viernes, 22 de abril de 2016

VISIONES LITERARIAS DEL RÍO RÓDANO: IMÁGENES DE UN MITO


RESUMEN

El paisaje suizo es sinónimo de impresionantes montañas, imponentes glaciares y de agua, mucha agua. Este elemento natural aparece bajo diferentes formas: nieve, manantiales, torrentes, cascadas, lagos o ríos, entre los que destacan las aguas del Ródano, el río más importante de la Suiza Occidental. Tiene su origen en el macizo del San Gotardo y ha sido siempre una figura clave en el imaginario de la literatura suiza de expresión francesa. Escritores de la talla de C.F. Ramuz, Maurice Chappaz, Corinna Bille o Pierrette Micheloud han dedicado poemas, relatos cortos o incluso ensayos completos a este elemento natural. En esta comunicación presentaremos los aspectos más destacados de la simbología de este mito literario desde una perspectiva ecocrítica, contribuyendo de esta manera a reflexionar sobre su situación ambiental y mostrando el vínculo que estos escritores han mantenido con este elemento. Nos centraremos principalmente en cuatro obras: “Chant de notre Rhône” de C.F. Ramuz, “Vocation des fleuves” de Maurice Chappaz, “Ma Forêt, mon Fleuve” de Corinna Bille et “Regards du Rhône” de Pierrette Micheloud.
                                                
L'onde, tout à la fois passé, présent et avenir, permet de regarder le temps; elle devient de l'histoire liquide (Jacques Rossiaud).

El agua ha sido siempre un tema evocador para artistas y poetas que han utilizado este elemento como fuente de inspiración por esa gran capacidad que posee de estimular la conciencia, la imaginación e incluso, como nos recuerda Gaston Bachelard, el lenguaje: “L’eau est la maîtresse du langage fluide, du langage sans heurt, du langage continu, continué, du langage qui assouplit le rythme, qui donne une matière uniforme à des rythmes différents” (1942: 209). Sería difícil imaginar una vida sin arco iris, sin puestas de sol, sin tormentas eléctricas ni paisajes de nubes, cascadas, olas batiendo una orilla rocosa. El agua está vinculada a las emociones, por eso cuando la observamos nos sentimos más sensibles, receptivos y compasivos. ¿Quién no se ha emocionado alguna vez mirando el vaivén de las olas de un lago o el fluir de la corriente de un río? El sonido del agua es relajante e incluso curativo: el borboteo de un arroyo, el goteo en una cueva o el reflujo de la marea pueden llegar a ser música celestial para nuestros oídos. El agua nos hipnotiza y tiene el poder de calmar nuestra mente. Y sin embargo… sabemos tan poco de ella. Es quizás el elemento más misterioso de la Tierra: cae en forma de lluvia o nace de la tierra para que la fecundación se logre: es fuente de vida y, circulando por la naturaleza, preserva esa vida. De todos los elementos, el agua es el más claramente transicional. Fluye por la tierra en forma de manantial, torrente, río, pero se puede elevar hacia el aire por efecto del fuego - el sol - para volver a la tierra en un choque con el aire frío. Es lo líquido entre lo sólido de la tierra y lo etéreo del aire y del fuego, habiéndose convertido - en diferentes mitos antiguos - en mediador entre la vida y la muerte, entre la creación y la destrucción. 

1.    Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir
Los arroyos y los ríos sanos son agua en su expresión más activa y poderosa. El científico James Lovelock nos recuerda que los ríos son las venas del planeta y junto a las corrientes marinas forman parte de su sistema circulatorio. Su misión es llevar y distribuir el agua dulce a los lagos, a los humedales y al mar. Un agua cargado de nutrientes necesarios para que miles de especies acuáticas pueda sobrevivir. El río es pues portador de vida. En los lugares por donde pasa va dejando la vida y, al mismo tiempo, arrastra consigo la maleza que encuentra, alegrando la campiña con el canto de sus aguas. El río sacia muchos recodos secos y sedientos, cobija a muchos peces y a otros animales, y ¿cómo no? son un elemento indispensable para el desarrollo humano: pueblos y civilizaciones enteras se han asentado a lo largo de la historia junto a los ríos. Suministran agua, alimento, rutas de navegación, entretenimiento y son fuente inagotable de energía.
Esta comunicación está dedicada a uno de esos ríos, portadores de vida, más emblemáticos de Europa: el río Ródano, todo un símbolo en Suiza. Río mítico no sólo porque en sus aguas vivían extrañas criaturas, como el Drac[1], sino también porque su impresionante fortaleza equivalía a la de los héroes de la mitología; río poético por su capacidad de inspirar a poetas, escritores y artistas. Su nombre etimológico (del griego rhodanos; latín, rhodanus) resulta incierto, quizás de origen celta (del radical reth, red, ret, que significa correr) o del calificativo redan, retan, rodan (rápido) de los que derivan las antiguas variantes del Rhodanus. Plinio el Viejo (Historia Natural, III, 29) cuenta que una colonia de comerciantes de la isla de Rodas se había establecido entre los siglos VII-VI antes de J.C. a la entrada del delta y había dado su nombre al río.
On voit aussi Agathe, jadis aux Massiliens, le pays des Volces Tectosages, et Rhode, cette colonie de Rhodiens, qui a donné son nom au fleuve le plus riche de Gaules, au Rhône, qui tombant des Alpes et perçant le Leman, emporte dans sa course et le lent Araris, et l’Isère, et la Druentie, ses rivaux en rapidité (Histoire Naturelle, T3: 29)
Es, sin lugar a dudas, uno de los ríos europeos más importantes. Sus aguas recorren 812 km de longitud, de los que 290 km transcurren por tierras suizas. Nace en el glaciar del Ródano, a 2209 metros de altitud, en el extremo oriental del cantón del Valais y sus aguas alimentan uno de los lagos más voluminosos de Europa, el Leman (72 km), antes de atravesar la ciudad de Ginebra y perderse en territorio francés, hasta desembocar en el mar Mediterráneo. Se trata pues de un elemento natural que siempre ha marcado e influenciado con su paso el imaginario de viajeros y artistas del mundo entero, pero también de escritores y poetas de la Suiza de expresión francesa. Analizaremos los aspectos más importantes de la simbología de este río, convertido ya en todo un mito literario, a través de las obras de cuatro grandes y destacados escritores de la literatura suiza: C.F. Ramuz, Maurice Chappaz, Corinna Bille et Pierrette Micheloud. En este momento en que el Valais y la Confederación han puesto en marcha un programa que, preservando los intereses de la economía, tiene como objetivo revitalizar el Ródano[2], la obra de estos cuatro autores es, sin duda, un buen lugar al que acudir para rememorar sus orígenes: “Selon la nature, le fleuve est la voie la vérité la vie” (Chappaz 2003: 21).

2.    El Ródano símbolo de identidad y de unión
El Ródano juega un papel preponderante en el imaginario de C.F. Ramuz. Aunque es quizás en Chant de notre Rhône donde observamos la más bella evocación hacia este elemento. El relato cede el paso a una meditación lírica cuyo tema esencial es el propio río, principio de vida para la tierra que él mismo irriga (Marclay, 1950: 48).
El poeta nos describe el nacimiento del río y contempla su discurrir vagabundo:
Là-bas, le Rhône naît du glacier: voilà d’abord son origine.
C’est cette grande vallée pierreuse, avec un versant privé de sa chair sous une peau peinte et repeinte, cuite et recuite par le soleil, où si souvent on s’est tenu, à l’ombre de l’un ou l’outre de ces pins qu’il y a, l’ombrelle des branches mal ouverte et un peu de travers, en peinture vert foncé sur une peinture bleu foncé ; et l’on a contemplé de là, dans le fond de cette vallée, quand il coulait encore blanc comme sont les eaux du glacier qui sont des eaux comme du lait (Ramuz, 1967 :12).

El Ródano aparece siempre unido a esa región del Valais que el propio río ha creado y dado forma a lo largo y a lo ancho de su recorrido, desde lo alto de la montaña hasta su descenso al valle. El nacimiento del Ródano, - torrente salvaje habitado por una fuerza violenta, es decir elemental -, es comparado por Ramuz con un niño, que sólo comienza a cobrar vida cuando se siente protegido en su verdadera cuna, que en este caso se encuentra representada por el lago Leman:
Les fleuves tombent d’abord à pic, suspendant au-dessus du vide les plis superposés de leur chute arrêtée, et c’est tout au bas d’eux-mêmes seulement, dans un creux, un repli, dans un nid, en effet dans un véritable berceau, dans des draps soigneusement passés au bleu, sous de rideaux de tulle transparent, qu’ils prennent vie.[3]

Y esa fuerza impetuosa que, después de haber creado el Valais, forma la cuenca lemánica, la “petite Méditerranée”, se convierte a su vez en la cuna del país de Vaud, uniendo así los dos cantones: el cantón del Valais y el cantón de Vaud. Pero a su vez, el lago, ese gran contenedor, acoge a todo aquel que viene a mirarse en él para reconocerse: “Miroir de la vie  et du ciel, un grand miroir est là, où je me mire” (Ramuz, 1967: 9). Ramuz hace referencia a la otra orilla, la saboyana. El Ródano une aquí a las dos orillas, a los dos pueblos, el suizo y el francés. El río es pues símbolo de unidad entre los pueblos, puesto que todos se reflejan en él. Y esa cuenca, con connotaciones tan maternas, matriz del país, se abre a su vez hacia otros horizontes: “Il semble qu’on voit l’autre côté de la terre et on va à travers la terre jusqu’au ciel qui est de l’autre côté » (Ramuz, 1967: 20).
Después de haber dado nacimiento a la región del Valais y a la cuenca lemánica, el Ródano continúa su camino hacia el sur, y recobrando de nuevo su ímpetu, va creando paisajes y ciudades parecidos a aquellos: “Le fleuve reflète tous les contrastes des paysages qu’il traverse et des peuples qui habitent ses rives” (Marclay, 1950: 49). Gracias al Ródano el país del Valais y el país de Vaud forman una unidad geográfica, histórica, lingüística y espiritual con la Savoya y el Mediterráneo. Cuando Ramuz medita al borde del lago “c’est le fleuve entier qu’il voit et qu’il chante, le fleuve et les peuples unis par lui dans une profonde parenté de langue et de race” (Marclay, 1950: 49). Y confiere al río el poder de transmitir con sus aguas esa historia líquida que nos cuenta:
Nous aussi, nous saluons une réalité non visible, et, au-dessus de ce cours, en sens inverse, connaissons qu’il y a une autre espèce de cours. C’est ainsi que de là-bas, en même temps que les vapeurs, des images nous sommes venues, des religions nous sommes venues, en même temps que l’objet Rhône nous revient et il nous revient chaque jours, comme s’il s’agissait d’un corps, avec une circulation de sang, comme s’il s’agissait d’un royaume non politique, mais où il y aurait tout de même un roi, c’est-à-dire, un législateur des mœurs et des coutumes, une autorité que décide des actions, qui décide des paroles, qui décide des gestes (Ramuz, 1967 : 25)

Su presencia es así inmemoriable “parce que depuis toujours il est là, et immémorialement il marmonne là, élevant la voix quand la nuit vient, la laissant tomber et faiblir à mesure que le jour grandit” (Ramuz, 1968a : 357). El tiempo fluye con el río, inexorable. Las olas del lago marcan el tic tac del reloj « heures du temps, heures marquées, une grande horloge est là, qui bat » (Ramuz, 1967: 9). Al contrario que las vidas humanas, el Ródano es infinito, y es así que forma parte de un tiempo cíclico. No sólo es presente, sino también pasado y futuro: “Là aussi ça dure, là non plus rien ne change; ah ! on le connaît bien, ce Rhône, on ne le connaît que trop ! Depuis le temps, (...) depuis le temps qu’il vous raconte sa vieille histoire, toujours la même…” (Ramuz, 1968a : 235-236). El agua de que se compone, no sólo cae desde lo alto, sino que asciende desde lo más profundo de la tierra, revistiendo así al río de su característica cíclica. A Ramuz le gusta imaginar las nubes trayendo el agua desde el mar para que ésta se transforme en manantial, río y lago.
…on chante ici l’âme d’un fleuve. Voilà déjà qu’incessamment et chaque jour un peu tu nous reviens, ô Rhône, parce que chaque jour le soleil te dit : lève-toi. Il t’attire à lui, par une vapeur qu’il fait monter de la mer, et, confiant cette vapeur au vent : « Portez-la d’où elle est venue » (Ramuz, 1967: 25).

No hay que olvidar que el río es básicamente agua - elemento primordial de vida. Las tradiciones cosmogónicas de la mayoría de las culturas asocian las aguas de los grandes ríos con las primeras causas de la creación. El agua posee la fuerza de engendrar, de alimentar, impone su ley y su orden al paisaje circundante, se convierte en creador todo poderoso. Incluso el lago deja de ser solamente espejo pasivo, él también crea el país a su imagen y semejanza.
Je vois l’eau, je trouve de l’eau, je trouve le Rhône et le lac; je vois les espaces du lac être pères de tout le reste, puis que ce lac est né d’ailleurs et que ce lac se porte ailleurs, que ce lac est un fleuve, que ce lac est un cours. (Ramuz, 1967 : 22-23)

El Ródano, fuerza creadora por excelencia, representa, una totalidad en la obra ramuziana. Sus aguas lechosas, el hecho de convertirse en cuna y en cuenca, conteniendo todo el país, le convierten en una entidad materna. Pero como autor de la orden y de la ley y del poder creador que se le otorga, simboliza también al padre. Aunque no por ello, deja tampoco de ser al mismo tiempo el hijo poderoso de la montaña, de la que nace  y parece no separarse nunca:
Et ici, brusquement, c’est comme si la haute montagne d’où le fleuve descend était elle-même descendue et venait toute entière à vous; la grande montagne d’au-dessus des arbres et de l’herbe, là où il n’y a plus que la pierre, plus rien que la neige et que les glaces, là d’où il vient, mais elle vient avec lui […]. C’est que le fleuve apporte avec lui la haute montagne. (Ramuz, 1968c : 320)

Y como descendiente directo de la montaña, el río ha heredado su misma fuerza y poderío. Las inundaciones sufridas a lo largo del siglo pasado en el cantón del Valais han sido numerosas y muy destructivas (1929, 1948). Ante la furia de las aguas del Ródano el hombre se siente insignificante:
… la couleur de cette eau, sa violence et ses remous, plus que sa largeur encore ; et tout à coup la conscience vient, accablante, de la toute-puissance du fléau. L’homme soudain rapetissé ; l’homme pas même gênant tellement il en devient insignifiant ; (Ramuz, 1968b : 170)

Chant de notre Rhône nos traslada al centro del estilo lírico más puro de Ramuz. El río es, ante todo, principio de vida, creador de esa primera unidad de la que el poeta extrae la esencia de su obra; aporta carácter, identidad, a las regiones por las que pasa, expresa el “bon pays”, ese que se ofrece al hombre y que lo alimenta con sus fértiles campos y terrazas de viñedos. Estas tierras excepcionales fueron talladas durante milenios por el Ródano: el río dios.
Vignerons de chez nous, vignerons riverains du Rhône, qui est-ce qui vous envoie cette lumière à la figure, et il vous faut baisser les yeux? Qui est-ce qui envoie cette chaleur à la figure, et elle vous cuit la figure?
On a quand même de la chance: sans le lac, on ne serait rien, rien de rien. Où le Delezaley, où l’Epesses, où le Calamin? C’est à l’eau qu’on doit le vin (Ramuz, 1967: 18).


3.    El Ródano, metáfora acuática

El río que se menciona con más frecuencia en los textos de Corina Bille es el Ródano, que en su universo de ensueño, adquiere una dimensión desconocida, un terrible poder y esconde los más bellos misterios. El río, la fuerza indomable del agua, pero también sus orillas, sus zonas tranquilas, sus nieves y sus juncos, ha estado siempre presentes en la obra de la demoiselle sauvage. El Ródano, como tantos otros elementos naturales, es una de sus fuentes de inspiración: “quand je commençais à écrire, à l’âge de quinze ans, ce fut elle, la nature, mon premier personnage” (1992: 461). Desde muy joven Corinna se siente atraída por las flores, los árboles, la hierba y las piedras que aprende a conocer con gran precisión. Sola o acompañada por sus hermanos y amigos, deambula por el bosque, su reino más apreciado, pasea por las orillas de un Ródano todavía libre de presas y de embalses, escala acantilados, o se lanza a la dura subida de alguna montaña. Este contacto físico con el entorno natural, desde muy temprana edad, la convierte años más tarde en una gran defensora del paisaje del Valais.
En Ma Fôret, Mon fleuve, Corinna Bille confiesa: « Je suis amoureuse de la forêt, comme du fleuve, un amour violent, absurde » (115). En este relato corto, las aguas del Ródano son cálidas, casi maternales. La protagonista recuerda que, siendo niña, se bañaba en un pozo de agua sulfurosa cuyo calor se asemejaba al ambiente cerrado y caluroso del vientre materno: "j'entrais à mon tour dans l'eau et je faillis crier de plaisir […] - j'étais bercée par une houle chaude, maternelle” (130). Y a pesar del riesgo que corre de ahogarse, la joven se sumerge en el agua: "Et soudain ce fut tellement extraordinaire: je crus voir mon double avancer vers moi, oui je crus l'eau devenue miroir ou mirage, me renvoyait mon image" (130). La imagen doble que el reflejo del agua le devuelve resulta ser familiar por dos razones, la primera porque se trata del mismo joven que encontró siendo una niña de ocho años en ese mismo lugar; la segunda, la conocerá mucho más tarde por boca de la madre del joven. Christofer es su hermano, fruto de una relación extramatrimonial de su padre con la madre de Christofer, de ahí el parecido físico. Las aguas del Ródano reúnen para siempre a esta pareja de hermanos-amantes. Sus cuerpos encuentran en estas aguas primarias, verdaderas aguas maternas, la inocencia original del primer amor; y ambos se unirán definitivamente en las profundidades del lago.
 El Ródano, sin embargo, suele aparecer en las obras de Corinna Bille como un lugar tenebroso, marco de crímenes sórdidos, de ahogamientos trágicos o de suicidios. En su primera novela, Théoda (1944), Corinna relata un crimen pasional ocurrido en el Valais unas generaciones atrás. En el relato, las aguas del río cumplen una función relevante: cuando aparecen “vivas”, según la terminología de Bachelard, son temidas por los habitantes del pueblo de Pragnin. En esta época, el Ródano no se encuentra todavía bajo el dominio de los diques y corre libre por un valle completamente hostil a cualquier emplazamiento humano.
Chaque année, à l’époque des hautes eaux, nous regardions le Rhône envahir les terres, former des lacs aux lignes changeantes, dont nous n’aurions voulu pour rien au monde nous approcher. La nuit, je l’écoutais. Je ne m’endormais pas, à l’idée qu’il pourrait Monter à la hauteur de Pragnin.
-          Es-tu sûre? Demandais-je à ma mère, es-tu sûre qu’il ne viendra pas nous prendre?
Elle riait.
Non, Pragnin s’était garé de lui, de ses débordements, de la poussière de ses sables, de l’odeur de ses marais. Nous n’avions rien à craindre. (156-157)

 Cuando se presentan turbias por el deshielo resultan ser todavía más misteriosas. Son las mismas aguas que acogen en su seno el cadáver de Barnabé; y cerca de su orilla se instala el patíbulo en el que ejecutarán a sus tres asesinos. La escena que abre la segunda publicación de Corinna Bille, Le Sabot de Venus (1952), ocurre junto al Ródano. Martin Lomense, remonta el río evitando la visión de sus aguas: “Cette eau froide, si voisine qu’il croyait la sentir passer sur son corps et clapoter entre ses doigts, il la regardait peu. Sa vue le remplissait de malaise” (23). Varios poemas ("Mon corps est devenu fleuve") y una pieza de teatro L’inconnue du Haut-Rhône (1996), muestran la fascinación por el Ródano y esa obsesión que tiene la escritora de convertirlo en una especie de “tumba acuática”; pero sobre todo, los textos de Corinna Bille nos permiten soñar con ese río Ródano salvaje que desgraciadamente ya ha desaparecido.

4.      El Ródano, símbolo de aventura y viaje

Pero el Ródano puede ser también símbolo de evasión. En Vocation des fleuves (1998), Maurice Chappaz nos hace descubrir una Suiza inmemorial a través de su historia, de sus pueblos, de sus artistas y de su geografía de montañas, valles y ríos: el Ródano está muy presente en esta obra, pero también los ríos Aar, Reuss, Rin y Tessin. El Ródano es para este poeta un símbolo de la identidad del Valais porque «[on] ne peu[t] être [s]oi-même qu’en ayant le sens du fleuve », pero también una invitación a traspasar las fronteras, una incitación al viaje. Cuando Maurice Chappaz observa el Ródano las imágenes que surgen ante él evocan lugares mucho más lejanos, lugares que el propio poeta ha conocido en sus infinitos viajes y que le recuerdan el Valais de su infancia. La presencia del río, inmovilidad que tiende siempre a huir, que nada parece poder detener, muestra al mismo tiempo el flujo y la estabilidad, lo que conlleva en sí mismo un viaje indefinido, alternativamente interior y exterior, o más bien los dos a la vez (Carraud).
Je regarde le Rhône
L’eau qui court l’eau qui galope     je touche à la Laponie
Le même mot pour dire le renne
Le Rhône c’est le grand cerf sauvage
Qui détale qui se presse entre deux solitudes Camargue et glacier
Le clapotement bleu de la Méditerranée…

Gran viajero (Laponia 1968, Paris 1968, Nepal et Tíbet 1970, Monte Athos 1972, Rusia 1974 y 1979, China 1981, Líbano 1974, Quebec y Nueva York 1990), Chappaz ha necesitado siempre fluir como el propio río para encontrarse consigo mismo, como hombre y como escritor. El camino, la marcha, el senderismo le lleva a la escritura, despierta la inspiración y, a la inversa, la inmovilidad, el espacio cerrado, la concentración en la mesa de trabajo es necesaria para volver a escribir tras la embriaguez de la carrera, las alturas, la idea del movimiento. Estas dos actividades, la inmovilidad (la escritura) y el fluir (la errancia), se complementan y se inducen mutuamente. Las huidas permiten a Maurice Chappaz recargarse e inspirarse ante la página en blanco; el escritor puede encontrar allí los temas de sus libros de viajes, pero todo se transforma, el relato de viaje se transforma en una búsqueda del interior o en la reminiscencia del pasado. Y como el agua que vuelve a su punto de partida, esos viajes le hacen comprender sus raíces, sus orígenes “Chacun descend le fleuve / Chacun remontera à ses origines”, porque es en su Valais natal donde encuentra su propia verdad: “Ici est ma vérité”.
En una entrevista concedida en 1976 Maurice Chappaz revela:
Chaque pays a sa beauté. Mais quelque chose qui s’impose de manière abrupte et directe en Valais comme rarement ailleurs ce sont ses vallées absolument tranchées, ces cinquante quatre mille, ces cimes blanches, l’audace de ce fleuve, l’un de plus importants d’Europe. Il y a immédiatement une empreinte” (Bille-Chappaz 2003: 49)

Al igual que Ramuz, Chappaz cree que el Ródano es símbolo de unidad, una unión que se refuerza con la imagen de esos viñedos que acompañan al Ródano en su viaje por los cantones suizos y por tierras francesas.
Un fleuve porte l’unité
Écoutez le Valais… parlant vieil allemand parlant romand
Mais ce premier coup de hache dans les quatre mille
Le surgissement de cette eau de neige on ne peut le partager
Il n’y a qu’un seul peuple et sa vraie langue c’est le vin (2003 : 16)

Si el río une a los pueblos a través de la cultura de la viña, el vino socializa, reforzando así esa idea de comunidad que siente y comparte una misma cultura. Como bien nos recuerda Roland Barthes en su obra Mythologies:
Le vin est socialisé parce qu’il fonde non seulement une morale, mais aussi un décor, il orne les cérémoniaux les plus menus de la vie quotidienne française, du casse-croute (le gros rouge, le camembert) au festin, de la conversation de bistrot au discours de banquet. Il exalte les climats quels qu’ils soient, s’associe dans le froid à tous les mythes du réchauffement, et dans la canicule à toutes les images de l’ombre, du frais et du piquant. Pas une situation de contrainte physique (température, faim, ennui, servitude, dépaysement) qui ne donne à rêver le vin (Barthes 1957 : 71)

Es un hecho probado también en los cantones suizos de Vaud y de Valais. El vino forma parte de la alimentación, pero aún más de la sociabilidad y de los ritos. Así, vemos numerosas comunidades locales (asociaciones de música, de deportes, hermandades, etc.) que poseen sus propios viñedos, sus propias bodegas, sus propios vinos. Y a su vez, las diferentes asociaciones mandan editar etiquetas exclusivas que se reservan a un propietario de bodega para celebraciones de todo tipo (inauguraciones, fiestas locales, torneos deportivos, aniversarios, etc.) preservando de este modo el ritual del vino.

5.    El Ródano, símbolo de vida

Para Pierrette Micheloud, el Ródano es también un símbolo de vida. En 1964 publica una de sus obras más queridas Valais de Cœur. Es el libro de una enamorada de su región, el Valais. Escuchar la naturaleza y observar los paisajes de su querido cantón eran para ella un recurso para alcanzar la interioridad que tanto anhelaba: oír el canto de la Tierra, y en particular el del país valaisan, que es « chanson aux multiples couplets », formaba parte de esa búsqueda constante de identidad. La poeta canta el espíritu de su país y su primer amor va directamente a ese Ródano que tanto afecciona. El libro se abre con Ce Rhône, notre vie, un largo poema en honor a ese río que nace de la herida de un glaciar:
Blessure d’un glacier
Un fleuve commence
Pas plus large qu’un ruisseau
Couleur de la pierre
Il fait froid et chaud
Comme à l’origine d’un bonheur (1964: 8)

Un Ródano todavía joven, lleno de vida, que desciende intrépido por la montaña hasta la planicie y cesa de existir cuando llega al mar. Pero que al mismo tiempo consigue “redevenir la goutte d’eau pure qui recommence le monde” (Micheloud, 1965:12). Aunque es, casi cuarenta años después, cuando Pierrette le dedica un libro completo. Nace así Regards sur le Rhône (2002). En esta obra, la poeta nos invita a un paseo a lo largo del curso del mismo río. Las aguas del Ródano fluyen por cada una de las líneas de su prosa poética, y así pasando una a una las páginas de este hermoso libro Pierrette nos hace descubrir su río, desde su nacimiento en el glaciar hasta esa primera muerte, que es el Lago Lemán, desde dónde renace con más fuerza y transparencia, para seguir su curso hasta el mediterráneo.
Si hemos elegido estas dos obras no es por casualidad. El paso del tiempo ha marcado la fisonomía del río. Al igual que Ramuz, Pierrette Micheloud personifica el río Ródano. Descubrimos así sus entusiasmos, sus sueños de infinito, sus penas y sus miedos. Pero también queda espacio para sus heridas, esas que el ser humano le ha causado a lo largo de estos últimos años y que son visibles a lo largo de su curso. Desde el mismo inicio del libro la ecocrítica se hace presente, ya que Pierrette restablece ese vínculo que nos une a la naturaleza, a través de un Ródano libre que va dejando sus mensajes a todos aquellos que deseen escucharlo: “Il y avait jadis, le long du Rhône, des lieux où soufflait un air chargé de messages qui devenait voix aux oreilles attentives” (Micheloud 2002: 7). Sus márgenes estaban repletos de vida: flora y fauna silvestre convivían con las aguas sin miedo al futuro. Desgraciadamente, la llegada del progreso al Valais acalló las voces del río: “les fracas des machines, les endiguements, les raffus des forces motrices, les mutilations des paysages” (7). Sin embargo,  y a pesar de todo este ruido ensordecedor, la poeta está segura de que estas voces siguen todavía presentes: “[r]ien ne nous empêcherait, nous d’à présent, de les entendre” (7). Porque “Le ciel est toujours le Ciel, la terre est toujours la Terre, même brutalisé, souvent méconnaissable” (7). Pierrette da una visión intimista al texto, pero también contribuye a una meditación sobre la situación ambiental de este elemento y advierte “Le dernier mot ne sera pas celui de notre humanité, mais le sien…” (7), haciendo referencia a la naturaleza en su conjunto.
Otro gran escritor del Valais, Maurice Zermatten, describía acertadamente en su obra Saisons Valaisannes (1947), la sensación de conquista que acompañaron a las correcciones del Ródano y el esfuerzo de los hombres, prestando la palabra a aquellos que osaron “disputer au Rhône les terres que le fleuve tenait en laisse depuis des milliers d’années”. Y nos advierte:
Voilà, c’est notre humble histoire, à nous, défricheurs de la plaine. Le marais d’hier, regardez-le qui prépare les plus beaux fruits du monde. […] La chair rouge des fraises tire des alluvions asservies sa saveur moelleuse. Nous avons plié la terre à nos désirs ; nous l’avons domestiquée mais, chaque heure, nous devons rester présents parce qu’à chaque heure encore elle se rebelle. Nous sommes ses maîtres et ses esclaves, ses bourreaux et ses victimes. Et toujours, le fleuve, entre les digues, qui vaticine : Vous verrez ; vous verrez ! (Zermatten 1947 :36).
Conclusión
            En esta comunicación hemos podido comprender la importancia que tiene el río Ródano en el imaginario de la literatura suiza de expresión francesa. Evidentemente, se trata de un pequeño muestrario, ya que nuestro tiempo aquí es muy limitado para realizar un estudio mucho más exhaustivo. Sin embargo, esta muestra nos permite entrever las diferentes visiones literarias, sensaciones y sentimientos que el Ródano ha inspirado y despertado en escritores como Ramuz, Chappaz, Bille, Zermatten o Micheloud. Pero también de artistas como el pintor, grabador y escultor Robert Hainard, que en 1946 consigue persuadir con éxito a Maurice Troillet (tío del escritor Maurice Chappaz), artífice de la consolidación de la planicie del Ródano en Valais, de conservar una parte del antiguo río salvaje. Esto dio lugar a la reserva natural de Pouta Fontana o pantano de Grône. Hoy en día, con sus 32 hectáreas preservadas muestra la llanura del Ródano de antaño con su vegetación y su fauna; es en la actualidad el mayor humedal del Valais. Acciones como ésta han podido preservar algunos de los paisajes todavía auténticos de este río.
En la actualidad, el Ródano está sufriendo su tercera gran corrección en tierras suizas, un proyecto que se extiende prácticamente desde su nacimiento (Gletsch VS) hasta el lago Leman y que ha suscitado muchas controversias. A lo largo de estos  tres últimos siglos, se han llevado a cabo varias correcciones para protegerse de las inundaciones y para desecar la planicie. Cada proyecto muestra una dinámica social diferente y permite comprender la dimensión política de las relaciones del hombre con su medio ambiente. El siglo XVIII denuncia sin reaccionar, el siglo XIX es conquistador pero se debilita por las divisiones, el siglo XX es arrogante, mientras que el siglo XXI comienza modestamente, ya que los ingenieros sugieren devolver al río una parte de su curso. Ya no se trata únicamente de gestionar las subidas extremas de nivel del agua sino también de restaurar en la medida de lo posible la dinámica natural del curso del río ¿Estamos escuchando a la naturaleza, tal y como nos aconsejaba Pierrette Micheloud? Quizás sea la solución más efectiva. Solo el tiempo lo dirá…



Bibliographie

bachelard, g. (1942)  L’eau et les rêves. Col. Le livre de poche. Paris : Librairie José Corti.
Barthes, R. (1957) Mythologies. Paris : Ed. Seuil.
Bille, C. (1944) Theoda ou la passion aveugle. Albeuve : Ed. Castella.
            --, (1952) Le Sabot de Venus. Albeuve : Ed. Castella.
            --, (1961) « Mon corps est devenu fleuve » Le Pays Secret. Sierre : Treize Étoiles, p.66.
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Mistral, f. (1878) Lou Tresor dóu Felibrige. http://www.lexilogos.com/tresor_felibrige.htm
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- Comunicación presentada en el XXV Coloquio Internacional AFUE Les mots et les imaginaires de l’eau. Organizado por la Universidad Politécnica de Valencia. Valencia, del 20 al 22 abril del 2016. 
- Palabras e imaginarios del agua. Les mots et les imaginaires de l’eau. Mercedes López Santiago, Françoise Olmo Cazevieille, Gemma Peña Martinez, Inmaculada Tamarit Vallés. Artículo: “Visiones literarias del río Ródano: imágenes de un mito”. Editorial Universidad Politécnica de Valencia, 2017. ISBN: 978-84-9048-572-9 pp. 481-488.




[1] « Le Drac du Rhône était un monstre ailé et amphibie qui portait sur le corps d'un reptile les épaules et la tête d'un beau jeune homme. Il habitait le fond du fleuve où il tâchait d'attirer, pour les dévorer, les imprudents gagnés par la douceur de sa voix » (Mistral 1878 : 824).
[2] El Ródano, en Suiza, ha sufrido varias correcciones a lo largo de los dos últimos siglos. La tercera corrección que se está produciendo en la actualidad quiere asegurar que el Ródano desempeñará sus funciones en términos de:
-          Seguridad: protección contra la llanura de inundación
-          Medio Ambiente: ambientes acuáticos y terrestres, la columna vertebral de la red ecológica
-          Uso de la tierra: la preservación de los recursos hidráulicos e hidroeléctricos, el paisaje, la mejora de los usos recreativos, la estructuración de la disposición de la llanura (http://www.bg-21.com/fr/node/2226).
[3] C.F. Ramuz, “Pays du Rhône” in Œuvres Complètes, 1951-1958, Ed. Rencontre, Lausanne, p.T. 
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