jueves, 4 de diciembre de 2008

LECTURA ECOCRÍTICA DE LA NOVELA DERBORENCE DE C.F. RAMUZ


RESUMEN

Con este estudio ecocrítico se pretende mostrar la rara y aguda sensibilidad que Ramuz posee respecto al medio ambiente de su país natal. A través de su novela más traducida, Derborence, intentaremos adentranos en su mundo particular, en su petit pays[1]. Gran conocedor del paisaje, de sus montañas, lagos, ríos y glaciares, Ramuz también sabe revelar los secretos de otro paisaje invisible pero historiado y animado por la memoria colectiva de un pueblo a través de su folclore, de sus costumbres y también de sus creencias de origen ancestral. La elección de sus personajes, campesinos del altiplano suizo, no es fortuita: en ellos encuentra representada la naturaleza en su estado más puro, ya que forman parte de un universo constituído por glaciares, pastos y bosques.
En esta comunicación se analizan los diferentes elementos que representan la naturaleza en la novela, observando cómo C.F. Ramuz logra sensibilizar al lector ante la fuerza y el misterio que de ella emanan. Su obra encierra una sútil pedagogía: Ramuz nos anima a explorar y descubrir el mundo que nos rodea, nos permite establecer un contacto con la naturaleza a través de sus cuatro elementos: el agua, el aire, el fuego y la tierra. Quiere transmitirnos su amor por ella, para que la observemos y prestemos más atención a sus ritmos y a su complejidad. Sólo de este modo acabaremos comprendiéndola y respetándola mejor. Su mensaje es claro: la defensa de la naturaleza, del paisaje y de la vida rural que considera el modo de vida más natural. En una sola palabra, el respeto por la vida.

[1] Un mes antes de morir, Ramuz escribía en un prólogo: “A force de partir, je suis resté chez moi. J’ai en commun avec M. Mariac (dont, par ailleurs, tout nous sépare) d’avoir situé tous mes livres et fait vivre (ou essayé de faire vivre) tous mes personnages dans un petit pays, le mien, qui n’a pas dans un sens, de l’est à l’ouest, plus de deux cents kilomètres, et même pas quarante dans l’autre”. Prólogo del libro de Bernard VOYENNE (1948) C.F. Ramuz et la sainteté de la terre, Paris, Ed. Julliard, dans la collection “Témoins de l’esprit”.


Esta comunicación pretende ser un ejemplo más de cómo se puede interpretar la naturaleza en una novela desde un punto de vista ecocrítico. Una gran parte del trabajo ecocrítico comparte una motivación común: el conocimiento preocupante de que hemos alcanzado la edad de los límites ambientales, una época en que las consecuencias de las acciones humanas están dañando los sistemas de recuperación básicos del planeta. Este conocimiento anima un deseo sincero de contribuir a la recuperación ambiental, no sólo en nuestro tiempo libre, sino dentro de nuestra capacidad como profesores de literatura. La literatura constituye una formidable apuesta sobre el imaginario humano respecto a todo aquello que concierne a la naturaleza. Toda obra de ficción, de cualquier género, se construye en un ambiente natural o urbano, en el que los hombres interactúan. La ecocrítica permite captar, analizar y comprender las diferentes modalidades de interacción de los hombres con su hábitat. Sus principales características son pues el uso de conceptos de la ecología aplicados a las composiciones literarias y el compromiso de incitar una conciencia ecológica a través de la literatura. La ecocrítica pretende acercarnos a la tierra y enseñarnos cómo mejorar nuestra relación con el medio ambiente. En una palabra, nos ayuda a restablecer un vínculo con el entorno y con sus habitantes, y a tener una relación más estrecha con nuestro planeta.

Los relatos dedicados a la montaña representan el último período de la creación de C.F. Ramuz, y coinciden con su plena madurez literaria. Derborence es la novela más popular y más traducida de este autor. Escrita en 1934, esta novela narra una maravillosa historia sobre las relaciones entre el hombre y la montaña, y pone en escena la eterna lucha entre las fuerzas humanas, enmudecidas por el profundo instinto de la vida, y las fuerzas de la naturaleza. El título - Derborence - designa el espacio alpestre valaisan que ocupa una de las cuencas más elevadas del macizo de Diablerets, situada al pie sur de la cima de la Tour Saint Martin y a la salida de los valles de Cheville y de la Derbonne. A lo largo del siglo XVIII, el circo de Diablerets ha conocido dos gigantescos desprendimientos. El primero, el 24 de septiembre de 1714, provocó dieciocho víctimas. El 23 de junio de 1749, el segundo desprendimiento, hizo surgir el lago de Derborence. Este derrumbamiento, el más voluminoso que se haya conocido en Suiza desde los tiempos históricos (50 milliones de m³ en total) es también el que mayor desnivelación total ha creado, alrededor de 1900 m. entre la cima de Diablerets y el lugar llamado Besson. Ramuz se inspiró de esta catástrofe para escribir una de sus más bellas novelas, Derborence (1934). El valle ha sido escogido como distrito franco federal (reserva de caza) desde 1911. Es además una zona protegida desde 1961, con numerosas cabañas que han perdido su vocación de antaño y sirven ahora de chalets de descanso para los habitantes de Conthey. Pero, sin lugar a dudas, la mejor definición de Derborence viene dada por el propio autor (DER, p.28) :

Derborence, le mot chante doux ; il vous chante doux et un peu triste dans la tête. Il commence assez dur et marqué, puis hésite et retombe, pendant qu’on se le chante encore, Derborence, et finit à vide, comme s’il voulait signifier par là la ruine, l’isolement, l’oubli. (DER. p.28)

El punto de partida para la creación de esta novela viene dado por el epígrafe que abre la obra ; esta cita fue tomada por el autor de un diccionario geográfico : “…Un pâtre, qui avait disparu et qu’on croyait mort, avait passé plusieurs mois enseveli dans un chalet, se nourrissant de pain et de fromage…” . Ramuz inventará la trama literaria a partir de este dato histórico. La historia se dividirá en dos partes: la primera cuenta la catástrofe, la segunda el retorno a la vida y al pueblo, dos meses más tarde, del único superviviente: un pastor que había quedado enterrado bajo los bloques de piedra.

Pero lo que nos interesa sobre todo aquí es la representación que Ramuz hace de la naturaleza a través de los cuatro elementos. La tierra, el aire, el fuego y el agua representan la base de la vida, constituyen la naturaleza de la que participan los seres vivos. Cada uno de estos elementos ha simbolizado a través de la historia y en diversas culturas la relación del hombre con la naturaleza y su interpretación de la divinidad. Veremos a continuación de qué forma se manifiestan estos elementos a lo largo de la novela Derborence.

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El artículo puede consultarse íntegramente en las Actas de la Jornada sobre Ecocrítica que tuvo lugar en la Universidad de Oporto el 25 de Noviembre de 2008.
 [en línea] http://ler.letras.up.pt/uploads/ficheiros/6488.pdf

domingo, 26 de octubre de 2008

EL PAISAJE SUIZO : LOS ALPES Y LA IDENTIDAD SUIZA

El paisaje suizo : los Alpes y la identidad Suiza

Dra. Montserrat López Mújica (UEM)

montserrat.lopez@uem.es

RESUMEN

La historia, generalmente, nos ha mostrado las montañas como espacios propicios para la afirmación de las identidades. Así, ya desde el Renacimiento, se puede observar la asociación del paisaje de los Alpes con la imagen de la nación suiza. La montaña es reivindicada como una parte esencial de dicha identidad. Aunque bien es cierto que la mayor parte de la población vive en la Planicie, concentrada en las ciudades, la montaña es el mito, forma parte de ese imaginario colectivo. Existe un modelo suizo de libertad, el de las gentes de la montaña que viven al margen del orden social dominante de las grandes monarquías. El siglo XVIII dio a estas representaciones un nuevo sentido al asociarlas explicitamente a un modelo de paisaje. El suizo verdadero era aquel que vivía en la montaña. Toda la historia suiza se encuentra así reinterpretada bajo la luz de un imaginario histórico y topográfico específico. Los pastores y la montaña se convierten en elementos que constituyen la identidad suiza, como observamos en Heidi, la heroína Johanna Spyri. Estas referencias van a jugar un papel importante en el siglo XIX cuando se constituye el nuevo Estado Federal. Frente a los grandes Estados Nacionales, Suiza encuentra su legitimidad en sus funciones de madre de todos los ríos (Helvetia mater fluviorum) y guardiana de las cumbres del centro de Europa. Ya sean en los grandes aniversarios patrióticos (los 600 años que conmemoraron la Confédération en 1891), la decoración del Palacio federal (la pintura de Charles Giron en 1901 en la gran sala del Parlamento), la protección de la Naturaleza cuyas razones en el cambio de siglo son ante todo ideológicas y patrióticas (creación del Parque Nacional de Grisons en 1914) o las exposiciones nacionales, cada vez la conciencia política suiza se expresa por referencias alpinas. No nos sorprende pues que la obra de Ferdinand Hodler (1853-1918), que se perfila a pesar de sus audacias picturales como una especie de pintura oficial del Estado suizo, se organice sobre temas alpinos e históricos. El amor por dicho paisaje forma parte de la identidad colectiva suiza, como muestran también los relatos literarios de Rodolphe Töpffer, C.F. Ramuz o de Maurice Chappaz. Tampoco nos sorprende que en estos últimos años la publicidad haya explotado hasta la saciedad las imágenes alpestres repletas de vacas y con el Cervino de decorado que hacen referencia a la pureza de la región de la montaña. La preservación de la naturaleza parece tener relación con el buen sabor y lo saludable, por ejemplo en el sector de la alimentación. Que estas imágenes pierdan a finales del siglo XX un poco de su simbolismo se relaciona con la opacidad creciente de las referencias históricas y de identidad en una sociedad en plena transformación.

El imaginario alpino ha recorrido un largo trayecto para construirse y consolidarse. De su nacimiento y del reciente declive de su simbolismo tratará esta comunicación.
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El artículo puede consultarse íntegramente en las Actas del III Congreso Internacional de
EASLCE (Asociación europea para el estudio de la literatura, la cultura y el medioambiente) titulado "Paisajes Culturales : Herencia y Conservación". Obras colectivas. Humanidades 17. ISBN: 9-788481-388411. 16,17,18 y 19 de Octubre de 2008. Universidad de Alcalá de Henares.

miércoles, 6 de agosto de 2008

LA CULTURA DE LA VID Y EL VINO EN LA OBRA DE C. F. RAMUZ: C. F. RAMUZ, POETA DEL VINO

RESUMEN

Sería impensable imaginar a un escritor como C. F. Ramuz sin viñedos. Tendríamos que prescindir al mismo tiempo de su biografía y de su obra; olvidar que C. F. Ramuz fue hijo de un comerciante de productos coloniales que se reconvirtió años más tarde en vendedor de vinos al por mayor; que siendo aún un jovencísimo estudiante, él mismo participó en las vendimias en Yvorne; que a su regreso de París habitó en una antigua casa de viñedos en Treytorrens, dónde tuvo lugar su decisivo encuentro con Stravinsky, bajo la doble simbología "du pain et du vin d'ici".

El vino y los viñedos de las inclinadas laderas de los cantones de Vaud y de Valais se encuentran muy presentes, no sólo en sus obras más inspiradas por el tema, como son Vendanges, Chant de Notre- Rhône, o Souvenirs de Igor Strawisky, sino que también aparecen en una buena parte de su producción novelesca : Passage du poéte, Farinet ou la fausse monnaie, entre otras. De la importancia que tiene esta cultura vitícola en su obra trata esta comunicación, ya que como se verá más adelante, los paisajes de Lavaux proporcionan al escritor el modelo de una forma artística sobre la que fundó su estilo creativo. Ramuz, poeta del vino, Ramuz, embajador de los viñedos de la suiza romande.



1. C. F. RAMUZ, POETA DEL VINO

Lavaux, en las orillas del lago Lemán, posee unas novecientas hectáreas de extensión, que albergan a unos 28.000 habitantes. Cuentan que los romanos llevaron hasta allí el cultivo de las vides, pero hay constancia de que se cultivaban con esmero en el siglo XII y que desde 1742, cuatro veces por siglo, se han celebrado grandes fiestas en honor al vino en la plaza del mercado de Vevey. El amor a ese principal amigo de los hombres se ha aliado con la naturaleza para estabilizar este paisaje insólito. Terrazas de poco más de un metro de anchura van enhebrándose montaña arriba, en la ladera del Jura, hasta los 800 metros; terrazas sostenidas por muros de hormigón y comunicadas por estrechas y empinas escaleras.
Es en este marco dónde vamos a situar a un escritor fuera de lo común, un escritor cuya obra es desgraciadamente poco conocida en nuestro país, pero que les invito a descubrir a partir de este momento. Me refiero a C. F. Ramuz, el gran poeta del vino de las laderas del lago Lemán. Hace ya casi un siglo decía "El buen Dios comenzó su trabajo y después vinimos nosotros a darle término; construyó la pendiente y nosotros logramos que se mantenga y sea útil". Charles Ferdinand Ramuz (1878-1947) es, sin duda alguna, el autor del siglo XX más conocido de la Suiza francófona. Su obra, compuesta por poemas, novelas y ensayos, fue editada en vida por Grasset en París y acogida con fervor por sus semejantes como Claudel, Céline o Gide, pero este escritor del cantón de Vaud fue considerado injustamente como un autor regionalista o representante de una literatura campesina. El éxito de la publicación reciente de sus 22 novelas en la prestigiosa Bibliothèque de la Pléiade, la puesta en marcha de una nueva edición de sus Obras completas en Ginebra por Slatkine (Diario, Primeros escritos inéditos, Novelas) demuestran la vitalidad de esta obra. A lo largo de toda su vida y a semejanza de Cézanne, Ramuz quiso pintar el país partiendo de lo particular para alcanzar lo universal. De lengua francesa pero de nacionalidad suiza, ha intentado expresar esta diferencia para así definir mejor su identidad.
Cuando uno descubre a Ramuz, le resulta después muy dificil disociar su obra de los paisajes vitícolas de Lavaux. Tendríamos que prescindir al mismo tiempo de su biografía y de su obra. Olvidar que C. F. Ramuz fue hijo de un comerciante de productos coloniales que se reconvirtió años más tarde en vendedor de vinos al por mayor; que siendo aún un jovencísimo estudiante, él mismo participó en las vendimias en Yvorne; que a su regreso de París vivió en una antigua casa de viñedos en Treytorrens, dónde tuvo lugar su decisivo encuentro con Stravinsky, bajo la doble simbología "du pain et du vin d'ici".

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El artículo puede consultarse íntegramente en el volumen "Vino, Lengua y Traducción". Más información en: http://www.publicaciones.uva.es/UVAPublicaciones-12697-Humanidades-Linguistica-y-Filologia-VINO-LENGUA-Y-TRADUCCION-----------Incluye-CD-ROM.aspx

sábado, 28 de junio de 2008

VISIÓN ECOCRÍTICA DEL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA OBRA DE C.F. RAMUZ : LA SOCIEDAD CAMPESINA Y LA SOCIEDAD BURGUESA

Resumen

La preocupación por el medio ambiente no es una cuestión nueva aunque sea efectivamente en estos últimos años cuando más se ha acentuado dicha inquietud : cada día son más los ciudadanos que se preocupan activamente por su conservación. La ecocrítica – teoría literaria que estudia las relaciones entre la literatura y el medio ambiente – nace en los años 80 como respuesta a esa realidad social presente en nuestros días.

Analizaré en este artículo, desde un punto de vista ecocrítico, la visión que C.F. Ramuz nos da del campo y de la sociedad campesina que lo habita (en oposición a la ciudad y la sociedad burguesa) en sus novelas, resaltando aquellos valores ecológicos que se fomentan con la lectura de sus obras.


VISIÓN ECOCRÍTICA DEL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA OBRA DE C.F. RAMUZ : LA SOCIEDAD CAMPESINA Y LA SOCIEDAD BURGUESA


He titulado esta ponencia "Visión ecocrítica del campo y la ciudad en la obra de C. F. Ramuz : la sociedad campesina y la sociedad burguesa". Antes de comenzar a hablar del tema propiamente dicho me gustaría explicar el término "ecocrítica". ¿Qué es la Ecocrítica? La ecocrítica o crítica literaria ecológica es una teoría aún poco conocida en nuestro país, sin embargo, se está abriendo camino poco a poco en el mundo académico universitario europeo, como así lo demuestran las distintas asociaciones y grupos de investigación que se están creando en diferentes países. La ecocrítica surge en los años ochenta en los Estados Unidos y se define como "el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente" . Sus características principales son el uso de conceptos de la ecología aplicados a las composiciones literarias y el compromiso de incitar una conciencia ecológica a través de la literatura. Sus seguidores, entre los que humildemente me incluyo, están convencidos de los beneficios que, en estos momentos de crisis ambiental, puede aportar la ecocrítica en la enseñanza de la literatura, ya que además de dar una nueva visión de los textos estudiados, contribuye, a su manera, a la recuperación del respeto por el medio ambiente que nos rodea, a restablecer nuestro vínculo con la tierra y con sus habitantes, y a tener una relación más estrecha con nuestro planeta.

La teoría ecocrítica formula un planteamiento que explica las conexiones existentes entre la obra literaria, el autor y la ecoesfera, extendiéndose su significado a todos los seres que forman la cadena de vida, la cual otorga, por derecho inalienable, una posición igualitaria a todos sus componentes. Basada en este principio natural, la ecocrítica denuncia toda forma de dominio que la sociedad antropocéntrica ha impuesto sobre todo aquello que la misma sociedad define como el Otro, es decir: la naturaleza, la mujer (ecofeminismo), los grupos étnicos y demás construcciones periféricas. Voz y poder han sido ejercicio del hombre y su discurso ha sido legitimado por la ciencia o la lógica de la razón. En este proceso de legitimación, el Otro ha perdido voz e identidad. Es esta misma lógica la que ha permitido al hombre explotar o destruir la naturaleza, según su conveniencia. La ecocrítica al denunciar a aquél, defiende al Otro.

Qué mejor realidad social podemos expresar en estos momentos que la preocupación medio ambiental. Ya no es una simple moda o el simple capricho de algunos militantes verdes o ecologistas. Hoy en día se ha convertido en una realidad social. Además, como lectores, todos hemos sido testigos de las denuncias que a lo largo del siglos XIX y XX, algunos de nuestros más grandes escritores intentaron mostrar en sus obras.

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Santa, Angels & Solé, Cristina (eds), Texto y sociedad en las letras francesas y francófonas. Lleida, Universitat de Lleida, 2009, pp. 739-758. ISBN 978-84612-9667-5.

sábado, 10 de mayo de 2008

“La esperanza de Jean Giono. Una lectura ecocrítica de su obra 'L'homme qui plantait des arbres'”


¿Puede la literatura contribuir de alguna manera a la supervivencia o a la extinción del hombre? ¿Cómo puede hacerlo en la actualidad, ahora que existe una imminente amenaza de crisis ambiental? ¿de qué medios dispone? L'homme qui plantait des arbres es, sin duda alguna, una de las obras literarias que más ha contribuido y contribuye a la mejora del medio ambiente. Fue escrita en 1953 por Jean Giono (1895-1970), uno de los autores franceses más importantes del siglo XX. El propósito que busca, además de incitar a plantar árboles que vivan tras nuestra muerte, «était de faire aimer l'arbre ou plus exactement faire aimer à planter des arbres ce qui est depuis toujours une de mes idées les plus chères».


Todos hemos tenido la ocasión de leer o escuchar titulares de prensa como éstos: «La ONU lanza un proyecto para plantar 1.000 millones de árboles durante 2007» o «Plantar árboles es parte de la solución contra el calentamiento global». La primera idea surgió de la premio Nobel de la Paz en 2004, la dirigente ecologista de Kenia Wangari Maathai, fundadora de un movimiento que ha plantado más de 30 millones de árboles en 12 países africanos desde 1977; la segunda, del ex-vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore (Premio Principe de Asturias de la Comunicación 2007 y actual Premio Nobel de la Paz 2007), tan de moda en estos momentos. Son sólo dos ejemplos de la divulgación que se está llevando a cabo respecto a la preservación del medio ambiente en nuestros días. Sin embargo, esto no es algo nuevo en Literatura.

Hace ya más de cincuenta años que dicho mensaje se escuchó a través de un pequeño relato literario. L'homme qui plantait des arbres es, sin duda alguna, una de las obras literarias que más ha contribuido y contribuye a la mejora del medio ambiente. Fue escrita en 1953 por Jean Giono (1895-1970), uno de los autores franceses más importantes del siglo XX. Toda la obra de Giono, se inspira en su Provenza natal, y refleja un gran amor por su tierra y, sobre todo, por la naturaleza, aceptándola tal como la vida nos la impone, e indignándose contra aquellos que la consideran una fuente de desgracias humanas. Este amor por el medio natural comienza a manifestarse en Giono en los primeros años de su vida, gracias a la enseñanza de su propio padre. Así nos lo cuenta en Les Terrasses d'île d'Elbe:

Mon père était cordonnier, je l'ai assez dit; il était pauvre. […] Bien entendu, nous n'avions pas de terre, pas des sous pour acheter des arbres à planter, et nous plantions joyeuse-ment des arbres. Je dis nous, car j'avais six à sept ans et j'ac-compagnais mon père dans ses promenades. Il portait dans sa poche un petit sac qui contenait des glands.[…] A certains endroits des collines, sur quelques replats, devant une belle vue, dans des vallons près des fontaines, le long d'un sentier, mon père faisait un trou avec sa canne et enterrait un gland, ou deux, ou trois, ou cinq, ou plus, disposés en bosquets, en carrés ou en quinconces. C'était une joie sans égale : joie de le faire, joie d'imaginer la suite que la nature allait donner à ces gestes simples (Giono, 1976: 35-36).

Un encuentro con la naturaleza que continuará fomentando a lo largo de su existencia. Así lo recogen las palabras de Henri Fluchère, gran amigo del escritor:

Nous parcourions les collines qui entourent Manosque, suivions les chemins rocailleux, Mort d'Imbert et Pain de Sucre, volions des coings des fossiles, cueillions des plantes pour nos herbiers– bref, faisions allègrement connaissance avec la nature .

Giono se convierte así en portavoz de una literatura que preconiza un retorno a la tierra, a la vida rústica de esa apacible Provenza que conoce desde su infancia. Esta predilección de la vida rural frente a la vida urbana será su gran combate, una lucha que dirige contra la civilización técnica moderna y que anuncia, en cierto modo, la ecología. Su repertorio es amplio. Una novela como Que ma joie demeure (1935), o ensayos como Les vraies richesses (1936) y Réfus d'obéissance (1937) entusiaman a multitud de jóvenes lectores.

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Çedille. Revista de Estudios Franceses (n° 4) publicada por la Asociación de Profesores de Francés de la Universidad Española (APFUE). Artículo : “La esperanza de Jean Giono. Una lectura ecocrítica de su obra L'homme qui plantait des arbres”, abril 2008. ISSN: 1699-4949, pp. 151-161. Se puede consultar el artículo íntegramente en http://webpages.ull.es/users/cedille/cuatro/lopezmujica.pdf

sábado, 19 de abril de 2008

Redescubrir la tierra a través de los cinco sentidos : Ramuz y su particular percepción del mundo


En este artículo se presenta la singular visión que Ramuz posee de la naturaleza y la importancia que tienen los sentidos para comprender el mundo que nos rodea. Desgraciadamente el hombre actual ha perdido el contacto con la naturaleza. Ramuz nos invita a recuperar lo sensorial, a redescubrir nuestro entorno de un modo diferente al observado hasta ahora. Va más allá de la simple descripción de paisajes, más o menos hermosos. Su mirada supera el condicionamiento impuesto por una subcultura que sólo ve en la naturaleza un aspecto bucólico o práctico. Para Ramuz la naturaleza es algo mejor que todo eso… Es toda una lección de respeto hacia la vida la que difunde su obra.


REDESCUBRIR LA TIERRA A TRAVÉS DE LOS CINCO SENTIDOS : RAMUZ Y SU PARTICULAR PERCEPCIÓN DEL MUNDO


El hombre actual no sabe disfrutar del frescor original del mundo. Vive prisionero de su propia rutina. Camina separado en medio de una profunda oscuridad. La flor que ve en el camino sólo es una flor, el lago que refleja la luz del sol sólo es un lago, la montaña que se dibuja en el horizonte sólo es una montaña; e ignora que todo está íntimamente unido. En realidad no ve las cosas, deja de mirar en cuanto la mente las ha identificado. Cierra los ojos y los oídos a la belleza del mundo y no se da cuenta de los tesoros inagotables que ofrecen esa flor, ese lago y esa montaña. Como si de un autómata se tratara, camina sordo y ciego hacia su destino.

Para Charles Ferdinand Ramuz percibir es sinónimo de crear. El hombre posee una tendencia innata hacia lo abstracto : percibimos a través de las ideas, es decir, sólo alcanzamos lo particular con mucho esfuerzo. La visión, por ejemplo, de la que el niño extrae sus primeras emociones, se convierte rápidamente para él en un medio de acción. Desgraciadamente para la mayor parte de los adultos, percibir se limita a identificar un objeto. Quedamos sorprendidos al constatar con qué rapidez el hombre actual agota sus percepciones : sólo presta atención ante aquello que es nuevo, y por poco tiempo, ya que no presentan para él ninguna posibilidad de descubrimiento. Nombrar, es decir ordenar dentro de una categoría específica, separar también del objeto sus características más abstractas, parecen ser los objetivos y los límites infranqueables de la percepción.

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Seminario Internacional Interuniversitario de la Universidad Complutense de Madrid “Viaje al mundo de los sentidos en la literatura y las artes” 22-27 de mayo de 2006. Título de la comunicación : “Redescubrir la tierra a través de los cinco sentidos : Ramuz y su particular percepción del mundo”. Revista de Filología Románica, Anejo V, 2007. ISBN: 978-84-669-1530-4. Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid. El artículo se puede leer íntegramente en: http://revistas.ucm.es/fll/0212999x/articulos/RFRM0707330062A.PDF

domingo, 13 de abril de 2008

Aportación de una mirada ecocrítica a los estudios franceses

Aportación de una mirada ecocrítica a los estudios franceses

En su introducción a The Ecocriticism Reader, hasta ahora el texto canónico sobre el tema, Cheryll Glotfelty define la ecocrítica como "el estudio de las relaciones entre la literatura y el medio ambiente". Así, la ecocrítica se caracteriza por su perspectiva ecológica, que concibe la naturaleza como un conjunto de conexiones, y por su perspectiva literaria, que concibe la naturaleza como un producto de las estructuras linguísticas. Este campo, cuyo estudio se ha visto extraordinariamente ampliado durante esta última década, apareció en los años ochenta en Estados Unidos, pero según Michael Branch [Branch, 1999: p. 4], profesor de la Universidad de Nevada (EEUU), su entrada oficial en la MLA (Modern Language Association) sólo se hace oficial el 29 de diciembre de 1988. Atrás quedaban los seis años de duras campañas realizadas por Cheryll Glotfelty, anterior Presidente de la ASLE (Asociación para el Estudio de la Literatura y del Medioambiente) para conseguir la aprobación de la MLA e incluir en dos de sus sesiones, la crítica literaria ambiental. La primera fue titulada Ecocrítica: su trayectoria teórica y práctica. Uno de sus portavoces fue Scott Slovic, redactor del diario ISLA (Estudios Interdisciplinarios en Literatura y Medioambiente) y autor de la obra Seeking Awareness in American Nature Writing. Su discurso puede servirnos como útil introducción a la ecocrítica [Slovic, 2000: 160], ya que nos aclara dos cuestiones importantes sobre esta teoría. Para ello se apoya en dos conocidas citas: la primera de la obra Canto a mi mismo, un famoso poema del autor americano Walt Whitman (1819-1892): "Yo soy inmenso y contengo multitudes" [Whitman,1855: 105]. Utiliza este verso cada vez que alguien le pregunta algo sobre ASLE, para contestar que la asociación acoge a toda clase de gentes y tendencias del mundo académico. No existe aún una opinión dominante que oriente la práctica ecocrítica. Tampoco existen estrategias de trabajo basadas en ejemplos de escritura ecocrítica. La definición de Scott Slovic sobre la ecocrítica se puede resumir así: "the study of ecological implications and human-nature relationships in any literary texts that seem, at first glance, oblivious of the nonhuman world" [Slovic, 1999: 1102-3]. Aunque precisa también que es muy difícil dar una única definición a la ecocrítica ya que ésta, al menos en su forma contemporánea, se caracteriza ante todo por su multiplicidad– una multiplicidad de métodos, de teorías y de análisis.

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Çedille. Revista de Estudios Franceses (n° 3) publicada por la Asociación de Profesores de Francés de la Universidad Española (APFUE). Artículo : "Aportación de una mirada ecocrítica a los estudios francófonos", abril 2007, ISSN : 1699-4949, pp. 227-243. Se puede consultar en http://webpages.ull.es/users/cedille/tres/lopezmujica.pdf.

sábado, 12 de abril de 2008

Estudio topofílico de la montaña en la narrativa ramuziana

RESUMEN

La topofília es el conjunto de relaciones emotivas y afectivas que unen al hombre con un determinado lugar. En este breve artículo se analiza la relación que el escritor suizo C.F. Ramuz mantiene con el paisaje de su país, y particularmente con su montaña. Una visión que rompe con la idea romántica de los paisajes alpinos de autores como J.J.Rousseau. Ramuz nos muestra el poderío y la fuerza de una naturaleza salvaje, fascinante e indomable.


El ser humano ha presentado siempre una tendencia natural a convertir el "espacio" en "lugar". El establecimiento de lazos emotivos sólidos y afectivos con el territorio confiere una cierta estabilidad al individuo y a la sociedad. El sentimiento de amor que cada individuo desarrolla hacia el espacio que lo ayudo a auto-construirse como ser humano es lo que se conoce con el nombre de Topofilia1, neologismo introducido por el profesor Yi-Fu Tuan en la década de los 70. No se trata únicamente del amor que todos sentimos, sino de un rasgo importante dentro de nuestra identidad y a esa identidad es a la que denominamos "identidad espacial". La topofilia se define entonces como el vínculo afectivo que se establece entre los seres humanos y su entorno material y, en particular, con respecto a ciertos lugares y entornos. Apoyándome pues en esta teoría, quisiera hablarles en esta intervención de la relación emotiva y afectiva que une al escritor Charles Ferdinand Ramuz con su montaña y, de lo que ésta representa en su obra.

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Artículo publicado en:
Paisajes reales e imaginarios. Estudios sobre el paisaje en la literatura, el pensamiento y las artes. Edición a cargo de Pilar Andrade, Aurora Conde y Bárbara Fraticelli. Coordinación científica: Javier del Prado y Eugenia Popeanga. Octubre 2007, ISBN: 84-96322-17-3, Editorial La Discreta, Madrid, formato CD-ROM. Más información en www.ladiscreta.com/paisajes.htm