domingo, 26 de octubre de 2008

EL PAISAJE SUIZO : LOS ALPES Y LA IDENTIDAD SUIZA

El paisaje suizo : los Alpes y la identidad Suiza

Dra. Montserrat López Mújica (UEM)

montserrat.lopez@uem.es

RESUMEN

La historia, generalmente, nos ha mostrado las montañas como espacios propicios para la afirmación de las identidades. Así, ya desde el Renacimiento, se puede observar la asociación del paisaje de los Alpes con la imagen de la nación suiza. La montaña es reivindicada como una parte esencial de dicha identidad. Aunque bien es cierto que la mayor parte de la población vive en la Planicie, concentrada en las ciudades, la montaña es el mito, forma parte de ese imaginario colectivo. Existe un modelo suizo de libertad, el de las gentes de la montaña que viven al margen del orden social dominante de las grandes monarquías. El siglo XVIII dio a estas representaciones un nuevo sentido al asociarlas explicitamente a un modelo de paisaje. El suizo verdadero era aquel que vivía en la montaña. Toda la historia suiza se encuentra así reinterpretada bajo la luz de un imaginario histórico y topográfico específico. Los pastores y la montaña se convierten en elementos que constituyen la identidad suiza, como observamos en Heidi, la heroína Johanna Spyri. Estas referencias van a jugar un papel importante en el siglo XIX cuando se constituye el nuevo Estado Federal. Frente a los grandes Estados Nacionales, Suiza encuentra su legitimidad en sus funciones de madre de todos los ríos (Helvetia mater fluviorum) y guardiana de las cumbres del centro de Europa. Ya sean en los grandes aniversarios patrióticos (los 600 años que conmemoraron la Confédération en 1891), la decoración del Palacio federal (la pintura de Charles Giron en 1901 en la gran sala del Parlamento), la protección de la Naturaleza cuyas razones en el cambio de siglo son ante todo ideológicas y patrióticas (creación del Parque Nacional de Grisons en 1914) o las exposiciones nacionales, cada vez la conciencia política suiza se expresa por referencias alpinas. No nos sorprende pues que la obra de Ferdinand Hodler (1853-1918), que se perfila a pesar de sus audacias picturales como una especie de pintura oficial del Estado suizo, se organice sobre temas alpinos e históricos. El amor por dicho paisaje forma parte de la identidad colectiva suiza, como muestran también los relatos literarios de Rodolphe Töpffer, C.F. Ramuz o de Maurice Chappaz. Tampoco nos sorprende que en estos últimos años la publicidad haya explotado hasta la saciedad las imágenes alpestres repletas de vacas y con el Cervino de decorado que hacen referencia a la pureza de la región de la montaña. La preservación de la naturaleza parece tener relación con el buen sabor y lo saludable, por ejemplo en el sector de la alimentación. Que estas imágenes pierdan a finales del siglo XX un poco de su simbolismo se relaciona con la opacidad creciente de las referencias históricas y de identidad en una sociedad en plena transformación.

El imaginario alpino ha recorrido un largo trayecto para construirse y consolidarse. De su nacimiento y del reciente declive de su simbolismo tratará esta comunicación.
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El artículo puede consultarse íntegramente en las Actas del III Congreso Internacional de
EASLCE (Asociación europea para el estudio de la literatura, la cultura y el medioambiente) titulado "Paisajes Culturales : Herencia y Conservación". Obras colectivas. Humanidades 17. ISBN: 9-788481-388411. 16,17,18 y 19 de Octubre de 2008. Universidad de Alcalá de Henares.