miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL IMAGINARIO AFRICANO EN LA OBRA DE BLAISE CENDRARS


Le conte est un message d’hier
raconté aujourd’hui pour demain
(Amadou Hampaté Ba)









Resumen
En los primeros años del siglo XX, pintores y escultores de la talla de Derain, Vlaminck, Matisse o Picasso, descubren con asombro las obras de arte importadas del continente africano por viajeros y aventureros de la época y no dudan en inspirarse de ellas. Nace así lo que se denominará entonces “el arte negro-africano”, que influenciará en las artes plásticas a movimientos artísticos como el cubismo y el fauvismo.
En la literatura, el descubrimiento de las tradiciones orales y las lenguas de estos pueblos interesan especialmente a un autor franco-suizo: Blaise Cendrars. Cendrars intenta ir más allá y comprender las voces y las formas de estos pueblos de África. Para ello no duda en recopilar todos aquellos documentos aportados desde el siglo XIX por los etnólogos: transcripciones de relatos orales, de ritos y de tradiciones recogidos por misioneros o colonos. Consciente de su importancia y con gran respeto –considera los mitos, cuentos y legendas indispensables para el conocimiento humano – reagrupa estos relatos en un libro que publicará en 1921. Nace así su Anthologie Nègre. Cendrars se convierte en el primer escritor que enriquece con sus relatos africanos la literatura francesa.
En esta comunicación analizaremos las diferentes visiones e imágenes de estos pueblos africanos que aparecen en la obra de Cendrars, así como su importancia y repercusión a principios del siglo XX.

Palabras clave: Blaise Cendrars, África, cuentos, naturaleza, pueblos.



1. África en la obra de Blaise Cendrars
El arte africano, en boga desde principios del siglo XX, fue criticado y apreciado, incluso admirado pero, sobre todo, fue coleccionado. Ante la arquitectura, la escultura, las máscaras, las joyas y las pinturas africanas, los artistas europeos de la época se interesan ​​por el culto de la abstracción, el gusto hacia la exageración y la distorsión, el ritmo dado por el color y la luz, la búsqueda de una identidad social. Se produce una revolución en el campo de las artes plásticas que influye en el cubismo y el fovismo. Su éxito alcanza su apogeo en los “locos años veinte” con la exposición de las Artes Decorativas de 1925 y la exposición colonial de 1931. París se convierte así en la capital de los Negrófilos y del arte negro, un arte cosmopolita donde se reagrupan, además de África, Las Indias Occidentales (Antillas) y Haití. Estas exposiciones se focalizaron principalmente en la expresión plástica de la cultura negra primitiva, animista y fetichista. Pero es sobre todo gracias a la escultura que la cultura africana penetra en el horizonte del público europeo.
Entre 1905 et 1907, un groupe de peintres et d’artistes parisiens, lassés des canons et des modèles traditionnels de l’art occidental, découvre pour la première fois la statuaire et le masque africain. Considérés jusqu’à-là comme des simples curiosités, des fétiches, ces objets deviennent en quelques années le ferment d’un art nouveau (Chevrier 2003 : 18).
Las repercusiones de este arte negro se ubican posteriormente en tres áreas:
1. En pintura, con Picasso y los cubistas
2. En la música, desde el Jazz hasta la Revue Nègre de Joséphine Baker
3. En la literatura, influyendo en autores franceses como Guillaume Apollinaire, Philippe Soupault y Blaise Cendrars.
Cendrars, a través de la evocación de un misterioso y falso recuerdo de infancia[1],  nos habla de su descubrimiento del África negra: le fascinaba una imagen sacada de la Nueva Geografía Universal de Eliseo Reclus (Volumen IX dedicado al África Ecuatorial), que representa un “ídolo negro”. Pero su “juego secreto” consistía en provocarse miedo, asustándose a sí mismo, hasta que la figura enigmática, desprovista de nombre y de comentarios, de apariencia bisexual, le causaba demasiada angustia y pesadillas “obscenas”[2]. Esta anécdota continua siendo la iniciadora a la literatura negra, para la que Cendrars declarará sentir siempre el mismo aprecio; como ella, cualquier máscara o estatuilla negra despertará en él esa íntima excitación.
Descubrió el imaginario de los cuentos africanos gracias a las lecturas realizadas, ya que nunca puso un pie en África, “a excepción de una breve parada en Dakar” (Delbourg 2010: 58) durante una pequeña escala marítima en 1924 de camino a Brasil. Su contacto con estos textos se limita a la selección que hace de algunos de ellos, entre los que el joven escritor Raymond Radiguet (1903-1923) consigue reunir y copiar para él en la Biblioteca Nacional de París, seleccionados, eso sí, de entre las mejores fuentes: Henri-Alexandre Junod, Leo Frobenius, Édouard Jacottet, Maurice Delafosse y Henri Trilles. Con el fin de modernizarlos, Blaise Cendrars volverá a recrearlos y a reproducirlos como los misioneros y los exploradores los habían transmitido hasta Europa (2005: 4), pero borrando las referencias de tiempo y de lugar. Con mucha admiración y respeto, los reúne en función de su autenticidad. Obviamente, se involucra en su escritura para que sean más accesibles - tiene que “volver a trabajarlos”, a veces los reformula y los organiza temáticamente- pero dejando sus formas, sus ritmos y su originalidad. Así, en 1921, publica su Antología Negra, considerada por Joubert como el primer gran monumento literario a la gloria del cuento africano (1986: 47). Es también el primer libro publicado por Cendrars, y rápidamente se convierte en un éxito. Le seguirán sus Pequeños cuentos negros para divertir a los niños de los blancos en 1928 - no tan específicamente dirigidos a los lectores jóvenes[3]. La consideración de esta literatura oral es un acto muy atrevido para la época: en este retorno al primitivismo[4], algunos detectan indicios de racismo, mientras que Cendrars lo que pretende es aumentar el interés por un mundo negro diferente, otro muy distinto, y para nada inferior.
L’Afrique représente pour lui une énergie brute, une force de régénération qui s’impose face à l’Europe qu’il méprise et à l’Amérique qu’il juge trop mercantile. Sa découverte du monde africain et surtout ses poèmes de 1916 – Continent noir et Les grands Fétiches – sont la première étape d’une appropriation qui a perduré jusqu’en 1930, date à laquelle paraît Comment les Blancs sont d’anciens Noirs, son dernier recueil nègre. (Le Quellec 2010 59-60)
Si queremos considerar el contexto de la primera publicación, debemos tener en cuenta la edición de la editorial Denoël, que publica la obra completa de Cendrars, la misma que estamos analizando hoy aquí. Se hace así un interesante descubrimiento: los Pequeños cuentos negros se publican en el mismo volumen que además reúne:
- Anthologie Nègre (1921)
- La Création du monde (1923)
- Petits contes nègres pour les enfants des blancs (1927)
- Comment les Blancs sont d'anciens Noirs (1930)
Un sencillo análisis de estos títulos muestra claramente el coeficiente positivo que Cendrars atribuye en ese momento a la palabra “nègre”, que no utiliza además en este contexto como un sustantivo sino como un adjetivo. El uso del término “nègre” como una reivindicación positiva en 1927 fue premonitorio. Al principio es un ataque a las fuerzas oscuras que pronto se extenderán por toda Europa. Pero también anuncia importantes textos, esta vez escritos por africanos (Senghor) y antillanos (Aimé Césaire), que durante los años 60 convirtieron la "negritude" en un título de gloria y un arma de combate.
Cendrars fue el primero en considerar todos estos relatos orales recopilados por los misioneros o los colonos como verdaderas obras de arte y no mera documentación etnológica. Se convirtió en un griot[5], un contador de la tradición oral africana a nuestra cultura escrita occidental, dando voz a textos cuya fuerza viva quería restaurar. Pero, sobre todo, intenta exponer una tradición minoritaria y devolver a los autores africanos el lugar que les corresponde en la literatura mundial o, más cerca, en una historia de la literatura nacional que les había ignorado en gran medida hasta la fecha, mediante la apertura de “una brecha en el campo literario metropolitano que los escritores negros usarán para entrar en la escena literaria parisina” (Obszyski 2015: 47). Con esta colección de ciento ocho cuentos Cendrars pretende mostrar “la existencia de textos orales negros” y, en consecuencia, la existencia de "una literatura, de su especificidad y de su articulación con todas las demás producciones literarias de la humanidad” (Fraisse 1997: 147).
Este trabajo es probablemente también una manera de esperar pacientemente antes de partir hacia el gran sur. En constante penuria económica,
Le poète ne comprit jamais la valeur de l’argent. Quand il n’en avait pas, il s’embarquait dans des activités chimériques qui finissaient la plupart du temps par une déconfiture. Quand par hasard il en avait, l’argent lui coulait entre les doigts comme le sable fluide des plages de Rio (Delbourg 2010 :140)

Cendrars logrará poco a poco hacer realidad sus sueños, al mismo tiempo que renueva constantemente su escritura construyendo una obra moderna y profundamente humana. Pero permanezcamos por el momento en el lugar que ocupa el continente africano en su obra y disfrutemos con sus lecturas.

2. El pueblo o el hombre entre sus semejantes
El cuento en África se escucha en comunidad, al anochecer, a la hora en la que los espíritus se acercan a los hombres. Acompañados por la música, son la unión entre una palabra profana y una palabra sagrada. Sus resonancias abren una dimensión del tiempo en la que se conserva un agudo sentido de fraternidad y misterio. Cendrars quisiera comprender estas voces y formas del pueblo africano a través de leyendas que hablan de la creación de la tierra, de los animales y de los hombres; cuentos maravillosos, fábulas humorísticas o poéticas, proverbios, cantos y adivinanzas, tomados del folklore de numerosos pueblos y tribus del vasto territorio africano. Cendrars era capaz de « […] fraterniser avec n’importe quel peuple de la mappemonde, communier avec n’importe quel être humain, du civilisé le plus subtil ou plus obtus des sauvages. Citoyen du monde jusqu’au bout de ses phalanges évanouies » (Delbourg 2010: 23-24). Cendrars indaga por todo el territorio africano, aprovechando el folclore de sus principales grupos étnicos: en África Central, los Fâns y los Achiras (los grupos étnicos bantúes), los Sandés; en Sudáfrica los Hottentots, los Basutos, los Betchouanas, los Zulus, los Rongas, los Xosas; en África Occidental los Mossis, los Agnis, los Gans, los Peuhls, los Soninkés, los Hausas, los Gourmanties, los Malinkés, los Torodos, los Bambaras, los Tchwis, los Yoroubas, los Ewhé, los Atakpame, los Ouolofs, los Bornous, los Khassonkes; en África Oriental, los Chwabos, los Chambala, los Kimadjamés, los Ouahéhé, los Dinka, los Baris, entre otros.
¿Qué imágenes y usos de los pueblos africanos nos ofrece Cendrars a través de estos cuentos? ¿Pueden ser considerados como una memoria viva de estas comunidades africanas? ¿una herencia social e histórica tan relevante? Evidentemente, el continente africano que Cendrars nos presenta está repleto de ritos y cosmogonías paganas que encajan perfectamente con aquellos y aquellas que el propio autor también inventa. Su modo de transmisión, esencialmente oral, permite a Cendrars reconstruir permanentemente la imagen, el lenguaje y la escritura. Pero aparece un tema muy recurrente en las formas más antiguas de estos viejos cuentos populares, el tema de la comunidad, de la vida comunitaria, del pueblo. El cuento de tradición oral es por sí mismo un arte colectivo creado por el pueblo y para el pueblo, y que él mismo transmite de generación en generación. Se basa en la imaginación de los narradores. Estos últimos son los únicos poseedores de un patrimonio cuyo carácter oral les concede dicha originalidad.
Les sociétés africaines sont, dans leurs grande majorité, considérées comme des sociétés à tradition orale, c’est-à-dire où l’histoire conservée dans la mémoire des hommes se transmet sans utilisation de l’écriture. La tradition orale, qui est donc une des ressources fondamentales de l’histoire africaine, se définit comme étant l’ensemble des valeurs culturelles d’un peuple, valeurs dont la transmission, fondée sur l’oralité, se fait d’une génération à l’autre, par le moyen de l’éducation et des circonstances pratiques de la vie. Au sens large, il s’agit de l’ensemble des récits et d’autres documents non écrits. Ces messages peuvent être d’ordre historique, technique, scientifique, religieux, esthétique (Camara 1996 : 764)
El volumen que presentamos hoy aquí está compuesto por veintiuna categorías de leyendas y tiene una estructura parecía a la de una génesis: mientras se da a conocer un imaginario extranjero, Cendrars construye un mundo desde su origen que se va desarrollando a medida que se avanza en la lectura. La primera categoría son las leyendas cosmogónicas: "El poeta propone una nueva historia del hombre a la que el lector europeo puede adherirse, reconociendo en el proceso un paradigma familiar, una lógica de lo desconocido propia de un tiempo mítico" (Le Quellec 2010 61). ¿Quién creó este mundo? En la mitología africana el creador es un dios bufón que es a la vez benévolo y creativo, un mago impredecible, a menudo destructivo. Cendrars evoca en las leyendas cosmogónicas:
Quand les choses n’étaient pas encore, Mébère, le Créateur, il a fait l’homme avec les terres d’argile. Il a pris l’argile et il a façonné cela en homme. Cet homme a eu ainsi son commencement, et il a commencé comme lézard (Cendrars 2005 : 7).
Asistimos a la creación de un lagarto que, siete días más tarde, se transforma en humano, lo que nos recuerda la teoría darwiniana, ya que partimos del animal irracional y nos movemos hacia el animal racional. De este modo Cendrars sacude el orden jerárquico de la creación, como se puede observar en La Legende des Origines. Pero va más allá mostrando la arrogancia del primer hombre hacia Nzame el creador: “Dieu, c’est Dieu/ L’homme c’est l’homme/ Chacun à la maison, chacun chez soi” (2005: 9). Desgraciadamente, el papel de la mujer adulta se une al mito bíblico, el de la sembradora de la discordia. Según un cuento mítico de Fang, las mujeres son las causantes de la separación entre Dios y los hombres (2005: 16).
Después del origen del universo, los capítulos que se extienden del II al IX hacen referencia al fetichismo y al totemismo que se centran en el aspecto mágico de las culturas africanas representadas en las que los espíritus y las fuerzas naturales pueden ser comprendidos como la nebulosa de los comienzos de la vida, tal como la imaginación puede construirlos. Él explica la presencia de la muerte según una tradición Hottentote, debido a un animal que habría tergiversado el mensaje de la luna a los seres humanos. En efecto, una liebre[6] que sirve de intermediaria entre Dios y los hombres, desempeña mal su papel. Cendrars también selecciona algunas historias, como “Marandénnoné”, “Nouahoungoukouri” o “Histoire de l’oiseau merveilleux du cannibale”, cuyo tema central es el ritual caníbal. En estas historias, el canibalismo no se limita al exotismo, sino que aparece como un elemento que constituye el universo mítico de los grupos africanos. Así, en “Koumongoé” existe un pueblo en el que "[…] lorsqu’il naissait une petite fille, on la menait au cannibale qui la dévorait " (87). En los relatos mencionados, el canibalismo (así como la transformación de hombres, plantas, pájaros y animales) es uno de los aspectos que muestra la metamorfosis de los seres durante y después de su existencia. Las narraciones expresan el valor existente en el acto de devorar, un recurso importante que mantiene vivos los tabúes y tótems de las culturas africanas. Pero también en estos capítulos describe cómo el grupo puede rechazar a uno de sus miembros, o cómo la cobardía y la codicia pueden ganar a un grupo y conducirlo a su perdición. E inversamente, cómo el desprecio hacia la experiencia y el conocimiento de la comunidad puede resultar fatal para los imprudentes (Le Gambadeur de la Plaine).
La historia de los pueblos ha forjado siempre historias épicas por todo el planeta que todavía tienen el poder de conmover. El capítulo X está dedicado a las “Leyendas históricas” que nos hablan de la historia de un pueblo y de su héroe o de historias que muestran la evolución y el desapego del maravilloso mundo de los orígenes. Construidas todas ellas sobre el mismo lienzo, estas leyendas relatan acontecimientos históricos adornados por maravillosos episodios que destacan el carácter excepcional del héroe, como “La Gesta de Samba Guéladio”, Príncipe de los Foutas o la “Leyenda de Ngurangurane”.
Los capítulos XI y XII no se refieren a ninguna categoría literaria. Revelan contenidos informativos sobre ciertas etapas evolutivas de los pueblos africanos. Cendrars presenta cuentos populares cercanos a estas leyendas, vinculados a la evolución y la civilización, que informan sobre la migración (“Découverte du Vin de Palme”), el descubrimiento de la agricultura (“La Légende de la Plantation du Maïs”), la música (“La Conquête du Dounnou”), y las formas de sedentarización, o sobre el origen de ciertas partes de las ropas (“L’Origine des Pagnes”). El interés que tienen estos cuentos consistiría principalmente en su estudio como archivo de hechos históricos que relatarían la historia de la evolución de la humanidad.
Después de este grupo tenemos los “Cuentos de lo maravilloso” (capítulo XIII) fantásticos y, a su vez, las “Historias anecdóticas, románticas y de aventura” (capítulo XIV), los “Cuentos morales” (Capítulo XV) de carácter más didáctico, los “Cuentos de amor, humorísticos, llenos de charadas y de proverbios, y los cuentos de animales (capítulo XIX), los poemas, canciones y danzas.
En estos cuentos nos gustaría retomar la figura de la mujer en el África tradicional que aparece siempre ligada a la maternidad y al trabajo en el campo. Son siempre esposas sumisas – “ya que tienes un corazón perverso, ¡no tocarás el hierro en tu vida! Tu lugar está en el campo y en el hogar” (2005: 243), que viven dentro de hogares polígamos. Existen relatos que legitiman y justifican la sumisión de las mujeres (2005: 275) y que apoyan la poligamia, como en la “Histoire de deux jeunes hommes et de quatre jeunes filles” (253-256) o de “Lanseni et Maryama”. Esta historia comienza de la siguiente manera:
Il y a bien longtemps, dans le village de Biriko vivait, au pays foullah, un chef puissant et riche nommé Bakary. Il possédait d’immenses troupeaux, des champs bien cultivés et de nombreux esclaves ; enfin, marque plus évidente encore de sa fortune, il avait un sérail composé de vingt et une femmes. Très jaloux, il tenait-comme du reste tout le monde à cette époque- ses femmes enfermées dans un haut tata dont l’entrée était interdite, sous peine de mort, à tout homme (256).

Finalmente, son los “Cuentos Modernos” los que cierran la obra.
En Petits contes nègres pour les enfants des blancs, Blaise Cendrars nos hace descubrir un África mágica. Cuenta a los niños blancos historias que no podrían conocer de otro modo. “Un hombre razonable no puede hablar de cosas serias a otro hombre razonable: debe dirigirse a los niños” proclama el preámbulo de esta obra. Cendrars lleva a los niños al corazón de África, a un mundo de leyendas imbuidas de sabiduría inmemorial. El poeta habla maliciosamente de animales que toman la palabra, del aliento del viento, de las sombras que bailan. Encontramos los mismos temas que en su obra anterior: justicia, solidaridad, amistad, celos y sabiduría; están escritos para entretener, relajar, formar a la gente en un mundo imaginario en el que puedan olvidar su preocupaciones. Esto no impide que sigan siendo didácticos o éticos como veremos en el capítulo siguiente. El cuento tiene ese atractivo particular: fascina en la superficie y nos habla con una gran profundidad.

3. La relación con el mundo: una oda a la naturaleza
Si los cuentos son los espejos de las sociedades que los han hecho surgir, no debe entonces sorprendernos la presencia de intercambios entre humanos, animales, elementos de la naturaleza, criaturas del bosque, espíritus, dioses... Cendrars manifiesta y celebra, magníficamente, el poder de un imaginario, que no pone al hombre en la cima de la creación (visión judeocristiana), sino que le da un lugar en el cosmos, junto a la flora y la fauna, sin predominio alguno (eco-centrismo). Estamos muy lejos de las fábulas occidentales, muy lejos de la moral de La Fontaine, y es aquí donde los cuentos nos siguen desafiando, a nosotros los occidentales, tanto jóvenes como a adultos.
Cendrars est un écrivain pour qui la terre existe, la terre avec ses océans et ses forêts et la grande énigme des bêtes qui s’y réfugient ; la terre avec ses montagnes et ses déserts et le grand mystère des trésors et de la puissance des minéraux qui s’y cachent ; la terre avec ses hommes et leur folie idéologique ou industrielle, et les femmes et la vie du sexe et tout le vieux film de la vie, l’amour, la mort (Delbourg 2010 : 23)
Son, por lo tanto, muy diferentes de nuestros cuentos europeos: asombran, intrigan por su contenido. Estamos hablando de viajes iniciáticos, hay animales que hablan y desconfían de los hombres. -¡Hey, os conozco bien, hombres! ¡Así que huyo! ¡Hijo del hombre, no eres digno de confianza! (248) - y seres mágicos que conviven con los humanos. En este mundo, no se domestica o se somete al universo que nos rodea, ni se intenta ordenarlo, se trata de comprenderlo para integrarse dentro de él. Estos escritos advierten contra la inconsistencia y la irresponsabilidad de los hombres, y las repercusiones que sus acciones pueden causar sobre ellos y su entorno. En otras palabras, los animales aquí no son metáforas humanas. La naturaleza misma es poderosa, es a la vez fuente de alimento e implacable, amistosa o destructiva según se respeten o no sus reglas. En este sentido, y aunque la palabra es mucho más reciente, todos estos cuentos tienen un contenido profundamente ya veces cruelmente ecológico.
Por eso Cendrars era consciente de que el hombre negro, que los etnólogos y los escritores coloniales presentaban como seres primitivos, estaban más cerca del estado de la naturaleza y, por tanto, eran más espontáneos que el hombre occidental.
Il est d’emblée frappé par leur extrême communion avec la nature, qui se traduit dans leurs légendes, leurs chants, leurs danses, par ce paroxysme frénétique qui a sa source dans les forces mêmes de la vie saisie à sa racine et l’exprime avec une entière ingénuité. Dans sa cérébralité restrictive, l’art des hommes blancs d’Europe et d’Amérique est pauvre en regard de cette puissance magique qui fait du « nègre » quand il se livre aux forces primitives, la voix de toute la nature (Delbourg 2010 : 31).
Es por esta razón que debemos reaprender a “danser avec la langue” - escribe Cendrars en 1916 en un poema. Como si, al privilegiar el sonido y el ritmo (recurre mucho a la onomatopeya), la fantasía, la emoción y la participación de los pueblos africanos siguieran no sólo una renovación de la actividad poética sino un retorno del  arte en la vida, del sueño en el pensamiento, del gesto en el lenguaje, de la imaginación en la realidad, de  la magia en el objeto... Se trataba de restaurar una relación sensible entre el hombre y la naturaleza, una relación que la civilización occidental, la religión y el academicismo habían congelado, dividido, luego distendido, roto y viciado. Otra forma de ayudar a esa Europa traumatizada por la guerra a encontrar un nuevo impulso poético, artístico y espiritual.
Estos relatos, de una gran riqueza cultural, ponen en escena a seres humanos, animales, pero también escenifican la sombra, el viento, el hambre. Tratan de la amistad, la injusticia, la pobreza, la pereza... y son, sobre todo, una oda a la naturaleza porque nos hablan, sin darnos lecciones, de la vida en comunidad, en armonía con la naturaleza, el sentido de la amistad, la solidaridad, la importancia de la experiencia, la sabiduría de la tradición y el conocimiento comunitario. La descripción de las relaciones con la naturaleza, los animales, la pesca, la caza, la agricultura, libera un contenido profundamente ecológico. De hecho, Les Petits contres nègres llevan inscritos una filosofía completamente distinta a los  cuentos occidentales, a saber, que la naturaleza no debe ser sometida ni domesticada, sino comprendida para encontrar su lugar y vivir en armonía con ella. El hombre (vale decir, sociedad, cultura) es parte de un todo (entiéndase tierra, naturaleza, entorno, ambiente, etc.) y debe mantener esta relación con el medio que lo rodea ya que es vital para su supervivencia.
Dos de estos relatos han retenido particularmente mi atención, “Possible impossible” y “Pourquoi Pourquoi”. Me parecieron relevantes en muchos aspectos ecológicos y sociales porque muestran el saqueo, el agotamiento de los recursos y el desorden humano en los ecosistemas. Advierten contra su inconsistencia. ¿Hay algo más actual?

Il y avait autrefois énormément de nids d’abeilles avec beaucoup de miel dedans. Il y en avait partout, le miel n’était pas rare, ce n’était pas une friandise et on n’était pas obligé de se battre et de se donner beaucoup de mal pour en avoir. Tout le monde en mangeait à satiété et, quand on en avait assez, on allait ailleurs et l’on mangeait autre chose, et tout le monde vivait en paix.
Mais voilà, il y a les gloutons et il y a les bavards, et il y a ceux qui n’en ont jamais assez, il y a ceux qui sont stupides et il y a l’homme-qui-retourne-toujours-au-même-endroit.
Cet homme était connu pour sa voracité (408).

Lejos de apropiarse de estas historias como una lección moralista y didáctica de la ecología, simplemente he tratado de mostrar estas preocupaciones. El cuento "Posible-imposible" me ha llamado la atención particularmente por el carácter del niño que Blaise Cendrars presenta como el rey de los huérfanos. No lo define como "un ogro como la mayoría de los reyes de esta tierra, sino como un hombre sabio". De esto se trata: pone al niño en el corazón de la historia, convirtiéndolo en el héroe de la fábula. Es un personaje que, aunque salva al mundo, atormenta a los hombres porque no han sido agradecidos. Este niño tan pequeño es el que salvará, a través de su visión, conocimiento y comprensión, el mundo. Representa a todos los niños del mundo, portadores de esperanza, pero también de ira y miedo, actores y legatarios del mañana, herederos de nuestro planeta. Siempre y cuando se les otorgue dicha oportunidad.

Conclusión
Con este artículo hemos querido demostrar el interés que despertó la literatura oral africana y el cuento tradicional a comienzos del siglo XX. La “Anthologie Nègre” de Blaise Cendrars contribuyó, a su manera, a dar a conocer el patrimonio cultural de todo un continente y a comprender así mejor las sociedades y los pueblos de las que provenían todos estos relatos. Por su puesto no será la única, ni quizás la más importante de la época, -los trabajos de Leo Frobenius (1876-1938) y de Maurice Delafosse (1870-1926) ya habían destacado realmente la literatura oral de los cuentos africanos-, pero Cendrars será el primer escritor occidental en considerar la tradición oral como literatura de pleno derecho.
Mientras que la literatura oral, según Occidente, sitúa el cuento en la cima de la oralidad, las tradiciones orales africanas cubren diversas formas que lo convierten en un estilo de riqueza inconmensurable: cuentos o fábulas, mitos, epopeyas y genealogías, proverbios, enigmas y acertijos, y finalmente, canciones. El cuento mostrando la vida cotidiana, informa sobre el medio ambiente, la ecología, las costumbres, las estructuras, las creencias de la sociedad africana tradicional y moderna. Para Amadou Hampaté Ba, el gran maestro de la palabra, "el cuento es un mensaje de ayer que se cuenta hoy para mañana. De ahí su importancia para los etnólogos y sociólogos. Por último, estos cuentos muestran que los pueblos africanos están mucho más cerca de la naturaleza que los occidentales, viven en permanente contacto con ella hasta el punto de pertenecer y de sentirse parte de ella.


Bibliografía
Blachère,  Jean Claude (1981) Le Modèle nègre : aspects littéraires du mythe primitiviste au XXe siècle chez Apollinaire, Cendrars, Tzara. Nouvelles éditions africaines.
Fraisse, Emmanuel (1997) Les Anthologies en France. Paris, PUF.
Camara, Seydou (1996) La tradition orale en question. Cahiers d'études africaines, Volume 36,  Numéro 144,  pp. 763-790.
Cendrars, Blaise (2005) Anthologie nègre.  Paris : Editions Denoël.
--, (2011) Partir. Paris : Editions Gallimard.
Chevrier, Jacques (2003) La littérature nègre. Paris : Armand Colin. Col. U-Lettres.
Delbourg,  Patrice (2010) L’Odysée Cendrars. Paris : Editions Écriture.
Jamin, Jean « L’Afrique en tête », L’Homme [En ligne], 185-186 | 2008, mis en ligne le 01 janvier 2010, consulté le 31 juillet 2017. URL : http://lhomme.revues.org/24210 ; DOI : 10.4000/lhomme.24210
Joubert, Jean-Louis, Lecarme, Jacques, Tabone, Éliane, Vercier Bruno (1986) Les littératures francophones depuis 1945. Paris : Bordas.
Le Quellec, Christine (2010) Blaise Cendrars : un homme en partance. Col : Le savoir suisse. Presses polytechniques et universitaires romandes, nº 62.
Obszyski, Micha (2015) Manifestes et programmes littéraires aux Caraïbes francophones: En/jeux idéologiques et poétiques. Brill/Rodopi.




[1] "La historia, tan detallada como es, tan autobiográfica como afirma, no es el reflejo exacto de la realidad, ni la fiel copia del pasado: no existe el volumen IX de la Nueva Geografía Universal, de Elisée Reclus dedicada al África Ecuatorial, como tampoco existe en ninguno de los diecinueve volúmenes totales de la obra (y no veinticuatro como se afirma), un grabado de un ídolo negro que responda a dicha descripción "(Jamin 2008).
[2]   Cendrars, Blaise Le Lotissement du ciel, « Les êtres qui bougent », VI, p. 531-536.
[3] En el momento de la primera publicación, aunque ciertamente había una literatura infantil, el concepto editorial actual de "literatura juvenil" aún no había surgido.
[4] Jean-Claude Blachère, en su libro Le modèle Noir, señala que algunos poetas franceses pertenecientes a un movimiento literario de corta duración de principios del siglo XX llamado primitivismo intentaron ir en contra de la ideología colonial racista, pero no pudieron influir suficientemente entre sus contemporáneos. Entre estos autores está Blaise Cendrars.
[5] En Afrique noire, personnage qui a pour fonction de raconter des mythes, de chanter et/ou de raconter des histoires du temps passé. À la fois objet de mépris et de crainte, il maintient, par sa fonction sociale, la « littérature orale africaine ». Dictionnaire Larousse.
[6] Pour certaines civilisations anciennes, le lièvre était un « animal de la lune » car les taches sombres que l’on peut voir sur le disque lunaire ressemblent à un lièvre en pleine course. Encyclopédie des symboles (sous la direction de Michel Cazenave, La Pochothèque, 1996).

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