martes, 25 de octubre de 2016

EL VALAIS: DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN MITO A LA DECONSTRUCCIÓN DE UN PAISAJE. UN EJEMPLO DE ECOMITOCRÍTICA

Dra. Montserrat López Mújica
GIECO-ACIS&GALATEA- UAH

Le Valais a le Cervin pour mesurer le ciel
et le Rhône pour mesurer la terre (C.F. Ramuz)

Pays où tout s’oppose sans cesse, le doux et l’amer,
 le vieux et le neuf, le tendre et le rocheux.
Pays de la vigueur et de la mollesse, de l’eau et du vin,
 de la mort et de l’amour (Maurice Zermatten)

Resumen

El mito de una Arcadia helvética alpina obtiene una dimensión internacional con la obra de Jean-Jacques Rousseau, La Nouvelle Héloise (1761). Su protagonista, Saint Preux, se siente transportado por el esplendor de los paisajes del Valais: los bosques, los lagos, los pastos florecidos; conquistado por las gentes del lugar, por su hospitalidad, sus costumbres y su vida sencilla, alejada de los lujos y el dinero. Nace así, en el siglo XVIII, el mito del Valais que va a perpetuarse hasta bien entrado el siglo XX.
El Valais de las terrazas de viñedos, de los colores intensos como el azul del cielo y del lago de Ramuz, de los senderos y de las fragancias de la montaña de Maurice Chappaz, no deja indiferente a todo aquel que lo visita y que lo habita. El paisaje está fuertemente unido a la identidad de esta región, y si éste fue un elemento de reclamo en el siglo XVIII, hoy se ha convertido en un componente económico preponderante con el turismo. Sin embargo, la gestión actual del territorio en este cantón levanta muchas controversias y pasiones. Lejos queda ya la famosa cita: "L'or apporté par les étrangers n'a point encore ébloui le montagnard"[1] si nos atenemos a la transformación de algunos de sus pueblos y aldeas en la montaña. Existe sin embargo un componente emocional, una dimensión afectiva, un cierto arraigo u orgullo de las gentes del lugar que están replanteándose la explotación de sus recursos naturales y de su espacio vital. Preservarlo es hoy una preocupación mayor: la tierra, principal recurso de las regiones de montaña, permitió durante muchos siglos alimentar a las familias del Valais. Hoy esos campos cultivados han sido sustituidos por la cultura del turismo. Sin embargo, se sigue vendiendo una imagen asociada a la montaña. El valor de un destino depende directamente de la calidad de sus paisajes. Qué quedará del paisaje mítico del Valais si esta tendencia continúa.
En esta comunicación analizaremos los mitos del Valais y las consecuencias derivadas que estos mitos han provocado en el paisaje desde una perspectiva ecocrítica basándonos en las obras de los escritores más relevantes del propio Valais.

INTRODUCCIÓN
En los siglos XVII y XVIII, el mito de una Arcadia helvética se crea y se trasmite gracias a las innumerables obras de artistas, pintores y escritores[2]. En ellas se evoca un país con una naturaleza auténtica y salvaje, poblada por pastores que gozan de una gran independencia y libertad. Como nos indica el profesor Daniel Maggetti:
Suiza se convierte en la tierra bendita del retorno a los felices orígenes. Supervivencia de la Arcadia perdida, en muchos sentidos juega un papel análogo al de los lugares exóticos, a la vez horizonte de huida y refugio protegido; pero también su organización interna se relaciona con frecuencia con la de las ciudades antiguas (Maggetti 1999: 74).

Es la imagen de un mundo en el que la montaña-paraíso se convierte en la obra maestra de la naturaleza bajo el doble aspecto de un nuevo paradigma del universo y de un pueblo de pastores que ha sobrevivido a la Edad de Oro en una montaña-Arcadia y una Suiza-Arcadia[3]. Este mundo noble, aunque de gran rudeza, con una población sencilla e independiente forja además la idea de un "carácter nacional suizo” que se anclará en la conciencia colectiva del país, y sobre todo del Valais, como veremos más adelante[4]. En el siglo XIX se mantiene vivo este mito gracias a la construcción de un paisaje basado en imágenes de Épinal[5] y a su difusión por todo el mundo. Es el tiempo de la conquista de las altas cumbres por el alpinismo moderno, pero también del culto por las pequeñas cimas gracias a los nuevos y modernos servicios de innovación técnica, como por ejemplo el ferrocarril, y una fuerte capacidad de inversión. Se desarrolla también la idea de la montaña-salud (se construyen así multitud de sanatorios en la alta montaña), que acompaña todo un imaginario sobre los beneficios de la altitud, del aire sano de las montañas, de los efectos casi milagrosos del sol y de los paseos al aire libre, todo un combinado de beneficios terapéuticos y morales.
Además de desvelarnos la representación de la montaña-energía a través de la construcción de grandes presas y embalses, el siglo XX exagera el imaginario histórico de los Alpes, llegando a su más alto apogeo. Suiza se convierte así en una auténtica fortaleza con sus defensas naturales y los Alpes en una doble vía de salvación gracias a su defensa militar y espiritual. Esta idea de protección, gracias a su relieve, la encontramos en casi todas las épocas, pero llega a su apoteosis durante la Segunda Guerra Mundial: los Alpes representarán la última muralla, el “réduit national”[6] como lo nombraron en su época los militares (Walter 1991: 92). El Presidente de la Confederación, Philipp Etter, en 1939 lleva la defensa de los Alpes a su máxima culminación.
El discurso sobre la nación suiza, ya se trate de políticos, de historiadores o de artistas, converge hacia un consenso que es la base del sentido de la identidad nacional, compartido por todos, independientemente de su idioma o de su religión: el país es el resultado de la naturaleza que lo constituye, de los Alpes y de lo que representa su corazón: el macizo de San Gotardo. Ni el Cervino ni otra montaña de Suiza tiene el mismo valor simbólico que el de este macizo: cuna de la Confederación Helvética, centro de los Alpes, encrucijada de pueblos y culturas, lugar de nacimiento de los grandes ríos de Europa y símbolo de la independencia, de la cohesión y de la identidad del país. El nacimiento de este otro mito, el del Gotardo, se desarrolla durante la Ilustración junto al mito del pastor de los Alpes como un prototipo de la auténtica Suiza.
La identidad nacional suiza se basa en “el mito de la montaña”, y por consiguiente, el auténtico suizo tiene que ser aquel que vive en la montaña. Toda la historia helvética resulta así representada bajo el enfoque de una utopía histórica y topográfica específica. Los pastores y la montaña se convierten en los elementos que constituyen la nueva identidad helvética, como se constata en Heidi (1880), la heroína de Johanna Spyri. Desde las cumbres se puede divisar el país, se rompe con la monotonía de la ciudad y se produce un acercamiento a Dios. La montaña cumple así con dos funciones: símbolo de identidad y, además, altar divino (Lopez-Mujica, 2012: 33-34)

Con la llegada de las estaciones en las montañas, que generaliza la civilización turística, comienza el decline del mito arcadiano de los Alpes, que paradójicamente se intenta mantener en Valais gracias a la imagen de una montaña-reserva de la Naturaleza con una biodiversidad excepcional. En la actualidad, una mayoría de suizos pretende reavivar el mito de los Alpes purificadores y de reserva natural. Pero esta actitud, según el sociólogo suizo Bernard Crettaz, está fundada sobre una visión arcaica. Los paisajes del siglo XXI ya no tienen nada que ver con los descritos en La Nouvelle Héloise de Rousseau. Sobre todo, cuando son los chalets tipo tirolés los que dominan mayoritariamente el horizonte, creando un paisaje ficticio, allí donde nunca existieron. La vida en el campo, las vacaciones en la montaña, la producción de energía: se pide demasiado a los paisajes. Y se arruina aquello que más gusta.
La révolution urbaine de la montagne, la matérialisation des parcs et des Disneylands ont cassé le mythe de la montagne-paradis. Il faut donc un grand rite collectif pour en faire le deuil et accepter la mort, dire adieu au mythe des Alpes et assurer le passage vers un “autrement” (Crettaz 1999: 35).
Algo que parece difícil todavía, ya que en Valais se sigue vendiendo una imagen turística de paraíso a través de sus reclamos publicitarios ¿qué queda pues del mito arcadiano en la actualidad? Es lo que vamos a tratar de explicar en esta comunicación.

1.      El Valais, la nueva Arcadia

1.1 Orígenes literarios

La riqueza de sus originales y auténticos paisajes, sus pintorescas costumbres, la rudeza de la vida en la montaña, el cantón del Valais ha inspirado siempre a una pléyade de célebres escritores, todos ellos enamorados de la naturaleza, de su silencio, de sus colores, convirtiéndose así en el lugar ideal para los naturalistas. Todo comienza con el poema panegírico Les Alpes de Albrecht von Haller (1708-1777). Este médico naturalista compone un largo poema lírico en honor a su país y a sus habitantes al mismo tiempo que pasea por las montañas para estudiar su flora. Tiene 20 años y todavía duda entre la ciencia y la literatura. Es por lo tanto una obra de juventud, pero que tuvo un éxito inmediato. Los lectores familiarizados por los paisajes ordenados de los jardines a la francesa, descubren los valles repletos de flores, los bosques, las cascadas y los lagos. Y aunque dedica algunos versos a los glaciares, Haller, no describe ni las cumbres, ni los precipicios, ni las abruptas agujas: todavía son considerados lugares inhóspitos. La montaña que describe es la de los altos pastos. Pero ante todo sabe expresar las virtudes de la vida en la montaña, la honesta simplicidad de sus habitantes frente a la corrupción de los habitantes de las ciudades. Rinde así homenaje a sus compatriotas, cuyo aislamiento en la montaña ha preservado de las perversiones de la ciudad: la vida igualitaria, sencilla, frugal de los pastores suizos nos remonta a la Edad de oro de la antigüedad. Este poema, que se inspira de las Metamorfosis de Ovidio, postulaba que una edad de oro existió siempre en las montañas suizas donde vivía una sociedad ideal, libre, sana y sencilla. En realidad, esta época dorada que evoca Haller en su poema solo existía en su mente pero eso no impedirá el nacimiento del mito alpino, del que participarán a partir de entonces todas las generaciones.
Sin embargo, Los Alpes de Haller no hubiesen tenido tanta influencia sin el pensamiento de Rousseau que se desarrolló un poco más tarde. Así comienza a construirse el mito de una Arcadia helvética alpina, que obtiene su dimensión más internacional con la obra La Nouvelle Héloise (1761), de Jean-Jacques Rousseau. La publicación de esta novela epistolar, marca una nueva etapa. En ella encontramos los temas más queridos por J. J. Rousseau. Pero es el paisaje de la montaña el tema que más llama la atención al lector de la época. “Je m’aperçois que ce pays ignoré mérite le regards des hommes, et qu’il ne lui manque, pour être admiré, que des spectateurs qui le sachent voir” (Rousseau 2002: 126). La sensibilidad de Rousseau se traduce en la novela bajo la forma de un sentimiento de amor por la naturaleza.
Rousseau no busca lo pintoresco, lo que le interesa es la influencia que tiene la naturaleza, su armonía, y esos misterios que unen el paisaje con los sentimientos. En su Lettre XXIII describe así el contraste que producen las montañas, mezcla de inquietud y exaltación : “Imaginez la variété, la grandeur, la beauté de mille étonnants spectacles : le plaisir de ne voir autour de soi que des objets tout nouveaux, des oiseaux étranges, des plantes bizarres et inconnues, d'observer une autre nature, et de se trouver en quelque sorte dans un nouveau monde” (Rousseau 2002 : 131).
Saint Preux, el protagonista, realiza un viaje por la región del Valais y se lo relata a Julie en la Lettre XXIII de la primera parte. El Valais es un lugar tranquilo donde los prejuicios no parecen existir. El joven amante sueña con un lugar parecido para él y su compañera, libre de la autoridad parental. Se siente transportado por el esplendor de los paisajes: los bosques, los lagos, los pastos florecidos; se siente conquistado por las gentes del lugar, por su hospitalidad, sus costumbres y su vida sencilla, alejada de los lujos y el dinero. Se puede percibir aquí la influencia de Albrecht von Haller, al que Rousseau leyó y con el que se identifica plenamente. La montaña que Rousseau describe es la de Haller, las montañas del Valais se convierten en una mítica Arcadia.
Je gravissais lentement et à pied des sentiers assez rudes (...). Je voulais rêver, et j’en étais toujours détourné par quelque spectacle inattendu. Tantôt d’immenses roches pendaient en ruines au-dessus de ma tête. Tantôt de hautes et bruyantes cascades m’inondaient de leur épais brouillard. Tantôt un torrent éternel ouvrait à mes côtés un abîme dont les yeux n’osaient sonder la profondeur. Quelquefois, je me perdais dans l’obscurité d’un bois touffu. Quelquefois, en sortant d’un gouffre, une agréable prairie réjouissait tout à coup mes regards (2002 : 129).

Esta obra se convierte a su vez en fuente de inspiración para otros poetas que vendrán al Valais atraídos por los hermosos escritos de Rousseau, repletos de bellas descripciones sobre paisajes alpestres. El viaje a los Alpes se transforma en una moda y en una terapia tanto para el cuerpo como para el alma, y la fascinación por la montaña se transforma a partir de entonces en verdadera pasión. Suiza aprovecha este entusiasmo y organiza una verdadera industria del souvenir, que acoge como clientes a numerosos viajeros, la mayor parte británicos y franceses, cuyo último destino es Italia. Su objetivo:
Connaître, appréhender par le contact direct ce pays primitif pratiquement inconnu des milieux cultivés, découvrir non plus l’Arcadie des Antiques légendes, mais une région et une réalité géographique, tel était désormais l’objectif (Schaller 1982 : 9)

Y así, mientras ese país se convierte en una especie de Antigüedad difunta, Rousseau describe el Valais como si se tratara de la misma Arcadia. De este modo, los jóvenes aristócratas ingleses que vienen a perfeccionar su cultura clásica en Italia, se detienen en Suiza y sueñan ante ese nuevo Olimpo que son los Alpes. Aprovechan también para visitar a Rousseau y a Voltaire instalado en Lausana, y más tarde en Ginebra. El memorialista escocés James Boswell, el historiador Gibbon, Horace Walpone y, más tarde, Byron y los Shelley forman parte de estos ilustres visitantes. Entre los escritores franceses destacamos a Chateaubriand et son “Voyage en Italie”, Victor Hugo, Stendhal, Balzac, Georges Sand, entre otros. Todos ellos dejarán testimonio de sus estancias en diarios y cartas, y algunas de sus obras estarán inspiradas en estos paisajes (Byron y Shelley). El Valais y sus montañas se convierten así en tema literario, tanto en la prosa como en la poesía. Esta práctica llegará a ser una verdadera institución e incluso una fuente de ingresos para escritores como, por ejemplo, Théophile Gautier (1811-1872), Gerard de Nerval (1808-1855) o R. Maria Rilke (1875-1926):
Pays silencieux dont les prophètes se taisent,
pays qui prépare son vin,
où les collines sentent encore la Genèse
et ne craignent pas la fin.

Pays, trop fier pour désirer ce qui transforme,
qui, obéissant à l’été,
semble, autant que le noyer et que l’orme,
heureux de se répéter.

Pays dont les eaux sont presque les seules nouvelles,
toutes ces eaux qui se donnent,
mettant partout la clarté de leurs voyelles,
entre tes dures consonnes ! (Rilke 1989 : 197)


1.2 Los Alpes en la Literatura de viajes

El relato de viajes, que se desarrolla a finales del XVIII, se convierte en género literario a comienzos del XIX. En estas obras encontramos la idea de que la belleza de la naturaleza creada por el hombre es la consecuencia de la belleza de sus habitantes. Esta es la herencia que dejan escritores como Rousseau o Bernardin de St-Pierre. Entre 1800 y 1820 se publican más de cuarenta obras, en las que los Alpes juegan un papel importante en la intriga del relato, pero todavía son sólo considerados un decorado. Citamos aquí la obra de Etienne Pivert de Sénancour (1770-1846), Rêveries sur la nature primitive de l’homme (1799) y Oberman (1804). En esta última obra, la fascinación que ejercen los Alpes se expresa a través de descripciones sencillas (el estruendo de las cascadas, el rugido del viento en los abismos).
Con Rodolphe Töpffer (1799-1846), aparece una nueva visión de los Alpes. Este escritor suizo nacido en Ginebra dirigía su carrera artística hacia la pintura, pero tuvo que renunciar a causa de un defecto en la vista. Se especializó entonces en literatura de viaje. Sus obras tuvieron un enorme éxito en vida del autor y en la actualidad continúan reeditándose. Citemos aquí Les nouvelles Genevoises en 1841 y sobre todo los Voyages en zigzag en 1843.
Töpffer, es el retorno a la sencillez. La especificidad del viaje a los Alpes es el retorno a los orígenes, que sólo puede hacerse de forma natural, es decir, a pie e individualmente. Es el medio para cultivarse que Töpffer más practicó. Critica al turista ridículo que únicamente visita aquello que le han dicho, a menudo sin bajarse del coche, y que es incapaz de ver el verdadero encanto de la belleza alpestre. Töpffer posee el gusto de la observación atenta, precisa, aunque la agudeza de su mirada jamás inhibe el ímpetu de su sentido estético. Su sensibilidad y su inteligencia juegan un papel importante frente al miedo que sentía a veces por la naturaleza alpina. Esto se traduce en una serie de cuadros que jalonan la obra, van a lo esencial, a la atmósfera típica del lugar evocado.
Su obra gusta por su aparente facilidad y su ausencia de pretensión. Con Töpffer, la montaña cesa de ser un mito. Ya no es el lugar ideal de la contemplación "romántica", sino que se convierte en un terreno propicio de aprovechamiento, para la realización de viajes y la práctica del alpinismo.
Una mención especial tiene aquí la obra de Alphonse Daudet, Tartarin sur les Alpes (1885), una irónica crítica hacia Suiza. El autor ridiculiza a los alpinistas, al “Club des Alpines”, y sobre todo, al propio país, sus fiestas locales, sus siniestros hoteles donde se “roba honradamente”, la morgue en la que se ha convertido el mítico San-Gotardo, sus circuitos (ya) superequipados con trenes a cremallera, ironiza con ese remanso de paz en el que a uno se deja retener tan fácilmente.
La montaña se transformará a partir de ahora en un espacio de entretenimiento y juego para el hombre. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los alpinistas van a justificar cada vez menos sus ascensiones por consideraciones de orden científico o romántico, apartándose así de sus contemporáneos en su relación con la montaña. Esta evolución comienza durante el periodo considerado como la edad de oro del alpinismo (1855-1877), en el que algunos pioneros, sobre todo ingleses asistidos por guía locales, van a conquistar todas las grandes cimas de los Alpes. La montaña se convierte así en un objeto de consumo turístico, que conllevará graves consecuencias sobre el medio ambiente.


2.      El turismo, el progreso y la transformación del paisaje (Rod/Ramuz/Chappaz)

A finales del siglo XIX, el paisaje suizo experimenta una serie de transformaciones como consecuencia directa del progreso, de la urbanización y de la industrialización. Los efectos degradantes que la acción humana lleva a cabo sobre la naturaleza despiertan las conciencias de hombres y mujeres que lucharán por proteger el medio ambiente y el modo de vida tradicional del campo, seriamente amenazados por los adelantos técnicos y los efectos perversos de la modernidad. Estamos frente al eterno dilema provocado por los dos conceptos antagonistas de la naturaleza: uno obsesionado por aprovechar al máximo los recursos naturales y el otro preocupado por salvaguardar  el valor estético del paisaje. Esta primera advertencia de los peligros a los que el medio ambiente se exponía es lo que François Walter ha calificado de pré-écologie[7], porque no conduce a una verdadera actitud ecológica, sino que se trata más bien de la evocación nostálgica de cierta armonía, de orden fundamentalmente estética. Todavía estamos lejos de la noción de gestión racional de los recursos naturales, como se concibe en la actualidad. Se trata, sobre todo, de la protección puntual de ciertos elementos paisajísticos, de una especie concreta de animal o planta.
El movimiento que se crea para proteger los objetos naturales participa de la misma idea de protección de los objetos culturales. A principios del siglo XIX, comienza a surgir la inquietud por el “patrimonio”, una noción fuertemente vinculada al patriotismo. Aparecen en Europa las primeras instituciones, públicas o privadas, para la protección y conservación de monumentos históricos. Y esta preocupación hacia ciertos monumentos amenazados se extiende a los objetos naturales. El patrimonio, la memoria de un país, no sólo se encuentra en la arquitectura y la arqueología, también abarca los elementos paisajísticos. El resultado de todo esto es la aparición en Europa, a principios del siglo XX, de multitud de asociaciones nacionales de protección de parajes y paisajes. Se siente la influencia alemana del concepto de protección: el Heimastschutz, que combina la conservación de monumentos con la protección de la naturaleza, integrando al mismo tiempo la salvaguardia de las tradiciones populares. En Suiza, la movilización para la protección del patrimonio natural se pone en marcha muy pronto: las implantaciones hidroeléctricas y los modernos medios de comunicación, las infraestructuras requeridas para el turismo o peor aún el ferrocarril, dejan huellas visibles en el paisaje alpino, que era considerado hasta entonces como auténtico.
El idílico paisaje de los Alpes comienza a sufrir graves modificaciones. Los escritores suizos de expresión francesa ponen su pluma a disposición de la defensa de una naturaleza que forma parte de su propia identidad y que siempre ha sido marco referencial en sus obras:
La plupart des écrivains romands sont des gens attachés à leur pays, à leur terre, à l’endroit où ils vivent. C’est pourquoi ils ont souvent décrit des paysages  caractéristiques de la Suisse romande : les montagnes du Valais, les vignobles du lac Léman, les plateaux jurassiens. Mais le rapport que les écrivains entretiennent avec leur pays est à l’opposé d’un sentimentalisme folklorique. Bien qu’ils parlent souvent de leur ‘pays’, ils ne sont pas des écrivains régionalistes. Pour eux, le ‘pays’ représente beaucoup plus qu’un paysage : c’est le lieu – ville ou campagne – où on a ses racines, c’est une partie acceptée ou refusée. Il est peut-être difficile de se sentir Romand, puisque la Suisse romande n’est ni une nation ni même une région bien définie. Pour les écrivains romands, écrire sur leur ‘pays’, c’est toujours parler en même temps de leur identité problématique (Gérald Froidevaux, Ecrivains de Suisse romande, Klett et Balmer 1994 : 11).

El escritor Edouard Rod (1857-1910), vaudois instalado en París, condena en su novela Là-haut (1897) la explotación que el universo alpino del Valais de su época comienza a padecer, promoviendo la deformidad y la destrucción de los modos de vida ancestrales. El choque entre el mundo del turismo y el mundo auténtico de la montaña se muestra perfectamente en esta novela. Narra las transformaciones de un mundo rural bajo la presión del turismo que promete inversiones lucrativas - hoteles, restaurantes, trenes. El protagonista del relato, Julian, será testigo de la dura batalla entre conservadores y progresistas, entre los inversores y los partidarios del “viejo país”. Aunque Julien no interfiere en el conflicto, se adhiere a una ideología que satisface la pertenencia a "esta antigua tierra" (Rod 1997: 96) de la que es originario. Ambas partes compiten por hacer valer sus argumentos: del lado progresista, el promotor Rarogne, y del lado conservador los viejos aldeanos suizos y, sobre todo, Volland, intelectual y profesor en Vallanches. A los argumentos patrióticos y sentimentales - el apego a una tierra cuyas tradiciones han asegurado la independencia - Volland añade, para defender los valores del pasado, una visión poética y romántica: rechazando el utilitarismo de Rarogne, para quien las montañas son "una materia prima explotable” (84), defiende la belleza de lo inútil, por la grandeza poética de una naturaleza relacionada con un tiempo inmemorial. En otra obra titulada La Suisse au dix-neuvième siècle, Rod introduce poéticamente el dominio cada vez mayor de las compañías eléctricas sobre los recursos hidráulicos y describe el comienzo de una nueva industria: “Elle se glisse sur les pas d’un personnage très ‘fin de siècle’, colporteur d’une nouvelle espèce, mercanti fantastique, spéculateur imperturbable et matois: le marchand de cascades” (Rod 1901: 421).
Hélas ! le temps n'est pas loin où l’on ne verra plus de « villages suisses » que dans les expositions, comme on ne voit déjà presque plus de meubles anciens que dans les musées ou chez les antiquaires. La création de ces « stations », qu'une publicité bien entendue met aussitôt à la mode, est suivie, à bref délai, de la construction de chemins de fer, et l’on sait les montagnes illustres dont les sommets ne sont plus que des gares (Rod 1901 : 419)

Rod pronostica acertadamente lo que ocurrirá años más tarde con los paisajes típicos de su país: “on peut pourtant se demander ce qui subsistera, dans un demi-siècle, de la Suisse pittoresque” (Rod 1901: 420).
El escritor vaudois, C.F. Ramuz (1878-1947), sin tomar la vía del militarismo, contribuirá tanto o más, a sensibilizar con su obra a los lectores sobre la fuerza y el misterio que emanan de la montaña. Como un testigo más de estas fuertes transformaciones de los paisajes alpinos, Ramuz muestra su apoyo al movimiento de protección de la naturaleza atacando duramente a esa industria turística que ya había suscitado críticas muy severas. El Heimatschutz se opone ferozmente al proyecto ferroviario que pretende construir un teleférico en la cumbre del Cervino - la cima por excelencia del patrimonio poético universal -  hacia 1907[8]. En su Journal, fechado el 15 de septiembre de 1895, Ramuz se muestra contrario a la invasión de turistas extranjeros que sufre su país:
Il y a déjà assez en Suisse de ces aventuriers qui font fortune en attirant chez nous nos voisins dont ils vident les poches. Il me tarde de voir les Alpes purgés de ces fantoches embarrassants, armés de piolets, accompagnés d’une bande de miss en jupes courtes et d’une caravane de guides. Il me tarde de voir disparaitre le cosmopolitisme qui, non content de détruire chez nous les vieilles mœurs et les veuilles coutumes, tend chaque jour à dégrader notre peuple jusqu’ici si probe (Ramuz 1968 : 10).

Ramuz se manifiesta también en contra de los hoteleros helvéticos que llenan sus bolsillos mientras los campesinos ni siquiera pueden llevarse a la boca el pan que ellos mismos han sembrado. Les acusa abiertamente de conducir a su país a la ruina. El turismo de masas, ese que atrae a miles de personas, sobre todo en invierno a las estaciones, se presentaba pues como uno de los peligros que amenazaban el equilibrio de los espacios de la montaña; sin embargo, los intereses económicos estaban por encima de la desnaturalización de la belleza del lugar y se trataba de una industria, la del turismo, contra la que era muy difícil luchar:
Je voudrais voir en une seule nuit tous les hôtels détruits. Les hôteliers, on en fera des manœuvres, des ouvriers, des artisans. Ils seraient alors plus utiles à la Suisse, ils travailleraient à sa prospérité, au lieu de travailler à sa ruine, à sa perdition peut-être (Ramuz 1967 : 186).

Pero será Maurice Chappaz (1916-2009), la figura simbólica literaria por excelencia del Valais, el escritor más crítico con esta nueva situación. Autor emblemático del fuerte sentido de arraigo, de la "comunión" de las gentes del Valais con su tierra natal, de la dimensión inspiradora del territorio y de la tentación nostálgica de unión a la identidad tradicional. Comprometido activista de la protección de la naturaleza del Valais, retoma casi un siglo después la misma causa. Junto a la que fuera su esposa, la escritora también valaisanne Corinna Bille, denuncia la destrucción de los bosques de Finges y de otros espacios saqueados por el ejército, pero sobre todo defiende sus queridas montañas amenazadas por los promotores y la siempre creciente industria turística. En Chant de la Grande Dixence (1965), relato corto que narra la vida de los mineros que trabajan en la construcción de una presa en el Valais, la de la Grande Dixence, hace también alusión a los trastornos ocasionados por el “progreso” que padecen la montaña, los paisajes de su querido cantón y sus habitantes frente a esa nueva producción de energía hidráulica que se desarrolla poco a poco en el Valais a partir de los años 1950. Junto al turismo, el desarrollo de las infraestructuras hidroeléctricas es el causante del cambio más radical en el paisaje alpino. A partir del siglo XX, estos dos fenómenos han evolucionado conjuntamente.
Si bien es cierto que este tipo de energía se considera limpia, fiable y sostenible, el precio ecológico que los paisajes y los ríos del Valais tuvieron que pagar fue muy alto. La construcción de una presa tiene efectos importantes para el medio ambiente. Una retención puede influir significativamente en el área donde se erige el río. Al bloquear el flujo natural de un río, un embalse afecta a la migración de peces, a las aguas subterráneas, a la calidad del agua y al transporte de sedimentos. Tampoco hay que ocultar los impactos negativos, tales como la captación de arroyos y cascadas que llevan a la desecación completa de algunos torrentes, robando con ello una cierta poesía al paisaje alpino.
En 1976, Chappaz escribe su obra más polémica, Les Maquereaux des cimes blanches, una enérgica y muy dura acusación contra los políticos corruptos y los constructores que provocará gran escándalo. Chappaz denuncia y anuncia la gran venta:
Oui. La grande vente! Et cela se doublé: il y a, d’une part, l’impatiente vente des terrains, avec l’enrichissement… provisoire, et puis il y a la vente de tout ce qui est sous-jacent à la vente des terres. A la fin, on vend aussi son esprit, on vend aussi sa propre âme. Et vendre son âme c’est perdre toute identité. Dans cette situation se trouve la Suisse entière (Chappaz 1976: 83).

La pérdida de la identidad va muy unida a la pérdida de ese paisaje mítico y auténtico del Valais. Vendida, prostituida, la naturaleza es despojada de su carácter sagrado, de su «misterio» que a veces se desvela a los sentidos y al espíritu del que la contempla. Los escritos de este visionario y adelantado ecologista, desencadenan una terrible campaña de prensa contra su obra, que sólo se verá compensada por la admiración y el apoyo recibido por parte de los estudiantes de Colegio de Saint-Maurice.









CONCLUSIÓN

Cabe preguntarse qué queda en la actualidad del mito de la Arcadia Suiza y de esos paisajes de carta postal alpinos que han hecho del Valais su reputación. Poco o casi nada, si escuchamos al sociólogo Bernard Crettaz[9]:
Tous ces imaginaires historiques se retrouvent au sein de kaléidoscope actuel et sont utilisés à toutes les fins commerciales, culturelles et politiques. Mais ils sont usés et fatigués, le vieux mythe des Alpes atteint sa fin (2013: 35).

Los Alpes se han convertido en un destino turístico mayor en estas últimas décadas, tanto a escala nacional como internacional. Las estaciones turísticas, como la de Verbier (en Valais), son un ejemplo claro de la modificación que han sufrido los típicos paisajes alpinos y no son quizás el mejor modelo a seguir si lo que se pretende es conservar la autenticidad del entorno[10]. Otros casos de destrucción de paisaje en el Valais directamente relacionados con la masificación del turismo son el sistema hidroeléctrico de Grimsel, los dominios esquiables de la Tête de Balme, el sistema auto-tren de Vernayaz y la línea de alta tensión St-Triphon-Chamoson. Este desarrollo extremadamente rápido del turismo no solo ha creado un impacto significativo sobre el paisaje geomorfológico de la región (Lambiel 2001), sino también le ha robado una gran parte de su identidad.
Maurice Chappaz, en una entrevista concedida en 1976, opinaba respecto a la “colonización” de Verbier:
Il y a cinquante ans Verbier appartenait aux gens de la Commune, qui y travaillaient, avaient un chalet, un mayen, - des cultivateurs. Avec les ventes et les grands travaux, les paysans se transforment en entrepreneurs, en ouvriers, en artisans, en employés dans l’hôtellerie. Ils entrent dans le confort. Mais à la prochaine étape, plus rien ne leur appartient et le terme de cette évolution, on le voit dans d'autres régions où cette colonisation est déjà plus ancienne, en Provence par exemple! (Chappaz 1976: 83)

Existe un antagonismo entre nuestra civilización técnica, -promotora del crecimiento, de la movilidad y del ocio-, y el espacio alpino, domesticado para ser rentable y productivo. Si los turistas vienen a descubrir la belleza de los Alpes (quieren llevarse consigo los tópicos con los que siempre han soñado: chalets decorados de geranios, praderas repletas de vacas y de pastos) ¿por qué este patrimonio paisajístico se encuentra hoy tan maltratado? El resultado es una inversión de la relación hombre – montaña. Esta, ha pasado de ser un elemento amenazante - como hemos visto al comienzo de esta comunicación-, a ser un elemento amenazado. Encontrar el equilibrio justo entre la identidad del cantón y la modernidad resulta actualmente muy complejo. Los diferentes intereses económicos están casi siempre por encima de los intereses de la propia naturaleza y del paisaje, y se corre el riesgo de transformar el cantón del Valais en un parque inmenso de atracciones. El interés por la imagen de los Alpes sigue en la actualidad muy vigente tanto en la literatura como en el cine. En la literatura con obras como la del suizo Blaise Hoffman o el francés Pascal Wick y el retorno al mundo del pastoreo. El cine ha producido recientemente películas en las que el paisaje alpino está muy presente: Heidi, Belle et Sébastien,…. Las imágenes también pueden ejercer una gran influencia sobre la forma de percibir nuestro entorno, aunque también pueden ejercer el efecto contrario, atrayendo a un mayor número de turistas. Si somos capaces de pensar en la naturaleza como algo vivo, que siente, y de reconocer nuestra profunda relación e interdependencia con ella, estaremos produciendo un cambio de mentalidad. La literatura, el cine, el arte en general, tienen la capacidad de conmover más que cualquier dato científico y ponen de manifiesto la responsabilidad que tiene el ser humano respecto a la crisis ecológica.

BIBLIOGRAFIA

Bozonnet, J-P., (1992) Des monts et des mythes : l’imaginaire social de la montagne. Presses Universitaires de Grenoble.
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[1] In Coquoz Louis, Histoire et description de Salvan - Fins-Hauts avec petite notice sur Trient, Editions Pache, Lausanne, 1899, p. 184.
[2] Entre ellos destacamos al pintor Auguste Baud-Bovy (1848-1899), al escritor Johann Jakob Scheuchzer (1672-1733), al médico y naturalista Albrecht von Haller (1708-1777), al filósofo Jean Jacques Rousseau (1712-1778) y al poeta Friedrich Schiller (1759-1805).
[3] "Arcadia": una región de la Antigua Grecia situada en el centro del Peloponeso. Sus habitantes, casi completamente aislados del resto del mundo, llevaban una vida sencilla y pastoral. Toda la región ofrecía una gran simplicidad rural y felicidad. El término Arcadia se emplea para referirse a un lugar fantástico y paradisiaco.
[4] La identidad suiza no viene directamente de los propios suizos sino de la imagen que los demás tenemos de ellos. En Europa circulaba el concepto de un pueblo suizo en un estado natural, sano y feliz. Los suizos adoptaron esta idea y la hicieron suya.
[5] Las imágenes de Épinal fueron estampas de temática popular y vivos colores que se produjeron en Francia durante el siglo XIX. Su nombre deriva de la primera empresa que las lanzó, "Imagerie d'Épinal". Ésta había sido fundada en 1796 por Jean-Charles Pellerin, un nativo de la ciudad francesa de Epinal.
[6] El « Réduit national » o « Réduit » es un término utilizado en Suiza para designar la línea de fortificaciones en los Alpes, desde la cordillera del Jura hasta el Lago de Constanza.
[7] Ver la Histoire de l’environnement européen, de François Walter et Robert Delort, (2001), Paris, Presses Universitaires de France (collection Le nœud gordien).
[8] Cf. La Suisse au XIXè siècle, TIII, La Montagne Suisse, par E. Rod.
[9] Bernard Crettaz, nacido el 29 de mayo de 1938 en Vissoie, en el Val d'Anniviers, en el canton del Valais, es un sociólogo y etnólogo suizo.
[10] El circo montañoso de Verbier estuvo esencialmente ocupado hasta los años 1930 por pastos y chalets. Con la moda del esquí en los años 1950, la urbanización en la «cuenca» de Verbier comienza a desarrollarse a un ritmo frenético hasta alcanzar una capacidad de alojamiento de unas 25000 camas en la actualidad. Las pernoctaciones anuales rozan el millón.

Esta comunicación forma parte del Proyecto Acis&Galatea “Actividades de Investigación en Mitocrítica Cultural” (www.acisgalatea.com), ref. S2015/HUM-3362, cofinanciado por la Comunidad Autónoma de Madrid y el Fondo Social Europeo. Presentada en el Congreso Internacional de Mitocrítica "Mitos y emociones". Universidad Complutense de Madrid. 25 de octubre de 2016.