martes, 13 de junio de 2017

TENDIENDO PUENTES: CRÓNICAS DESDE EL LITORAL MÉDITERRÁNEO

1.    La literatura de viajes en la Suiza Romande

La literatura suiza de expresión francesa presenta sorprendentemente una abundante producción de obras representativas de la literatura de viajes. Decimos lo de “sorprendentemente” por esa reputación que siempre han mantenido los escritores suizos de solitarios taciturnos, de introvertidos replegados y protegidos entre los infranqueables muros de sus montañas. Ese mundo alpino que les ha proporcionado su identidad y les ha protegido, parece haberle mantenido igualmente aislados del mundo. Esto es  lo que Jean Vuilleumier ha denominado “el complejo de Amiel” en la literatura suiza de expresión francesa:
Un même sol, une même culture, produisent-ils les mêmes caractères ? Ainsi cet amiélisme dont il est permis de se demander s’il trouverait ailleurs qu’en Suisse française un terreau aussi favorable à son épanouissement. Doublement minoritaire, par rapport à la France et à la Suisse alémanique, les Romands tendent-ils par mesure préventive au repli, à la défiance ? Accoutumés à « compter pour rien » aux yeux des autres, se complaisent-ils dans l’inconfiance et la réserve ? La domination qu’ils entendent éviter les incline-t-elle à se rendre insaisissables, à force d’ondoyante diversité ? Le calvinisme a-t-il contribué d’autre part à les culpabiliser ?  (Vuilleumier 1985 : 19)

Consecuencia de este confinamiento, se generó uno de los tópicos más expandidos sobre la littérature romande, y que la encasillaría para siempre entre las literaturas puramente regionales, ignorando incluso a aquellos autores que con su esfuerzo habían logrado que esta literatura se reconociera como tal. Escritores de renombre como Cendrars, Bouvier, Cingria, Ramuz y por qué no Rousseau, que al trasladarse a París, pagaron su ascensión a la universalidad con la supresión de sus orígenes. El resultado de este ascenso fue el nombramiento inapelable de regionalismo, afectando también a todo el resto de la producción suiza de expresión francesa.

Según muchos críticos literarios, la literatura suiza de expresión francesa sería pues, desde Amiel hasta Ramuz, desde Edouard Roud hasta Jacques Chessex, la expresión del enraizamiento a la tierra, del aislamiento en la montaña y de la introspección. Frente a este inmovilismo del escritor suizo, Anne Marie Jaton, nos recuerda que existen otros escritores que reivindican la tendencia opuesta,

Bouvier a longuement insisté sur la spécificité de la tradition de l'errance helvétique, qui serait, selon lui, aussi marquée, sinon davantage, que celle de l'immobilité. Dans l'un de ses ouvrages, L'Échappée belle, il s'oppose farouchement, et avec une ardeur parfois partisane, au stéréotype d'une Suisse sédentaire, conservatrice, « enracinée jusqu'à l'hémiplégie [...] avec une pointe de crétinisme alpin » (Bouvier 1994:14)[1].

olvidando así una dimensión fundamental en el imaginario suizo: la evasión.
L’histoire de la littérature suisse française prouve que cette idée de l’écrivain romand ne saurait représenter qu’une vérité partielle. Aux écrivains romands spectateurs de leur propre moi s’opposent ceux qui ont relevé l’appel du large, qui ont quitté leur patrie par trop étroite et tenté de trouver une écriture qui puisse rendre compte de leur aventure (Froidevaux 2016).

El deseo de huir del aislamiento patrio hacia un horizonte europeo o mundial impregna las obras de escritores como Blaise Cendrars, Alice Rivaz, Maurice Chappaz, Jacques Chessex o Nicolas Bouvier. Esta atracción hacia otros lugares se ha convertido en la actualidad en un componente esencial de las obras literarias de las nuevas generaciones de escritoras y escritores suizos, que ya no conciben su identidad literaria en referencia a su país. La apertura al mundo es pues la nueva clave de identidad nacional, fundada en el multiculturalismo. Son autores preocupados por las tendencias internacionales y como el resto de autores de los países occidentales, se implican en los temas más actuales.
El relato de viajes participa de esta literatura cosmopolita y constituye uno de géneros más importantes de la literatura suiza de expresión francesa. Eslabones de una tradición derivada de la emigración, responden de generación en generación a la llamada del viaje para hablar de su propia humanidad. Los escritores viajeros son conscientes de ese “otro” y de esa “otra parte”, pero nos dibujan al mismo tiempo un paisaje interior. Así lo explica Gerald Froidevaux:

Le voyage de l’écrivain romand est un allégement, une libération. Il délivre d’une hantise, il calme cet impérieux appel du large qui incite le voyageur à quitter son pays pour mieux le retrouver et, peut-être, pour mieux le supporter. Le but du voyage est que le voyage finisse ; et cette fin du voyage signifie en même temps le début de l’écriture qui désormais pourra se substituer au déplacement (Froidevaux 2016)

  
2.    El imaginario del mar en la literatura “romande”

     En Suiza - país de glaciares, impresionantes montañas y valles-, encontremos un imaginario literario sobre el mar sumamente desarrollado. La grandiosidad del océano, inabarcable y lleno de sugerentes bellezas ha representado siempre una inagotable fuente de inspiración para escritores y poetas suizos. C.F. Ramuz lamentaba la ausencia de este elemento en su país por las connotaciones de libertad que la figura del mar conlleva: “Nous ne connaissons pas l’espace libre, nous ne touchons pas la mer”. A los ojos de este escritor la falta de existencia del mar explicaría el replegamiento o encerramiento tan característico del pueblo suizo. “Nous ne respirons qu’avec la moitié de nos poumons, n’ayant pas de fenêtre ouverte sur le grand large (presque seuls parmi les peuples d’Europe) où les océans sont à tout le monde et sans fin ». Sin horizontes nuevos a la vista, la sociedad suiza se encuentra condenada a llevar una vida “normal” en la que la excepción no tiene cabida; una vida sin sobresaltos donde la conformidad parece haberse instalado de forma natural. Además, se diluye la posibilidad de crecer como nación, como a lo largo de la historia lo han hecho otras países, no solo militar o económicamente, sino espiritualmente “car c’est là qu’est le véritable enrichissement”. De ahí que la falta de este elemento parezca repercutir en la existencia del pueblo suizo y se encuentre de cierta forma incompleto: “il nous manque une moitié de l’existence qui est celle qu’offrent les ports d’où partent tant de routes vers partout et vers nulle part” (Besoin 287-288).

El único contacto que se establece con el mar es a través del lago. Ramuz, por ejemplo, afeccionaba llamar al Lago Lemán “la petite Méditerranée”. Le gustaba observar la visión que la bruma matinal producía sobre el lago Leman y creer que, por un pequeño espacio de tiempo, el lago se convertía en un poderoso océano y sus habitantes en hombres de mar:
Les monts de Savoie invisibles, le Jura disparu, le lac prend les proportions d’une mer infinie. Plus de rive, ses flots se confondent dans le lointain avec la brume, bleue à la surface des eaux, et je serais vraiment bien embarrassé pour indiquer le point précis où les deux éléments se rencontrent se fondent dans un même teinte divine. On ne regrette plus les paysages alpestres de forêts de rochers et de neiges à voir cet océan soudain étalé à vos pieds […] Nous autres hommes des montagnes nous bénissons ce brouillard d’un beau matin de juin qui nous transforme pour quelques heures en riverains d’une nouvelle Méditerranée, en hommes de mer (Journal, 64).

Para este escritor, el lago simbolizaba el origen y el fiel reflejo del mar Mediterráneo. En obras como Vendanges (1927) y Fête des Vignerons (1929), insiste en ese origen mediterráneo que posee el Ródano y el lago Lemán: “Ici est une petite mer intérieur avant la grande” (20) escribe en Chant de notre Rhône.
Nous avons aussi une Méditerranée à nous, une toute petite mer intérieur, mais dont on voit qu’elle est quand même habitée par les dieux, quand Poséidon y fait avancer sur un seul front ses nombreux chevaux d’écume; ou quand elle sommeille encore et qu’Iris descend sur ses bords dans sa robe aux belles couleurs (Besoin de Grandeur, 266)

Gracias al lago Lemán y al Ródano, (que nace en un glaciar de la región del Valais antes de desembocar en el lago de Lemán y después pasa por Ginebra, para ir a Francia, donde su curso termina en el delta de la Camarga y el Mediterráneo), el cantón de Vaud podría ser el extremo del Mediterráneo: una cierta suavidad, las viñas escalonadas en las laderas occidentales del lago, la lengua francesa... porque el francés hablado por los habitantes del cantón de Vaud es más parecido al dialecto franco-provenzal que al francés de París, por eso Ramuz utiliza en sus novelas una lengua áspera pero deliciosa al mismo tiempo, más próxima a la lengua de Jean Giono que de Morand o de Gide. Evidentemente, el cantón de Vaud nada tiene que ver hoy con el descrito por Ramuz hace cien años, y sin embargo, tanto en Lausanne, Montreux, Nyon o Vevey, se puede disfrutar de esa vida sencilla que nada tiene que envidiar a la Rivieras francesas o italianas mediterráneas.
Corinna Bille va todavía más lejos y vincula el Mediterráneo directamente con la región del Valais:
La mer, cet élément si vaste, est liée d’une façon mystérieuse au Valais. On croit l’entendre, on s’attend à la voir. Ces étendues de sable où poussent les tamaris lui appartiennent déjà; l’odeur poivrée des saules ne ressemble-t-elle pas à celle du varech? Mer souterraine, mer recouverte, dont on aperçoit à peine une lame d’eau, un mince rayon: le Rhône (Sierre et ses pinèdes. La Liberté, sep. 1970)

De esta admiración por el mar nacerá su novela Oeil-de-mer (1989), escrita entre 1952 y 1956. Su marido, el también escritor suizo, Maurice Chappaz, también gran viajero, dedicará a este elemento algunas de sus mejores páginas en su obra L’Océan (1993). Para Chappaz, que relata su viaje en barco hasta Canadá, el mar “est un glacier rasé, sans neige” (16), “un glacier qui glisse où le cargo s’éloigne comme un bloc erratique” (22). Como podemos observar, el mar y el país se encuentran íntimamente unidos a través de otros elementos naturales propios del paisaje alpino: el lago, el río Ródano o los glaciares.
Explicado de este modo el viaje por el litoral Mediterraneo de Blaise Hofmann no debe resultarnos ahora tan sorprendente.

3.      Notre mer : el viaje por el Mediterráneo de Blaise Hofmann

     Licenciado en Letras por la Universidad de Lausanne, Blaise Hofmann es un joven escritor nacido en Morges en 1978, que además ha experimentado los más diversos oficios: ayudante enfermero, animador, pastor, profesor. En la actualidad colabora como periodista o cronista en varios medios (24 Heures, Le Nouvelliste, Terre&Nature, etc.) e imparte talleres de escritura en el Instituto Literario Suizo en la ciudad de Bienne. Ha escrito siete novelas y relatos de viaje, recibiendo por ello varios premios: el Premio Nicolas Bouvier en 2008 en el festival des Étonnants Voyageurs de Saint Malo y la Bourse Leenaards en 2009. Sus relatos de viajes se extienden por diferentes continentes: “Billet aller simple” (2006), relata el viaje que realiza durante año y medio en Asia y en Africa. Por esta publicación recibe el premio Georges Nicole. Dos años después retoma su mochila para viajar alrededor del Mediterráneo y cubrir una crónica diaria en el periódico de 24 Heures. De esta experiencia resulta más tarde la publicación que presentamos en esta comunicación « Notre Mer ». Por último en 2014 aparece « Marquises », libro dedicado a estas conocidas y sorprendentes islas, en el que el autor establece puentes entre el pasado y el presente del archipiélago; un carnet de ruta repleto de ironía. Aunque con Blaise Hofmann todo es relato de viajes, incluso cuando el viaje dura cuatro meses y tiene lugar entre los pastos de los Alpes “Estive” (2008). El viaje en los libros de Blaise Hofmann es recurrente. Cuando le preguntan qué fue los primero el viaje o la escritura, no duda en explicar: « L’écriture est venue ensuite, comme une évidence pour lier la pluralité des soi: celui du voyage et celui du chez-soi ».
En el año 2008, Blaise Hofmann decide dar la vuelta al Mediterráneo por vía terrestre, al mismo tiempo que escribe una crónica diaria en el periódico 24 heures; en el 2009, tanto los textos como las fotos recogidas durante el trascurso de su viaje fueron publicados en un libro de las Editions de l’Aire titulado Notre Mer. Blaise Hofmann, se inscribe en la tradición de los escritores caminantes, que escriben un libro como un sencillo paseo, con la preocupación del ritmo y de los detalles. En “Notre mer” el escritor escoge un itinerario bien preciso “de Lausanne à Lausanne, en passant par Marseille, Barcelone, Tanger, Alger, Tunis, Tripoli, Alexandrie, Beyrouth, Lattaquié, Antalya, Athènes, etc [...]” para transcribir “le chant de la mer du ‘Milieu des Terres’” (9). Y para describir este itinerario utiliza un tipo de escritura fragmentaria que deja al lector la posibilidad de participar, es decir, de reconstruir la trama a partir de aquellos elementos que el escritor va lanzando. Así la lectura se hace entre el autor, el libro y el lector, lo que resulta muy interesante ya que permite multiplicar los efectos de caída al final de cada párrafo y de jugar con el ritmo, mucho menos denso que el de la prosa. Además, gracias al blog, consigue realizar una escritura interactiva ya que los propios lectores pueden hacer comentarios y opinar al respecto. Algunos de estos comentarios aparecen recogidos también en su libro, una tentativa de ir contra ese otro tipo de escritura que parece más un deporte de autistas.
A través de esta forma breve, Blaise Hofmann encuentra las palabras justas para hablarnos de la ruta, de la medina de Casbah en Argelia o de la de Trípoli, para evocar todos los encuentros que mantiene con las gentes del lugar, siempre con una mirada y unas palabras muy aceradas. Por citar aquí un ejemplo de las diferentes reacciones, algunas veces amigables, otras hostiles, recogidas en su blog, esta quizá resuma este sentimiento que acabamos de describir: “Votre percepción du réel me fascine”.
Porque para Blaise Hofmann
Le voyage est un moyen, pas un but. C'est un outil de décentration, une école pour la contemplation, un bon apprentissage de l'appauvrissement. Voyager ressemble souvent à un jeu de rôles: il offre ce luxe de recommencer sa vie chaque matin. Par contre, la vie a plus d'intensité, plus d'amplitude, plus de secousses. Ainsi, au retour, oui, on est plus soi-même (Blaise Hofmann).

Notre mer hace referencia a ese lugar matriarcal del que todos provenimos, la cuna de occidente, un mar que encarna por igual los miedos más intensos y las más grandes esperanzas. En ella encontramos los temas más diversos y actuales: la emigración, el exilio, la ecología, el turismo, la historia, la cultura, las guerras. Se trata de dar a conocer al lector los diferentes pueblos que habitan el Mediterráneo, cada uno con sus propias sensibilidades, y una espectacular pluralidad de usos y costumbres. Una realidad viva de estas regiones con la miseria y la decrepitud del Sur y las “esperanzas” de salir adelante, la “suficiencia” de los turistas, la posición ambigua de Turquía, que desea unirse a la Unión Europea pero que forma parte de una civilización musulmana, la multitud de problemas y preocupaciones que diferencian a las personas que viven alrededor del Mediterráneo... Blaise Hofmann se convierte en un reportero en busca de lo “cotidiano”, de la experiencia del día a día, que parte al encuentro de la gente común, en una esquina de la calle o en un bar. Escenas “obvias”, espontáneas, auténticas que nos cuentan la vida en torno al Mediterráneo.
En resumen, un viaje colorido y animado, rico en enseñanzas y en experiencias compartidas que pretende tender puentes de unión entre Europa y los pueblos del Sur.

Conclusion

     Nuestro Mediterráneo ha sido siempre considerado la cuna de nuestra civilización. Son numerosos los poetas y pensadores que en sus obras han tratado de captar sus paisajes de ensueño. Un lugar mítico, en el que la humanidad se pierde pero también se encuentra. Desgraciadamente, últimamente, estos paisajes se han llenado de imágenes de emigrantes en busca de una vida mejor, de pateras repletas de hombres, mujeres y niños desesperados por alcanzar las orillas europeas, de niños que aparecen ahogados en sus idílicas playas. Es cierto, el Mediterráneo ya no es lo era, o más bien, lo que se soñaba que fuera.
El sociólogo Edgar Morin nos ayuda en cierto modo a hacer un balance con nuestro mar Mediterráneo: se plantea de nuevo la cuestión de la maternidad y la hermandad. Para Edgar Morin, la lección del Mediterráneo, verdadero crisol para reducir los antagonismos, aún no se ha escuchado suficientemente:

« Méditerranée ! Mer qui porte en elle tant de diversité et tant d’unité ! Mer des extrêmes fertilités et des extrêmes aridités ! [...] Mer à la fois d’antagonismes et de complémentarité conflictuelle de la mesure et de la démesure ! Berceau de toutes les cultures d’ouverture et d’échanges ! Matrice de l’esprit le plus sacré et de l’esprit le plus profane ! [...] Mer de la communication des idées et des confluences des savoirs, qui a su faire passer Aristote de Bagdad à Fès avant de le faire parvenir à la Sorbonne de Paris ! Mer tricontinentale des rencontres fécondes et des ruptures tragiques entre l’Est et l’Ouest, le Sud et le Nord ! ».

De esta misma opinión es Blaise Hofmann: “La Méditerranée n’est pas qu’une cicatrice. […] Elle mérite qu’on s’y attarde un peu” (9). Y mantiene esa fe de reunir a esas dos orillas hoy en día todavía tan distantes: “Un siècle serait en effet bien peu pour réunir deux rives qui se confrontent depuis trois millenaires” (206). Porque si durante tres mil años, las migraciones de los pueblos mediterráneos han construido la historia, la riqueza y la unidad de este territorio, lamentablemente en la actualidad amenazan con destruirlo. La Europa que hoy conocemos se ha construido negando sus raíces mediterráneas. Sin embargo, nadie podrá frenar la deriva de los “continentes humanos”. Si en los años 50, las dos terceras partes de la población mediterránea vivían en la orilla norte, hoy se reparten de forma igualitaria. Pero si nos proyectamos en el tiempo, muy pronto las dos terceras partes de la población mediterránea se encontrarán en el sur. No se puede seguir viviendo de espaldas a esta realidad. Por ello para acabar esta comunicación cedemos la palabra a un Albert Camus que tan sabiamente aconsejaba:
De même que le soleil méditerranéen est le même pour tous les hommes, l’effort de l’intelligence humaine doit être un patrimoine commun et non une source de conflits et de meurtres. Une nouvelle culture méditerranéenne conciliable avec notre idéal social est réalisable. C’est à nous et à vous d’aider cette réalisation (Camus).


Bibliografía

BOUVIER, Nicolas, L'Echappée belle, éloge de quelques peregrins, Genève, Metropolis, 1996.
BOUVIER, Nicolas, « Immobile à grands pas...», Eloge de la folie et de quelques Suisses vagabonds », La Suisse ouverte: Nicolas Bouvier, « Cahiers francophones d'Europe Centre-Orientale », Pécs- Vienne, 1994, p. 14
CAMUS, Albert, Essai, Gallimard, La Pléiade, Paris, 1967. pp.1324-1327.
FROIDEVAUX Gérald (2016)."Écriture et voyage en Suisse romande, de Béat de Muralt à Nicolas Bouvier". Revue La Licorne, Numéro 16. En ligne: http://licorne.edel.univ-poitiers.fr/index.php?id=6443 (consulté le 9/02/2017).
JATON Anne-Marie. La « claustrophobie Alpine » et la littérature de voyage (Charles-Albert Cingria, Blaise Cendrars, Nicolas Bouvier). In: Cahiers de l'Association internationale des études francaises, 2001, n°53. pp. 143-157.
MORIN, Edgar, « Un modèle de civilisation: la Méditerranée », Le Monde diplomatique, mars 1997.
VUILLEUMIER, Jean, Le Complexe d’Amiel, Lausanne, L’Age d’Homme, 1985.




[1] JATON Anne-Marie. La « claustrophobie Alpine » et la littérature de voyage (Charles-Albert Cingria, Blaise Cendrars, Nicolas Bouvier). In: Cahiers de l'Association internationale des études francaises, 2001, n°53. P. 146.


Comunicación impartida en el XXVI Colloque Interantional de l'AFUE- Universidad de las Islas Baleares. Palma de Mallorca, del 3 al 5 de mayo de 2017.