonial de su padre con la madre de Christofer, de ahí el parecido físico. Las aguas del Ródano reúnen para siempre a esta pareja de hermanos-amantes. Sus cuerpos encuentran en estas aguas primarias, verdaderas aguas maternas, la inocencia original del primer amor; y ambos se unirán definitivamente en las profundidades del lago.
 El Ródano, sin embargo, suele aparecer en las obras de Corinna Bille como un lugar tenebroso, marco de crímenes sórdidos, de ahogamientos trágicos o de suicidios. En su primera novela, Théoda (1944), Corinna relata un crimen pasional ocurrido en el Valais unas generaciones atrás. En el relato, las aguas del río cumplen una función relevante: cuando aparecen “vivas”, según la terminología de Bachelard, son temidas por los habitantes del pueblo de Pragnin. En esta época, el Ródano no se encuentra todavía bajo el dominio de los diques y corre libre por un valle completamente hostil a cualquier emplazamiento humano.
Chaque année, à l’époque des hautes eaux, nous regardions le Rhône envahir les terres, former des lacs aux lignes changeantes, dont nous n’aurions voulu pour rien au monde nous approcher. La nuit, je l’écoutais. Je ne m’endormais pas, à l’idée qu’il pourrait Monter à la hauteur de Pragnin.
-          Es-tu sûre? Demandais-je à ma mère, es-tu sûre qu’il ne viendra pas nous prendre?
Elle riait.
Non, Pragnin s’était garé de lui, de ses débordements, de la poussière de ses sables, de l’odeur de ses marais. Nous n’avions rien à craindre. (156-157)

 Cuando se presentan turbias por el deshielo resultan ser todavía más misteriosas. Son las mismas aguas que acogen en su seno el cadáver de Barnabé; y cerca de su orilla se instala el patíbulo en el que ejecutarán a sus tres asesinos. La escena que abre la segunda publicación de Corinna Bille, Le Sabot de Venus (1952), ocurre junto al Ródano. Martin Lomense, remonta el río evitando la visión de sus aguas: “Cette eau froide, si voisine qu’il croyait la sentir passer sur son corps et clapoter entre ses doigts, il la regardait peu. Sa vue le remplissait de malaise” (23). Varios poemas ("Mon corps est devenu fleuve") y una pieza de teatro L’inconnue du Haut-Rhône (1996), muestran la fascinación por el Ródano y esa obsesión que tiene la escritora de convertirlo en una especie de “tumba acuática”; pero sobre todo, los textos de Corinna Bille nos permiten soñar con ese río Ródano salvaje que desgraciadamente ya ha desaparecido.

4.      El Ródano, símbolo de aventura y viaje

Pero el Ródano puede ser también símbolo de evasión. En Vocation des fleuves (1998), Maurice Chappaz nos hace descubrir una Suiza inmemorial a través de su historia, de sus pueblos, de sus artistas y de su geografía de montañas, valles y ríos: el Ródano está muy presente en esta obra, pero también los ríos Aar, Reuss, Rin y Tessin. El Ródano es para este poeta un símbolo de la identidad del Valais porque «[on] ne peu[t] être [s]oi-même qu’en ayant le sens du fleuve », pero también una invitación a traspasar las fronteras, una incitación al viaje. Cuando Maurice Chappaz observa el Ródano las imágenes que surgen ante él evocan lugares mucho más lejanos, lugares que el propio poeta ha conocido en sus infinitos viajes y que le recuerdan el Valais de su infancia. La presencia del río, inmovilidad que tiende siempre a huir, que nada parece poder detener, muestra al mismo tiempo el flujo y la estabilidad, lo que conlleva en sí mismo un viaje indefinido, alternativamente interior y exterior, o más bien los dos a la vez (Carraud).
Je regarde le Rhône
L’eau qui court l’eau qui galope     je touche à la Laponie
Le même mot pour dire le renne
Le Rhône c’est le grand cerf sauvage
Qui détale qui se presse entre deux solitudes Camargue et glacier
Le clapotement bleu de la Méditerranée…

Gran viajero (Laponia 1968, Paris 1968, Nepal et Tíbet 1970, Monte Athos 1972, Rusia 1974 y 1979, China 1981, Líbano 1974, Quebec y Nueva York 1990), Chappaz ha necesitado siempre fluir como el propio río para encontrarse consigo mismo, como hombre y como escritor. El camino, la marcha, el senderismo le lleva a la escritura, despierta la inspiración y, a la inversa, la inmovilidad, el espacio cerrado, la concentración en la mesa de trabajo es necesaria para volver a escribir tras la embriaguez de la carrera, las alturas, la idea del movimiento. Estas dos actividades, la inmovilidad (la escritura) y el fluir (la errancia), se complementan y se inducen mutuamente. Las huidas permiten a Maurice Chappaz recargarse e inspirarse ante la página en blanco; el escritor puede encontrar allí los temas de sus libros de viajes, pero todo se transforma, el relato de viaje se transforma en una búsqueda del interior o en la reminiscencia del pasado. Y como el agua que vuelve a su punto de partida, esos viajes le hacen comprender sus raíces, sus orígenes “Chacun descend le fleuve / Chacun remontera à ses origines”, porque es en su Valais natal donde encuentra su propia verdad: “Ici est ma vérité”.
En una entrevista concedida en 1976 Maurice Chappaz revela:
Chaque pays a sa beauté. Mais quelque chose qui s’impose de manière abrupte et directe en Valais comme rarement ailleurs ce sont ses vallées absolument tranchées, ces cinquante quatre mille, ces cimes blanches, l’audace de ce fleuve, l’un de plus importants d’Europe. Il y a immédiatement une empreinte” (Bille-Chappaz 2003: 49)

Al igual que Ramuz, Chappaz cree que el Ródano es símbolo de unidad, una unión que se refuerza con la imagen de esos viñedos que acompañan al Ródano en su viaje por los cantones suizos y por tierras francesas.
Un fleuve porte l’unité
Écoutez le Valais… parlant vieil allemand parlant romand
Mais ce premier coup de hache dans les quatre mille
Le surgissement de cette eau de neige on ne peut le partager
Il n’y a qu’un seul peuple et sa vraie langue c’est le vin (2003 : 16)

Si el río une a los pueblos a través de la cultura de la viña, el vino socializa, reforzando así esa idea de comunidad que siente y comparte una misma cultura. Como bien nos recuerda Roland Barthes en su obra Mythologies:
Le vin est socialisé parce qu’il fonde non seulement une morale, mais aussi un décor, il orne les cérémoniaux les plus menus de la vie quotidienne française, du casse-croute (le gros rouge, le camembert) au festin, de la conversation de bistrot au discours de banquet. Il exalte les climats quels qu’ils soient, s’associe dans le froid à tous les mythes du réchauffement, et dans la canicule à toutes les images de l’ombre, du frais et du piquant. Pas une situation de contrainte physique (température, faim, ennui, servitude, dépaysement) qui ne donne à rêver le vin (Barthes 1957 : 71)

Es un hecho probado también en los cantones suizos de Vaud y de Valais. El vino forma parte de la alimentación, pero aún más de la sociabilidad y de los ritos. Así, vemos numerosas comunidades locales (asociaciones de música, de deportes, hermandades, etc.) que poseen sus propios viñedos, sus propias bodegas, sus propios vinos. Y a su vez, las diferentes asociaciones mandan editar etiquetas exclusivas que se reservan a un propietario de bodega para celebraciones de todo tipo (inauguraciones, fiestas locales, torneos deportivos, aniversarios, etc.) preservando de este modo el ritual del vino.

5.    El Ródano, símbolo de vida

Para Pierrette Micheloud, el Ródano es también un símbolo de vida. En 1964 publica una de sus obras más queridas Valais de Cœur. Es el libro de una enamorada de su región, el Valais. Escuchar la naturaleza y observar los paisajes de su querido cantón eran para ella un recurso para alcanzar la interioridad que tanto anhelaba: oír el canto de la Tierra, y en particular el del país valaisan, que es « chanson aux multiples couplets », formaba parte de esa búsqueda constante de identidad. La poeta canta el espíritu de su país y su primer amor va directamente a ese Ródano que tanto afecciona. El libro se abre con Ce Rhône, notre vie, un largo poema en honor a ese río que nace de la herida de un glaciar:
Blessure d’un glacier
Un fleuve commence
Pas plus large qu’un ruisseau
Couleur de la pierre
Il fait froid et chaud
Comme à l’origine d’un bonheur (1964: 8)

Un Ródano todavía joven, lleno de vida, que desciende intrépido por la montaña hasta la planicie y cesa de existir cuando llega al mar. Pero que al mismo tiempo consigue “redevenir la goutte d’eau pure qui recommence le monde” (Micheloud, 1965:12). Aunque es, casi cuarenta años después, cuando Pierrette le dedica un libro completo. Nace así Regards sur le Rhône (2002). En esta obra, la poeta nos invita a un paseo a lo largo del curso del mismo río. Las aguas del Ródano fluyen por cada una de las líneas de su prosa poética, y así pasando una a una las páginas de este hermoso libro Pierrette nos hace descubrir su río, desde su nacimiento en el glaciar hasta esa primera muerte, que es el Lago Lemán, desde dónde renace con más fuerza y transparencia, para seguir su curso hasta el mediterráneo.
Si hemos elegido estas dos obras no es por casualidad. El paso del tiempo ha marcado la fisonomía del río. Al igual que Ramuz, Pierrette Micheloud personifica el río Ródano. Descubrimos así sus entusiasmos, sus sueños de infinito, sus penas y sus miedos. Pero también queda espacio para sus heridas, esas que el ser humano le ha causado a lo largo de estos últimos años y que son visibles a lo largo de su curso. Desde el mismo inicio del libro la ecocrítica se hace presente, ya que Pierrette restablece ese vínculo que nos une a la naturaleza, a través de un Ródano libre que va dejando sus mensajes a todos aquellos que deseen escucharlo: “Il y avait jadis, le long du Rhône, des lieux où soufflait un air chargé de messages qui devenait voix aux oreilles attentives” (Micheloud 2002: 7). Sus márgenes estaban repletos de vida: flora y fauna silvestre convivían con las aguas sin miedo al futuro. Desgraciadamente, la llegada del progreso al Valais acalló las voces del río: “les fracas des machines, les endiguements, les raffus des forces motrices, les mutilations des paysages” (7). Sin embargo,  y a pesar de todo este ruido ensordecedor, la poeta está segura de que estas voces siguen todavía presentes: “[r]ien ne nous empêcherait, nous d’à présent, de les entendre” (7). Porque “Le ciel est toujours le Ciel, la terre est toujours la Terre, même brutalisé, souvent méconnaissable” (7). Pierrette da una visión intimista al texto, pero también contribuye a una meditación sobre la situación ambiental de este elemento y advierte “Le dernier mot ne sera pas celui de notre humanité, mais le sien…” (7), haciendo referencia a la naturaleza en su conjunto.
Otro gran escritor del Valais, Maurice Zermatten, describía acertadamente en su obra Saisons Valaisannes (1947), la sensación de conquista que acompañaron a las correcciones del Ródano y el esfuerzo de los hombres, prestando la palabra a aquellos que osaron “disputer au Rhône les terres que le fleuve tenait en laisse depuis des milliers d’années”. Y nos advierte:
Voilà, c’est notre humble histoire, à nous, défricheurs de la plaine. Le marais d’hier, regardez-le qui prépare les plus beaux fruits du monde. […] La chair rouge des fraises tire des alluvions asservies sa saveur moelleuse. Nous avons plié la terre à nos désirs ; nous l’avons domestiquée mais, chaque heure, nous devons rester présents parce qu’à chaque heure encore elle se rebelle. Nous sommes ses maîtres et ses esclaves, ses bourreaux et ses victimes. Et toujours, le fleuve, entre les digues, qui vaticine : Vous verrez ; vous verrez ! (Zermatten 1947 :36).
Conclusión
            En esta comunicación hemos podido comprender la importancia que tiene el río Ródano en el imaginario de la literatura suiza de expresión francesa. Evidentemente, se trata de un pequeño muestrario, ya que nuestro tiempo aquí es muy limitado para realizar un estudio mucho más exhaustivo. Sin embargo, esta muestra nos permite entrever las diferentes visiones literarias, sensaciones y sentimientos que el Ródano ha inspirado y despertado en escritores como Ramuz, Chappaz, Bille, Zermatten o Micheloud. Pero también de artistas como el pintor, grabador y escultor Robert Hainard, que en 1946 consigue persuadir con éxito a Maurice Troillet (tío del escritor Maurice Chappaz), artífice de la consolidación de la planicie del Ródano en Valais, de conservar una parte del antiguo río salvaje. Esto dio lugar a la reserva natural de Pouta Fontana o pantano de Grône. Hoy en día, con sus 32 hectáreas preservadas muestra la llanura del Ródano de antaño con su vegetación y su fauna; es en la actualidad el mayor humedal del Valais. Acciones como ésta han podido preservar algunos de los paisajes todavía auténticos de este río.
En la actualidad, el Ródano está sufriendo su tercera gran corrección en tierras suizas, un proyecto que se extiende prácticamente desde su nacimiento (Gletsch VS) hasta el lago Leman y que ha suscitado muchas controversias. A lo largo de estos  tres últimos siglos, se han llevado a cabo varias correcciones para protegerse de las inundaciones y para desecar la planicie. Cada proyecto muestra una dinámica social diferente y permite comprender la dimensión política de las relaciones del hombre con su medio ambiente. El siglo XVIII denuncia sin reaccionar, el siglo XIX es conquistador pero se debilita por las divisiones, el siglo XX es arrogante, mientras que el siglo XXI comienza modestamente, ya que los ingenieros sugieren devolver al río una parte de su curso. Ya no se trata únicamente de gestionar las subidas extremas de nivel del agua sino también de restaurar en la medida de lo posible la dinámica natural del curso del río ¿Estamos escuchando a la naturaleza, tal y como nos aconsejaba Pierrette Micheloud? Quizás sea la solución más efectiva. Solo el tiempo lo dirá…



Bibliographie

bachelard, g. (1942)  L’eau et les rêves. Col. Le livre de poche. Paris : Librairie José Corti.
Barthes, R. (1957) Mythologies. Paris : Ed. Seuil.
Bille, C. (1944) Theoda ou la passion aveugle. Albeuve : Ed. Castella.
            --, (1952) Le Sabot de Venus. Albeuve : Ed. Castella.
            --, (1961) « Mon corps est devenu fleuve » Le Pays Secret. Sierre : Treize Étoiles, p.66.
--, (1968) « Ma forêt, mon fleuve » in La Fraise Noire. Lausanne : La Guilde du Livre.
--, (1996) « L’inconnue du Haut-Rhône » in L’œuvre dramatique complète I. Lausanne : L’Age d’Homme.
chappaz, m. (2003)  Vocation des fleuves. Saint Clément de rivière : Fata Morgana.
lovelock, j. (2009) La venganza de la Tierra. Barcelona : Ed. Planeta.
Marclay, r. (1950) C.F. Ramuz et le Valais. Lausanne : Librairie Payot.
micheloud, p. (1964) Valais de cœur. Neuchâtel : Ed. La Baconnière.
--, (2002)  Régards sur … le Rhône. Ed. Porte-Plumes. Col. Carnets Verts.
Mistral, f. (1878) Lou Tresor dóu Felibrige. http://www.lexilogos.com/tresor_felibrige.htm
ramuz, c.f. (1967) Chant de Notre Rhône in Œuvres Complètes. Lausanne : Ed. Rencontre.
            --, (1968a) Derborence in Œuvres Complètes. Lausanne : Ed. Rencontre. T. XIV.
            --, (1968b) Journal in Œuvres Complètes. Lausanne : Ed. Rencontre. T. XX.
--, (1968c) Notes et articles, “ Les grandes chaleurs ”, in Œuvres Complètes. Lausanne : Ed. Rencontre. T. XII.
Rossiaud, j. (2007) Le Rhône au Moyen Age: Histoire et représentations d'un fleuve européen.  Paris: Editions Aubier.
Zermattent, M. (1947) Saisons valaisannes, Neuchatel-Paris.

- Comunicación presentada en el XXV Coloquio Internacional AFUE Les mots et les imaginaires de l’eau. Organizado por la Universidad Politécnica de Valencia. Valencia, del 20 al 22 abril del 2016. 
- Palabras e imaginarios del agua. Les mots et les imaginaires de l’eau. Mercedes López Santiago, Françoise Olmo Cazevieille, Gemma Peña Martinez, Inmaculada Tamarit Vallés. Artículo: “Visiones literarias del río Ródano: imágenes de un mito”. Editorial Universidad Politécnica de Valencia, 2017. ISBN: 978-84-9048-572-9 pp. 481-488.




[1] « Le Drac du Rhône était un monstre ailé et amphibie qui portait sur le corps d'un reptile les épaules et la tête d'un beau jeune homme. Il habitait le fond du fleuve où il tâchait d'attirer, pour les dévorer, les imprudents gagnés par la douceur de sa voix » (Mistral 1878 : 824).
[2] El Ródano, en Suiza, ha sufrido varias correcciones a lo largo de los dos últimos siglos. La tercera corrección que se está produciendo en la actualidad quiere asegurar que el Ródano desempeñará sus funciones en términos de:
-          Seguridad: protección contra la llanura de inundación
-          Medio Ambiente: ambientes acuáticos y terrestres, la columna vertebral de la red ecológica
-          Uso de la tierra: la preservación de los recursos hidráulicos e hidroeléctricos, el paisaje, la mejora de los usos recreativos, la estructuración de la disposición de la llanura (http://www.bg-21.com/fr/node/2226).
[3] C.F. Ramuz, “Pays du Rhône” in Œuvres Complètes, 1951-1958, Ed. Rencontre, Lausanne, p.T. 
XV

viernes, 20 de noviembre de 2015

LES LANGAGES SECRETS DE LA NATURE CHEZ PIERRETTE MICHELOUD: UNE LECTURE ÉCOCRITIQUE DE SON OEUVRE


Je la ressens issue de la Terre-Mère ; fidèle aux saisons, aux paysages, à l'immensité comme au furtif (Andrée Chedid)


Résumé
La Suisse romande célèbre cette année le centenaire de la naissance de Pierrette Micheloud (1915-2007), poète et artiste-peintre valaisanne et vaudoise. Troubadour de l’amour et de la nature, ses œuvres sont source d'émotions, de sentiments, de réflexion, mais aussi de révolte et de contestation contre ce monde globalisé perçu comme une force épouvantable, aveugle, qui finira par tout écraser. Intéressée également au devenir de la planète et des créatures (humaines et non-humaines) qui peuplent ce monde, elle s’inquiète face au progrès qui va trop vite effaçant tous les repères : « [e]lle a su y voir le drame de nos sociétés qui perdent leur racines et ne savent où s’accrocher, se retenir » (Marquet 2002 : 26). Sa mission? Protéger le monde contre le matérialisme et éveiller les consciences car, comme elle l'a dit elle-même : « sans les poètes et les artistes, le monde aurait sombré depuis longtemps ».
Le tracé de sa poésie est marqué par trois aspects essentiels : la quête de la conscience, la femme et la nature. Dans cette communication, nous allons étudier ces derniers aspects, d’après un point de vue écocritique/ecopoétique et/ou écoféministe. Sans vouloir être trop exhaustif, nous analyserons l’ensemble de sa production. Notre objectif sera donc de montrer que ce dialogue que Pierrette Micheloud établie avec la nature permet d’éveiller les consciences et de sensibiliser les lecteurs aux problèmes écologiques.


Cette conférence a été présentée dans le cadre de la Journée d'éudes consacrée à Pierrette Micheloud célebrée le 20 novembre 2015 à l'Université de Lausanne:
http://www.monde-economique.ch/fr/posts/view/pierrette-micheloud-consacree-a-l-universite-de-lausanne 
Publiée chez les Edtions de l'Aire, Vevey, 2017

sábado, 11 de julio de 2015

CENITAL O EL CAMBIO HACIA EL CENIT DEL PETROLEO





La mano invisible te ha robado la cartera y el futuro, y no se detendrá cuando algunos gobernantes dimitan. Esto no se arregla con unos años de ajuste, ni inyectando capitales, ni nacionalizando bancos. Esto no se va a quedar en los aeropuertos sin aviones, los trenes de alta velocidad sin pasajeros, la gente sin pisos y los pisos sin gente. Esto solo se acabará cuando un silencio sepulcral se enseñoree de todas las grandes ciudades, cuando el apagón se vuelva permanente y las bicicletas se desplieguen por las autopistas de peaje.
Para entonces habrán muerto millones de personas (Cenital).


              RESUMEN

Así de contundente y demoledora se presenta la historia de Cenital, tercera entrega novelesca de Emilio Bueso publicada en 2012 por la editorial Salto de Página. En ella, se nos presenta la visión distópica de un mundo en el que los combustibles fósiles han desaparecido y las consecuencias ecológicas y sociales que esta situación conlleva, incitando al mismo tiempo a la cruzada en contra del capitalismo salvaje y despiadado. Tras la actual crisis económica, resultado del agotamiento del petróleo, un grupo de personas se reúne en torno a un líder profético para enfrentarse al colapso de la sociedad y poder de esta manera sobrevivir. Cenital es la cruenta y visionaria historia de una ecoaldea fortificada que se protege contra un mundo en el que las mascotas se han convertido en mera comida y el progreso es sólo el antepasado de la destrucción, la ruina y la barbarie. De alto voltaje ideológico, la novela atrapa al lector desde la primera línea y supone una de las cinco mejores narraciones de la literatura de anticipación original en castellano, según la crítica literaria. En esta comunicación vamos a realizar una lectura ecocrítica de esta sorprendente y apocalíptica novela, basándonos en la idea de la entrada de una nueva era, el Antropoceno, y analizar cómo el colapso de la economía podría afectar al modo de pensar de todo un planeta.

III Jornadas ALCES XXI. Seminario “Ecocrítica y cultura española contemporánea en la época del Antropoceno”.  Soria, del 6 al 9 de julio 2015.  Artículo publicado en la Revista Millars: Espai i historia Año 2016, 40, nº 1.

viernes, 15 de mayo de 2015

REFLEXIONS ÉCOCRITIQUES D’UN ARBRE


Dans son livre The Spell of the Sensuous, David Abram affirme que « nous sommes humains dans la mesure de nos contacts et de la coexistence avec ce qui ne l’est pas » (1997 : ix). Si cette prémisse s’avère vraie, l’être humain est en train de perdre l’une des facultés qui nous décrit le mieux : je parle, évidement, de la sensibilité, de la tendresse. Notre capacité d’établir une relation avec la nature a été considérablement réduite au cours des deux derniers siècles à cause, surtout, de l’industrialisation et du progrès. Aujourd’hui, nous restons trop enfermés dans nos villes et les seuls contacts que nous avons, sont avec d’autres êtres humains ; à noter que ces rapports se font grâce aux nouvelles technologies inventées par nous-mêmes. Nous vivons au milieu d’une avalanche d’informations, mais la plupart du temps nous ne savons quoi en faire. Nous ferions mieux peut-être de reculer un peu et d’essayer de retrouver la proximité, la sensibilité, même au prix de perdre certaines de ces données empiriques. La Nature, elle nous parle avec un langage très spécifique. Un langage d’énergies et de symboles que, malheureusement, nous avons oublié. La perte du contact avec cet environnement sensible, de notre curiosité et de notre intérêt pour ce qui nous entoure, fait de nous, des êtres incapables d’accepter tout ce qui est différent à nous-mêmes. Ce n’est qu’en retrouvant cette sensibilité que nous pourrons comprendre ce qu’est la véritable relation.

Depuis plusieurs décennies, les voix d’alarme des défenseurs de l’environnement ont essayé de sensibiliser, à travers leurs expériences et leurs divulgations, sur cet éloignement que nous maintenons à l'égard de la planète vivante. S’éloigner de la nature, c’est ignorer sa propre existence. Le message est arrivé également à la communauté académique : les chercheurs et les professeurs essaient maintenant, dans la mesure du possible, de récupérer ce contact avec notre environnement le plus immédiat, en même temps qu’ils transmettent certaines valeurs éthiques et morales en rapport avec le monde sensible. Cette journée d’études sur l’écocritique francophone qui nous réunit aujourd’hui est aussi un bon exemple de divulgation. Or, si chaque être humain a une filiation naturelle avec d'autres organismes vivants, où naturelle veut dire héréditaire et fait donc partie de la nature humaine, tel que l’affirme Edward O. Wilson, rompre cet équilibre non seulement peut entrainer des conséquences graves pour la planète, mais aussi pour notre propre existence en tant qu'espèce.

            Dans Le Journal intime d’un arbre, Didier Van Cauwelaert nous présente l’étonnante et extraordinaire histoire d’un arbre. Tristan est un poirier qui habite dans le département des Yvelines, depuis trois siècles. Une tempête vient de l’abattre, mais c’est une nouvelle vie qui commence pour lui. S’il est prisonnier de sa mémoire, il n’en reste pas moins lié au présent, à travers ce qui reste de lui : des racines, des bûches, une statue de femme sculptée dans son bois, et les deux êtres qui ont commencé à s’aimer grâce à lui : une artiste et un critique d’arbres. C’est l'arbre lui-même qui raconte sa longue existence, dès sa naissance jusqu’au-delà de sa mort physique. Même si l’approche que l’auteur utilise est anthropomorphique – l’écrivain donne la parole à l’arbre -, nous ne devrions pas sous-estimer les considérations environnementales et écologiques présentées tout au long du récit.

            Dans cette communication nous allons réfléchir à deux questions. La première: Un arbre, est-il capable de communiquer? Les dernières découvertes scientifiques ont démontré que les arbres ne sont pas seulement parfaitement capables de communiquer entre eux, mais aussi de communiquer avec les organismes vivants avec lesquels ils cohabitent. Selon le professeur Jean-Marie Pelt, la communication dans le monde naturel se produit au moment où deux êtres entrent en contact par l'interposition de ses molécules, soit à leur bénéfice réciproque, soit dans le cadre de rapports de force (1996 : 28). Il s’agit donc d’un langage chimique où les hormones jouent un rôle très important. Une forme de communication, certainement, quelque peu étonnante pour un être humain : un langage dont les lettres, auxquelles correspond chaque fois une hormone, sont infiniment plus nombreuses que celles de notre alphabet (1996: 67-68). Mais, le plus incroyable est que chaque groupe, chaque espèce, possède ses propres hormones, son propre langage. Il s’agit donc d´un langage codée: chaque hormone a sa propre spécificité et elle n’est pas comprise par d'autres espèces végétales. Tout notre environnement est saturé de ces molécules porteuses de "messages" sans que nous nous en rendions compte.

Tristan, notre protagoniste, a aussi cette capacité à communiquer avec ses semblables et ses ennemis. C’est ainsi qu’il nous raconte:
J'avais appris que je fabriquais des hormones pour stériliser les punaises, que j'augmentais la teneur en tanins de mes feuilles pour empoisonner les chenilles quand elles en mangeaient trop, et que j'échangeais avec mes semblables, jusqu'à une distance de six mètres cinquante, des messages d'alerte grâce à l'éthylène, un gaz très simple ne comportant que deux atomes de carbone.

La communication chimique entre les arbres et les plantes, à travers ce gaz, représente un mécanisme essentiel pour régulariser la prédation dans le monde naturel.   Les résultats de cette expérience, prouvée grâce aux recherches effectuées par les scientifiques I.T. Baldwin et J.C Schultz, furent  publiés dans la revue Science en 1983[1]. Pour la première fois, les chercheurs de l’Université d’Exeter ont enregistré dans un film le processus par lequel les plantes se mettent en garde les unes des autres sur les possibles dangers. Lorsqu’une plante se sent menacée, elle libère un gaz qui avertit les plantes voisines pour se protéger. Nous pouvons donc dire avec certitude que les plantes et les arbres sont capables de communiquer entre eux et avec d'autres organismes.

Et les êtres humains ? Possèdent-ils la capacité de communiquer avec eux? Voici, donc, notre seconde question. Maja Kooitstra explique dans son livre Communiquer avec les arbres qu’"aller à la rencontre d’un arbre, c’est aller à la rencontre de l’autre, d’un être venu d’une autre civilisation, bien plus ancienne que l’Humanité» (39). Cependant, il est rare d’avoir dans notre culture occidentale ce type de contact, cela ne fait pas partie de nos traditions. Au contraire, tout au long de notre histoire, l’être humain s’est éloigné de plus en plus de la nature et des arbres. Si l'un d'entre nous connaît quelqu'un qui pratique l'art de la communication, il serait probablement considéré comme un être «bizarre» ou un «fou». Ce n’est pas une pratique à être prise au sérieux. Et pourtant ... elle ne vient pas d'être découverte. La communication avec les arbres est pratiquée depuis l'Antiquité. D’ailleurs, certaines tribus veulent aujourd’hui garder vivante cette tradition.

Notre héros, Tristan, a su créer autour de lui un petit écosystème avec lequel il interagit et dont il se soucie énormément. Par conséquent, après sa chute, sa plus grande obsession est la rupture de cette précieuse harmonie: “L'arrêt d'échanges avec les oiseaux, les insectes, les champignons, les jardiniers, les poètes; la fin des interactions qui nous lient au soleil, à la lune, au vent, à la pluie, aux lois qui gouvernent la formation d'un paysage - ce que vous avez appelez successivement, la nature, l'environnement, l'écosystème” (14-15). Dans cet écosystème, l’être humain possède aussi son espace - notre arbre consacre son temps aux gens qui viennent le visiter (des poètes, des jardiniers, etc.). C’est ainsi qu’il arrive à bien les connaître et semble en même temps se nourrir de ce contact humain: “la intelligence, la poésie, l’humour sont des nutriments aussi nécessaires pour moi que les protéines du sol ” (54). Entre un champignon ou une fourmi avec lesquels il communique parfaitement, et un homme qui raconte des histoires, son choix est clair: “J’ai toujours privilégié la fiction à l’information pure” (54). Et il explique la raison de son choix: alors que les plantes et les animaux ont la capacité de transmettre des informations par le biais de leurs gènes, les humains ont tendance à devenir des machines pensantes, mais incapables d'imaginer. Cependant, il est conscient que sa longévité est due aux individus qui lui ont fait rêver tout au long de ses trois cents ans d'existence. Des individus comme Yannis Karras, critique d’arbres, qui “ m’a fait voyager bien plus que les poètes, les guerriers, les mystiques et les aventuriers qui m'ont côtoyé en trois siècles. Car il m'a fait voyager au sein de mon espèce, en m'ouvrant des horizons insoupçonnés ” (41); ou le docteur Georges Lannes, son propriétaire actuel, avec qui il partagera ces derniers années en tant qu’arbre en vie et debout. La communication avec eux est cependant difficile, comme le poirier précise lui-même. Malgré qu’ils émettent sur la même fréquence, la communication se fait dans une seule direction. Les êtres humains sont incapables de comprendre, car ils ne savent pas interpréter les images que les arbres les envoient. Nous retournons donc à notre point de départ (nous sommes incapables de faire usage de nos sens). Au moins, notre arbre se console grâce à sa capacité à connecter l’être humain avec soi-même et d'être leur tuteur ou gardien de leur mémoire. Ainsi, pendant de nombreuses années, le poirier a conservée dans son tronc la balle allemande qui a tué le fils de Georges... “je portais son enfant comme l’avait fait sa femme. J’étais le gardien d'une âme. Une de plus” (11). Cependant, la personne qui marquera le plus sa vie est Manon. Alors que Yannis nous dévoile peu à peu l'histoire et le passé de Tristan, grâce à la commande passée par Georges Lannes, - résolut à classer le poirier en tant qu’arbre emblématique-, Manon représentera son avenir. Depuis son enfance, elle lui confie ses secrets les plus intimes. Victime d’abus sexuels de la part de son père, elle est adoptée par Georges lorsqu’elle devient orpheline. Elle s’est reconstruite en tant que personne et a trouvé sa vocation d'artiste sous l'ombre protectrice de Tristan. Notre poirier vivra avec elle, transformé en une belle sculpture de formes féminines que Manon a appelée «Rêve de l'arbre". Au fil des années, Manon devient une sculptrice célèbre et appréciée. Elle prend le nom artistique de “Tristane” en gage de sa reconnaissance- pseudonyme forgé à partir du surnom de notre arbre-  et consacre sa vie à la préservation de ces êtres précieux, en mettant son charisme et sa richesse au service de leur cause. Son désir le plus cher est, comme Tristan lui-même nous dit, “nous protéger, nous sauver, nous comprendre” mais aussi “apprendre à écouter” afin de “faire entendre nos voix” (149-150). Pour cela, elle vivra une expérience personnelle à côté d’une tribu amazonienne, les Shiranis, dont le chaman lui apprendra à communiquer avec les esprits de la forêt. Son combat personnel sera celui d'obtenir de l'UNESCO la protection de ce territoire, afin de le classer au Patrimoine mondial de la Biodiversité. Résultat de ses retrouvailles avec Yannis, quelques années plus tard, elle donnera naissance à un enfant, Toé, qui sera élevé par les Shiranis et deviendra quelques années plus tard, le chaman de la tribu, reprenant ainsi le travail commencé par sa mère. Manon perdra la vie en essayant de protéger sa belle forêt. Finalement, ses arbres succomberont aux intérêts commerciaux de l'industrie pétrolière américaine.

La perte de la forêt amazonienne fait ainsi son apparition dans le récit. Bien sûr, le territoire Shiranis n’existait pas en tant que tel, mais il représente parfaitement la réalité actuelle des territoires menacés dans le bassin de l'Amazonie, comme le peuple Kichwa de Sarayaku en Equateur. La forêt amazonienne est menacée par la déforestation et les mauvaises pratiques de gestion de ses ressources. Ce qui est paradoxal est que, face à de tels abus, les tribus amazoniennes indigènes sont empêchées de pratiquer leurs méthodes traditionnelles d’agriculture et de chasse. Cela se traduit par la perte d'un savoir traditionnel ancestral. Les politiques gouvernementales et les lois favorisent souvent la désintégration de ces tribus et de leur culture avec l'intégration de ses membres dans les communautés métisses et le manque de financement dans l'enseignement bilingue. Cette question a profondément marqué l'auteur, car dans son livre, Double identité, il ne se résiste pas à la tentation de fustiger ces politiques injustes contre les peuples amazoniens, en défendant les savoirs ancestraux des Indiens et leurs chamans. Dans la cosmovision de ces peuples indigènes, la forêt est vivante et habitée par des êtres spirituels qui maintiennent l'équilibre entre l'homme et la nature. Sabino Gualinga, chef spirituel de la tribu Sarayaku, âgé aujourd’hui de 93 ans, a raconté à la Cour Interaméricaine des Droits de l'Homme (CIDH) en 2011, les effets catastrophiques qui ont eu lieu après l'incursion de la compagnie pétrolière CCG Argentine dans leur forêt sacrée : “Nous ne voulons pas  que ceux qui veulent faire exploser les entrailles de la Terre entrent dans notre territoire”[2] a- t-il dit, car cela impliquerait que les êtres qui protègent la forêt s’enfuient et de grands maux comme les maladies et les catastrophes fassent leur apparition dans le monde.

Les changements que l’être humain est en train de provoquer dans l’environnement nous touchent directement en tant qu’être vivants. Tout comme le chaman, notre arbre prédit également: “Je sens que le monde va mal, que l’être humain se condamne chaque jour d’avantage, et que ce qu’il appelle “la nature” prépare un grand renversement.” (192). Ce changement peut être relié à ce que raconte l'un des personnages secondaires du roman, Clarence Hatcliff ; un lord anglais, chef d'un département de botanique, devenu espion pendant la Seconde Guerre Mondiale et qui atterrit par accident sur Tristan avec son parachute. Hatcliff révèle le secret des pouvoirs que Tristan a utilisé pendant des siècles sans le savoir. Lors d’une des conversations maintenue avec Georges Lannes, il prédit la fin de notre espèce par l'action des plantes:
L’être humain abuse trop de son environnement, Georges, et les arbres n’ont pas du tout apprécié la bombe atomique. J’ai bien peur qu’ils décident de nous stériliser à notre tour. […] La progestérone et l’œstrone sont des hormones sexuelles spécifiques de la femme, non? […] Mon équipe vient d’en trouver dans les graines de grenade et des pollens de palmier. Simple anomalie, ou condamnation de notre espèce? La nature ne fait jamais rien au hasard, jamais rien pour rien.

Lorsque Tristan revient, après dix-neuf ans, caché en raison d’un vol, le monde a changé. Les arbres ont commencé à réglementer la planète, nous dit-il. Leur mission est maintenant d’“essayer de vous ouvrir les yeux, vous aider à comprendre que, pour éviter de disparaitre, vous ne devez plus seulement respecter votre environnement, mais vous modifier de l’intérieur, c’est désormais tout le combat des chamanes” (215).

Dans un geste de rédemption, Rafik, le voleur de la sculpture "Rêve d'arbre" retourne l'œuvre à son héritier, c’est-à-dire, à Toé. Sa grande connaissance sur la nature, acquise dans sa tribu, a fait de lui un chaman influent et charismatique. Et grâce à sa formation académique brillante, il consacre son temps à donner des conférences à travers le monde et à gagner des causes perdues de la forêt amazonienne dans les Cours de Justice. Sa plus grande ambition: imposer la Déclaration des Nations Unies sur les Droits des arbres. Sa mission est la diffusion de ce message: “L’urgence et la possibilité pour l’homme de devenir compatible avec la nature, avant qu’elle ne l’éradique” (216).

"Rêve d'arbre" sera donné au Musée de Bio-Art, pour compléter la rétrospective sur Tristane. A l'ouverture de l'exposition Toé prononcera un discours en accord avec le travail fait, il y a des années, par sa mère:
Si nous continuons à détruire les arbres, ils nous détruirons. Si nous réapprenons à fusionner avec eux, si nous renouons avec nos origines, si nous nous souvenons que, dans la tradition chamanique, ils nous ont créés, comme des ambassadeurs mobiles destinés à accroitre leurs connaissances, leurs interactions et leur puissance de rêve, alors nous éviterons ce que, par prétention aveugle, nous appelons la fin du monde… et qui signifie simplement notre disparition (223-224).

Conclusion
Actuellement, les êtres humains représentent la seule menace réelle pour les arbres. Ceux-ci n’ont pas encore trouvé une solution efficace pour se défendre. Cependant, on ne devrait pas crier victoire trop vite ... ! La découverte étonnante qui est racontée dans le récit n’est pas une invention: il a été démontré que certains pollens sécrètent des hormones sexuelles spécifiques des femmes, tels que la progestérone et l’œstrone, à des doses très similaires de celle de la pilule contraceptive. L'instinct de survie pousserait les arbres à stériliser l'espèce humaine, en utilisant les mêmes ressources employés pour se débarrasser des punaises? Tristan nous met en garde: “Vous étiez prévenus. Vous auriez eu le temps de réagir.” (228). Ce qui a été inventé dans le récit est la diffusion du pollen de cortisol, l'hormone de profonde dépression. Seul remède pour éviter l'effondrement de la planète. “Vos désherbants, vos pesticides et vos OGM étaient sur le point de détruire totalement les abeilles. Si nos fleurs n’étaient plus fécondées, presque tous les fruits et légumes allaient disparaitre. Alors nous avons dû agir sur votre court terme. Désormais, nos pollens transportent également une dose massive de cortisol, l’hormone de la dépression profonde” (228). Cette même question a été développée dans un film en 2008 intitulé "The happenning" (Phénomènes), film qui raconte l’attaque des plantes vers les gens comme un mécanisme de défense. Ceux-ci mettent en suspension dans l'air un neurotoxique qui incite au suicide. Notre arbre ne peut que constater la disparition de l'espèce humaine soixante-dix ans plus tard, dans l'un de ses réveils, pour certifier notre disparition: « Inciter le prédateur au suicide est la solution la plus écologique que nous ayons trouvée, pour que la planète dont nous sommes les gardiens demeure vivante et viable.» (228)

Dans la « vie réelle», et en dépit de la destruction massive ou officiellement contrôlée de forêts, les arbres continuent de nous rendre heureux - mais pour combien de temps?




Obras consultadas
ABRAM, David, La magia de los sentidos, Barcelona : Ed. Kairos, 1999.
KOOITSTRA, Maja, Communiquer avec les arbres, Paris : Le courrier du livre, 2010.
PELT, Jean-Marie, Les langages secrets de la nature, Paris : Ed. Fayard, Col. Livre de Poche, 1996.
VAN CAUWELAERT, Didier, Le Journal intime d’un arbre, Neuilly-sur-Seine : Ed. Michel Lafon, 2011.
----- Double identité, Paris : Ed. Albin Michel, 2012.
WILSON, Edward O., The Biophilia Hypothesis, Washington : Island Press, 1993.

 Communication présentée lors de la Journée d'études "L'écocritique francophone" le 8 mai 2015 au Trinity College à Cambridge.




[1][1] I.T. Baldwin et J.C Schultz, Science, 1983, nº 221, pp. 277-279.
[2] http://otramerica.com/causas/los-kichwas-de-sarayaku-defienden-su-dignidad-ante-la-cidh/401

Sylvain Tesson : esthétique du retrait et écologie existentielle face à l’épuisement occidental

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